En una charla exclusiva para Argentores, Pacho O´Donnell reflexionó sobre diferentes temas relacionados con el lugar de la vejez en una sociedad como la nuestra, a propósito de su libro “La nueva vejez” y también sobre su biografía sobre el Che Guevara. Además de conversar acerca de la situación de la cultura actualmente, los derechos adquiridos y hoy en riesgo, las luchas que se llevaron a cabo desde el Instituto Nacional de Teatro con Tito Cossa y Alejandra Boero, y desde el Instituto del Cine.
“La cantidad de industrias que hay basadas en la negación de la vejez. En el fondo, todo es para negar la muerte, para negar la idea de una vida eterna. Incluso teñirte, sacarte un grano, ponerte bótox. Todo es una trampa porque no se puede detener el tiempo”, dice Pacho O’Donnell.
En tu libro planteás un concepto muy interesante sobre la supuesta improductividad en la vejez.
La sociedad actual condena a las personas mayores a la improductividad, están como desechados, fuera del sistema productivo. Dejás de trabajar porque ya no servís y te empobrecés porque la jubilación es parte del maltrato porque la sociedad genera muy pocos mecanismos de recaudación. Yo tengo 85 años y hace 20 años que soy viejo, estoy en plena capacidad, no física, pero sí social, intelectual y de producción. Y te desperdician.
¿Es inevitable pensar qué lugar ocupaba la vejez en otras culturas y procesos históricos?
En la Antigua Grecia y Roma los viejos eran muy respetados, Senado viene de senectus. Habían acumulado experiencia en corregir errores, una sabiduría acumulativa. En esta sociedad los viejos somos descarte porque no somos buenos consumidores.

¿Con la sexualidad pasa lo mismo?
Sigue existiendo pero se supone es cosa de jóvenes. Incorporamos esos prejuicios y los damos por válidos y entonces no tenemos ganas de movernos, nos sentamos frente al televisor a esperar como si la vejez tuviera que ver con la inminencia de la muerte. Sin duda la vejez te aproxima a la conciencia de la finitud pero eso mismo puede ser un estímulo. Lo comparo con un partido de fútbol, vos en esos 90 minutos sabés que tenés que hacer lo mejor y en la vida es igual, si tenés conciencia de que no es eterna, vas a esforzarte en darle sentido porque como decía Camus, la vida es la nada….para qué naciste, qué hiciste con ese milagro extraordinario. Por eso lo que le da sentido a la vida es la muerte. Por más que te operes, el partido dura 90 minutos. La soledad no deseada está considerada una endemia. Toda esta proliferación de redes que pareciera conectar, en realidad te condena a una soledad. Y está la IA con su agorería del fin del mundo.
¿De dónde surgió la motivación para escribir el libro “La nueva vejez”?
Cuando me di cuenta de que era viejo y quería saber de qué se trataba y cómo llevarlo. Abordar el tema de la vejez lo dejé como desafío y no como tragedia. Las limitaciones me fastidian mucho. Hay una vejez que va de los 60 a los 75 años que puede ser la mejor edad de la vida. Y a partir de los 75, 80 años, la cuarta edad, la vida cambia, aparecen las limitaciones, sobre todo las físicas, la dependencia. Y eso hace la vida más complicada. Ni hablar de la situación de crisis económica que hace que las personas mayores sean de las más vulnerables y tienen que estar dedicados a su supervivencia. Y la crisis hace que las familias hayan perdido la capacidad de cuidar a sus viejos. Y nos transformamos en cargas afectivas, económicas.

Es paradójico, porque los avances científicos prolongaron la vida
Se ha prolongado la vida pero si se prolonga una vida de sufrimiento, de incapacidad, ¿qué sentido tiene? Antes a los 50 años eras viejo. Por supuesto ha avanzado la ciencia, en vez de vivir 76 años, vivimos 80 y eso está bueno pero ¿para qué? Alguien dijo que para la ciencia, la muerte es un fracaso. Por eso, buscan todo tipo de acciones médicas para evitarla. ¿Se justifica eso? Tuve la oportunidad de conocer en la India, el trabajo de la Madre Teresa de Calcuta, el cartel de afuera dice: “para agonizantes y desahuciados” y lo interesante es que no intentan curarte sino que tengas una buena muerte, algo que ha sido muy criticado. Porque en la India hay gente muy pobre que vive y muere en la calle y buscan un lugar cálido para que mueran en otras condiciones. Es interesante como planteo, ¿hasta dónde tiene sentido prolongar la vida?
Recuerdo ese verso de Rilke cuando dice: “Dios, concédele a cada hombre su propia muerte”.
Es muy difícil estar en contacto con tu deseo real en una sociedad que permanentemente te está saqueando el deseo, poniéndote en otro lugar, poniendo distancia con la posibilidad de ser vos mismo. Y ese es un problema. Con relación a tu cita de Rilke, uno podría pensar que el Che cumplió dolorosamente y dramáticamente con lo que él quería ser. Estaba descalzo, había adelgazado veinte kilos y con un grupo de unos doce hombres seguía pensando la revolución aun cuando estaban al borde de la muerte. Cuando Ernesto era chico leía unos libros que yo también leía, se llamaban “Tesoros de la Juventud” que eran vidas de santos, y se hablaba mucho de la lepra. El Che anduvo ahí cerca porque fue médico de leprosos. Y en el viaje que hace con su amigo en motocicleta, recorren leprosarios, y se pone en contacto con la pobreza de Latinoamérica y su injusticia. Y transforma su sentido de la vida y cambia su vocación de dar la vida por el otro y leprosos por su revolución social.
¿Es cierto que tu padre fue médico de Ernesto Guevara?
Sí, es cierto. Mi padre era pediatra y yo también recuerdo haberlo abierto la puerta alguna vez. El Che era muy asmático y el que lo manda a Córdoba fue mi padre. El clima era muy seco, ahora cambió. Mi padre era muy conservador y lo recordaba como Ernestito y decía: “Mirá las cosas que hace Ernestito”. Lo que me fascinó para escribir sobre el Che era la familiaridad. En general los héroes tienen nacionalidades raras y el Che era argentino, muy argentino. Tomaba mate incesantemente, tenía un sentido del humor muy argentino, podía ser muy ácido y siempre estuvo muy ligado a la Argentina. El Che sigue siendo fastidioso, siempre hay carteles del Che en las manifestaciones, hoy es miércoles, seguro que habrá una bandera del Che en la marcha de los jubilados, sigue vivo, Mientras que Mao o De Gaulle o Khruschev están en los documentales, el Che está en las calles. No solo en las de Buenos Aires, en las del todo el mundo. En general, se dice que fue un hombre capaz de morir por sus ideales y eso es cierto pero también fue capaz de matar por sus ideales, ojo que eso es importante tenerlo en cuenta.
En este momento, en esta coyuntura, ¿cómo ves la situación de la cultura?
La derecha siempre se ha llevado muy mal con la cultura y creo que las instituciones culturales, las universidades son lugares de reclutamiento donde la gente aprende a pensar. Y eso no es algo que a la derecha le guste, todo esto tiene una lógica ideológica, no es un capricho. Responde a una profunda militancia esencial de la derecha. Y en ese sentido, instituciones como Argentores también la están pasando bastante mal.
Cumpliste un rol fundamental en la creación del Instituto Nacional de Teatro
Si, todo surgió a partir de una reunión con M.A.T.E, un espacio de apoyo al teatro cuyas cabezas visibles eran Tito Cossa y Alejandra Boero. Yo entonces era Secretario de Cultura de la Nación y decidí que teníamos que organizarnos para presionar y salió la idea de una Ley y desde el principio, planteé una premisa fundamental: teníamos que garantizar fondos que fueran directamente al Instituto de Teatro. La Ley del Teatro se redactó en mi despacho con Lito Cruz que era mi secretario de teatro, gran tipo. Los acompañé, comisión por comisión, hasta que se sancionó por unanimidad.

¿Hubo muchas complicaciones para se aprobara la ley?
Lo que no se sabe es que hubo mucho lobby en contra, por las fuentes de financiación, tuve amenazas pero en ese momento los que no pudieron operar sobre mí, fueron a operar sobre Carlos Corach que era Ministro del Interior, que operó sobre Carlos Menem que estuvo a punto de vetar la ley. Le dije que no lo hiciera y él me contestó que la iban a volver a aprobar. Y finalmente la apoyó. Creo que hay una falta de reconocimiento que fue durante el gobierno de Menem que se aprobó esta ley. Menem tuvo muchas medidas en favor de la cultura, con el financiamiento al Instituto del cine también, entre otros temas. Con el cine también hubo mucho lobby en contra, sobre todo del instituto principal del cine de Estados Unidos, que se oponía a la ley de financiación del cine en Argentina. Estaba el representante de Disney en la Argentina que fue el principal vocero del lobby en contra, recuerdo que Bernardo Neustadt lo tomaba como un ariete. No fue nada fácil.
Fue una forma de colonización, por la fuerza que tiene el cine.
Sí, muy buen razonamiento el tuyo. Pero volviendo al teatro fue tan ejemplar lo que pasó que la gente del cine copió más tarde lo que hicieron los de teatro, con Tito Cossa y Alejandra Boero a la cabeza, dos personas maravillosas. Fue todo un proceso y en general pasa en todos los rubros, es importante saber cómo se llegó a tener lo que tenemos para valorarlo y defenderlo.
Sebastián Basualdo


