Pesar por la muerte de Rubens Correa

Con profundo pesar despedimos a Rubens Correa, figura central y fundamental del teatro argentino de las últimas décadas en sus facetas como director, actor, docente y gestor, quien falleció hoy en la Ciudad de Buenos Aires. Desde Argentores, entidad de la que fue socio, acompañamos a sus familiares y a toda la familia teatral en este momento de dolor.

Nacido el 11 de marzo de 1935 en Olavarría, provincia de Buenos Aires, Rubens W. Correa creció en un hogar de raíces humildes, hijo de una madre ávida lectora y de un padre trabajador solidario. Ese entorno forjó en él un profundo interés por la cultura. Sus primeros pasos lo llevaron a la radio en Azul, pero fue su encuentro con el teatro independiente lo que definiría su destino. En los años 50 se unió al grupo Nuevo Teatro, bajo la guía de Alejandra Boero y Pedro Asquini. Allí, Correa no solo se formó como actor, sino que aprendió a organizar y construir el hecho escénico en su totalidad, participando en emblemáticas puestas como “La isla desierta” y asumiendo roles desde la intendencia de la sala hasta la presidencia de la cooperativa.

Esa vocación por el teatro como herramienta de transformación lo impulsó a trascender fronteras. A principios de los años 70, con el grupo Once al Sur, Correa llevó el teatro nacional por América y Europa, dirigiendo montajes como “Fuenteovejuna” en Guatemala y “Buenos Aires, hoy”, que cosecharon elogios internacionales, incluyendo presentaciones en La MaMa de Nueva York y en el Festival de Teatro Abierto de Polonia.

El retorno a la Argentina en 1975 lo encontró de frente con los años más difíciles del país. Correa no esquivó el desafío; por el contrario, su teatro se convirtió en refugio y denuncia. A pesar de sufrir allanamientos y tener que actuar bajo seudónimo (“Rubens Fontana”), su espíritu creador se mantuvo intacto. Formó el Grupo ACTO y, en 1980, dirigió la destacada puesta de “Los siete locos” en el Teatro del Picadero.

Fue, además, un pilar del histórico ciclo Teatro Abierto. Participó en las ediciones de 1981, 1982 y 1983, dirigiendo obras como “Lobo… ¿estás?”, de Pacho O’Donnell e “Inventario”, resistiendo el silenciamiento impuesto y defendiendo la dramaturgia nacional frente a las adversidades.

HUELLA IMBORRABLE EN LA GESTIÓN Y LA FORMACIÓN

El advenimiento de la democracia encontró a Correa consolidado como director, transitando con éxito tanto el teatro independiente como el comercial y oficial, con puestas de la talla de “La Piaf” (1983), “Juan Moreira” (1984) y “Rojos globos rojos” (1994).

Sin embargo, su legado trasciende la creación artística. Animado por la convicción de que el teatro debe llegar al pueblo, Correa fue un incansable gestor cultural. En 1987 fue uno de los artífices, junto a un grupo de destacados autores y directores, de la inauguración del Teatro de la Campana , un espacio alternativo de resistencia y libertad. Más tarde, volcó su experiencia al ámbito público: entre 1999 y 2002 fue Director Ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro (INT), luchando por la consolidación de la Ley Nacional de Teatro y el apoyo federal a las salas y elencos de todo el país.

Su labor más importante en la gestión pública fue la dirección del Teatro Nacional Cervantes (2007-2016), cargo que asumió en un momento de profunda crisis institucional. Correa logró reabrir y dinamizar el coliseo nacional, sosteniendo una programación que privilegiaba la autoría argentina y latinoamericana. Con una visión auténticamente federal, implementó programas como “El Cervantes va a la Escuela”, “El Cervantes en los Sindicatos” y “El Cervantes por los Caminos”, llevando el teatro a los rincones más alejados de nuestra patria.

Su labor como formador de nuevas generaciones en escuelas e instituciones, como La Barraca, y su trabajo incansable por defender los derechos de sus pares en la Asociación Argentina de Actores y como socio de nuestra entidad, completan el perfil de un teatrista integral.

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