Revista Florencio

TEATRO. ANA ALVARADO, PREMIO ARGENTORES POR EVITÁCORA

Un mito argentino en un espectáculo para niños

Ana Alvarado, Premio Argentores por Evitácora

Autora, directora y docente teatral, licenciada en Artes Visuales e investigadora, además de dramaturga especializada en teatro de títeres, Ana Alvarado, nacida en 1957, es una de las artistas argentinas más sobresalientes y creativas en un amplio campo de labor escénica que incluye, tanto en la escritura como en montaje de espectáculos, desde obras para niños hasta performances, teatro para adultos y también de objetos, siempre bajo la guía de un espíritu de experimentación y búsqueda que rechaza las fórmulas convencionales o repetidas. Integrante histórica del elenco estable de titiriteros del Teatro San Martín y más tarde fundadora, junto a Emilio García Wehbi, Paula Nátoli, Román Lamas y Daniel Veronese, del grupo El Periférico de Objetos, su trabajo en las últimas décadas ha adquirido particular prestigio por su producción teatral para niños, de la cual varios de sus títulos están publicados en un primer tomo por Editorial Atuel (La travesía de Manuela, El detective y la niña sonámbula, El niño de papel, Oceánica -tanto la versión previa al estreno como la estrenada-, Greta y Gaspar, Sueños de gigante y La hija del dragón), donde despliega universos poéticos de una gran fantasía, belleza y ternura, y al mismo tiempo plenos de humor, hipérboles, situaciones que expanden el horizonte de lo real y una sensibilidad siempre despierta, atenta a los absurdos estigmas que, como las exclusiones o discriminaciones, los adultos introducen en el mundo de la infancia. También algunos de esos títulos han sido publicados en la antología Títeres en Palabras que, en ocasión del Premio Nacional Javier Villafañe, da a conocer regularmente el Centro Cultural de la Cooperación. Otros fueron publicados enforma individual y existen varios más nuevos que esperan una segunda edición.

Entre otros premios que tuvo en su larga carrera, Ana Alvarado recibió en septiembre pasado una distinción de Argentores a la mejor obra estrenada para niños en 2019 por Evitácora, un texto escrito para un espectáculo que cuenta en parte el itinerario histórico que trazó la vida de Eva Duarte hasta llegar a ser la figura que fue. Dos amigos (dos actores), Lola y Toto, se juntan a compartir la merienda y ella le relata un viaje que hizo a Los Toldos, ciudad natal de Evita. Y le muestra una máquina que construyó con todo lo que escuchó sobre esa mujer. En esa máquina, llamada Evitácora, están la infancia de Eva Duarte, los radioteatros que escuchaba y los que ella protagonizó en su carrera artística, su preocupación por los demás y aquello que pudo hacer cuando tuvo la oportunidad de tomar decisiones. Una máquina, en síntesis, para pensar cómo Eva Duarte se convirtió en Evita. En el montaje, Ana Alvarado desarrolló, junto con el equipo que estrenó el espectáculo, varios de los procedimientos que domina para, a través de los objetos, pintar un mito histórico y sus reflejos en el presente: cajas que se transforman en teatro de sombras, muñecas y títeres, carteles luminosos que van marcando hitos en la trayectoria de esa mujer: Eva niña, Eva rebelde, Eva actriz, Eva política, y acompañando luego los distintos momentos de ese itinerario reencarnado con la proyección al final de imágenes de una Eva tan adorada por su pueblo como odiada por sus enemigos.

De esa obra y de otros temas relacionados con la producción artística de esta autora y directora hablamos en esta entrevista que concedió a la revista Florencio.

Imágenes de Evitácora

¿Ana, cómo surgió la idea de escribir Evitácora, la obra que premió Argentores?

La obra fue realizada especialmente por el centenario de Eva Perón. Me propusieron llevarla adelante desde la UNA (Universidad Nacional de las Artes). El espectáculo, dirigido por mis colegas Carolina Ruy y Javier Swedzky y protagonizado por Carolina Tejeda y Leonardo Volpedo, contó con el apoyo del Grupo Octubre.

Has dicho en alguna entrevista que la obra no contiene toda la información sobre lo que fue la vida de Evita, sino algunos hitos importantes. ¿A qué aspectos de su trayectoria les diste más importancia y por qué?

 Exacto, me dejé guiar, en general, por el recorrido que hacen los visitantes del Museo Evita y fui seleccionando y ampliando e investigando por mi cuenta. Me interesaba instalar en el público la idea de una nena de pueblo, pobre, traviesa y sensible, que inicia un viaje que será casi fantástico. En ese aspecto es similar a casi todas y todos los protagonistas de mis obras orientadas a público infantil, una niña o niño que se transforma porque vive una travesía que le pone pruebas. Una heroína en el sentido del cuento tradicional. Por otra parte, señalé su condición de mujer arriesgada, que ya aparece en su adolescencia, su trabajo como actriz en radio y cine y sus intereses vinculados a la reivindicación de los derechos femeninos. Minimicé, sin retirarla, obviamente, su vida como esposa de Perón, pero no la épica de su figura como política.

¿Definirías a Evitácora como una obra teatral para niños?

El público para el que fue escrita es el público infantil, es una obra de teatro para niñes pero el espectáculo final que se materializó con el grupo ya nombrado, podría denominarse como multidisciplinar por la presencia del teatro de sombras, los títeres y objetos, la imagen digital y la actuación. La presencia del adulto en la platea, siempre es previsible cuando se diseñan espectáculos para la infancia.

¿Relacionarías este trabajo con María Magdalena o La salvación en cuanto lo que ambos intentan decir sobre el papel de las mujeres en la historia, la lucha por sus derechos y la igualdad, y lo que ellas han ganado y perdido en ese trayecto?

Podría ser, claro. Interesante. María Magdalena es un arquetipo femenino universal y Eva es un mito argentino. Lo que es interesante es ver cómo la historia y sus relatos intentan direccionar la mirada, cuando se trata de mujeres. La historia patriarcal para usar un término muy utilizado en la actualidad, las instaló en el lugar de la mujer libre, independiente pero justamente, por lo dicho, bruja o prostituta. Esto se invierte en la mirada contemporánea y se las considera, sabias e inmortales. Estudié en su momento bastante a María Magdalena, al lugar que le adjudicó la cúpula de la iglesia en la vida de Jesús, leímos no sólo a Marguerite Yourcenar, sino también a José Saramago, los Evangelios Apócrifos y la buscamos en la iconografía del arte renacentista. Creo que sí, que ambas mujeres (desconozco si Magdalena existió realmente, obviamente) se encuentran de una manera singular con hombres que serán definitorios en su camino, cuando ya ellas eran independientes y tenían un camino iniciado. Acompañan a esos hombres, los potencian, pero sin perder su identidad o incluso reforzándola. Generan en los otros, amor y deseo y eso es siempre maravilloso, pero también riesgoso. Hablamos de esto a días de la muerte de Maradona de modo que la asociación con Eva, es inevitable. Amor, dolor, deseo y muerte de qué otra cosa puede hablar una obra de teatro

Un tema muy presente en tu obra, vos misma lo has dicho, es el de la discriminación. ¿Cómo esa conducta, que afecta tanto al mundo de los grandes, es también visible en el de los niños?

Me gusta iniciar mi dramaturgia con una imagen que muestre una dificultad, que tensione y obligue a quien la protagoniza a una travesía que va a ponerle a prueba. Por ejemplo, una de mis últimas obras, Anatolia, tiene como protagonista a una nena cuya sombra es la de un león. Obviamente, proyectar la sombra de un animal salvaje es un problema para ella, su familia y el mundo al que se supone que se tiene que adaptar. Pero…también la potencia. Su travesía es esa, incluso en su camino encuentra a otros y otras que proyectan sombras de animales salvajes y que se juntan y ….bueno…

También has dicho que tener presente temas como el de la discriminación no sigue nunca un camino realista, convencional, sino todo lo contrario, un camino de fantasía, de delirio y de mucho humor.

El ejemplo anterior tiene que ver con esto, siempre la característica es delirante: una nena que tiene afición por los refranes pero con la dificultad de que algunas palabras cuando las dice se convierten en cosas, se literalizan; un nene que por un error científico se convierte en un niño de papel, una rata que se comió toda una biblioteca y sabe demasiado, dos hermanitas que luego de una catástrofe mundial descubren que todos los objetos son gigantes para ellas porque lo orgánico se redujo y lo inorgánico, no. En Evitácora es igual, les chiques que llevan adelante la historia juegan y se divierten con el personaje Eva. El espectáculo tiene mucho humor.

¿Esos conceptos se aplican también al teatro que escribís para público más adulto? Y, en todo caso, ¿en qué aspectos difiere tu dramaturgia para chicos de la que escribís para adultos?

Yo, en el sentido de la escritura dramática tradicional, en el de sentarme a escribir una obra que será puesta en escena posteriormente, no escribo para adultos, sólo para niños. Para adultos, hago dramaturgia escénica, opero con materiales diversos, construyo dramaturgia en escena, todos estos procedimientos que hoy por hoy consideramos autoría y que son desde luego un modo de escritura escénica contemporánea.

¿Se sigue hoy subestimando al público de niños ofreciéndole un teatro digerido y de animación, antes que uno de riqueza metafórica que estimule esa capacidad de imaginación que el niño tiene naturalmente? ¿Cuánto crees que se ha avanzado en ese terreno?

Creo que hay obras valiosas actualmente. Yo sigo bastante al mundo del teatro para niñes que llevan adelante quienes eligen el teatro de títeres y objetos como lenguaje y reconozco ahí textos, espectáculos y artistas muy buenos, pero con pocas posibilidades de salir de la transhumancia e instalarse en espacios que les permitan desarrollar puestas en escena más complejas. Hay algunos grupos que eligen el humor o el musical, también interesantes, pero hay pocos textos dramáticos escritos para la infancia que no sean nacidos del trabajo de improvisación de un grupo y les pertenezcan, siendo, por lo tanto, casi imposible imaginar que puedan llevarlo a escena otres.

Has reconocido la importancia que la narrativa y la lectura tienen en la estimulación del imaginario de los niños. ¿Esos textos siguen teniendo la misma relevancia en el teatro?

Me gusta escribir obras de teatro orientadas a la infancia, pero…sí a veces no estoy segura si escribo para les niñes actuales o para mi niña, la que yo fui. Creo que la lectura de ficción narrativa o dramática es fundamental para el desarrollo del imaginario infantil. Actualmente esa literatura viene acompañada de una producción mayor de imágenes visuales y quienes ilustran tienen una enorme responsabilidad en ese punto. Por otra parte, la producción cinematográfica general y de cine de animación para niñes tiene de todo, cine muy bueno, con excelentes guiones y otro cine adocenado y reiterativo. El teatro puede acompañar al adulto a darle algo diferente a sus niñes, pero … la batalla es dura, el enemigo es muy fuerte. En los espectáculos teatrales siempre es el texto uno de los materiales fundamentales pero no el único. Evitácora, por ejemplo, fue escrita acompañando un proceso creativo y se potencia mucho con ese espectáculo.

Desearía que me hables también de tu trabajo de dirección de teatro de adultos. ¿En qué medida se relaciona con tu obra escrita y en qué medida con otros de autoría ajena, como han sido los casos de varios títulos como Una pasión sudamericana, Ojos verdes, María Magdalena, Flechas del ángel del olvido, etc.?

Me he dado unos cuantos gustos y ojalá pueda darme muchos más. Dirigí a Ricardo Monti,  Bertolt Brecht,  José Sanchís Sinisterra,  Heiner Müller, Marguerite Yourcenar, a Dea Loher, a Samuel Eichelbaum y , por supuesto, a mucho más colegas argentinos talentosos que son menos famosos pero fueron fundamentales para mí. A todas las obras las someto a mis operaciones dramatúrgicas, les propuse nuevas imágenes en la escena, cuando pude y me pareció interesante, violenté el formato de la pieza. Siempre con mucho respeto pero pensando, como pienso, que la dirección escénica es una actividad artística y la puesta en escena es un texto nuevo, texto escénico.

¿Hay temas dominantes en la elección de lo que vas a dirigir o respecto de lo que te propones dirigir en el teatro de adultos? 

Dominantes, no, honestamente, soy feliz cuando encuentro un texto que me emociona y no entiendo completamente, que está lleno de imágenes que hay que volver escénicas y eso no va a ser fácil. Me gusta que hablen del mundo que vivimos poéticamente, que no sean literales, que dejen preguntas sin responder para llevarse a casa. Muchas veces elijo obras que usan al propio teatro como metáfora de nuestra época.

Has dicho que en Vaticinios, la obra de Alejandro Genes, has intentado hacer una reflexión crítica sobre la influencia del mundo de la tecnología tanto en el teatro como en la vida. ¿Qué cuestiones te preocupan en la relación de la contemporaneidad respecto de la tecnología, de la relevancia que ha adquirido en nuestra vida diaria, tanto entre los adultos como entre los niños? ¿Qué te parece aceptable y cuál sería tu crítica?

El texto de Alejandro estaba acompañado en escena por la creación multimedial que hicimos con Gabriel Gendin, la totalidad del espectáculo era lo que contaba, lo que queríamos contar. La potencia de la imagen y el tránsito de la imagen pobre a la de alta definición junto con varios postulados de Artaud y Baudrillard construyeron ese material escénico que hablaba del destino de la cultura en la era del simulacro. Cuando hablo, tematizo y uso tecnología multimedial o videoarte en mis espectáculos, nunca son un fin en sí mismo, sino un espacio de reflexión e investigación. Su uso en la escena es inevitable y muchas veces maravilloso, no tengo críticas a la presencia escénica de la tecnología en la escena, no creo que los espectáculos deben evitar el uso de la tecnología, toda la tecnología que acompañó al teatro en los últimos ciento veinte años, aproximadamente, fue beneficiosa. He hecho varios espectáculos performativos, grupales, de recorrido que reflexionan sobre la vida cotidiana, el consumo, el uso de las tecnologías de la comunicación y sus peligros. Por ejemplo: Spa Conceptual, Visible, eventos varios de les artistas que participan de la carrera de posgrado que dirijo: Teatro de objetos, interactividad y nuevos medios. El pensamiento crítico sobre mi tiempo está siempre presente en mí y en lo que transmito. La tecnología es parte de nuestro tiempo y debe ser objeto de crítica y debate pero no apoyo esa simplificación típica de algunos integrantes del campo teatral que dice que sólo tiene que haber un cuerpo en el escenario, el cuerpo del actor y que todo lo demás sobra. Que sea suficiente en algunos casos, no admite que se generalice.

¿Qué ha sido del Periférico de Objetos, esa estupenda creación tuya y de otros conocidos artistas teatrales? ¿Ha cerrado ya definitivamente su ciclo o ha habido alguna tentativa de resucitarlo en alguna oportunidad?

Sí. El Periférico cerró sus 18 años de intensa existencia en el 2008. Fue fundamental en nuestras vidas, pero necesitábamos seguir nuestros caminos creativos individuales. Alguna vez nos propusieron reeditar nuestra versión de Máquina Hamlet pero creo que todes aceptaríamos si pudiéramos hacerla de nuevo, actualizarla y…entonces ya no sería esa puesta en escena que se volvió emblemática.

En la docencia teatral, según creo, te concentras sobre todo en la enseñanza de dirección. ¿Por qué has elegido esa veta y no otra? ¿Es la que crees podes enseñar más o simplemente porque no podes dedicarte a otras también por falta de tiempo? ¿Qué te aporta la tarea docente, además, no en cuanto a lo económico, sino en la relación con los alumnos?

Fui docente desde muy joven. Siempre en el campo de la enseñanza artística y durante mucho tiempo trabajé bajo los lineamientos de la llamada Educación por el Arte que sería largo explicar ahora, pero, en general, considera que el desarrollo de la capacidad creadora a través del arte es fundamental para la formación inicial de les estudiantes y en toda la actividad educativa. También dicté durante muchos años talleres de Interpretación en Teatro de Objetos y desde hace 15 años trabajo en universidades: UNA y UNSAM, en ambas enseño los dos aspectos en los que considero que tengo un tránsito suficiente como ponerme en el lugar de un docente de grado y posgrado: El Teatro de Objetos y la Dirección Escénica. En la UNSAM (Universidad Pública de San Martín) dicto Dramaturgia para teatro de objetos. En la UNA, dirijo la carrera de grado Licenciatura en Dirección Escénica y doy clases en ella también y dirijo también la carrera Teatro de Objetos, Interactividad y Nuevos Medios, carrera que representa mucho de mis intereses en el campo de la investigación de las fronteras en las artes y fundamentalmente, el campo de investigación escénica que amplía la noción de teatro objetual desde sus inicios aquí y en todo el mundo en los años 80 del siglo XX.

¿Qué proyectos tenés en vista para después de la pandemia y qué has hecho durante ese tiempo?     

Durante este tiempo hablé mucho. Tal vez demasiado (se ríe). Pero me invitaron a conversar en muchos encuentros, asociaciones, foros y en diversas plataformas, en el país y en el mundo y eso me ayudó a mantenerme activa y reflexionando sobre los alcances de lo que estamos atravesando. Estuve dirigiendo la obra Pieza para Maniquíesy un actor de reparto (Documental sobre el silencio), de Gabriel Penner, que iba a estrenar en agosto de este año en el Teatro Payró y que ahora vamos a filmar y generar una versión para streaming. Iniciado el 2021 veremos, cuál de las opciones que existan sea la mejor para nosotres.