Gran Premio de Honor de Teatro para Daniel Dalmaroni

En el cierre de la semana del Autor y la Autora, se entregaron también el Premio Federal Hugo Saccoccia, placas a socias y socios por sus Bodas de Oro, y distinciones especiales a importantes figuras. Durante el acto, el Presidente de Argentores dio su tradicional mensaje

El Presidente de Argentores, Miguel Ángel Diani, junto a Daniel Dalmaroni, Gran Premio de Honor Argentores 2026 Teatro


Una noche muy especial se vivió en el acto de cierre de los Premios Argentores después de una semana dedicada a la entrega de galardones por haberse cumplido, el viernes 11 de septiembre, el Día de las Autoras y Autores. Durante el acto central de los Premios Argentores 2026 a la producción autoral 2025 se entregaron las Medallas de Bodas de Oro, el Premio Federal Hugo Saccoccia, el reconocimiento al Empleado ´Mejor Compañero´, elegido por el personal administrativo y técnico, las Distinciones Especiales, entre ellas, Distinción a la Acción Mutual Solidaria y una Distinción Internacional, que se entregó al Presidente de SGAE, Sociedad General de Autores y Editores de España, Antonio Onetti, presente junto a la Secretaria General de SGAE, Marta Beca, y el Presidente de la Fundación SGAE, Juan José Solana.

El discurso inaugural estuvo a cargo del Presidente de Argentores, Miguel Ángel Diani: “Eduardo Galeano decía que no valía la pena vivir solo para ganar. Que era mejor hacer lo que dicta la conciencia que buscar lo más conveniente. Esta regla sirve para todos los ámbitos de la existencia, desde la política y el amor hasta la vida cotidiana, y por supuesto también para las instituciones. Nuestro gobierno plantea una batalla cultural. Una lucha por conquistar el sentido común y definir qué se considera razonable o legítimo para una comunidad. Y como una de sus estrategias, decidió llevar adelante una agresiva campaña contra la cultura y contra las Sociedades de Gestión de Derechos. Tanta mentira, tanto odio, por un momento nos paralizó. Y creímos que lo más conveniente era permanecer en silencio. Y tal vez entrar en el juego del sálvese quien pueda. Pero nuestra conciencia nos dictó otra cosa. Y nació “Cultura Abierta”. Un espacio de reflexión y de lucha. Y por supuesto un homenaje a “Teatro Abierto”, que este año cumple cuarenta y cinco años. Grabamos ciento quince testimonios de artistas. Cada uno de ellos dio su opinión respecto a la importancia de la cultura para una comunidad. La invitación fue transversal. Los vídeos fueron subidos a nuestras redes y se viralizaron. Luego organizamos tres mesas de debate en ARGENTORES, donde el tema central también fue el arte y la cultura. Y una última donde se debatió sobre la importancia de los medios y de los contenidos públicos. De esta participaron entre otros, el ex secretario de Cultura de la Nación, Rubén Stella, el ex ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus y el ex secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto.

Hace unos meses firmamos un convenio con la Ciudad Cultural KONEX para realizar actos culturales en ese espacio. Ya hicimos el primero que se llamó “La imaginación como bien público” y estamos trabajando en futuros eventos. ARGENTORES es un testimonio de lo posible. Una organización basada en el amor, teniendo a la comunidad como destino. Es pensar desde el “estar”. No desde el poder, sino desde la gente. No desde la IA sino desde la humanidad. Desde los vínculos. Porque somos una mutual. Para nosotros la prioridad fue y será siempre cuidar al colectivo autoral. Los aranceles impuestos por decreto complicaron la economía de la entidad. Para equilibrar los recursos tuvimos que tomar decisiones difíciles. Una de ellas fue vender una de nuestras sedes. Hicimos lo que teníamos que hacer para mantener las pensiones, las prepagas médicas y las ayudas asistenciales.

ARGENTORES no recibe fondos del Estado. Es una sociedad sin fines de lucro creada por autores. Y este gobierno la reguló a favor de las empresas privadas. Nunca fuimos consultados. Hoy más que nunca creemos en el modelo de Sociedad de Gestión. Porque nuestras sociedades están cuando los privados o los gobiernos se desentienden. Por eso seguimos apoyando la creación de leyes y de nuevas sociedades.

Según estadísticas de la CISAC (Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores), ARGENTORES está hoy entre las sociedades de gran derecho más importantes del mundo, junto a SACD de Francia y a SIAE de Italia. Y eso lo logramos con gestión, con empatía y con Cultura. Porque la cultura es un motor económico. Las industrias culturales generan turismo y a su vez miles de puestos de trabajo. El audiovisual tiene impacto positivo en el PBI. Por esa razón los distintos gobiernos del mundo buscan fortalecer el sector audiovisual impulsando las coproducciones internacionales y fomentando el rodaje de producciones locales y extranjeras en sus propios estados. Subsidian el sector mediante fondos públicos, incentivos fiscales y cash rebates. Siendo Francia, Alemania, España, Italia, Dinamarca, Suecia, Polonia, Croacia, Inglaterra, Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, México; los estados de EE. UU. (como Georgia, California, Nueva York, Luisiana, Illinois y Nuevo México), India, Japón y Corea del Sur, Turquía, ejemplos de este desarrollo. Por nombrar solo algunos países. En Argentina sucede otra cosa. Están limitando los subsidios. Y a nivel teatral sucede lo mismo. Buenos Aires es una de las capitales teatrales más importantes. Cuenta con cerca de trescientos espacios escénicos, lo que la sitúa al nivel de ciudades como Nueva York, Londres o París. Se destaca por tener tres grandes circuitos que funcionan al mismo tiempo.

El comercial, el oficial y un enorme movimiento independiente. El apoyo dado al teatro independiente a través del INT (Instituto Nacional de Teatro) y Proteatro fue la causa de ese desarrollo. Y ese crecimiento también impactó positivamente en el PBI. Hoy el INT está siendo desfinanciado. Todos los que, de una manera u otra, trabajamos en la cultura ejercemos un rol social. Actuamos como custodios de la identidad colectiva, propiciamos el pensamiento crítico y somos espejo de una época. Cuando un gobierno no quiere que queden testimonios de su paso lo primero que hace es limitar el acceso a la cultura, estrangulando las herramientas que tiene para fomentarla.

No quiero despedirme sin recordar a nuestra querida Mercedes Di Benedetto. Ella fue una gran luchadora y compañera de esta Junta. Mecha supo defender la cultura y los derechos de los autores y autoras. Un hecho artístico es una caricia al alma. Tanto para el público como para los autores. Sigamos creando. Sigamos defendiendo nuestros derechos.

LAS DISTINCIONES DE LA NOCHE

Las primeras distinciones entregadas por Argentores fueron las Medallas de Bodas de Oro 2026 para quienes, hace ya medio siglo, eligieron acercarse a nuestra entidad y desde entonces honraron la actividad autoral con su talento, su esfuerzo y una vocación que nunca abandonaron. Fueron reconocidos por una vida entera dedicada a la palabra, la creación y el arte que nos une: Zulema Alcayaga, Guillermo Hardwick y Sergio Vainman.

A continuación, fue el turno de un premio íntimamente relacionado con el Proyecto Argentores Federal, que lleva más de diez años de trabajo ininterrumpido, acercando la entidad a las autoras y autores de ciudades de distintas provincias a través de la tarea permanente de los delegados y delegadas culturales de cada región. En este marco, Argentores entrega cada año el Premio Federal Hugo Saccoccia que, en esta edición 2026, fue para el rosarino Néstor Zapata.

Luego tuvo lugar la entrega de una distinción ya tradicional en la Fiesta del Autor y la Autora de Argentores. Cada año, el personal de nuestra entidad otorga, a través de una votación, el Premio Mejor Compañero, que este año fue para Miguel Ángel Zaccaro.

Acto seguido, Argentores entregó una Distinción al autor, director, actor, docente, titiritero y socio de esta entidad, Santiago Doria, por su extensa trayectoria, su compromiso con el teatro y una vida dedicada a crear, enseñar y preservar nuestra escena. Entregó Adriana Tursi, Secretaria del Consejo de Teatro.

Más adelante, se le entregó una distinción al guionista, dramaturgo, realizador, director, docente y socio de la entidad, Jorge Goldenberg, por una vida dedicada a la escritura, su enorme contribución al cine y al teatro. Ausente por problemas de salud, recibió la distinción su nieta, Olivia, quien leyó un emotivo mensaje escrito por Jorge. Entregó Sergio Vainman, Vicepresidente de Argentores.

Luego, Argentores entregó una Distinción a la periodista, escritora, dibujante y crítica Maia Debowicz, “por su aporte al periodismo cultural, por su mirada sobre la creación contemporánea y por una trayectoria que une escritura crítica y sensibilidad artística”. Entregó Jessica Valls, Presidenta del Consejo de Televisión.

DISTINCIÓN A LA ACCIÓN MUTUAL SOLIDARIA

La Junta Directiva de Argentores decidió otorgar a partir del corriente año la Distinción a la Acción Mutual Solidaria. En este sentido, Argentores entregó esta Distinción a la ONG “Alegría Intensiva”, la que ha llevado el arte a un hospital pediátrico a través de payasos y payasas especialmente formados para intervenir en contextos hospitalarios. De este modo, esta organización acompaña a niñas, niños, familiares y equipos de la salud, demostrando que la sensibilidad artística también puede ser una forma concreta de cuidado. Recibió la distinción su Director General, Mariano Rozenberg. Entregó Máximo Soto, Secretario del Consejo de Previsión Social.

DISTINCIÓN INTERNACIONAL

Luego tuvo lugar un momento destacado en el que Argentores decidió otorgar una distinción Internacional al Presidente de SGAE, Antonio Onetti, por su compromiso con la autoría, su defensa de los derechos de quienes crean y por contribuir a estrechar los lazos culturales entre nuestros países. Con gran emoción, entregó la estatuilla el Presidente de Argentores, Miguel Ángel Diani.


GRAN PREMIO DE HONOR ARGENTORES 2026 – TEATRO

El Premio de Honor Argentores es la máxima distinción que cada año otorga nuestra entidad. Reconoce no sólo una trayectoria, sino también una vida entera dedicada a escribir, crear y enriquecer el patrimonio cultural de nuestro país. Esta edición del Gran Premio de Honor Argentores 2026 le correspondió a Teatro y fue otorgado a Daniel Dalmaroni, que lo recibió de manos del Presidente de Argentores, Miguel Ángel Diani.

Daniel Dalmaroni compartió las siguientes palabras: “Perdonarán que empiece por una digresión. Quien acaba de entregarme este premio me trae, cada tanto a la memoria, una sentencia de Ralph Emerson. Nunca se lo dije de esta forma, pero ahora lo voy a hacer público. “Una institución, decía Emerson, es la sombra prolongada de un hombre”. Hoy siento que Argentores es esta maravillosa institución porque hay mucho de la sombra de Miguel Ángel Diani, una sombra generosa, inteligente y tenaz que muchos tratamos de imitar, una sombra hecha de voluntad de servicio y de una inmensa capacidad de gestionar para la comunidad autoral argentina.

En su nombre y en el de otro inmenso dirigente como es nuestro vicepresidente, Sergio Vainman, quiero agradecer a toda la actual conducción de Argentores. Los premios tienen la singular capacidad de ordenar el pasado. En segundo año del secundario en un oral de historia la profesora me hizo una pregunta cuya inequívoca respuesta era que nuestro sistema de gobierno era “Representativo, Republicano y Federal. Como yo solo decía Representativo y Republicano, la profesora quiso ayudarme y me dijo que había un jabón con ese nombre. Y sin dudarlo, con la seguridad de los ignorantes, dije: REPRESENTATIVO, REPUBLICANO Y PALMOLIVE. Recuerdo que la profesora contuvo la risa, bajó la cabeza hacia el listado de alumnos que tenía frente a ella y mientras me ponía la nota, me dijo” Mire, hijo, si ésta fuera la clase de literatura le pondría un Diez porque usted es un poeta, pero estamos en historia y no me queda más remedio que ponerle un Uno.

De pronto, todo parece conducir hasta aquí. Los aciertos encuentran su lugar, los desvíos empiezan a tener coherencia. Como cuando a mis 19 años mi padre me preguntó a qué me iba a dedicar, y yo, muy suelto de cuerpo le contesté que “al teatro”, actividad que ya estudiaba y ejercía. “Sí, sí, claro, claro” – dijo mi papá en un esfuerzo sobrehumano por comprender a su hijo – “Sí, sí, está bien eso del teatro… ¿pero de 8 a 16 qué vas a hacer?”. Eso, por propia rebeldía de la edad frente al mandato paterno, me empecinó en la idea de insistir con la vocación teatral.

Recuerdo avanzar hacia lugares que después hubo que abandonar, defender ideas que no sobrevivieron ni diez minutos, llegar demasiado tarde a algunas respuestas y demasiado temprano a otras. Y sospecho que cualquier trabajo que haya valido la pena se parece bastante más a eso que a la historia ordenada que podemos contar con el tiempo. Que podamos ordenar desde aquel examen de historia.

Hay una contabilidad secreta detrás de cualquier obra. No se mide en horas ni en éxitos. No se encuentra googleando en Wikipedia. No está en nuestro Curriculum público. Se mide en pequeñas modificaciones.

Una palabra que alguien dijo sin saber que iba a quedarse. Una frase dicha al pasar por alguien que ni conocíamos y que terminó repetida por un actor en un escenario.

Una objeción que arruinó una idea y terminó mejorándola. Y, sobre todo, alguien que confía en vos un poco antes de que vos mismo puedas hacerlo. Alguien que cree que sos un buen dramaturgo cuando lo que está leyendo en ese momento es tu primera y única obra.

Uno pasa años creyendo que está construyendo una obra y un día descubre que también fue construido por ella. En esa construcción está, antes que nadie, mi familia, que sin pedirme nunca que dejara de ser quien era, hizo posible que pudiera seguir siéndolo.

Están mis amigos, la continuidad más feliz entre mi pasado y mi presente. Están los actores y actrices, los directores y directoras, los escenógrafos, vestuaristas, coreógrafas, músicos. Mis colegas escritores, que tanto me han ayudado, incluso, insisto, sin saberlo.

Eso me impone agradecer algunas cosas que normalmente no reciben invitación a esta ceremonia:

-A algunos borradores vergonzosos.
-A las ideas que llegaron tarde.
-A los días improductivos.
-A la inevitable educación dramática que supone ser hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata.
-A las decisiones que parecieron errores.
-A las conversaciones que no resolvieron nada, pero dejaron una frase dando vueltas durante años hasta que encontró su mundo.
-A la empecinada vocación por coleccionar datos inútiles y lugares comunes.

Decía que los premios tienen la singular capacidad de ordenar el pasado. Y tal vez mi biografía literaria empiece con aquella frase de la profesora de historia que me impulsó -parte por indignación, parte por cierto orgullo- a contarle la anécdota a la profesora de literatura que se la tomó mucho más en serio que su colega y me alentó a que leyera poesía argentina contemporánea. O no. Tal vez empezó con aquella pregunta de mi padre acerca de a qué me iba a dedicar de 8 a 16. Muchos años, después, en casa, al cobro de los derechos de autor, le llamamos “De 8 a 16”. Así como viene, le digo a mi esposa: “Che, Mari, hoy me entraron equis cantidad de dinero”. “De qué, pregunta Marina” Y yo le respondo “De 8 a 16”. Gracias, papá por, intuyo, involuntariamente, lanzarme a la idea de vivir del teatro.

Vivimos un tiempo muy difícil. Nací y crecí en una sociedad en donde existían el pensamiento crítico, la comunidad, la solidaridad, los derechos, la mutualidad, la palabra dada, la vergüenza y los tranvías. Palabras antiguas. Pero no viejas. Porque todavía tienen mucho trabajo por hacer.

Me duele mi país cuando lo veo empujado hacia la idea de que cada uno debe salvarse solo. Me duele cuando la crueldad se confunde con eficiencia y la indiferencia con coraje. Nací y crecí, decía, en la confianza de que una sociedad se mide, sobre todo, por el modo en que trata a quienes necesitan una mano extendida. Por eso estar hoy en Argentores tiene para mí un sentido que excede este premio.

Argentores no es solo una sociedad colectiva de gestión de derechos de autor. Es una decisión moral. La decisión de autores y autoras que eligieron no estar solos. La creación puede ser individual, la defensa de los derechos no puede ni debe serlo.

Esa defensa sobrepasa ampliamente los derechos económicos y morales de quienes escriben. Defiende la dignidad del oficio, la salud de los autores y de sus familias, la memoria de quienes nos abrieron el camino. Es la continuidad de una comunidad que impide que un autor envejezca solo.

En un país, y acaso en un mundo, cada vez menos inclinado a lo común, pertenezco y milito en una entidad colectiva, solidaria y mutualista.

Argentores no es para mí un refugio. No es una soga tomada en el apuro de la desesperación. Es, junto con mi familia, una de las razones por las que todavía puedo mirar este mundo sin resignarme.

Muchas veces nos preguntamos cuándo se escribe lo suficientemente bien. Y no tardamos en encontrar una respuesta bastante precisa. Nunca. Una obra no termina de coincidir con la obra que imaginamos. Las palabras exactas, las palabras justas, parecen próximas, y cuando creemos alcanzarlas ya no lo son.

Por eso seguimos escribiendo. No esperamos la perfección, pero su búsqueda nos justifica. La página perfecta no existe. Existe el irrefrenable impulso a intentarla.

Creo que con Argentores sucede algo semejante. ¿Cuándo se es un buen dirigente? ¿Cuándo se ha defendido lo suficiente el derecho de los autores? ¿Cuándo se ha hecho todo lo necesario? Nunca se termina. Defender un derecho es una tarea que no se jubila. Cada generación tiene que volver a explicarlo, volver a pelearlo. Porque los derechos, cuando no se los cuida, se vuelven negociables y, tarde o temprano, prescindibles.

Uno escribe a ver si un día de estos aparece la obra perfecta. Uno milita a ver si un día los derechos de los autores están tan plenamente reconocidos que ya no hará falta defenderlos a diario. Mientras tanto, seguimos escribiendo. Seguimos cuidándonos. Seguimos creyendo en esa antigua forma de la esperanza que llamamos solidaridad”.

Ese fue, desde hace más de sesenta años, el sentido primero de este Gran Premio de Honor. Y por eso me conmueve tanto. No lo recibo como la culminación de una tarea, sino como la responsabilidad de mejorarla”.

Daniel Dalmaroni, concluyó: “Independientemente de los merecimientos de semejante Premio de Honor en un momento puntual de nuestras vidas, uno debiera intentar, con gratitud y pudor, tratar de seguir mereciéndolo y de esta forma hacer algo más valioso: uno puede intentar honrarlo. Gracias a Argentores. Gracias a Gogo, mi querido papá y sobre todo a Griselda, profesora de historia argentina que en 1974 me condenó a este oficio de escritor”.

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