Helvio Botana (1915-1990) fue un periodista, escritor, artista plástico y guionista de cine argentino. Nació en el seno de una familia profundamente vinculada al periodismo y la cultura; fue hijo de Natalio Botana, fundador del diario Crítica, y de la escritora Salvadora Medina Onrubia. Un dato insoslayable para comprender su cercanía con el ámbito escénico es que su madre fue también una reconocida dramaturga, quien además le inculcó desde muy joven una profunda pasión por la lectura. A lo largo de su multifacética carrera, Botana incursionó en la narrativa, el ensayo, el teatro y el humor en revistas como “Tía Vicenta”, “Caras y Caretas” y “La Hipotenusa”. Asimismo, marcó un hito en su trayectoria cultural cuando la película “La procesión” (1960), en la que participó como guionista, fue seleccionada para el Festival de Cannes.
El texto que reproducimos a continuación, titulado “Argentores o el minimundo”, es un fragmento extraído de sus memorias “Tras los dientes del perro”, publicadas en 1973. En este libro autobiográfico, Botana ofrece un vívido retrato del entorno bohemio, político y cultural de su tiempo.
Desde su confesado individualismo, el autor reflexiona aquí sobre su pertenencia a Argentores, sociedad de la que pasó a formar parte automáticamente tras estrenar una obra teatral. A través de anécdotas con diversas figuras del medio, celebra a la institución describiéndola como un “minimundo” y una “minipatria” que, en su modesta escala, supo encontrar la fórmula de convivencia y organización que tanto le reclamaba a la República.
Argentores o el minimundo
Por HELVIO BOTANA*
Nunca me gustó formar parte de ninguna sociedad. Mi individualismo no combina con lo gregario. Las únicas sociedades a las que pertenezco son la Iglesia Católica, por convicción y Argentores, porque automáticamente lo es todo aquel que estrena una obra de teatro. Me alegro por este feliz accidente que me llevó a tratar tanta buena gente.
Todo autor de teatro, con éxito o sin él, es un analista de almas y de pasiones y trata de que el público le ayude a conocerlas. A muchos había tratado antes como al grandioso César Tiempo.
Allí conocí al doctor Miguel Mammone, el médico de esta sociedad donde vi repetidas las virtudes de otros dos galenos, Hugo Walter Reilly y Alfredo Garfunkel, quienes durante años atendieron sin cobrar un solo peso a los vendedores de diarios y a todo el paterío de la República. Ellos circunscribieron su ambición a ser médicos de barrio y por extraña coincidencia creían que los enfermos para curarse, debías sentirse queridos por el médico.
Mammone, después de sesenta años de casado, despertaba a su mujer con el desayuno preparado, cantándole una romanza al piano. Para poder jubilarse y pagar los aportes atrasados pensó en vender el piano y comprarse una guitarra que perfectamente servía para sus matinales romanzas. Le conté esto al Ministro Conrado Bauer, que ya cuarentón estaba por casarse y se emocionó tanto que debió haber sido él quien pagó los aportes porque lo jubilaron en seguida.
Como figura de contradanza está Jorge Falcón que es tan bueno como Mammone, aunque con un aspecto de atleta iracundo.
Pero mi amistosa debilidad es René Cossa, apasionado peronista, hoy muy dolorosamente defraudado, que le tocó trabajar codo a codo con Pedrito Maratea en programas radiales y tropezaron con la corrupción de la cúpula. Tanto sufrió que casi pasó al otro lado con una fulminante hemiplejia de la que está saliendo.
Germán Ziclis: lo único que no sabe de lo popular es jugar al truco.
Y no hablemos de truco, por lo que me toca, nunca pude ganarle una partida a mi compadre Eduardo Tito Nóbili que pese a ser un extrovertido de orden internacional, capaz de paralizar el tránsito de la Vía Véneto de Roma, no deja que nadie le descubra una jugada. ¡Misterios de la vida!
Argentores es un vivero de personajes que, generación tras generación, se van sustituyendo sin bajar su calidad.
Sería bueno analizar sus sistemas para proyectarlos en lo nacional. Jamás dejaron que entrara la pasión política. En sus métodos de elección de directivos propicia siempre oportunidad para nuevos valores. Para ser elegidos son necesarios dos tercios de los votos. Es así como continúa Ulyses Petit de Murat, Roberto Tálice, Germán Ziclis, Alberto de Zavalía o Marcos Bronemberg, que durante su actuación demostraron una total dedicación a las honorarias funciones.
Es tal la tradición de la administración de Argentores que un día el cajero que había tomado la resolución de suicidarse, por razones sentimentales, trabajó arduamente para dejar el arqueo preparado. Delante del Balance puso un sobre con el importe de su entierro por considerar que la Sociedad no debía pagarlo como se hace por reglamento, pues la medida que había tomado era por voluntad propia.
Por lo menos hay algo que anda muy bien en la Argentina y es la misma gente que existe en todos los niveles. Nos falta únicamente su orquestación.
Esto de Argentores no lo traigo a colación por capricho. Es un minimundo, una minipatria, donde en su pequeñez encontraron la fórmula que conoce y no ejerce la República. Simple y clara donde cada uno puede dar lo suyo y no se aventura a dictaminar sobre lo que le es ajeno o no está capacitado.
Aquí vuelve a mi memoria Benito Galán Pérez dedicado a resolver los problemas de su villorrio, sabiendo que por las pequeñas soluciones que cada uno pueda dar se arregla una Nación.
Es muy triste saber que siendo nuestra tierra la más rica, nos empobrecemos; la más amable y nos estamos matando; la población más inteligente y no la usamos.
¿Quién soy yo para dar consejos, si apenas soy apto para recibirlos?
* De su libro de memorias “Tras los dientes del perro”


