Revista Florencio

RADIO. ENTREVISTA A MARÍA MERCEDES DI BENEDETTO.

Radioteatro: estética del melodrama

Especialista en el tema, autora reconocida, investigadora e integrante del Consejo Profesional de Radio de Argentores, María Mercedes Di Benedetto ha publicado el libro Historia del radioteatro nacional.  En venta en librerías y por la web, el trabajo fue editado por la editorial Mariscal y en sus 224 páginas y 22 capítulos (“como en el radioteatro clásico”, dirá), recorre con minuciosidad la época de oro del género, rescatando autores y autoras, intérpretes, técnicos, programadores y grandes tendencias estéticas, en síntesis, dando luz con una mirada muy actual a esa gran historia que marcó a fuego a generaciones. En el año donde el medio radial cumple un siglo, conversamos con la autora acerca de esta gran investigación.

¿Cuánto tiempo demandó su escritura?

Mi primer libro sobre la historia del radioteatro salió en 2008 y yo ya llevaba casi diez años de recolectar material. Parte de esa información, por ser imposible obviarla, está en este nuevo libro, pero desde entonces he seguido comunicándome con oyentes y hacedores, con deudos, con archivos de revistas y periódicos y el caudal de testimonios y registros ha continuado creciendo, y aún hoy lo hace. La investigación nunca termina, aunque haya que darle un punto final en algún momento para poder editar.

¿Cómo te manejaste con el material fotográfico?

Son 26 fotografías, la gran mayoría de mi archivo personal y algunas cedidas para la edición por familiares de protagonistas de aquellos radioteatros.

¿A cuánta gente entrevistaste?

Entre autores y autoras, actores, actrices, sonidistas, oyentes y familiares de los hacedores ya fallecidos, aproximadamente medio centenar.

¿Recurriste a archivos, revistas, diarios, recortes personales?

He ido acumulando en más de tres décadas, ya sea por heredar, adquirir o por recibir colaboraciones de particulares, muchísimas fotografías, revistas de época, programas, afiches, libros sobre temas especializados, lo cual me permitió acceder a información valiosísima y representativa de los períodos investigados.

¿Cuál fue el criterio de la tapa del libro?

Le pedí a Cecilia Campos, la diseñadora (a quien agradezco por su trabajo y su buena predisposición, lo mismo que a Emilio Mariscal) que jugara con dos fotografías: una de mi tía, la actriz y locutora Rudiel Wilde, junto al micrófono de Radio Del Pueblo en 1954 acompañada por el cantor y actor Domingo Conte. La segunda foto es la del elenco radioteatral Damas y Corazones, que debutó en LR8 Radio París en la década del treinta. Quería que en la tapa estuviera mi tía, a quien debo mi interés por el radioteatro y que hoy tiene 98 años; la foto del elenco pertenecía al archivo fotográfico de la revista Sintonía -circa 1935-, parte del cual fue un regalo de mi esposo que lo rescató de una librería de las que llamamos de viejo. Es una foto que me seduce por las expresiones de actores y actrices. Además, al no ser un elenco muy conocido, me permitió eludir el compromiso de ilustrar la tapa con algunos actores y actrices, o autores y autoras, y tener que dejar fuera a otros también queridos y admirados, ya que no iban a caber todos en un rectángulo de 16x 23 centímetros. Ambas fotos, creo, transmiten la pasión y el clima de los radioteatros de la época de oro.

¿Cuál fue la verdadera época de oro del radioteatro?

Creo que desde la década del 40 hasta mediados de los 50. Esos quince años son un momento de eclosión y de fervor popular en torno a las figuras, las historias y la celebración del género. Las comedias familiares, las historias de amor, las adaptaciones de la novela y el cine, las plumas emblemáticas, los radioteatros infantiles, las voces de actores y actrices, el desarrollo del oficio de sonidista de sala, todo, todo, queda comprendido y exaltado en esos tres lustros.

¿En países como España, Uruguay o México, el ciclo vital del género (aparición, estrellato, declinación, reaparición) fue similar?

Escuchando hace unos años un documental de la BBC (El derecho de llorar)  en el que entrevistaban a figuras de la época de oro del radioteatro en países como México, Cuba, Uruguay y Argentina, me llamó la atención la similitud de este proceso: el nacimiento desde la nada, donde hay que inventarlo todo, las técnicas, el modo de escribir un libreto radiofónico, la adaptación de los elencos a tener que contar una historia sólo con las voces, sin escenografías ni vestuario ni movimientos, el surgimiento del sonidista de sala, y desde ese comienzo pasar en poquísimo tiempo a lo masivo del gusto popular, al encumbramiento de sus escritores, de sus protagonistas, la fama, las giras, las tapas de revista, y de pronto, en los años sesenta a la declinación y la desaparición del género en las grillas de las emisoras. Y a pesar de eso, el olvido que no logró alcanzar al corazón de los oyentes, que incluso siendo ya mayores recuerdan aquellos capítulos y a aquellas voces como oídas ayer nomás. La magia del radioteatro persiste. Y ese fenómeno, ese proceso, se da en todos los países por igual. Y actualmente, en los últimos congresos sobre medios de comunicación, se vaticinó que estamos, a raíz del podcast y las nuevas formas de hacer radio, en vísperas de la segunda Edad de Oro de la ficción radial. Y eso vale para nosotros también.

¿Qué fue lo que te llevó a investigar, herencia familiar, simple gusto personal?

En las sobremesas de mi infancia y adolescencia se hablaba de los años 40 y 50, había anécdotas, fotos, programas de actuaciones, porque mi papá Dante fue cantor de tango hasta mediados de los ´60 y había hecho giras con orquestas reconocidas, como las de Francisco Lomuto y Mario Canaro, cantando en lugares nocturnos como el Marabú, en bailes de carnavales, y contratado por diversas emisoras de entonces (su primer contrato fue en Radio Fénix, y allí lo obligaron a cambiarse el apellido Di Benedetto por el seudónimo Dante Cortés). Mi tía materna, Brenilda Jones, había sido maquilladora y peinadora de los Estudios Cinematográficos Mapol, en la mejor época de la producción en blanco y negro; heredé cientos de anécdotas y sus fotos autografiadas de artistas nacionales como Zully Moreno, Angel Magaña, Olga Zubarry, e internacionales como María Félix. Mi tía Rudiel Wilde había estudiado locución en el ISER en los años 50 y luego de ser parte de muchos elencos de radioteatro fue cabeza de compañía junto a actores como Rolando Chaves y Horacio Torrado. Sus relatos de las giras por Argentina y por Uruguay son testimonios inolvidables que forman parte de mis tres libros sobre el género. Mi mamá participó en fotonovelas junto a Sergio Renán y María Vaner, y como extra en películas como El amor nunca muere, dirigida por Luis César Amadori. Así que creo que mi afición por el tema ya vino en mi ADN y es parte de lo que me define.

¿Cuál es el verdadero aporte estético de la ficción radial y del radioteatro?

Pensando en el radioteatro histórico, clásico, la primera idea de estética que viene a mi mente es la estética del melodrama. Tan nuestro, tan caro a las audiencias de entonces, y hoy disimulado e imbricado en otros géneros, con esa cuota de emoción subyacente. Una estética de los sonidos que siembra guiños para que la imaginación de cada oyente los recoja y traduzca en pinturas, en representaciones gráficas y sensibles. Esas voces impregnadas de intención, ese manejo de los sonidos y las músicas hilvanados por verdaderos artistas…esa estética ha cambiado mucho hoy. No peor ni mejor, distinta, con otros códigos, buscando quizá otra llegada al público.

El rol autoral siempre fue un tema central en la estructura. ¿A quiénes podrías citar entre esos grandes creadores?

Cada uno en lo suyo, los autores consagrados por el público tuvieron sus matices y sus notas distintivas, pero nadie para contar el amor como Alberto Migré, Nené Cascallar y Celia Alcántara. Otros autores como Silvia Guerrico o Miguel de Calasanz alcanzaron horizontes más amplios en cuanto a temática: incluyeron el romanticismo, pero también las historias de aventuras o de tinte detectivesco. La oferta más popular y melodramática estuvo en manos de Juan Carlos Chiappe, y su variante histórica, Héctor Pedro Blomberg. El humor y el costumbrismo hallaron su mejor versión en la pluma de Abel Santa Cruz, Coronatto Paz, Luis María Grau y Héctor Maselli. Cada uno en su género, todos entendieron el lenguaje emocional de los oyentes y los hicieron vibrar capítulo a capítulo, de intriga, de seducción, de temores, de risas.

¿Cómo fue la evolución temática?

Las historias del gauchaje en los inicios, y las de unitarios versus federales escritas por Héctor Pedro Blomberg y otros escritores del mismo estilo, empezaron a ceder espacio primero en favor de lo universal, y después frente al costumbrismo. En los cuarenta se afirmaron las adaptaciones, las versiones de películas y de las grandes novelas universales, con heroínas sufridas (María Antonieta, Cumbres Borrascosas, etc.). Se sitúan las historias en locaciones exóticas, especiales (del tipo El hijo del Sheik) en las que los camellos o fieras peligrosas reemplazan al fiel caballo campero de los treinta. Llegó después el tiempo de los ámbitos urbanos, cerrados. Los conventillos, con su cocoliche y sus diversas colectividades, darán paso a las pensiones, más discretas, pero siempre ricas en personajes y estereotipos: el padre recto y ejemplar; la joven hija tentada por el lujo fácil; el hijo varón, adolescente eterno; la barra de los amigos, el cuñado especulador…Las familias argentinas son una figurita muy conocida en el álbum de las preferencias populares. La de Pancha Rolón en los treinta, la de Los Pérez García, ¡Qué pareja! y la de Rampullet en los cuarenta, la de todas las versiones de Así es la vida, las que finalmente derivaron en los Campanelli y los Benvenuto televisivos.

También las historias de los radioteatros abordan temas de reivindicación social.

De todo el espectro de temas abarcados por la ficción radial, dos hay que sobresalen por su fuerza arquetípica: las historias que responden al esquema de La Cenicienta (joven humilde gana el amor de muchacho adinerado) y los argumentos que muestran héroes perseguidos injustamente. El maltrato al que ambos son reiteradamente sometidos por villanos detentadores de algún tipo de poder (físico, económico, político, etc.) y el infaltable final feliz que vendrá a revertir su martirio se conjugan para convertirlos en preferidos de la audiencia. Los bandidos rurales como Bairoletto, Mate Cosido o Juan Moreira nacieron de algún modo para expresar esos sueños populares de justicia y de libertad.

¿Cuál es la diferencia exacta entre “Radioteatro” y “Teatro radial”?

El radioteatro propiamente dicho, el clásico, aquel de 22 capítulos, sucesivos “ganchos” para atrapar al oyente y características inherentes al melodrama, se diferencia del teatro por radio en que este último consiste en una obra concebida y escrita para ser representada con elementos visuales (escenografías, iluminación, vestuario, movimientos) y que luego es adaptada para ser solamente escuchada. Suelen ser obras unitarias, que empiezan y terminan en la misma emisión, como las películas o las obras teatrales. El teatro por radio o teatro radiofónico, es una obra que fue gestada para ser representada en un escenario, y a la que adaptamos agregándole apenas un escueto relator que comente las didascalias o aquella información útil al oyente que los personajes no pueden dar. Los radioteatros, en cambio, desde su origen fueron pensados para ser escuchados. En la actualidad, he visto que se llama radioteatro a producciones que son sólo una voz leyendo un cuento o un relato, con algo de música de fondo y algún efecto. Leer y contar lo que les sucede a los personajes no constituye un radioteatro.

Te pido que selecciones dos o tres obras emblemáticas y analices el porqué de su impacto popular.

Las obras que integran el ciclo de Chispazos de Tradición y Los Pérez García, fueron algunos de los radioteatros que paraban el país, literalmente. Nadie quería perderse sus capítulos. Chispazos dividió las aguas en odios y amores, el protagonista, bueno y sufrido, era seguido incondicionalmente, mientras que los villanos como Caín eran abucheados y hasta agredidos físicamente. Los Pérez García fueron una familia utópica (una de los testimonios en el libro pertenece a Nélida, una mujer que cuenta “Soñábamos con tener un padre como Don Pedro, comprensivo, cariñoso, para nada autoritario. Nosotros no teníamos padres así.”). Los Pérez García fueron durante más de veinte años el espejo en donde todos los argentinos buscaban mirarse, y encontrarse. Ese apasionamiento por la dupla protagonista/antagonista, y esa ilusión popular de reflejarse en una sociedad más justa y más armónica, creo que fueron los detonantes para el gran éxito que tuvieron.

¿A qué grandes intérpretes rescatás, entre tantas figuras reconocidas?

Imposible no nombrar a voces como las de Eduardo Rudy, Oscar Casco, Pedro López Lagar, Jorge Salcedo, los relatos de Julio César Barton, y es injusto, además, porque fueron muchos años, muchas emisoras, muchas historias y personajes, y tanto en comedia como en drama, en la composición de personajes gauchescos o del famoso cocoliche de los conventillos, cientos de actores y actrices construyeron un espectro de tonos y matices que creo hoy ya no existe, salvo en los actores “de raza” que aun esporádicamente logran un papel en el cine o la televisión. Hilda Bernard ha sido y será siempre una voz inconfundible, Mecha Caus, Susy Kent, Carmen Valdés, Dorita Ferreiro, son apenas la punta de un iceberg de actrices que encarnaron mujeres sufrientes, épicas, románticas, madres de familia, damitas jóvenes. Sin olvidar que la mayoría de actores y actrices habían comenzado muy pequeños en elencos infantiles como los de Juancho, la Pandilla Marilyn, o el semillero del Teatro Infantil Lavardén, que tuvo como docente, entre otros, a Alfonsina Storni.

¿En líneas generales, cuánto duraban al aire, cuántos actores y actrices trabajaban, cómo se trabajaba en el renglón de la producción?

En la profusión de historias y ciclos es dable pensar que hubo de todo: radioteatros que caían por no lograr calibrar el gusto del público, algunos como el ciclo Chispazos de Tradición que seguramente podría haber continuado con su éxito pero que acabó abruptamente por la temprana muerte de su autor, González Pulido, y otros que duraron 10, 12, 20 o más años, como Los Pérez García o La Gran Pensión El Campeonato. El ciclo de Mujeres Ejemplares de la Historia protagonizado por Eva Duarte y transmitido entre 1943 y 1945, quizá habría continuado en el aire, porque tenía mucha aceptación, pero los acontecimientos torcieron el rumbo de la actriz, y las historias de emperatrices, luego del 17 de octubre, perdieron su continuidad. La mayoría de los radioteatros salía al aire sin red, sin grabarse ni editarse, algo impensado para las nuevas generaciones. La mayoría de los sonidos se hacía en vivo, aunque ya se conocían (importados) los discos de efectos. La vorágine de producción de ficciones hacía que los actores y actrices más demandados circularan de emisora en emisora desde la mañana hasta muy entrada la noche. Los autores muchas veces terminaban de tipiar el capítulo minutos antes de que saliera al aire, tal era el oficio: una leída y la luz roja se encendía. El que no hubiese casi grabaciones ha conspirado contra los investigadores, que siempre buscamos desesperadamente unos minutos de cinta original para calmar nuestra sed de información y disfrute. También se perdieron muchas horas de grabación cuando diversas gestiones, sobre todo en el edificio de Radio El Mundo, Maipú 555, hoy Radio Nacional, tiraron a la calle archivos enteros por considerarlos antiguos e innecesarios. Alberto Migré decía que en los años sesenta, en las principales emisoras porteñas trabajaban, entre técnicos, elencos y músicos unas 12.800 personas; quedarán en la calle cuando bajo Onganía se hacinen 5 emisoras en el edificio de El Mundo, y se levanten las orquestas estables y la mayoría de los radioteatros, por considerarlos antieducativos y anticulturales.

Mercedes Di Benedetto junto a Ivonne Fournery, Inés Mariscal y Nora Massi en Argentores

Hablemos de la actividad en todo el territorio argentino.

Por supuesto que cada provincia tuvo sus autores y sus elencos locales, que comenzaron replicando los éxitos de las radios nacionales (cuya onda muchas veces llegaba con gran dificultad al resto del país). Las obras de Chiappe y las de Roberto Valenti y Adalberto Campos, como Nazareno Cruz y El León de Francia, expandieron su fama por todo el territorio. Nombro a Jorge Edelman y Nélida de Mendoza en Neuquén, Mario Mauret en Bahía Blanca, Bernardo de Bustinza, Orlando Cochia, José Luis Navarro y otros en el Litoral; Federico Fábregas, José Valentini y Silvia Ballesteros en Rosario; Hugo Maldonado y Ana María Alfaro en Córdoba,  Alfredo Sahdi , Linda Cristi y Elsa Zarcos en Chubut , Laura Favio y Mabel Loisi en Mendoza, en fin, sigo siendo injusta en esta enumeración, porque fueron muchos los pioneros, y la mayoría escribían, dirigían, actuaban, armaban los decorados…pura pasión y oficio.                                                                                            

La relación en el género y los anunciantes, las empresas que patrocinaban, siempre fue muy fluida.

Sí. Crecieron rápidamente en la programación los radioteatros llamados “jaboneros”, por ser sus auspiciantes las empresas fabricantes de jabones para lavar y de tocador (se sabe de una madre que insistió en llamar Palmolive a su hijo recién nacido, pero sólo logró que el Registro Civil, a regañadientes, le aceptara un decoroso y apocopado “Palmo”). Los “jaboneros” ocupaban el horario de la siesta (después del almuerzo y hasta antes del regreso de los niños de la escuela), momento en que las amas de casa solían estar solas y, luego de lavar los platos, podían dedicarse a soñar y a seguir su radionovela preferida sin interrupciones.También productos como yerba o aceite de primeras marcas solían brindar su auspicio, pero ante la inminencia de perder un avisador, todo el elenco, el director, el autor, salían desesperados a buscar reemplazo y entonces cualquier publicidad se agradecía, aunque fuera alimento para canarios o productos de menor calidad. Todo servía para que la historia no tuviese un final abrupto antes de lo planeado, a causa de la falta de auspicios.

¿Cuáles son tus recuerdos personales con respecto a los radioteatros?

Es extraño cómo el interés por la ficción radiofónica nació en mí muchísimo después, ya desaparecido el género en las programaciones, porque en casa no se escuchaba radio en familia. Papá era quien más seguía el fútbol o el automovilismo, las noticias, los programas de Larrea o Carrizo cuando podía, con su radio a transistores. Mis viejos trabajaban doble turno; yo iba a un colegio privado doble turno primero, y después cuando pasé al Estado en 4to grado, ya estudiaba inglés y piano en el horario restante, así que no hubo un hábito de radio, además de que compraron su televisor antes de que yo naciera; tengo fotos de mis dos años donde ya el televisor está instalado en el centro de la escena como antes lo estuvo la radio capilla. Y como si esto fuera poco, mi madre era alérgica a los teleteatros, nunca me permitió verlos, calculo que los radioteatros románticos tendrían el mismo efecto en ella, hubiesen estado prohibidos para mí. Los radioteatros infantiles ya habían desaparecido para la época de mi niñez.

¿Es el podcast el futuro –o ya el presente- de la ficción en radio?

Todo parece indicar que el podcast ha permitido e incentivado la vuelta a la ficción radial, y sobre todo el regreso de las historias en capítulos, durante mucho tiempo reemplazadas por los radioteatros unitarios, los que comienzan y acaban en una misma emisión. La radio a demanda, permite elegir cuándo, cómo y qué cantidad de capítulos escucharé, dependiendo de mi agenda y mi tiempo disponible. Se nota un entusiasmo creciente además por parte de las radios on line, las FM y las AM, que empiezan a considerar la posibilidad de injertar en su programación algunos espacios de ficción. La pandemia del coronavirus, que ha imposibilitado la afluencia de público a teatros y cines, ha permitido en cambio que autores, directores y elencos aprovechen las nuevas tecnologías grabando desde sus casas y luego editando.

¿Cómo juzgás a la especial y entrañable relación entre Argentores y el género?

En tiempos en que el radioteatro parecía ser un recuerdo, sepultado en su territorio de pasados con olor a naftalina, el Consejo Profesional de Radio de Argentores, sobre todo en la gestión de Mabel Loisi y Nora Massi (desde hace años directora además del ciclo de teatro radiofónico Las Dos Carátulas en Radio Nacional) salió al ruedo proponiendo el concurso Radioteatro para aplaudir , que durante más de una década permitió la selección de obras, luego representadas y dirigidas por profesionales de primer nivel. Estos concursos (con sus variantes Para Niños, Mar y Sierra, y Rioplatense) mantuvieron viva la llama del género, que se vio apoyado además por cursos, talleres y clínicas brindados por la entidad gratuitamente, por docentes de reconocida trayectoria, para incentivar la escritura de ficción radial. También Argentores llevó a cabo una convocatoria internacional de radioteatro que finalmente ganó un autor argentino, elegido por un jurado con representantes de Cuba, Uruguay y Argentina. La ficción radial tiene mucho que agradecerle a nuestra entidad por haber apostado al género cuando casi todo parecía indicar su desaparición definitiva.

Leonardo Coire