Revista Florencio

LA CAÍDA A PIQUE DE LA FICCIÓN ARGENTINA EN LA PANTALLA CHICA

¿Qué hacer cuando te pusieron cero?

En un contundente artículo sobre la concreción de una crisis largamente anunciada, el vicepresidente de Argentores, Sergio Vainman, afirma que por primera vez en la historia de la pantalla chica del país desaparecieron las ficciones argentinas en estreno.

Paso uno: Tome en su mano el control remoto.
Paso dos: Encienda el dispositivo (televisor, plasma, LCD, Led´s TV).
Paso tres: con el dispositivo encendido, comience a cambiar los distintos canales o señales. De arriba abajo y de abajo a arriba.
Paso cuatro: En ese viaje interminable, intente encontrar una ficción argentina en estreno.

Resultado: cero.

Repita los pasos uno a cuatro, en cualquier otro horario.

Si tiene televisión por suscripción, terrestre o satelital da igual, accione la guía de programación y en lugar de cambiar de canal o señal, repase los programas. Vaya hacia delante y hacia atrás en el horario, en el día, en la semana. En ese viaje interminable, intente encontrar una ficción argentina en estreno.

Resultado: cero.

Conclusión irrefutable: El tan temido escenario vacío, el final esperado y anunciado de nuestra ficción televisiva, llegó. Por primera vez en la historia de la pantalla chica nacional, desaparecieron las ficciones en estreno. No hay más. Y según pinta el panorama, es un final que llegó para quedarse por un buen tiempo.

Si quiere ver a nuestros artistas, escuchar nuestra voz y reflejarse en nuestras historias deberá conformarse, a lo sumo, viendo alguna repetición de lo más reciente y exitoso. El resto de las ficciones que se estrenan diariamente –a pesar de la pandemia- es extranjero: novelas turcas, mexicanas o brasileñas; series españolas, inglesas, colombianas, finlandesas, croatas, coreanas, puede usted elegir el país que prefiera, menos el suyo.

Algunos podrían pensar -comparando este vacío con la situación de los teatros, restaurantes y hoteles- que el Covid 19 es culpable de la debacle. No es así: el prolongado aislamiento obligatorio que sufrimos no ha hecho más que poner al rojo una realidad que ya era catastrófica antes del primer contagio. En ese momento solamente se estaba produciendo una telenovela (que debió desaparecer de la programación porque no había más capítulos grabados y luego fue suprimida de modo definitivo) y una serie (suspendida hasta nuevo aviso que, con suerte y vacuna mediante, probablemente sea el año que viene).

No es necesario abrumar al lector volviendo a exhibir los números históricos con que Argentores viene denunciando esta caída desde hace rato, porque la experiencia con el control remoto es más que elocuente por ser inmediata e incontrastable.

Tampoco queremos repetir que la mayor parte de las producciones audiovisuales extranjeras llegadas a nosotros han recibido, de una manera u otra, incentivos. fomentos, facilidades, exenciones, que hicieron posible su realización y posterior comercialización en mejores condiciones que las de cualquier producto nacional puesto a competir.

Sería ocioso decir -otra vez- que esto ocurre porque muchos estados, incluidos aquellos con menor desarrollo tecnológico que el nuestro, protegen el audiovisual como un negocio que, además de ser fuente directa de ingresos de divisas, derrama sus beneficios sobre otras áreas, especialmente las que derivan de poner al país en el mapa turístico y comercial del mundo.

¿Qué hacer, entonces, cuando la realidad te puso un cero, tan redondo como rotundo?

¿Qué hacer como entidad que agrupa y representa al colectivo de autoras y autores, frente a este panorama abrumador que amenaza nuestra supervivencia como creadoras y creadores?

¿Cruzar los brazos y aceptarlo como una fatalidad del destino? ¿Abandonar la partida y aconsejar a nuestras socias y socios buscarse nuevos horizontes laborales? ¿Dejar la gestión colectiva y dedicarnos a la apicultura, al origami, a la explotación forestal, a la equinoterapia? ¿Sumergirnos en la meditación trascendental para quitarnos el estrés que nos produce la desocupación forzada? ¿Bucear en las profundidades metafísicas en búsqueda de la llave mágica que abra una puerta clausurada por la necedad y el empecinamiento de quienes no supieron ver, hasta ahora, que la industria audiovisual puede ser, sin milagros ni esfuerzos extraordinarios, una herramienta que genere -además de propiedad intelectual, trabajo registrado, cultura e identidad nacional- divisas para un país que necesita imperiosamente exportar?

No. Ninguna de estas era una opción válida. En Argentores, la experiencia nos enseña que no hay llaves fantásticas para abrir esa puerta, ni tampoco pueden esperarse resultados mágicos de hoy para mañana, porque una industria destruida no se reconstruye en un abrir y cerrar de ojos, ni con voluntarismos de corto alcance.

En lugar de llaves y tiempos de fantasía decidimos ser concretos, apoyar los pies en la tierra y, como sociedad con ciento diez años de lucha, empeñar nuestras energías y nuestros recursos humanos en buscar todos los acuerdos posibles para conseguir las leyes que nos permitan ilusionarnos con sobrevivir como especie productiva.

No importa cuánto esfuerzo nos lleve y cuántas horas invirtamos en hablar con unos y otros. Es la tarea impostergable que hemos asumido y la llevaremos adelante porque estos instrumentos legales -que sin duda necesitamos ya que son la única garantía de políticas de estado permanentes y no del gobierno de turno- deben ser sancionados con el acuerdo previo de todos los actores que intervienen en la cadena de valor del audiovisual, desde sus creadores iniciales – las autoras y autores como nosotros – hasta el último eslabón de la línea de distribución, comercialización y emisión.

Desde Argentores pensamos que la televisión y el audiovisual, en general, requieren, para que salgamos del cero y alguna vez volvamos a tener una industria, de un plexo legal que logre, en sucesivas etapas y recortes, representar, articular y hacer funcionar armónicamente los diversos intereses que participan en la producción y emisión de contenidos audiovisuales. Este conjunto de leyes debe ir desde una Ley de Televisión y Nuevas Plataformas, específica y concreta, hasta un Régimen Legal Especial que abarque y contenga a toda producción audiovisual nacional, incluida por supuesto la cinematográfica; como tantas otras leyes protegen, incentivan y regulan actividades industriales que van desde el biodiesel hasta el software.

Ese nuevo régimen legal debe contemplar las necesidades y problemáticas de cada sector, corregir con regulaciones justas asimetrías flagrantes, incentivar planos de la producción postergados, organizar la circulación y exportación de contenidos y, en consecuencia, obtener desde su nacimiento mismo la aceptación por todos.

De no conseguir, previamente, ese consenso indispensable, los intereses contrapuestos que no hayan sido saneados, la convertirán en letra muerta e inútil y veremos frustrado el intento de volver a colocarnos en la lista de países que producen sus contenidos y exportan su identidad. Pensando en nuestras autoras y autores, que en ese caso deberían seguir mirando el futuro con la nuca, es que queremos leyes que no dejen a nadie afuera.

Una vez que los instrumentos estén sancionados, será fundamental la voluntad política de los funcionarios encargados de aplicarlos y ahí estará Argentores luchando por esas decisiones y apoyando las medidas que vayan diseñando el camino de una industria floreciente y próspera.

Ese será el siguiente desafío de la gestión colectiva de hoy, porque nuestro Estatuto, desde su primer párrafo, nos impulsa sabiamente a pelear por “El enaltecimiento… y la dignificación del autor” y “arbitrar todos los medios a nuestro alcance para la creación de nuevas fuentes de trabajo y gestionar ante quien corresponda el establecimiento de una ley de protección al Repertorio Nacional”.

Sergio Vainman
Vicepresidente de Argentores