El adiós a Griselda Gambaro

Con profundo pesar despedimos a nuestra socia Griselda Gambaro, una de las plumas más lúcidas, perturbadoras e imprescindibles de la literatura y la dramaturgia en lengua española. Su escritura desmontó con precisión quirúrgica los mecanismos del poder, la sumisión y la violencia cotidiana, redefiniendo para siempre el escenario argentino. Desde Argentores, enviamos desde aquí nuestras condolencias a sus familiares, amigos y colegas en este triste momento.

Nacida en el barrio porteño de Barracas el 28 de julio de 1928, en el seno de una familia de inmigrantes italianos, Gambaro creció ligada al pulso obrero y portuario. Autodidacta rigurosa, comenzó su actividad literaria a través de la narrativa antes de irrumpir en la escena teatral vinculada a la vanguardia del Instituto Di Tella en los años sesenta.

Casada con el escultor Juan Carlos Distéfano (quien falleció hace pocas semanas), su compromiso estético y ético le costó la censura y el destierro: en 1977, un decreto de la dictadura militar prohibió su novela “Ganarse la muerte”, por considerarla “contraria a la institución familiar y al orden social”, lo que forzó a la autora a un exilio de tres años en Barcelona. Regresó al país en 1980, integrándose de inmediato a la resistencia cultural que eclosionó en hitos colectivos.

UNA OBRA DESTACADA

La producción de Gambaro cruzó géneros con una rigurosidad estilística constante, eludiendo cualquier complacencia:

Obras como “El desatino” (1965), “Las paredes” (1966) y “Los siameses” (1967) inauguraron una dramaturgia donde lo absurdo se contaminaba de amenaza real. Con “El campo” (1968), anticipó de manera casi profética la lógica de los centros clandestinos de detención y la complicidad civil.

Más tarde integró el movimiento Teatro Abierto (1981) con la contundente “Decir sí”, donde expuso la sumisión voluntaria frente al verdugo. A esta etapa pertenecen cumbres como “La malasangre” (1982), parábola del autoritarismo; “Antígona furiosa” (1986), cruce entre la tragedia clásica y el reclamo de las Madres de Plaza de Mayo; “Penas sin importancia” (1990) y “La persistencia” (2007).

Publicó además novelas fundamentales como “Una felicidad con menos pena” (1967), “Dios no nos quiere contentos” (1979), “Lo impenetrable” (1984) y “El mar que nos trajo” (2001), una reconstrucción poética de la memoria familiar y la inmigración, además de prolíficos títulos de literatura infantil y ensayos reflexivos sobre el oficio teatral.

Griselda Gambaro recibió el Premio Municipal (1968), Argentores (1976, 1990, 1996 y 1997), Nacional de Teatro (1994), María Guerrero (1997) y Academia Argentina de Letras (1999). En 2006 recibió el Gran Premio de Honor Teatro. Asimismo, fue distinguida con el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Además, fue galardonada varias veces por la Fundación Konex, con un Diploma al Mérito por Teatro en 1984 y 1994, un Premio Konex de Platino en 2004 y finalmente con una Mención Especial por Trayectoria en 2014.

SU HUELLA ARTÍSTICA

El mayor quiebre estético que introdujo Gambaro en las tablas argentinas fue desplazar el tradicional realismo costumbrista y el grotesco criollo hacia una poética de la crueldad, el distanciamiento y la tensión corporal. En su teatro, la violencia casi nunca es un estallido repentino; es un orden administrado con pasmosa frialdad por el opresor y normalizado con docilidad por la víctima.

Su teatro permanecerá, sin dudas, como una arquitectura viva contra el olvido, un espejo incómodo donde la sociedad debe mirarse para aprender a decir que no.


Sus restos serán velados en la Sala C de Casa Malabia (Malabia 1662), 15/09 de 20.30 a 2300; y 16/09 de 8 a 12.30. Salida: 16/09 a las 13, con destino a Chacarita.

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