Con profundo pesar despedimos al guionista y director Adolfo Aristarain, figura fundamental de la cinematografía nacional, quien ha fallecido hoy a los 82 años de edad. Desde Argentores enviamos nuestras condolencias a sus familiares, amigos y colegas en este triste momento.
Nacido el 19 de octubre de 1943 y criado en el barrio porteño de Parque Chas, Aristarain fue un enamorado del cine desde su infancia. Autodidacta por naturaleza, entendió tempranamente que el cine se aprendía haciéndolo. Antes de sentarse en la silla de director, recorrió y dominó casi todos los oficios del set: fue meritorio, montajista, sonidista y asistente de producción. Como ayudante de dirección, forjó su gran oficio de realizador, trabajando en más de 30 películas, tanto en Argentina como en España. En esa etapa fundamental, colaboró estrechamente con figuras internacionales de la talla de Mario Camus, Sergio Leone, Vicente Aranda, Lewis Gilbert y Sergio Renán. Esta experiencia en el campo le otorgó una precisión narrativa y un respeto por los equipos técnicos y actorales que serían el sello distintivo de toda su obra.
SU OBRA: LA DIGNIDAD, LA ÉTICA Y LA PALABRA
El cine de Adolfo Aristarain se caracterizó por su profundo compromiso social, sus guiones de hierro y personajes atravesados por dilemas morales, la lealtad y la resistencia frente a los abusos del poder. Devoto del clasicismo de John Ford y del pulso de Alfred Hitchcock, Aristarain construyó relatos vitalistas, evocadores y de una lucidez abrumadora.
Su filmografía como director y guionista trazó una línea de oro en nuestro cine. Debutó en 1978 con el policial “La parte del león”. Le siguieron encargos comerciales que resolvió con solvencia y oficio, como “La playa del amor” (1979) y “La discoteca del amor” (1980). En 1981 estrenó “Tiempo de revancha”, una obra maestra insoslayable protagonizada por Federico Luppi. El film logró sortear la censura militar y se convirtió en una aguda y valiente metáfora sobre el clima opresivo del país y la lucha de la clase trabajadora. Un año después, consolidó este camino con el thriller “Últimos días de la víctima” (1982).
En la década del 90, su cine se expandió hacia la coproducción, dejando títulos que marcaron a más de una generación. “Un lugar en el mundo” (1992) reflexionó sobre el exilio, las utopías y la derrota; a la que le siguieron “La ley de la frontera” (1995) y “Martín (Hache)” (1997), donde entregó una película descarnada y emocional que exploró los vínculos familiares, la adicción y el desarraigo.
El nuevo milenio lo encontró reflexionando sobre el paso del tiempo y la vejez en la magistral “Lugares comunes” (2002), y buceando en tintes autobiográficos con “Roma” (2004), su último largometraje, donde rinde homenaje a la figura de su madre y a su propia formación como artista.
El rigor y la sensibilidad de sus guiones y su puesta en escena lo hicieron merecedor de los máximos galardones de la industria cinematográfica hispanoparlante. Entre su extenso palmarés destacan: ganador del Premio Goya a Mejor Película Iberoamericana por “Un lugar en el mundo” y Mejor Guion Adaptado por “Lugares comunes”; la Concha de Oro del Festival de San Sebastián por “Un lugar en el mundo”; y múltiples reconocimientos en los Premios Cóndor de Plata de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina como Mejor Director y Mejor Guion.
Además, en 2024, recibió la Medalla de Oro de la Academia de Cine de España. Fue el primer director argentino en obtener este máximo honor, que coronó su gran aporte a la cinematografía de ambos lados del océano. Al recibirlo, reflexionó: “El cine que uno hace es lo que uno es. Aunque uno intente esconderlo, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano”.


