Revista Florencio

LOS 70 AÑOS DE LA TELEVISIÓN ARGENTINA

Santa Evita, una novela que merecía ser convertida en miniserie

Natalia Oreiro encarna a la mítica Eva Perón

“El único deber que tenemos con la historia, es reescribirla”, decía Oscar Wilde, en una frase que suena aún hoy como un mandato para quienes creen, en concordancia con él, que los relatos que describen el camino del devenir de la humanidad, están llenos de lagunas, contradicciones e interpretaciones dudosas. Aprendemos la historia del pasado en los libros de distintos autores y estudiosos que no siempre coinciden en la apreciación de los sucesos que narran, y la del presente experimentando en nuestras propias vidas el efecto directo de los hechos cotidianos, pero conociendo a éstos últimos a través de una comunicación mediática que suministra una información a menudo manipulada y por lo tanto poco confiable.  De ahí que la afirmación del escritor irlandés parece en estos días poco menos que inobjetable para los investigadores y lectores que sospechan de las versiones periodísticas del presente y de los textos donde lo que se afirma como histórico no siempre es histórico. Y se diría que inevitable para los que se dedican a la ficción que aborda las peripecias ligadas a determinados contextos históricos. Porque como dicen los creadores, todo relato de ficción es infiel por definición y reinventa la realidad. La imaginación aspira siempre a una verdad que está más allá de la apariencia de las cosas o de los sentidos consagrados por la mera costumbre.

La historia del cuerpo embalsamado de María Eva Duarte de Perón -Evita para todos aquellos que la llevaron y la llevan aún en el corazón- dejó muchos hechos sin ser aclarados e hilos sin anudar luego de que la llamada Revolución Libertadora lo secuestrara en un acto vandálico en la madrugada del 24 de noviembre de 1955 y lo mantuviera algo más de quince años desaparecido. Se ha filmado bastante sobre la vida de esta mujer, pero ningún trabajo había abordado desde la ficción audiovisual una serie que tuviera casi como tema central ese secuestro y desaparición de su cadáver. El propósito de esa acción quedó claro desde el principio: evitar que el entierro de los restos mortales de Evita en un lugar público y conocido generara el desfile permanente de quienes la recordaban con amor y querían expresarle su agradecimiento aun después de muerta. Ese apoderamiento del cuerpo -que reposaba en la sede de la CGT en la calle Azopardo desde su fallecimiento en 1952- se llevó a cabo mediante una operación realizada por pocos hombres y casi en total secreto, pero que no tardó mucho en trascender al conocimiento de la gente, sin que, sin embargo, se pudiera averiguar el sitio al que había sido llevado. Y fue en torno al nuevo y posible destino del cuerpo que comenzaron a tejerse una gran cantidad de rumores y versiones: que estaba enterrado en un cementerio bajo otro nombre, que había sido arrojado al río o el mar e incluso que había sido cremado. Todo eso además de macabras anécdotas sobre vejaciones provocadas al cadáver por sus apropiadores. Muchos de esos comentarios, que la prensa silenció casi por completo durante los diez años posteriores a su secuestro, fueron más tarde transmitidos al periodismo y propagados al levantarse el cepo informativo.

No extrañó entonces que distintos periodistas encararan a partir de allí investigaciones para descifrar el enigma planteado por la desaparición de ese cadáver. Uno de los primeros en iniciar esa búsqueda fue Rodolfo Walsh, que era, además de un excelente investigador en lo periodístico, un narrador de fuste. Él reflejó el caso de la desaparición de Evita en el cuento “Esa mujer”, que formaba parte del libro Los oficios terrestres, publicado en 1964. Lo hizo inspirado en una entrevista que había tenido con Carlos Eugenio Moori-Koenig, el principal de los ejecutores del secuestro del cadáver de Evitar realizado por pedido directo del general Pedro Eugenio Aramburu, presidente de facto de la autodenominada Revolución Libertadora. Ese sujeto, cuyo apellido sugestivamente significaba “rey de la ciénaga”, era en ese entonces jefe del Servicio del Servicio de Informaciones del Ejército (SIE). Walsh no le sacó a Moori-Koenig muchos más datos de los que el siniestro personaje le había suministrado al periodista Raúl Janssen en una entrevista de 1961, pero al autor de Operación masacre le bastó ese diálogo con el sujeto para entrever la extraña obsesión que sentía por ese cadáver e imaginar y escribir un cuento de factura extraordinaria. En él se alude a una muerta cuyo nombre jamás revela, a un hombre que busca un cadáver –es el investigador- y un coronel que ha escondido el cuerpo de la víctima.

Algunos críticos encuentran alguna semejanza de este trabajo de Walsh con el cuento La muerte y la brújula, de Jorge Luis Borges, donde un personaje (Erik Lönnrot), que investiga un crimen, descifra un enigma que termina destruyéndolo. Una obsesión similar terminó por arrastrar al alcoholismo, la locura y la muerte a Moori-Koenig. Hasta allí la semejanza pues el cuento de Borges se publicó en 1944, mucho antes del secuestro del cadáver de Evita y no podía alegorizar con él. Sin duda, el autor que le sacó mayor provecho al asunto y escribió una novela apasionante y de mucha calidad literaria fue Tomás Eloy Martínez con Santa Evita. El conocido periodista y narrador venía siguiendo las vicisitudes del caso en distintas notas que se le habían encargado. Y, al parecer, ya había intentado abordar una larga y descartada versión de la misma novela y también una biografía sobre Eva nunca escrita. Santa Evita fue publicada por primera vez en 1995 por Editorial Planeta. El libro no trata exclusivamente los acontecimientos que se tejen en torno a la desaparición del cadáver de Evita, sino también otros aspectos de su vida, pero es evidente que el material relacionado con los avatares del secuestro y las diversas operaciones de sus ejecutores, es el que ocupa el lugar más relevante en toda la narración y el que capta el mayor interés del lector.

Y, como un tema así, difícilmente les podía pasar inadvertido a las plataformas digitales siempre ávidas de nuevos contenidos para volcar en distintas series, se dio que en 2016 la compañía de medios de comunicación de masas Fox compró los derechos de la novela con la finalidad de volcarla en un audiovisual. Un tiempo después, al pasar Fox a manos de la Walt Disney Company, ésta último decidió seguir con el proyecto, que fue terminado de filmar en agosto de 2021 y se transmitirá a partir de 2022 a través de la plataforma Star+, el nuevo servicio de streaming que ofrece también Disney para América Latina. La producción y realización de la serie, también llamada Santa Evita como el libro, pertenece a la Star Original Productions, en asociación con la productora argentina Non Stop. A su vez, la producción ejecutiva estuvo a cargo de Salma Hayek y Pepe Tamez (ambos de la productora mexicana Ventanarrosa), y la dirección al cineasta Rodrigo García, con el que colaboró también el director teatral y guionista argentino Alejandro Maci. El elenco está constituido por figuras muy conocidas y prestigiosas, entre ellas Natalia Oreiro como Evita; Darío Grandinetti (Juan Perón), Ernesto Alterio (Moori-Koenig), Francesc Orella (el actor de Merli, en el papel del embalsamador Pedro Ara), Diego Velázquez (el periodista que que investiga el paradero del cadáver de Evita) y muchos otros actores y actrices. Filmada en 40 locaciones de Buenos Aires, Santa Evita tuvo como autoras de la adaptación del libro y la escritura del guion a las talentosas Marcela Guerty y Pamela Rementería, ambas con antecedentes más que suficientes en la profesión para avalar su calidad. Con ellas, precisamente, y en un mediodía de sábado soleado en el café Cortazar, habló un periodista de Florencio para explorar en algunos detalles de lo que fue la escritura del guion y el rodaje de la serie.

Pamela Rementería y Marcela Guerty, responsables de la adaptación

El proyecto inicial de hacer Santa Evita comenzó en Fox, ¿no es cierto?

Guerty. Sí, surgió de Fox, que tenía adquiridos los derechos de la novela y había hecho ya una adaptación de ella. Pero al incorporarse al proyecto Salma Hayek con la productora Ventanarrosa y poner como director a Rodrigo García, éste expresó que quería que el guion lo escribieran mujeres porque creía que la perspectiva para contar esta novela hoy tenía que ver mucho con la mirada de una mujer y con ese cuerpo manipulado por hombres. De algún modo, esa postura respondía al interrogante de por qué contar esa historia ahora y en este proyecto. Entonces, a partir de allí se comenzó a buscar autoras mujeres y al principio me convocaron a mí y yo a su vez la convoqué a Pamela, porque era un proyecto con una cantidad de capítulos (siete en total) y además era bueno para escribirlo juntas. Eso fue en noviembre de 2018 y, a partir de allí, comenzamos a trabajar en el desarrollo de esa adaptación, primero proponiendo cómo serían los primeros capítulos y luego, en un proceso junto a Rodrigo García, y la gente de Disney. Más tarde, en el proceso final, intervino otra casa productora, la Non Stop, que depende de Disney. Y ahí fuimos trabajando desde finales de 2018 hasta el 2021, porque en, realidad, terminamos en el 2020, que era el año en que se iba a filmar, pero debido al advenimiento de la pandemia, no se pudo hacer ese año y hubo tiempo para revisar algunas escenas y reformular algunos aspectos de la historia, por las nuevas condiciones que esta situación impuso a la producción. Así que se filmó entre abril y agosto de 2021.

Rementería. Justamente, por la cantidad de historias que plantea la novela, la pandemia se convirtió en un obstáculo de peso por las restricciones a que sometía y de ese modo hubo que modificar varios pasajes. Y lo que nos parecía que había terminado en 2020, luego se extendió hasta 2021.

Ustedes dos habían trabajado ya en guion también sobre Evita, ¿no?

Rementería. Habíamos trabajado en un capítulo de Lo que el tiempo nos dejó, que se llamó “Evita, mi mensaje”. Fue el primer trabajo que hicimos juntas, en Underground y que dirigió Adrián Caetano. De Evita hizo en esa ocasión Laura Novoa y la protagonista era Vanesa González como la enfermera. Era sobre los últimos momentos de la vida de Evita y la escritura de Mi mensaje, su libro póstumo, que es mencionado en el libro de Tomas Eloy Martínez.

En el caso de Santa Evita partieron de un libro que con seguridad conocían y les gustaba.

Guerty. Sí, el libro es apasionante y está muy bien escrito. Se lo lee rapidísimo porque te lo devoras. Y tiene una cantidad de personajes, que son alucinantes, varios de ellos queribles desde lo monstruoso.

Por la extensión del libro y la cantidad de personajes es muy posible que hayan tenido que suprimir algunos y achicar la intervención de algunos de ellos, ¿no?

Guerty. Sí, varios de esos personajes tan interesantes y que están en el libro, aparecen en la miniserie ajustándose a las acciones que impuso la adaptación de la historia. Pero era imposible incluirlos a todos en el formato en que estaba planteado para la novela.

¿Les produjo cierto dolor tener que comprimir a ciertos personajes?

Rementería. Sí, fue dolorosísimo tener que achicar, sacar algunos personajes o pasajes.

Guerty. Es cierto, pero al mismo tiempo tuvimos la oportunidad y libertad de armar la historia de distinta manera, porque la historia tiene varios tiempos. El libro propone un relato muy claro, algo como si dijera “lo voy a escribir así” y eso que funciona perfecto para la novela, en el audiovisual nos parecía que esa forma no funcionaba porque contaba mucho de lo mismo en distintos lugares. O sea que lo que andaba bien en la novela no cuajaba a veces para lo audiovisual, que como sabemos tiene una estructura muy particular.

Rementería. Nosotras tuvimos, además, el privilegio de trabajar directamente con los directores, con Rodrigo García y luego con Alejandro Maci, que también se agregó luego a la dirección. Y esa modalidad, tan provechosa y distinta a la que suele practicarse acá, nos facilitó el trabajo, porque te va indicando cómo se monta la escena en cada momento. Más allá de las decisiones o lineamientos generales de producción o de las reducciones que había que hacer, escribimos sabiendo qué se iba a contar en cada escena, cómo era su desarrollo. Fue un proceso minucioso y extremadamente respetuoso del trabajo de nosotras las guionistas. Tanto de parte de ellos como de la producción. Trabajar directamente con ellos fue para nosotras una gloria.

El trabajo se ha denominado miniserie histórica, ¿coinciden? 

Guerty. Si es una miniserie porque tiene siete capítulos. Y es histórica porque alude a personajes históricos, que realmente existieron. Pero Tomás Eloy Martínez deja muy claro desde un principio que el ejercicio de novelar otorga licencia para mentir. No es un libro histórico, es una novela, todo el tiempo él lo dice durante su narración. Si bien los mojones históricos están y también los personajes.

Rementería. Claro, y en los huecos que dejan esos hechos, en lo que se ignora de ellos, se introduce la ficción, que es muy potente.

Guerty. Lo interesante de esta narración es que muchos de los relatos que él desarrolla en el libro circularon luego en la imaginación popular como verdades. Y de hecho hay escenas que están recreadas después en otras ficciones y en otros trabajos, pero que son escenas escritas por Tomas Eloy Martínez en la novela. Ya antes de trabajar con la adaptación del libro, nosotras conocíamos algunas historias que circulaban y luego comprobamos que las había pensado y desplegado el autor.

Ramentería. Él también contó en un par de entrevistas que algunas personas se le acercaban y le decían que sí, que habían estado en ese tiempo próximas al lugar que describía. Y agregaba que eso no era posible, porque lo descrito era pura ficción, mentira. Tomas Eloy Martínez escribió una novela sobre una situación histórica que nos representaba a todos, un hecho que había estado silenciado, velada por mucho tiempo. Y todos al tomarlo, al evocarlo, contaban también su propia historia sobre aquello de lo que no se pudo ni hablar.

Guerty. El autor contaba también que un colega le preguntó en una charla si un pasaje de la novela no había pasado realmente. Y él le dijo que no, que lo había imaginado totalmente. Y es muy probable que en la realidad haya pasado en forma semejante a la que él describió, aunque eso no se pueda demostrar. Y ese mecanismo se repitió en la oralidad de mucha gente.

Ciertos medios en la actualidad utilizan, a menudo con propósitos políticos aviesos, ese mecanismo de inventar mentiras para que después los se informan con ellas crean que son verdad.

Rementería. Es verdad, muchos medios nos quieren convencer que es realidad lo que ellos nos cuentan apelando a invenciones o aseveraciones sin prueba

Guerty. Cuando las ficciones son muy buenas tienen ese poder de hacer creer al espectador que las ve o las lee que está viviendo algo real. Lo que ocurre es que luego lo normal es que, el que las ve en un audiovisual o las lee en un libro, se baje de esa nube y comprenda que eso no es más que una ficción. Que eso que le contó la ficción, eventualmente, puede llegar a ocurrir en la realidad, esa fuente de la que se nutren la mayor parte de los autores, pero no siempre necesariamente sucede así. Y que lo que vio o leyó era nada más que una ficción imaginada por un autor. La calidad de la ficción de Tomás Eloy Martínez está en hacerte creer que, lo que te cuenta, pudo haber sido perfectamente la realidad, sobre todo porque esos hechos narrados estaban ocultos, estaba prohibido hablar sobre ellos, en especial acerca de lo que había pasado con el cadáver de Evita y de otros temas. Por otra parte, en el caso argentino, Tomás Eloy Martínez tenía como apoyo de la posible verosimilitud de sus descripciones los infinitos hechos de crueldad que ocurrieron durante la dictadura y también en muchos otros hechos de la historia argentina.

Rementería. Lo que cuentaTomás Eloy esla semillita de lo que sucedió después, durante la dictadura, con miles de argentinos cuyos cuerpos fueron maltratados tras su secuestro y en muchísimos casos, como sabemos, luego desaparecidos. Infinidad de esos cuerpos pertenecían, como el de Evita, a mujeres.

Guerty. El secuestro de Evita demuestra el pánico que le tenían a ella como figura pública, como modelo para mucha gente. Y esa adhesión a través del tiempo se siguió manteniendo en las nuevas generaciones. Pensemos en el caso de tantas mujeres que fueron acalladas por el golpe de Estado de 1955. De esas muchas mujeres que la habían seguido, y luego fueron presas y silenciadas, algunas más tarde fueron las madres de esos jóvenes, mujeres y hombres, que enarbolaron principios que tenían que ver con sus postulados, los de Evita, con los derechos que proponía para todos, con la justicia social. Lo genial es que, además, la novela permite luego la posibilidad de reflexionar con esa metáfora de un hecho histórico e incluso de reverlo. Porque, como todas las metáforas, abre una puerta para ver y correlacionar aquellos hechos del pasado con lo actual. En ese sentido me hace acordar a la autora de El libro de las criadas, novela en la que ella confiesa que concentró en un solo lugar historias de opresión y crueldad que leyó ocurrieron en distintos lugares y tiempos y que usó para armar su relato. Si bien ella conforma un mundo muy particular, uno va reconociendo en algunos de sus pasajes elementos que podrías trasladarlos y compararlos perfectamente con sucesos del presente. Esos rebotes que te trasladan, de la lectura de algo que ocurrió en un lugar totalmente ficcional, a una vivencia relacionada con la actualidad, son propios de los poderes que tiene una obra de arte.

Rementería. Es que Eva ya es de alguna manera parte nuestra, repercute en nuestra historia.

¿Ya vieron el resultado final?

Guerty. Todavía no. Vimos las filmaciones y vimos algunas escenas. La verdad es que hay un trabajo artístico impresionante, desde la dirección, la luz, los actores. El vestuario y el maquillaje fueron increíbles. Estuvo buenísimo. Yo también actué en algunas escenas, pero más allá de eso, de que me gustó mucho hacerlo porque me fascina actuar, ver el amor que había allí por el trabajo que se hacía, era muy reconfortante. Era un equipo que estaba en su totalidad volcado a que todo saliera bien y de un enorme respeto por quienes hacían sus tareas.

Rementería. Yo legué al set cuatro o cinco veces, porque debido a la pandemia no podíamos estar todas las veces que queríamos y había que hacerse un hisopado y tomar otros recaudos, esto en una organización que era gigantesca. Y cada vez que entrábamos el respeto con que todos se trabajaban se respiraba en el aire. Sabíamos que se estaba contando una historia muy particular y que, a todos, de algún modo, nos tocaba. Y como dijo Marcela, las actuaciones eran sobresalientes.

Un detalle llamativo e interesante para el público es que en el personaje del doctor Pedro Ara lo compone Franscesc Orella, tan reconocible por su actuación como el personaje de Merlí en la serie española del mismo nombre.

Darío Grandinetti y Natalia Oreiro, protagonistas de la serie

Guerty. Sí, pero todo el elenco es de un valor artístico enorme. Hay actuaciones como te digo que son impresionantes, las de Natalia Oreiro, Diego Velázquez, Darío Grandinetti y también la de Ernesto Alterio en el papel de Moori Koening, que es un actorazo.

¿Cómo fueron las escalas en la escritura?

Guerty. Primero hicimos como una especie de descripción general de cómo íbamos a adaptar la novela. Qué contenido habría en cada capítulo. Luego elaboramos las escaletas de eso. Y más tarde la escritura de los capítulos. Y posteriormente empezamos la escritura y guion a guion se iba modificando lo necesario debido a las cosas que había que agregar o modificar, según lo que imponían ciertas circunstancias. Y al empezar a tomar vida todo eso que fuiste haciendo, una adquiere conciencia real de la dimensión de lo que está escrito en el papel, porque es una la historia muy fuerte. Y ahora necesito verlo, porque todavía está en el papel para mí. Y sí para nosotras era muy inquietante lo que sucedía en el papel, todo el tránsito que hizo ese cuerpo embalsamado y otros pasajes, descuento que al verlo reflejado en el film debe serlo todavía mucho más.

¿Qué les pasa ante tanta oferta de series en las pantallas?

Ramentería. A mí a veces tanta cantidad de series me sobrepasa, me satura. Frente a tanta oferta a veces se me van las ganas de ver. Y ahora me agarraron las ganas de ver El Reino.

Guerty. Sí, a mí me pasa lo mismo, tengo ganas de ver series argentinas, está rebueno ver trabajos con actores de mi país y habladas por nosotros. Sí, sobre todo a partir de esas declaraciones de una organización evangélica atacando, en especial, a Claudia Piñeyro y el comunicado de Argentores defendiendo la libertad de creación de los autores, me dio especial deseo de ver El reino. A esta altura querer coartar la libertad de imaginar de un autor suena a conducta de la Edad Media, pero bueno todavía aquí y en el mundo hay gente que se comporta así. Me ocurre respecto de algunas series que me parece muy largas. Y claro, a veces siento como si los guionistas se vieran compelidos a meter muchas situaciones de tensión para sostener el interés del espectador, recursos que se aplican una y otra vez, y a veces un poco injustificados, tanto que al final te das cuenta que en la serie no hay más que puro efecto y te preguntas: ¿y el contenido dónde está? Ninguno, no importa, dale.

¿Cómo pasaron la pandemia y qué están haciendo ahora?

Ramentería. En la pandemia la pasamos mal como todos, pero nosotras seguimos trabajando durante ella con Santa Evita. Y en mi caso me pasó que fui madre en 2018. Así que seguí con Santa Evita y ahora estoy empezando a trabajar en otra cosa. Estamos en otro proyecto con Disney, pero no podemos contarlo.

Guerty. Bueno, yo también estuve bien y mal, en realidad la vida del guionista es trabajar muy adentro, en su casa, entonces hay una parte que no se modificó y hubo mucho desarrollo de contenidos con varios proyectos, uno de varios capítulos para Chile que estoy terminando ahora y otro más para México, una serie. La verdad que hubo trabajo, y con Santa Evita, que pensábamos que terminaba en 2020, luego duró un poco más. Así que la pasé más que nada trabajando y resistiendo una forma distinta de vivir que nos impuso la pandemia, extrañando los vínculos familiares, y viendo como la escolaridad de mi hijo, que es adolescente, tiene 16 años, se cumpliera de la mejor manera posible. Por suerte va a una escuela que es muy contenedora y tuvo mucha virtualidad, y fue un gran apoyo, porque esto pasó en un momento de la adolescencia en que los amigos se frecuentan mucho en el afuera. Ya tener trabajo y un cotidiano organizado dentro de casa me permitió atravesar la situación mejor, porque si hubiéramos tenido un trabajo que nos exigía movilizarnos todos los días, el sufrimiento habría sido otro, tal vez muy desestructurante. Creo que a mí la pandemia no me desestructuró, sí me provocó falencias emocionales, como no poder ir a ver a mi mamá y a otros seres que quiero, aunque fue algo que lo podía superar mediante la comunicación telefónica. En ese sentido fui una privilegiada. Por otro lado, el papá de mi hijo es un papá muy presente y eso ayudó también. Lo difícil es saber cómo sigue esto, cómo cambió el mundo y si una -esa es la pregunta- podrá adaptarse bien a eso.

Rementería. Sí, hoy tenes pulsiones que antes no tenías. Yo tengo una necesidad imperiosa de ver gente, de abrazar amigos, pero todavía nos movemos con cuidado. Esta es la primera vez que me junto como ahora en una reunión de cuatro personas -los otros dos participantes del encuentro éramos el que escribe y Magdalena Viggiani, la fotógrafa de la revista- y también, y no lo digo en joda, es la primera que me pinto así en varios meses. Tengo una necesidad enorme de ver gente, festejar la comunidad del encuentro y el afecto. Mi mamá murió durante la pandemia y no tuvo velorio, solo los amigos más cercanos próximos, hay una instancia en que todo parece quedar en otro tiempo.

Guerty. Claro, cambiaron mucho los hábitos. Ahora hablo con un pariente cercano y me dice: juntémonos para tomar un mate y le digo: “Bueno, en un rato voy”. Y salgo poco después y voy con mi mate y mi bombilla, y con el alcohol en gel en la cartera. Y solo puedo atender los vínculos más cercanos y necesarios. Y eso demostró que fue lo mejor que pudimos hacer, porque aquellos que dijeron “ma sí”, no la pasaron bien.         

Alberto Catena