Revista Florencio

CINE. DIÁLOGO CON ANA FRAILE Y LUCAS SCAVINO

Una herida llamada Luciano Arruga

Hay preguntas que no consiguen respuestas y quien las formula puede pasar toda su vida sin encontrarlas. Hay otras que sí las hallan, pero las consecuencias que deberían derivarse de lo que ellas revelan no se producen nunca o solo muy tarde. El interrogante que formula el título del documental ¿Quién mató a mi hermano?, concebido y realizado por los guionistas y directores Ana Fraile (44 años) y Lucas Scavino (48 años), brinda para los espectadores una respuesta convincente, durante el desarrollo de la película, porque les permite desentrañar la trama de responsabilidades materiales y humanas que está detrás del crimen al que alude el film. Deja, en cambio, un vacío -y es lógico que así sea por estar fuera de su agenda resolverlo- sobre si en algún momento la justicia actuará como corresponde para que esos responsables sean investigados y castigados como merecen. Hasta hoy no lo han sido.

Esta película aborda el caso del adolescente Luciano Nahuel Arruga, cuya desaparición luego de ser detenido por la policía bonaerense el 31 de enero de 2009, adquirió repercusión pública debido a la intensa campaña de denuncias y movilizaciones en apoyo al esclarecimiento del hecho realizada por sus familiares más cercanos (en especial su hermana Vanesa Orieta y su madre Mónica Alegre), por entidades sociales y grupos de amigos y por movimientos de derechos humanos y partidos políticos, medios de comunicación alternativos e independientes, como Radio La Retaguardia, que acompañó al grupo de Familiares y Amigos de Luciano Arruga, y fueron quienes trabajaron en la investigación periodística de la película, y por supuesto la radio Zona Libre, que es la de Familiares y Amigos y que fue y sigue siendo una herramienta de comunicación y denuncia.

Tal vez, muchos lectores conozcan la historia, pero la resumimos para que, los que lean este texto, refresquen algunos de sus detalles. Luciano, que tenía solo 16 años cuando fue secuestrado y desapareció (le faltaba pocas semanas para cumplir 17), vivió toda su breve existencia en el barrio 12 de Octubre, en Lomas del Mirador, partido de La Matanza. Era un lugar pobre, como tantos otros del conurbano bonaerense, en el que viven hacinados muchos de los sectores más vulnerables y desprotegidos de la sociedad, continuamente perseguidos y hostigados por los pelotones policiales. En esos espacios, ser humilde, tener un trabajo precario (como juntar cartones) o la portación de rostro son motivos suficientes para que esa policía actúe con brutalidad contra quienes cargan con esa condición y les haga la vida imposible. El último día que se lo vio a Luciano con vida fue ese 31 de enero de 2009, pero la policía venía ya acosándolo desde hacía meses.  

Primero lo detuvieron ilegalmente el 22 de septiembre de 2008 en el destacamento policial de la calle Indart 106, también de Lomas del Mirador, después cerrado y convertido en un Centro Cultural y de la Memoria por pedido de los movimientos que luchaban contra el gatillo fácil y la represión policial. En esa ocasión, Luciano fue golpeado y torturado en la cocina de esa dependencia y salió muy herido. Al enterarse de su detención, la hermana y la madre acudieron a ese destacamento a pedir su libertad por ser menor y desde el hall de esa unidad oían los gritos que Luciano profería por los golpes recibidos. Luego, en los cuatro meses que separan a esa detención de su desaparición posterior, la policía no perdió nunca la ocasión, cada vez que lo veía, de revisarlo, amenazarlo e incluso de pegarle, el típico “verdugueo” a que someten a las personas de las que desconfían. Luciano había cometido para los represores un pecado imperdonable: les había rechazado más de una vez la propuesta de convertirse en un “pibe chorro”, o sea que robara para ellos, procedimiento que es común en esa fuerza. Y esa negativa fue una de las causas que le costó la vida.

En ese lugar de 2008 estuvo unas diez horas, pero a pesar de las protestas de sus familiares, la policía no lo liberó enseguida aduciendo que le faltaba la documentación necesaria. En ningún momento se hizo presente en ese destacamento un fiscal de menores. Por ese hecho, que ocurrió cuatro meses antes de su desaparición, el ex policía Julio Diego Torales fue, en mayo de 2015, condenado a diez años de prisión por el delito de torturas físicas y psicológicas. En el juicio abierto por desaparición forzada, ocho oficiales acusados de haber tenido posible intervención o responsabilidad en su secuestro final, fueron, en cambio, pasados en forma provisoria a disponibilidad y recolocados más tarde en distintas jurisdicciones de la fuerza. Por lo que ese delito quedó impune. La noche de su desaparición, Luciano había salido de la casa de su hermana con destino al hogar materno -que quedaba a pocas cuadras- y en el camino lo detuvo un patrullero, como lo dejaron asentado algunos testigos. Al ver que el joven no llegaba -y estando al tanto del asedio policial-, la hermana y la madre comenzaron una búsqueda incansable que incluyó distintas comisarías y hospitales de la zona. En ninguno de esos sitios aparecía. Cinco días después, ambas presentaron un hábeas corpus que fue rechazado por la justicia.

Esa lucha en busca de noticias de Luciano desde el día de su desaparición siguió por cinco años y ocho meses hasta que su cadáver apareció enterrado en el cementerio de la Chacarita, o del Oeste, como también se lo llama, el 17 de octubre de 2014. El descubrimiento se hizo gracias a que se confrontaron las huellas dactilares del adolescente con las de los enterrados como NN en los cinco últimos años desde su desaparición y una de ellas pertenecía a las de Luciano. Según se informó, el cuerpo fue enterrado al otro día de fallecer, el 1º de febrero de 2009, uno después de desaparecer, y luego de que lo dieran por muerto en el hospital Santojanni tras una operación que intentó infructuosamente salvarlo de las heridas sufridas cuando lo atropelló un automóvil en la avenida General Paz y Mosconi. En testimonios de algunas personas que presenciaron el hecho, Luciano corría en forma desesperada por ese lugar escapando de alguien y vestido con otras ropas. En las pericias se comprobó que había estado antes en un patrullero que recorría zonas descampadas y en la comisaría octava de Lomas del Mirador. Es sintomático que la madre y hermana del adolescente estuvieron en diversas comisarías y en el Santojanni y les dijeron que allí no sabían nada de él. Una más entre las infinitas medidas dilatorias y encubridoras que viciaron toda la investigación del caso.

                                                                      ***

Toda esta larga y valiente lucha por lograr justicia para Luciano está reflejada con lujo de detalle el documental de Fraile y Scavino, que constituye un valiosísimo documento más en apoyo al desarrollo de una conciencia ciudadana que impida que casos como el del joven de Lomas del Mirador, tan frecuentes por desgracia, no ocurran más. Para conversar sobre este trabajo, que recibió el premio Argentores de 2009 al mejor guion, Florencio contactó y entrevistó por teléfono a fines de septiembre a sus dos directores y guionistas a fin de que le comentaran cómo surgió la idea de encarar ese proyecto y algunos otros aspectos relacionados con su  filmación. También el diálogo indagó sobre cuán larga es la relación artística y profesional de ambos artistas y que otras realizaciones han hecho para el medio.

Lucas Scavino

¿Qué los llevó a filmar este documental?

Lucas Scavino. La idea del documental sobre la desaparición de Luciano Arruga, y más que nada el propósito de registrar la tarea que encararon la hermana de él, Vanesa Orieta, y su familia, apareció por comienzos de 2014, tal vez un poquito antes. Nosotros ya conocíamos, por distintas fuentes, el caso de ese adolescente y pensamos que era muy interesante narrar en un documental tanto las circunstancias y hechos que habían generado su desaparición, como la lucha que estaba desplegando su hermana, parientes, amigos y distintas organizaciones en busca de justicia. En realidad, lo que ellos estaban tratando de concretar en ese momento era tomar un destacamento policial donde Luciano había sido detenido y secuestrado a fines de 2008, antes de su desaparición. El destacamento ya estaba cerrado y lo que pedían era que les diera la tenencia y custodia del espacio para poder abrir allí un espacio para la memoria en el barrio, hecho que finalmente se logró. Así es entonces que, con esta idea de registrar toda la actividad que se estaba haciendo desde ese espacio, que nos acercamos a Vanesa en 2014.

Fraile. Lucas y yo veníamos trabajando ya desde el 2011 con un grupo de abogados con el tema de grupos de jóvenes criminalizados, cómo se persigue a los jóvenes que, por el solo hecho de serlo, se convierten en supuestas amenazas para la sociedad. Seguíamos varias historias y sobre eso habíamos hecho un capítulo dedicado a Luciano que presentamos a canal Encuentro y ahí nos dijeron que no les interesaba. Era una serie pequeña con cuatro capítulos que reflejaban diferentes formas de criminalización. Al caso de Luciano se lo relacionaba con lo que se llama detenciones por “portación de cara”, un tema importante que había tratado la justicia de La Plata y que mostraba lo de Luciano como un modelo extremo de ese tipo de persecuciones. Ese fue un antecedente y después hubo un trabajo sobre el ex destacamento de Indart 106 y su toma por parte de quienes pedían justicia por Luciano. Esos dos fueron los puntos de conexión, los puentes intermedios a través de los cuales fuimos desembocando al trabajo definitivo. Fueron formas que, dentro de nuestras cabezas, nos iban acercando poco a poco a la idea final del documental.

Y, ¿cuándo comenzaron a escribir el guion?

Scavino. En 2014. Hubo un borrador inicial que lo fuimos armando a partir de las charlas con distintas personas y los encuentros con Vanesa y el grupo de familiares, y que también se nutría con la investigación de la causa. De hecho, cuando empezamos a trabajar el primer borrador los restos de Luciano no habían aparecido, todavía estaba desaparecido. Y ese borrador se llamaba ¿Dónde está mi hermano? Y no ¿Quién mató a mi hermano?, como fue el título final del documental.

Fraile: Teníamos una estructura que vinculaba el desarrollo del relato con la idea de un viaje a Ginebra, a las Naciones Unidas, que pensábamos hacer para proyectar el caso a la escena internacional. Ese era como un aspecto que no tenía mucho que ver con los familiares, sino con la inclusión de un hecho que, según nuestra interpretación, podía potenciar la historia y reforzar su estructura. Pero no era algo que fuera parte del proyecto y las previsiones de los propios familiares, que no tenían programado un viaje así. Nos pareció que ese viaje le podía agregar una capa más al guion y fuimos armando el guion en base a ese viaje y en medio de esa circunstancia transcurría la historia. Después no se armó así, pero fue como el germen de lo que habíamos empezado a hacer. Y en ese sentido fuimos bastante independientes en cómo contar la historia, no así en los contenidos, porque ese costado lo trabajamos en conjunto. Qué cosas y personajes eran importantes, lo decidíamos en diálogo con Vanesa y los familiares. Y a eso lo íbamos combinando con la investigación en los archivos de los diarios y medios y lo que nos contaban los familiares y amigos.

Scavino. Esa línea de relato era algo que teníamos muy clara desde el comienzo. Y otra de las cosas que teníamos pensado ya desde el comienzo en el guion era filmar una suerte de itinerario o recorrido que Luciano hacía durante la noche de su desaparición por la General Paz, en las zonas cercanas al barrio 12 de Octubre, todos los lugares donde pensábamos había podido estar él antes del secuestro y su desaparición y que podía darle un realce visual fuerte e interesante al documental.

Ana Fraile

Fraile. Era una visión másasociadaa nuestra elaboración del guion, una imagen que nosotros teníamos de Luciano y que, en un momento, se iba a iluminar mucho hasta quemarse. Queríamos que fuera como que la figura de Luciano iluminara la sala. Y eso también eran ideas nuestras. Eran cosas que ni siquiera habíamos conversado con la familia, porque justo cuando estábamos terminando el guion aparecieron los restos de Luciano, el 17 de octubre de 2014.

¿Quiere decir que la aparición de sus restos se produjo en pleno guion?

Fraile. Sí, aparecieron cuando ya estábamos terminando el guion. Y lo primero que hicimos fue cambiarle el título al documental. Y le pusimos ¿Quién mató a mi hermano? Porque pensábamos que era lo que había pasado: que alguien lo había matado. La estructura más o menos la mantuvimos y ya estábamos gestionando con nuestros propios fondos el viaje a Ginebra. Y lo que hicimos entonces fue presentar el proyecto en 2014 y en febrero de 2015 hicimos el viaje.

¿En ese viaje estuvo también Vanesa Orieta, quien aparece en el documental en Ginebra y  haciendo declaraciones a la prensa? 

Fraile. Es que el viaje lo organizamos nosotros y Vanesa que, al principio lo vio con cierta distancia, finalmente se sumó y eso aparece en el documental. No era un tema central para los familiares viajar a la ONU, pero a nosotros siempre nos pareció importante que el relato se desarrollara también en ese nivel.

¿Ustedes no aparecen en ese viaje?

Fraile. No, nos mantuvimos fuera de cámara. No solo en el viaje, sino en general en todos los rodajes. Quisimos entender cómo fue y cómo es el recorrido del grupo de Familiares y Amigos de Luciano en la búsqueda de la Verdad y Justicia y plasmar ese recorrido en la película. Con la familia siempre tuvimos un criterio respetuoso, de no invadirlos. De modo que la película se fue haciendo lentamente.

¿Y cuándo terminaron la película e hicieron el montaje?

Scavino. En 2018 terminamos de filmar. El montaje lo trabajamos en simultáneo a los registros. Entre los rodajes solía pasar bastante tiempo y eso nos servía para ver y conversar sobre el material que generábamos nosotros y también sobre cómo íbamos a utilizar el material de archivo. Lo último que filmamos en 2018 fue el recorrido nocturno que pensamos en relación a un posible itinerario de Luciano por el barrio y también en la avenida General Paz. El trabajo final de montaje que implica estructurar y reelaborar el guion a partir de los

Me gustaría que me contaran algo sobre otros trabajos previos a este documental.

Fraile. En 2004 trabajamos en una película dedicada a César Milstein. Lo fuimos haciendo de a poco, íbamos filmando en tramos, un poco como lo hicimos en ¿Quién mató a mi hermano? Y esa experiencia nos proporcionó muchos elementos sobre la forma de cómo trabajar. Esa película era la historia del científico, que se terminó en 2010. Y fue una base importante para luego ir haciendo otros trabajos, porque a partir de allí nos invitaron a intervenir en una serie de televisión en relación con la ciencia. Y eso nos permitió hacer una cantidad de reflexiones sobre el tema científico, sobre la forma de investigar, y cómo nosotros también investigamos al hacer una película y los caminos que permiten lograr la mejor información. Y gracias a eso hicimos varias series relacionadas con el tema científico, que se dieron por canal Encuentro y más tarde en un canal especial dedicado a la ciencia. Fueron años muy productivos. Y mientras tanto empezamos a hacer la película sobre Luciano y también una película sobre Malvinas, que se estrenará próximamente. Además tuvimos oportunidad de hacer trabajos con video-clips y otros para las universidades sobre investigación o trabajos con organizaciones sociales que querían algo cortito sobre determinados temas para mostrar lo que hacían. Así que trabajamos bastante para mantener esas líneas. Y durante los últimos años, que fueron difíciles, hemos logrado por suerte sobrevivir a los duros golpes económicos sufridos y creo que eso se debe a que trabajamos en un ámbito pequeño, sin una estructura muy grande y nos podemos ampliar o achicar cuando queremos. Esa dimensión nos da cierta flexibilidad y nos permite mantenernos.

¿Y cuál fue la primera vez que trabajaron juntos y dónde se formaron?

Scavino. Nosotros venimos trabajando hace varios años juntos. De hecho la primera vez que lo hicimos fue en un guion en colaboración. Eso habrá sido alrededor de 2000 o 2001, casi unos veinte años. Y después, en los años siguientes, empezamos a trabajar de una manera más sistemática al punto que armamos una productora audiovisual juntos a partir de 2009, Pulpofilms. Antes de esta historia en común en estos veinte años, nuestra formación es la que tiene la mayor parte de la gente de cine en instituciones conocidas. Ana estudió en La Plata inicialmente e hizo después un curso de guion en San Antonio de los Baños, en Cuba. Y hace muy poco hizo una maestría sobre derechos humanos en la USAM, la Universidad de San Martín. Por mi parte estudié en la FUC, la universidad de Manuel Antín, entre 1995 y 1998, y después hice una especialización en estructura dramática y montaje con Miguel Pérez, que tiene mucha trayectoria como editor y formando editores, y fue el realizador de La República Perdida. Y a la vez empecé a hacer experiencia haciendo primero trabajos en montaje para TV y luego como editor en largometrajes. Soy docente de montaje también en varias escuelas (UNA, ENERC, UNTREF, EICTV) y esa experiencia me obliga a pensar todo el tiempo sobre el lenguaje y forma cinematográfica.

Fraile. Cada uno logra mantener su actividad y a la vez esa actividad nutre en trabajo en conjunto.

¿Hay algún trabajo que estén preparando ahora?    

Scavino. Hay una ficción basada en testimonios de personas recluidas en centros de detención durante la dictadura, pero que a lo largo de los años se ha transformado en una historia más personal sobre la reclusión y el miedo. De hecho, a través de ese guion y gracias a una amiga común que nos presentó, trabajamos con Ana en una primera corrección. Y todavía lo tenemos en potencial producción.

Fraile. Ese es uno de los proyectos, pero también hay otro en marcha que es un guion basado en la adaptación de un cuento de un molinero que quiere volar, y escribimos el guion entre los dos con Daniel Botti y nos gustaría dirigirlo en algún momento, pero lo que pasa es que la ficción es más compleja de armar. La escritura de guiones nos permite seguir pensando y soñando en proyectos, son como una batería que nos proporciona energía y ganas de seguir.

¿Quiere decir que la ficción les interesa tanto como el documental?

Scavino. Nos interesan los mecanismos narrativos para contar un conflicto. Podemos abordar ambos géneros, que sin duda tienen puntos de contacto, solo que la ficción, como dice Ana, es más compleja, requiere otra producción y otros recursos. El documental, según qué tipo de documental sea, permite a veces trabajar con presupuestos más pequeños.

Fraile. Los proyectos que tenemos ahora giran en torno a violaciones de derechos humanos y a la ciencia.