Revista Florencio

TELEVISIÓN

Las aventuras de una guionista en la TV

«La mierda siempre rueda hacia abajo”. (The Wire)

20.00 hs. Luego de 6 cafés, un sándwich al lado de la compu, 10 cigarrillos y dos Coca colas, la guionista, a quien una vez llamaron Monita indocumentada (y en esta columna la nombraremos así esperando que sea la última vez) escribe “Fin del capítulo 233”, levanta el trasero de la silla, cruje su cuello y mira por la ventana notando que hay vida exterior.

20.30 hs. Monita está bañada y bien vestida, ¡lista para salir! (bah, se sacó el pijama que tuvo todo el día).

21.00 hs. La amiga de Monita le abre la puerta de su casa y la ve desmejorada. ¿Hacés algo además de trabajar? Monita no responde porque ya está bebiendo una cervecita helada en el sillón dispuesta a relajar sus cervicales rectificadas.

21.15 hs. Monita se dispone a mojar el pancito en el tuco de su amiga cuando suena su celular. Se cayó una actriz o se emborrachó o durmió mal o algo le pasó… cuestión que no va a grabar, hay que hijuelar (reescribir algunas escenas) para sacarla del plan de mañana…. Pero, ¡ya!

21.45 hs. Mientras acomoda junto al monitor la viandita que le preparó su amiga, Monita enciende la computadora y escribe “Hijuelas Cap. 233”. Con la otra mano se abre una nueva cerveza, porque todos saben que después de las 21 se trabaja con alcohol.

23.59 hs. Monita tipea la hijuela y se pregunta: ¿hay alguien más trabajando o solo yo?

¿Cómo, por qué, cuándo Monita aceptó que trabajar así era la regla?

¡Porque esto es televisión! Si no le gusta hay una cola de dos cuadras para ocupar su lugar. El cementerio está lleno de imprescindibles. Y las excusas no se televisan. Algún culo va a sangrar. La contrataron para barrer el piso no para opinar. La vamos a poner a juntar pis. ¿Quién es? Que se baje del pony. Esto no es una obra de caridad. ¡Son todos una manga de idiotas! No puedo más. ¿Dónde está el Alplax? ¿Te consigo Rivotril?

Todos los que entramos a trabajar en televisión a inicios de los 2000 nos curtimos escuchando este tipo de frases. Los que entraron antes dicen que era peor. El maltrato fue parte del folclore de la TV. La gente sufría, lloraba, se dopada, tenía un surménage. Era así. Y te lo enseñaban ni bien ponías un pie en tu primer programa, con tu almita llena de ideas y ganas y optimismo. ¡Estabas cumpliendo el sueño de trabajar en TE-LE-VI-SIÓN! ¿Qué no estarías dispuesto a hacer? Recuerdo a un jefe de guionistas trabajando desde sus vacaciones; manejaba por la ruta mientras intentaba apagar algún incendio del “piso” y de repente el crash. Uh. ¿Qué pasó, estás bien? Choqué una moto. Bancá. Por suerte el motociclista salió entero y el escritor también. ¡Trabajar era vivir con ese estrés!

Pero el maltrato no era solo con los guionistas, no, directores y productores maltrataban a todos por igual. ¿Qué si es un niño? ¡Esto es una picadora de carne, que se curta! Y siempre en juego la estabilidad laboral y tu futuro: no te cruces mal con este que no trabajás nunca más. ¡La lista negra! Nadie sabe si era real, pero qué miedo entrar ahí.

Los usos y costumbres se refieren a “las tradiciones memorizadas y transmitidas desde generaciones ancestrales, originales, sin necesidad de un sistema de escritura”, es decir, son actitudes, frases y comportamientos, modos de actuar transmitidos de boca en boca. Formas de maltrato, para todos, todas y todes desde los inicios de la televisión. Pero, como siempre, en esto de recibir maltratos, a las mujeres no han dado un poquito más. Si calladita te ves mejor. Sos la nena del equipo, aunque tengas más de treinta años y un máster afuera del país. Vamos a hablar con tu compañero de trabajo que es hombre, con él nos entendemos mejor. Y de paso le vamos a pagar un poquito más. Nunca nadie lo dijo de este modo directo, tal vez muchos no lo van admitir, otros se acaban de enterar de que era tan así. Pero nadie lo puede refutar.

Estos eran algunos de los usos y costumbres de la televisión. Hoy, aunque no están del todo desterrados, al menos hemos empezado a denunciarlos y a llamarlos por su nombre: maltrato, “mobbing” o abuso laboral.

«No hay santos en el reino animal. Sólo desayuno y cena». (Lorne Malvo, Fargo)

Cuentan que, en una época, Alberto Migré tenía control total sobre la historia, el respeto de sus colegas y de los actores y el reconocimiento del público. Algo de aquellas viejas conquistas llegaron a disfrutar Jorge Maestro y Sergio Vainman (¡que no son uno solo, amigues, sino dos!), pero también ellos vieron el declive de esa tele donde el autor era EL AUTOR.

Hoy, el guionista no tiene el control: esa escena que te pareció medio rara de ver tal vez no la escribió, sino que la improvisó el actor o se le ocurrió al director o a alguien más. Total, seguro que algo improvisado va mejor que algo que Monita y sus secuaces pensaron por horas, días… tal vez meses. Y el público no tiene la menor idea de quién es Monita indocumentada, si la utilera de Ferro o el ser que estuvo toda la noche escribiendo esa escena que hoy lo hizo llorar, recordar, reír. Quien debía invitarla a la fiesta de presentación del programa que escribió, se olvidó. El actor nunca supo su nombre. No puede ser, pero si estuvo los últimos seis meses de su vida comiendo con la computadora, bañándose con los personajes, soñando escenas, haciendo pipí con el celular para no dejar de hablar con su compañero de equipo. Nop, tampoco saben quién es. Y a la hora de la foto y la prensa allí está, con la Coca cola otra vez en la mano, el culo gordo y sin raya -que un día de estos va a ejercitar-, viéndolo por TV. Su amada TV. Y los actores cuentan cómo es el personaje, y el director, y todos, todas y todes los que participaron, menos Monita que está en su casa pensando: vaya, qué raro, tenía la idea loca de que todo eso se me había ocurrido a mí.

Es sabido que en general el guionista no tiene tanto poder de decisión. Nos lo recuerda el viejo chiste de Hollywood: “Era una actriz tan tonta tan tonta que se acostó con el guionista para obtener el papel”. Pero hubo excepciones, como las mencionadas, y hoy aparece una luz de esperanza al final del túnel con la camiseta del showrunner en la espalda de un escritor. Una persona con la visión de una obra completa en su cabeza, nutriéndose de un equipo, por supuesto, pero evitando esos híbridos resultantes de atender a decenas de voces: “lo que haría yo, para mí, esto que vi, poné, sacá, revolvé, desarmá, rearmá… uf.” Como dijo una vez una colega: ¡escríbilo vos si tan claro lo tenés!

«No creas nada de lo que oigas y ni la mitad de lo que veas». (Tony Soprano, Los Soprano)

Todo esto te ubica en tu lugar, en tu palmera, en tu pequeño Pony dentro del mundo de la televisión. Mundo con sus propias reglas, donde también hay que aprender a distinguir qué es verdad y qué no lo es. Si te dicen que te van a volver a contactar, lo más probable es que no lo vayan a hacer. Si en un par de días no tenés respuesta -aún cuando te dijeron que era un hecho- es un no. Hasta que no firmás el contrato, nada es real. Si te llegan a invitar a la fiesta recordá: el guionista en la foto no sale, de modo que no gastes tanto en emperifollarte. Y no queda bien que te vistas de más. Pero ojo que tampoco podés ser el tío croto de la reunión, solo el que tiene mucho poder y dinero puede ir con una remerita negra y converse así nomás. Atenti al champagne gratis, a la segunda copa pisá el freno. Papelones y hablar de más solo para las stars. Si la actriz te dice que te quiere, no es cierto, apenas te acaba de conocer, solo es su forma general de hablar con todes. Y si un actor te habla más de la cuenta es porque quiere más letra, en breve te dirá: yo creo que mi personaje no… Ahí corré!

La TV puede ser como una montaña rusa de emociones y de éxito, estás en lo más alto y en dos segundos abajo otra vez. El secreto es no creérselo, ni arriba ni abajo. Nada es tan bueno ni tan malo. Ni sos el mejor guionista del mundo… ni tampoco el peor.

«La generosidad también es una forma de poder» (Frank Underwood, House of Cards)

09.00 hs Monita indocumentada va a la casa de un autor. Comienzan a trabajar.

09.45 hs. Jefe supremo de la galaxia llama a Monita para decirle: no digas que soy yo, pero andate con una excusa, te vamos a poner con otro autor.

10.15 hs. Monita, abochornada por la mentira, sube al colectivo para ir a la oficina de jefe supremo.

11.00 hs. Monita es recibida por jefe en bata amarilla, acaba de quedarse sin empleada, aún no se aseó ni se peinó y se le ocurre pedirle a Monita que le haga las tostadas mientras se va a duchar. Total, somos amigos a esta altura, ¿o no?

11.20 hs. Monita duda si hacerle el desayuno a jefe supremo de la galaxia o tirarse por la ventana del piso 16.

Pues no, no son amigos con Monita y nunca lo van a ser. Y no es tu empleada full time ni con cama adentro. Ni está a tu disposición, ni para hacerte las tostadas ni para que la lleves a comer ni para escribirte dos paginitas de una idea loca que se le ocurrió a tu primo y que seguro la va a romper (sí, cómo no). La contrataron por capítulo y eso es todo lo que le van a pagar. Ah, ¿tampoco le van a pagar el capítulo? Pero sí ya lo escribió… pero sí dijeron que… pero… Cierto, todavía no firmó el contrato porque el contador estaba quién sabe dónde y mucha plata no hay.

Hace años los canales tenían a los guionistas contratados fijos, a disposición. Desde hace unas dos décadas, cuando los canales entraron en declive y dejaron de producir para comprarle a las productoras independientes, también cambió el modo de contratación y la relación laboral. Nuevos nombres asomando al mundo del espectáculo con impronta de empresa familiar, y ese trato informal y canchero que muchas veces mezcla y confunde los tantos. Y en lugar de pagarte por tu trabajo creen, y te quieren hacer creer, que te hacen un favor al dejarte trabajar y darte una oportunidad. Favor que por supuesto un día vas a tener que devolver.

Son jefes benevolentes que te pagan lo mínimo posible porque están mal de dinero, y el negocio no rinde como esperaban, y te cuentan sus penurias económicas mientras vos esperás saber cuándo vas a cobrar para poder pagar tu alquiler. Pero como el armado del proyecto no lo pueden pagar, son tan generosos que te adelantan dinero… Y un día, sin darte cuenta cómo llegaste ahí, estás en deuda con tu “patrón”. Y encima le vas a reclamar dinero, pero si vos no sos nadie, ¿cuánto querés ganar? Además de que te pago y te doy la chance (¡aún no me pagaste Raúl!). Soy yo el que te da de comer… ¿qué más querés? Y acá arrancamos otra vez con el los voy a poner a juntar pis… que se bajen del pony y bla bla bla.

Poco a poco este tipo de relaciones se van terminando. Monita y sus secuaces se están juntando con otros secuaces más para entender que no se trabaja sin contrato previo. Que el contrato debería verlo un abogado y siempre algo hay que rever o discutir. Que el abogado de Argentores está a disposición para revisar y negociar cada contrato que firme un socio de la entidad. Que los capítulos tienen un valor local y otro en el exterior. Que, lamentablemente, afuera pagan mucho más. Que hay algunos representantes o agentes que se ocupan de mover a los autores y pelear por ellos, de modo que solo tengan que ocuparse de la parte creativa de la cuestión. Y que, sin duda, es necesario mejorar las condiciones de trabajo y de contratación.

«Os habéis esforzado y ¿para qué? Para nada. Moraleja: No os esforcéis más». (Homero Simpson)

Imaginen que van a la oficina y al cerrar el día de trabajo aparecen revisores de lo que han hecho, cada día, cuánto fue, cómo fue, nos gustó o no nos gustó. Ok, tal vez algunos jefes lo hagan. Imaginen que son muchos, a veces gente que sabe lo que quiere, a veces gente que no, a veces gente formada, que sabe de lo que habla… a veces no. Feed back por aquí, feed back por allá y a reescribir. A veces para mejor, enriqueciendo el trabajo. A veces no. Monita cuenta, en voz baja, que ha llegado a reescribir escenas porque no le gustaron a la ex esposa del productor. También ha recibido críticas y sugerencias sobre su trabajo de su tía Alicia y de la vecina del 2C.

Escribir para televisión puede ser maravilloso, pero también una tarea ardua, desgastante, muchas veces sin reconocimiento, a veces con maltratos y con miedo constante a la inestabilidad laboral. A lo largo de los años este estrés nos chupa el deseo, nos quita las ganas de escribir. Cuántos colegas hemos visto que se han retirado a hacer bricolaje, a vivir en armonía con la naturaleza o pusieron un restó. Otros, tristemente, la pasaron muy mal. Parte del curtirse en este oficio implica aprender que no se puede congeniar con todos. Parte de tu ego grande de escritor debe saber que no le vas a gustar a todos. Hay que aprender a soportar los golpes, pero también a valorarse. Quizás no era el lugar para vos, ni el equipo, ni el proyecto. Bolsito y a casa, y a seguir buscando el camino personal.

El desafío, según Monita, es seguir haciéndolo bien, ser mi mejor versión. Hacer que valga la pena. Porque siempre hay alguien otro del otro lado de la pantalla y algo va a llegar. Es como pasar de la cita de Homero a la de Walter White:

«Lo hice por mí. Me gustaba. Era bueno haciéndolo y de verdad… me sentía vivo». (Walter White, Breaking Bad)

Sin pasarse al lado oscuro de la fuerza ni cometer delitos, je.

William Goldmam (ganador de dos Oscars), cuenta en Las aventuras de un guionista en Hollywood las mil y una peripecias que ha vivido en su carrera de escritor. Entre ellas relata cómo lo terminaron por dejar afuera a la hora de llevar al cine uno de sus guiones, un proyecto sumamente personal. De manera que no es algo propio de la TV local, son modos ligados al oficio, usos y costumbres en una industria que es un negocio, y allí es donde el escritor/autor/guionista debe aprender a sobrevivir, sin perder el alma, pero sin entregar tampoco su vida y su dignidad.

Tina Fey, actriz, comediante, guionista y productora

Para cerrar un consejito de Tina Fey que Monita tiene pegado con un post it en su pizarrón: (por cierto, ¡es más fácil encontrar una aguja en un pajar que una cita de una mujer!)

“En la mayoría de los casos, ser un buen jefe significa contratar gente talentosa y dejarles el camino libre”. (Tina Fey, actriz, comediante, guionista y productora)

Laura Barneix