Revista Florencio

CON LA DIRECTORA Y GUIONISTA DE "EL NOMBRE DEL HIJO", CORTO MULTIPREMIADO

«No veo una frontera muy delimitada entre el documental y la ficción»

Según revela ella misma, ya terminando el secundario, y gracias a dos experiencias desarrolladas en ese nivel de estudios, Martina Matzkin, 34 años, tuvo en ese entonces la casi plena certeza de que el cine era su verdadera vocación y la profesión a la que se dedicaría de lleno en el futuro. Nacida en la Capital Federal, lugar en el que vivió siempre y cursó los años del primario y el secundario, al concluir este segundo ciclo ingresó a estudiar cine en la Universidad de Buenos Aires, de la egresó diplomada de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido. También concretó más tarde en esa casa de estudios un postgrado en cine documental.

Martina Matzkin

Ya en sus primeros trabajos, Martina se volcó al corto, un formato en el que, según dijo, aprendió mucho en los talleres que realizó con la guionista y directora Irene Ickowicz. Fue en ese formato que plasmó tres trabajos, los dos primeros dentro de un esquema de creación grupal, y el tercero, denominado El nombre del hijo, del que fue única responsable como guionista y directora. Precisamente por este film recibió el premio al mejor guion de corto en ficción otorgado por Argentores en el Festival del Cine y la Mujer, compartido con Valeria Massimino en corto documental, y también otra importante distinción en la Bernilale y en otros festivales del mundo. De estos emprendimientos, de sus proyectos futuros y de sus preferencias respecto al documental y la ficción en cine habló con Florencio, en la entrevista que sigue.

¿Martina, le gustaba el cine desde pequeña?

Sí, me ha gustado el cine desde  siempre; tuve la suerte de que en mi casa eran bastante cinéfilos así que solía ver películas desde pequeña.

El nombre del hijo, premiado por Argentores como Mejor Corto

Pero a ese placer de ver cine, se unieron dos encuentros con el mundo del cine durante la secundaria que tuvieron en usted un fuerte impacto, ¿no es así?

Es de esa manera. Cuando estaba en cuarto año participé junto a otros compañeros de un concurso llamado “Escuela, cámara, acción”, que consistía en escribir un cuento de forma grupal, y cuyo premio era que luego un director o directora lo transformara en un cortometraje. Ganamos y pudimos asistir a la filmación del mismo, dirigido nada más ni nada menos que por Albertina Carri, que era para mí una ídola. Fue un sueño y me maravillé con la posibilidad de poder trabajar en cine. Y durante quinto año hice un curso de cine que me terminó de convencer, y al terminar la secundaria me inscribí sin dudas en esa carrera.

El nombre del hijo, además de ser premiada en Argentores en la categoría de cortos de ficción, fue un trabajo distinguido dentro de su categoría con el Oso de Cristal en la Berlinale y el premio al mejor cortometraje en la sección Generación Kplus.

Martina Matzkin junto a las y los ganadores del prestigioso
Oso de Cristal en la Berlinale

El nombre del hijo tuvo un recorrido hermoso. Efectivamente ganó esos dos premios, ambos de la sección Generation Kplus. Técnicamente se llaman: Crystal Bear for the Best Short Film of Generation Kplus y The Special Prize of the Generation Kplus International Jury for the Best Short Film, en inglés. También ganó otros premios en los festivales: New York International Children’s Film Festival, Stockholm International Film Festival, Cinekid Film Festival, Out on Film Festival, Out Shine Film Festival, y en el Festival de la Mujer y el Cine donde, además del premio de Argentores al mejor guion, ganó el premio a mejor fotografía y mejor actor.

¿Qué la llevó a filmar ese corto? ¿Es un tema que la preocupa especialmente o surgió de una circunstancia más casual sobre un asunto que, sin duda, le interesaba?

Sí, era un tema que me interesaba. En general el mundo de la infancia es un mundo que me interesa mucho. Me parecía muy revolucionario aquello que estaba pasando en ese momento, de un mundo adultocéntrico que empezaba de a poco a respetar, escuchar y aprender de las infancias trans, siempre tan vulneradas y violentadas. Lo siguen siendo en muchos casos, pero creo que hoy hay mucha más información y respeto, mucha más posibilidad de una crianza respetada, tanto desde la sociedad como desde lo estatal. Y creo que eso es clave para que cambie la situación de violencia, exclusión y transodio que lleva haciendo tantos estragos. Estaba intentando hacía tiempo aprender lo más posible y pensando en hacer un documental acerca de infancias trans y sus familias. De tantas charlas, lecturas, visionados, me fue de a poco, casi sin querer, apareciendo una historia en la cabeza. Una historia ficcional, corta, un momento casi. Y fui por ello.

¿Qué la ha llevado en sus primeros trabajos a volcarse al corto? ¿Es como un paso necesario para ejercitar el oficio y luego pasar a otras emprendimientos de mayor aliento o es un género que le gusta en particular y que, más allá de que pueda volcarse a proyecto de otras características, seguirá haciendo?

Me gusta mucho el formato de cortometraje. Aprendí mucho de este formato gracias a Irene Ickowicz, que fue profesora mía de guión en la carrera y a quien volví con la primera versión del guion de este cortometraje, que de hecho dio un giro de 180 grados en su taller. Aprendí a tratarlo en su formato particular, que no es ni una película corta ni un episodio de película; o al menos así prefiero trabajarlo yo. Y esta historia era un cortometraje desde su génesis. Igualmente, un cortometraje era algo más abarcable para mí que un largometraje. No sé si podría haberlo hecho, ya que prácticamente no tenía ninguna experiencia dirigiendo ni escribiendo. Recién estoy aprendiendo (y animándome) a abordar un largometraje. 

«Me parece que el mundo del documental es fascinante. En lo personal, lo siento más difícil de abordar que la ficción, más desafiante; estoy aprendiendo mucho».

Tiene hechos tres cortos: Charlas del Taj Mahal, que se estrenó en el BAFICI. Después pasó a Otro cuerpo, que se vio en CINEFEM, y finalmente El nombre del hijo, que fue el que tuvo más repercusión. Me gustaría que me hablara de cada uno de esos trabajos.

El primero fue un cortometraje filmado colectivamente durante un viaje, y el segundo un cortometraje co-dirigido, filmado de manera independiente. En ambos fui guionista y directora, pero dentro de un esquema grupal. El nombre del hijo fue el primer trabajo en donde escribí y dirigí sola… Lo cual no lo hace menos grupal. La creación, en todos los casos, fue completamente colectiva de principio a fin.

Actualmente se encuentra filmando Cuidadoras y tiene en pleno desarrollo Tristán, ambos largometrajes documentales y en codirección con Gabriela Uassouf. ¿Podría contarnos de qué se tratan?

Ambos son largometrajes documentales, cuyas producciones se han visto detenidas por la pandemia, y que esperamos poder retomar pronto. El primero aborda el encuentro entre cuidadoras trans y adultos mayores dentro de un Hogar. El segundo, que combina animación y observación, aborda el último año escolar de un adolescente trans dibujante. Ambos han tenido un recorrido muy fructífero durante su desarrollo y tienen apoyo del INCAA. Cuidadoras fue ganador de Incubadora 2018 del INCAA, premio Construir TV, premio de desarrollo de La Mujer y el Cine, premio de distribución del Lau Haizetara del festival de San Sebastián y seleccionado para el Doc Corner del Marché du Film del Festival de Cannes. Tristán fue participante de Incubadora 2019 del INCAA y ganador de una mención en el Arché del Doc Lisboa.

Afiche de «Tristán», uno de los dos largometrajes documentales en los que está trabajando Martina junto a su socia Gabriela Uassouf

¿Me interesaría saber qué le interesa especialmente del documental y si cree que en este género se puede incursionar, aunque sea en parte, en la ficción?

Me parece que el mundo del documental es fascinante. En lo personal, lo siento más difícil de abordar que la ficción, más desafiante; estoy aprendiendo mucho. El mundo de la ficción también me apasiona. Pero no veo esa frontera entre ambos tan delimitada. Igualmente, no hay por el momento pensado nada de ficción dentro de estos dos trabajos de los que hablamos antes… Aunque hablamos de documentales, y yo nunca diría nunca en un documental…