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OBRA EN CONSTRUCCIÓN

«Un recuerdo es siempre una ficción»

Entrevista a Javier Van de Couter y Anahí Berneri, autores del film Implosión, galardonado en la 22º edición del Festival Bafici

El Gran Premio en la Competencia Argentina del 22º Festival Bafici fue para el film Implosión, dirigida por Javier Van de Couter y escrita en colaboración con Anahí Berneri. En esta entrevista exclusiva para ARGENTORES, ambos guionistas galardonados realizan un recorrido vivencial y reflexivo sobre el trabajo que llevaron a cabo juntos durante tantos años y que se materializó en una de las películas más celebradas del Festival. En 2004, Rodrigo Torres y Pablo Saldias tenían quince años. Eran alumnos y compañeros en una escuela de Carmen de Patagones. Un día como cualquier otro un compañero de clase les disparó con el arma que le robó a su padre militar. Hoy, Rodrigo y Pablo tienen más de treinta años. En Implosión se interpretan a ellos mismos en una ficción construida a partir de una hipótesis: viajar más 1000 kilómetros para intentar reencontrarse con aquel compañero de clase al que los une un pasado doloroso. Implosión narra un viaje incierto que devela cómo los dos protagonistas lidian con ese pasado a través de la ficción.

¿Por qué decidieron filmar una película sobre la masacre ocurrida en Carmen de Patagones?

Javier Van de Couter: –Si bien yo ya vivía en Buenos Aires en 2004, soy oriundo de Carmen de Patagones. El primer contacto que tuve con el caso fue a través de mi madre que me contó lo que había sucedido. El vínculo es decididamente emocional. Hubo un tiempo, allá por 2006, donde comencé a pensar en realizar un registro fílmico, un documental del pueblo, la juventud en ese lugar y por qué había ocurrido justamente ahí el hecho, pero no podía resolver un montón de cuestiones. Un día conectamos con Anahí a partir de su película Aire Libre, y fue en ese encuentro donde hicimos una especie de acuerdo de colaborar el uno con el otro. Porque yo estaba intentando encontrar el modo de contar mi proyecto y ella estaba trabajando con el guion de su película. La mirada comprometida de Anahí, y al mismo tiempo con cierta distancia, fue muy importante para abordar un tema tan complejo en mi comunidad. Una de las cosas de las que me di cuenta en el proceso de trabajo fue que uno sigue siendo de su lugar de origen, me refiero a que tuve que superar ciertas barreras, que uno trae de su educación. No hablar de aquello que duele, por ejemplo. Entonces, comenzó a surgir algo que rodeaba todo aquello en términos de lo social y también con el personaje ausente, que lo sacaron del pueblo inmediatamente, me refiero a Juniors, el adolescente que ocasionó el hecho. Nos pusimos a trabajar con Anahí en relación a esa ausencia. Es decir, en el misterio que generaba Juniors. De a poco comenzamos a realizar entrevistas, en principio con familiares de los chicos, luego con Pablo Saldias y Rodrigo Torres que se volvieron los protagonistas de la película, un protagonismo que los diferencia porque tienen miradas distintas sobre el mismo dolor, trauma y pasado. Al presentarse ellos como personajes apareció un conflicto muy interesante para narrar en la ficción.

Anahí Berneri: –Creo que lo primero que a uno le pasa, incluso cuando lee la noticia y ni siquiera imagina que algún día se va a involucrar en un proyecto así, es querer saber el porqué, ¿no? ¿Por qué pasó esto? ¿Qué le pasó a Juniors y por qué hizo lo que hizo? Me parece que para mí estos interrogantes fueron un motor. Después de doce años de la masacre, que fue cuando comenzamos a trabajar, estos chicos todavía tenían las mismas preguntas. Entonces, durante una charla con Javier surgió la decisión de que no había que contar la masacre sino plantear que ese interrogante sigue vivo en la sociedad. Por otro lado, toda la bronca, toda la adolescencia interrumpida que tienen estos chicos, les genera un pensamiento reflexivo: “Bueno, mi vida cambió por completo y yo no tengo la explicación”. El motor de los protagonistas es cómo gestionar lo que en ellos sigue vivo como un trauma. El fantasma. Alguien que te dispara y desaparece de tu vida. Y no es posible asimilarlo como que fue una locura y listo. Entonces para mí lo interesante fue el modo en que se transita ese sin sentido que marcaron tantas vidas.

Pablo Saldias, protagonista de «Implosión»

¿El proceso creativo de qué manera se complementó entre ustedes dos?

Anahí Berneri: –Creo que se complementó desde el principio cuando nos pusimos de acuerdo en que debía ser una historia contada por dos de los sobrevivientes, que debía ser narrada en presente y no debía recurrir al flash back ni al momento de la tragedia sino a la actualidad de los personajes. Y sobre todo, en la tarea que emprendió Javier de darle ficción a esta historia y confrontar con ellos, me refiero a Pablo y Rodrigo, que muchas veces no quisieron hacer el guion o lo discutían, fue el permiso que nos permitimos. Y lo encontramos juntos.

Anahí Berneri es guionista, directora y productora. En 2017 se convirtió en la primera mujer cineasta de habla hispana y segunda en la historia (después de Xu Jinglei) en ganar la Concha de Plata a la mejor directora en la 65 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián por su película Alanis. Es egresada de la carrera de Productor de Medio Audiovisuales del Instituto ORT y graduada del Institute National de L’audiovisuel de Paris. Su debut como directora y guionista fue con la película Un año sin amor. El filme obtuvo más de 15 premios internacionales y fue distribuida en Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda, Tailandia y España, entre otros países.Su segunda película, Encarnación, participó de la competencia oficial del Festival de San Sebastián donde obtuvo el premio FIPRESCI. Por tu culpa es su tercer largometraje protagonizado por Érica Rivas. Gracias a su trayectoria y sus reconocimientos como directora, formó parte del jurado de la sección oficial en el Festival de San Sebastián en 2016. ​
Desde 2016 es docente en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) de Buenos Aires, Argentina, y también en la Universidad Nacional de las Artes, en la Licenciatura en Artes de la Escritura.

En ese sentido, ¿recuerdan ahora un momento relevante en relación al trabajo con el guion?

Javier Van de Couter: –Sucedía en general cuando ellos sentían al guión como un forzamiento. Si surgía algo que ellos no dirían nunca o no sentían hacer y que nosotros, de alguna manera, en el guion lo planteamos como una búsqueda. Y toda búsqueda tiene momentos de tensión, sobre todo planteado en un registro de ficción. Sucedía en ciertos diálogos más que nada. Recuerdo uno sobre Robocop, donde había una resistencia a decir ese diálogo hasta que lograban entenderlo y ahí comenzaban a realizar un trabajo actoral. Reparamos mucho en los detalles para que lo sintieran propio.

Anahí Berneri: –El día que uno de ellos tuvo que decir: “Ya no soy el mismo, ahora soy Robocop” hubo una crisis actoral hermosa.

Javier Van de Couter: –Sí, porque nosotros estábamos buscando un decir que, si bien no estaba tan relacionado con el costumbrismo, sí debía ser cierto. La ficción tiende siempre a artificializar las cosas. Fueron los protagonistas, justamente, quienes se encargaron de organizar el tono del relato desde el guión a la filmación. Que trabajen sin actores, salvo Nina Vera Suárez Bléfari y Julieta Zapiola, hacía que todo pasara mucho por la escritura. Así fue que intentamos acercarnos mucho a una manera de hablar y de respirar, incluso. Para eso tuvimos que estudiarlos en encuentros y verlos mucho en video de entrevistas que habían dado. El de Robocop, puntualmente, hace referencia a esto de ya no ser el mismo, de haber crecido y ahora ser una persona adulta. Una frase que sintetizaba muchas cosas. Ser un robot fuerte y poderoso cuando esto realmente le sucedió a Pablo siendo un adolescente vulnerado por la situación. Obviamente esta crisis a la que refiere Anahí , a pesar de que sea un diálogo, dice mucho metafóricamente de un montón de cosas. Recuerdo que incluso tuve temas en el montaje para dejar ese texto. En un momento no sabía si dejarlo o sacarlo. A la montajista tampoco le encantaba demasiado y alimentaba una fantasía mía de no incluirlo. Menos mal que no lo hice, muchos me hablan de ese texto en particular.

Tanto Javier Van De Couter como Anahí Berneri hacen hincapié en que fueron muchas veces a filmar durante los cinco años que duró el proyecto. Al regresar a Buenos Aires, editaban, escribían y seguían pensando. “Teníamos algunas secuencias preparadas y luego fuimos a realizar como postales del pueblo”, señala Javier. “En esta escena que íbamos a poner en marcha el guion y la actuación hubo una resistencia pero la hicimos en etapas distintas del viaje. La primera vez no se pudo decir ese texto, y lo respetamos. A medida que Pablo y Rodrigo comenzaron a tener confianza en el proyecto y en nosotros, comenzaron a entender mejor hacia dónde se dirigía la película. Porque no tenían ganas de hacer un documental de testimonio. Además están muy acostumbrados desde muy chicos a que las preguntas vayan siempre al hueso y se sienten muy incómodos, casi como si fueran los responsables de esa explosión. No pudiendo procesar emocionalmente lo que les había pasado tenían que responder a los medios. La clave fue la ficción y para eso necesitamos llevar a cabo un trabajo de muchos años. Lo cierto es que con una primera versión se entregaron al juego actoral. También les dimos herramientas en ese sentido. En un momento nos juntamos con Lorena Vega, que es actriz, directora y docente. Hubo un gran trabajo interpretativo. Te digo más, ya en las últimas veces entraban al set y el “acción” y “corte” lo tenían totalmente asimilado”.

¿Qué les sucedió con la tensión que se genera entre el documental y la ficción?

Anahí Berneri: –Creo que fue muy liberador el no querer ficcionalizar algo que sucedió sino algo que todavía está vivo, como te decía antes. Fue como un juego de: “Y qué pasaría si…” Donde eso implica la oportunidad de ir al encuentro de este chico. ¿Para qué lo harías? ¿Para vengarte? ¿Lo harías para hacerle preguntas? ¿Cuáles serían? El momento en que se vuelve al hecho ocurrido es a través de una escena que no estaba escrita y que aparece en lo documental y rompe ese límite con la ficción. Ahí ellos exponen cómo vivieron ese día desde sus recuerdos. Un recuerdo es siempre una ficción. Es la manera en que uno se cuenta aquello que vivió. Pero nunca es la verdad, simplemente porque no hay una verdad absoluta. Por eso, ellos muchas veces se confrontan. Y se dicen:“Así no fue, para mí fue del tal modo”. O: “Para mí vos fuiste un héroe”. Y el otro dice: “Para nada fui un héroe, no sé ni lo que hacía. Tenía quince años”. Entonces, justamente, ese hecho al que se quiere ir tal cual como sucedió pone en jaque que no hay una verdad de lo que ocurrió. Por eso un documental necesita de una dramaturgia. Es una ficción, también.

Javier Van de Couter: –Para mí el tiempo fue fundamental, por más que me pelee mucho con él. Fue difícil sostener este proyecto, tanto en lo emocional como en lo político y lo estético. Creo que el tiempo terminó siendo la clave para entender lo que estábamos haciendo. No teníamos un mapa y si bien el guion está en la película, este momento sobre el que reflexiona Anahí, es el más directo en el que un espectador puede apreciar el abrazo entre la ficción y el documental. Recuerdo que habíamos hecho un trabajo de mesa con los chicos, en donde antes de filmar esa escena se habilitó la posibilidad de la primera persona para que pudieran acudir a su memoria. Pero después no lo hablamos más. El guion siempre funcionó como una red y también casi como un escudo protector, digamos, más allá de la confianza que podían tener conmigo por ser de allá. Pero un día ocurrió algo muy loco que fue que por momentos ellos se olvidaban de la letra. Fue muy bueno porque comenzaron a hablar desde ellos. Esa tensión a la que te referís está durante toda la película y es lo mejor que le pudo haber pasado, porque es lo que genera inquietud en el espectador y nos interpeló a nosotros durante todo el proceso de creación”.

Rodrigo Torres junto a Javier Van de Couter

¿Cuáles son los referentes significativos que para ustedes dialogan con Implosión?

Javier Van de Couter: – Cuando pienso en referentes me acuerdo de una fotógrafa que nos gusta mucho a los dos, que es Nan Golding, y si bien alguien se puede preguntar qué tiene que ver Golding con el suspenso, hay algo que tomamos en la manera de concebir la imagen, cierto lugar de la cámara para que fuera un personaje más, quizás el ausente. También pienso en la tensión que puede generar un Larry Clark con situaciones como en Kids, donde la tensión está en la peligrosidad adolescente.Por otra parte, también soy un fanático de Bernard- Marie Koltés. Quiero decir que no sólo tengo referentes cinematográficos, como es el caso de los hermanos Dardenne, que vienen del documental y luego pasaron a la ficción, también en la literatura te podría nombrar a Jack Kerouac, por ejemplo, y su novela En el camino. Me acuerdo de que una vez viajando con Anahí, yo miraba Sierra de la Ventana y pensamos que teníamos que bajarle el precio a esos paisajes porque parecía Suiza. Paisajes tan imponentes y tan poco explorados por el cine. El tiempo permitió eso, fotografiar, ver algunas películas y estudiarlas. Yo vengo del teatro y no de una formación cinematográfica. Mi lenguaje es la actuación y estaba muy ocupado en que todo lo dijeran los chicos se volviera cierto. Por eso además de Anahí también fue muy importante para mí trabajar con dos directores de fotografía como Luís Sens y Federico Lastra, profesionales que tienen una impronta. Creo mucho en la intuición y en la comunicación. Pienso ahora en eso que hicimos de ir de lugares enormes a primeros planos. Esos personajes y esa camioneta perdida como ideas blindadas, es decir la convicción de que nunca iría a mostrar la camioneta de abajo, siempre estará arriba, pensé, como si fuese un tripulante más. Sostener eso en una película de ruta es muy complejo, por muchas razones. En principio porque no te permite elipsis o son muy complejas de contar tanto en el guion como en la puesta en escena. Fue un proceso de mucho tiempo y de saber escuchar. También de resistirme cuando era necesario. Si no la hubiésemos producido nosotros no hubiera sido así esta película. No me hubiese animado a hacerla con otros productores. Hay una mirada ideológica que yo quería sostener. La ideología se traduce en la imagen. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de heridas y un montón de otras cosas muy complejas.

Anahí Berneri: –Ganamos mucha libertad haciéndola nosotros. Incluso desde el lugar de tener menos recursos. Por momentos nos quedamos sin dinero y tuvimos que poner de nuestro bolsillo porque teníamos que filmar. El lugar de la libertad que implica decir “Bueno, ¿vamos?”, lo da el aventurarse. Por supuesto, hay que saber que es incómodo y como artista te limita en muchas cosas, no saber si vas a tener la cámara tal día, por ejemplo. Pero incluso así luego tenés la posibilidad de hacer el plano que querés cinco veces, si es necesario. Se pierde y se gana siempre desde la producción. Ahora pienso en esto de las referencias, también muchas veces sirven para guiarte hacia todo aquello que no querés hacer o bajo una misma premisa hacer algo completamente distinto. Ni bien empezamos a contar este proyecto nos hablaban de Elephant. Y nosotros decíamos es algo así pero ¡no vamos a hacer Elephant! Película que, por otra parte, tampoco da respuestas. Con esto quiero decir que las referencias no son para copiarse sino para entender lo que uno está haciendo.

Egresado del Instituto Nacional de Arte Dramático, Javier Van de Couter es director y guionista de cine, teatro y televisión.
“Implosión” es su segunda película, fue distinguida como mejor proyecto en el V Foro de Coproducción Europa-América Latina del Festival de San Sebastián. Obtuvo el apoyo de becas de la creación del FNA y de Mecenazgo (CABA). Su ópera prima “Mía», fue ganadora del Premio Coral, a mejor guión inédito en el Festival Internacional del nuevo cine Latinoamericano, La Habana, (Cuba) y distinguida con el Premio Maguey a mejor película en el 27° Festival Internacional de cine en Guadalajara Film Festival (2012, México), entre otros. Es co–guionista de las películas “Aire libre” y“Alanis” de la directora Anahí Berneri, que participaron en la Competencia Oficial del Donostia Zinemaldia Festival de San Sebastián (España). Además, por “Alanis” fue nominado a los premios Cóndor. Ha trabajado en el desarrollo de diversas series televisivas para Fox, Viacom, Telefe, Underground, Pampa Films, La Flia, entre otras. Dirigió y escribió para Tv «La Celebración», producida por Underground Contenidos, el proyecto fue nominado a Mejor Ficción en los Premios Emmy de 2015. Es autor de la serie de televisión «Historia de un Clan», de Luis Ortega, exhibida en la plataforma de Netflix. Co-dirigió «Variaciones Walsh», miniserie basada en los cuentos del escritor argentino Rodolfo Walsh, para la Televisión Pública Nacional. Escribió y colaboró en diferentes equipos autorales en programas como: Tumberos, El tiempo no para, Criminal, Los siete locos, entre otros. Como director de teatro, montó El bello indiferente de Jean Cocteau, como parte de la temporada anual del C. C. San Martín (CABA). Actualmente desarrolla para MGM la adaptación de una serie basada en la novela ¨Cacería¨ de Gonzalo Demaria quien es co guionista junto a Erika Halvorsen. Y trabaja en su nuevo proyecto cinematográfico basado en la novela “Tesis sobre una domesticación” de Camila Sosa Villada quien es co guionista junto con Laura Huberman. 

¿Qué posibles reflexiones permite la película entre los interrogantes y las posibles verdades?

Anahí Berneri: –El ser humano no acepta la locura ni acepta que no haya motivos para ir hacia la violencia. Y la violencia está en nosotros. Lo raro es que no respondamos de forma violenta a ciertas situaciones. Lo raro es toda la domesticación y que fallen los sistemas de educación y control para que estas cosas sucedan. Y en realidad nos pone en jaque como sociedad desde muchas perspectivas. La violencia siempre es una falta de comunicación. Nos resulta muy difícil como sociedad aceptar eso y siempre estamos buscando la falla en el contexto. También hubo padres y una comunidad educativa que quedó desprotegida a la señales para que esto no ocurriera. Porque justamente, nos resulta difícil aceptar que haya personas que reaccionen con una violencia tan desmedida hacia el mismo contexto que a otro, como en caso de Javier, lo convierte en un director de cine. Por eso en la película, si bien hacemos un montón de exploraciones, desde el bullyng a los mandatos machistas, ninguna de estas cuestiones son respuestas. Y esa fue nuestra intención, es decir no dar ninguna respuesta.

Javier Van de Couter: – El cine no puede responder a cierta clase de preguntas, como por ejemplo por qué motivo sucedió la masacre. Creo que hay algo del orden de lo personal que le pudo haber pasado a Juniors que es insondable. No sé cómo explicar por qué el odio se puede manifestar de esta manera. Lo que sí sé es que sentí la necesidad de reflexionar sobre esto y el pueblo con sus cielos incluidos donde la mirada del otro pesa mucho, la violencia y los mandatos sobre la masculinidad, entre otras cosas como contexto, postales, digamos. Nosotros no buscamos en ningún momento meternos puntualmente en lo que le pasó por la cabeza a Juniors para hacer lo que hizo. En nuestro planteo, él es la ausencia, como decía Anahí hace unos minutos, se vuelve fantasma y misterio que se va actualizando en los sobrevivientes. Ellos, a su vez, tienen que lidiar con ese pasado. No hay una respuesta que pueda dar la película sobre el hecho en particular pero sí hay una manera de rodear esa incógnita para luego abrir nuevas preguntas.


IMPLOSIÓN

ELENCO: Pablo Saldias Kloster – Rodrigo Torres – Julieta Zapiola – Nina Vera Suárez Bléfari.

DIRECCIÓN: Javier Van de Couter
GUIÓN: Javier Van de Couter / Anahí Berneri
PRODUCCIÓN: Rosaura Films / Laura Huberman
PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Laura Huberman
PRODUCTORES ASOCIADOS: Diego Rougier (Picardía Films – Chile) / Carolina Fernández
DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Federico Lastra / Luis Sens
MONTAJE: Andrea Kleinman
MONTAJE COMPLEMENTARIO: Valeria Racioppi
DIRECCIÓN DE SONIDO: German Suracce
DIRECCIÓN DE ARTE: Camila Peréz / Manuel Franco
MÚSICA ORIGINAL: Nahuel Berneri