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Recordando al querido Augusto Giustozzi, “Gius”

La capacidad que tiene la memoria llevó a los hombres a preguntarse si no habría otros ojos observando y registrando esos acontecimientos que de no ser por ellos quedarían sin atestiguar. O para ser más específicos en las propias palabras de John Berger: “Tales ojos eran atribuidos a sus ancestros, a los espíritus, a los dioses o una sola deidad. Lo que veía ese ojo sobrenatural estaba inseparablemente ligado al principio de justicia. Era posible escapar de la justicia de los hombres, pero no de esa justicia superior a la que nada se le podía ocultar. La memoria entraña cierto acto de redención. Lo que se recuerda ha sido salvado de la nada. Lo que se olvida ha quedado abandonado. Si un ojo sobrenatural ve todos los acontecimientos de forma instantánea, fuera del tiempo, la distinción entre recordar y olvidar se transforma en un juicio, en una interpretación de la justicia, según la cual la aprobación se aproxima a ser recordado, y el castigo, a ser olvidado. Este presentimiento, que el hombre ha aprendido de su larga y dolorosa experiencia del tiempo, puede encontrarse bajo diversas formas en todas las culturas”. Tal vez en la nuestra ese ojo sobrenatural no sea otra cosa que las redes sociales virtuales y los canales como Youtube: especie de archivo de la memoria humana universal que nos salvará del olvido y nos dará la ilusión de una eternidad mientras nadie baje la palanquita definitivamente. La obra de un escritor siempre forma parte de su vida, como sus amores, como sus canallerías, como sus ideas políticas y sus sueños, pero la inversa no necesariamente se cumple. Hay vidas indiferentes –señala Abelardo Castillo– o misteriosas (la de Goethe, la de Kafka) que podríamos ignorar, o que ignoramos, sin sentir que nos falte nada: ahí están los libros que las reemplazan. En el caso de Augusto Giustozzi, unas cuantas obras de teatro, una veintena de guiones cinematográficos y más de treinta guiones para televisión, parecieran darle la razón al autor de Israfel. Sus colegas y amigos lo llamaban Gius. Nació en Buenos Aires un 18 de julio de 1927 y falleció un día como hoy, un 26 de diciembre de 2001. En la breve semblanza que figura en una enciclopedia virtual se hace referencia a su gran trayectoria artística que también incluyó composición de canciones (trabajó junto al cantor cómico Rodolfo Zapata en la elaboración del tema El apuro, 1968). Sus inicios como autor y dibujante de caricaturas en la ya mitológica revista Rico Tipo y su paso por el Semanario socialista El Sol y en Avivato. Pero si es cierto, como afirma Sartre, que somos como los demás nos ven, hay unas palabras que el querido y siempre recordado Antonio Carrizo le dedica a Gius. “Un hombre manso, apacible, buen compañero, preocupado siempre por sus colegas”. En esa breve entrevista para La Nación, y todavía conmocionado por el fallecimiento de su amigo, Antonio Carrizo recuerda: «En 1962, yo estaba charlando en un café con Gius para agradecerle una nota que me hizo en Avivato y Jorge Vaillant, directivo de Canal 13, me pidió referencias de algún libretista para un programa de tango. Le dije que tenía a la persona indicada. Gius y yo salimos caminando del café y me dijo que de tango entendía poco y nada. A partir de allí se instaló en la biblioteca del diario La Prensa y comenzó a preparar «Yo soy porteño», un éxito fenomenal. Era un programa en el que los cantantes actuaban y los actores cantaban», recuerda Carrizo de «Yo soy porteño», con el que Gius cambió la tendencia de todo lo que se había escrito hasta allí sobre tango en TV y perduró por varias temporadas con el talentoso David Stivel detrás de las cámaras y un elenco en el que se destacaban Pepe Soriano, Marilina Ross, Jorge Sobral y Beba Bidart, entre muchos otros”. En vez de las clásicas glosas, de las percantas y de los guapos apoyados en un farol, aquí todo tenía un tono general de broma y, sobre todo, de sátira, género en el que desplegó lo mejor de su talento, señala el cronista.

Hay un libro, editado por Biblos, que lleva por título Yo soy porteño, de Augusto. R Giustozzi y Marcelo Stiletano, que en su sinopsis señala: “Guión de televisión – Conforman esta edición de Clásicos Argentores dos guiones de Yo soy porteño correspondientes a la temporada 1965: «La música de Canaro» y «El inflexible». El programa, un éxito que duró cinco años en la pantalla chica, surgió de la asociación de un talentoso director, David Stivel, con un eficaz y fecundo guionista: Gius. «La música de Canaro» es un tributo al Buenos Aires de otros tiempos representado en la música y en las letras de una figura emblemática del tango. «El inflexible» plantea, en medio de una trama de enredos amorosos, el conflicto generacional entre los padres fanáticos del tango y los valses, y los hijos que se vuelcan a la nueva música: el fox trot. Cuatro décadas antes del primado del costumbrismo en las mediciones de audiencia, Gius hizo de la porteñidad un culto y le dio al tango un sabor televisivo único, sazonado de humor y de sana nostalgia. Paradójicamente, un programa que tomaba en solfa el tango y jugaba burlonamente con cierto anquilosamiento terminó rejuveneciendo un género que parecía haber quedado atrás e hizo que el público comenzara a ver de nuevo con afecto aquel acervo musical. Los textos que integran esta edición sirven como cabal muestra de lo que Yo soy porteño significó a la distancia. Y acreditan, sin ninguna duda, la condición de clásico de su autor”.

El azar no existe, siempre hay un orden secreto, alguien que se adelanta una movida como en el ajedrez y de algún modo ya tiene el juego completo en su mente. Un hombre ayuda a otro –como en el caso de Carrizo a Gius-, le brinda una oportunidad. No se trata solamente de solidaridad o agradecimiento, hay algo mucho más profundo, una forma de lenguaje casi inefable. ¿Qué habrá entendido Antonio Carrizo aquella tarde junto a Augusto Giustozzi en ese café? No podemos saberlo pero sí acercarnos un poco si volvemos al principio, a ese guardián de la memoria colectiva que se llama Youtube y buscamos esas escenas memorables de Yo soy porteño, como, por ejemplo, el episodio llamado Agencia Matrimonial, bajo la dirección David Stivel, y que en su reparto contaba con actrices y actores de la talla de Pepe Soriano, Hilda Suárez, Hugo Caprera, Nya Quesada, Catalina Speroni, Julio De Grazia, David Tonelli, Marilina Ross, Beba Bidart, Ginzo, Betto Gianola, Gloria y Eduardo, Jorge Sobral, entre otros. La sátira o broma, el humor en suma; porque la gente en general se angustia, sufre o le teme más o menos a las mismas cosas. Pero no todo el mundo se ríe de lo mismo. Hay que alcanzar una clase de conocimiento muy íntimo para descifrar el ADN del humor porteño, por no decir nacional. Y es fue sin dudas lo que logró Gius a lo largo de su vida artística. Una generación todavía tendrá muy presente Yo soy porteño, otra podrá pensar en ¡Grande Pa!, escrito en colaboración con Patricia Maldonado, Gustavo Barrios y Ricardo Rodríguez. O acaso ese éxito descomunal que significó Amigos son los amigos, escrito también en colaboración y que tuvo como protagonista al maravilloso actor Carlos Calvo, cuyo fallecimiento lamentamos profundamente. Uno podría ir un poco más atrás y mencionar Las comedias de Darío Vittori, por ejemplo, o en el cine ir La Mary, escrita en colaboración con José A. Martínez Suárez. Son tantas obras y a lo largo de tantos años, que uno tiene la sensación de que Gius estuvo desde el principio mismo que nació la risa en las pantallas.

Augusto Giustozzi fue secretario de Argentores en los años 1996 y 1997, y miembro de Junta Directiva en 1993, 1994 y 1995. A lo largo de su carrera fue distinguido con numerosos premios, entre ellos el Premio Martín Fierro a mejor autor de comedia (1962). Premio Argentores en 1968 por el filme En mi casa mando yo. Premio Argentores en 1975 por el filme Los chantas. Premio Argentores en 1976 por el filme Los muchachos de antes no usaban arsénico. Premio Argentores en 1986 por mejor comedia de televisión De todo con Landriscina. Premio Argentores en 1990 por mejor comedia de televisión Amigos son los amigos. Y finalmente el Premio honor de Argentores en 1993 en el rubro televisión.

Desde Argentores, su casa, queríamos recordar al colega, maestro y amigo, Gius.

Sebastián Basualdo
Especial para Argentores