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OBRA EN CONSTRUCCIÓN

«La voluntad fue plantear un tema para reflexionar, no para provocar»

En una entrevista exclusiva, Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro hablan sobre el proceso creativo de la serie El reino.

“Toda persona, y por eso también todo artista, es sin quererlo un producto de la realidad que le circunda. También se puede decir que el artista refleja esa realidad de un modo que no gustará a todos. No hay duda alguna de que cada persona expresa su época y lleva dentro de sí las leyes de ésta”, escribió Andrei Tarkovski; y reflexiona sobre la recepción unívoca del arte. “El artista tan sólo hace un intento de presentar su visión del mundo para que las personas miren hacia el mundo con sus propios ojos, lo revivan con sus sentimientos, sus dudas y sus ideas”. Mucho de esto está presente en la entrevista exclusiva que le realizó ARGENTORES a Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro, en el marco de la sección Obra en construcción, donde reflexionan sobre el proceso creativo de la serie El Reino sin soslayar las convicciones que debieron sostener una vez que este thriller político generó todo tipo de críticas y debates.

¿Ya trabajaron juntos antes?

Marcelo Piñeyro: No, yo había adaptado una novela de Claudia, La viuda de los jueves, con Marcelo Figueras. Así nos conocimos, contándole como íbamos a masacrar su novela. Pasaron muchos años y un día nos llama un productor español para ofrecernos el proyecto de una serie. Me acuerdo cuando me citó que no me dijo de qué se trataba, pero que era para una reunión con Claudia Piñeiro para hacer algo juntos, fui contento, me entusiasmó. Cuando nos dijo para qué era… Se ve que a Claudia le pasó lo mismo, no le interesó la propuesta.

¿Cuál era la propuesta?

Claudia Piñeiro: Una continuación de La viuda de los jueves. A mí no me atraía el proyecto porque en su momento ya escribí lo que me interesaba contar sobre ese tema.

Marcelo Piñeyro: Después de la reunión fuimos a tomar un café para ponernos al día. Terminamos conversando de series, libros y películas. Nos dimos cuenta de que nos gustaba lo mismo y nos pareció una pena que no nos hubiera interesado la propuesta. Y ahí se nos ocurrió planear una nosotros y ver después de qué manera llevarla adelante. Nos pusimos a tirar ideas sobre la trama, estos pastores evangélicos como una herramienta de las nuevas derechas y pusimos una pequeña línea de arranque, el atentado y una descripción de personajes. De ese modo avanzábamos en lo que iría a la historia. Eso serían diez o quince páginas. Yo se lo envié a Netflix, que sabía que tenían ganas de hacer algo conmigo, y le dije a Claudia que podía pasar un tiempo largo hasta que nos llamaran. Pero al día siguiente me llamaron diciendo que les encantó el proyecto y que querían que nos pusiéramos a trabajar lo antes posible. Ellos querían primero la biblia.

Claudia Piñeiro: Y nosotros pensamos que era mejor escribir directamente el capítulo. Si no les gustaba, lo reescribíamos, no teníamos ningún problema. Escribir la biblia te da tanto trabajo como el capítulo, sobre todo en una manera de trabajo como la nuestra, donde sólo éramos nosotros dos. Si tenés un equipo de autores para los cuales desarrollar un montón líneas narrativas, ahí sí necesitás una biblia porque de lo contrario no podés transmitir lo que querés que escriban. Pero como nosotros dos hacíamos todo, en una reunión nos poníamos de acuerdo y después cada uno se iba a su casa a escribir.

Marcelo Piñeyro: Nos funcionó muy bien e hizo que escribiéramos muy rápido. Un temor que tenía yo, y supongo que Claudia también, apareció porque nunca había trabajado con una empresa del tamaño de Netflix y uno escucha toda clase de leyendas, rumores y fantasías. Me acuerdo de la primera vez que nos iban a pasar las notas…. Ese temor se fue rápidamente. Todo el tiempo trabajamos con mucha libertad, y eso tiene muchas ventajas. No sé si es una situación muy particular que nos sucedió a nosotros o es algo general. Pero hubo mucho respeto hacia nosotros como autores y tuvimos una libertad creativa absoluta. Y eso que es una serie que toma temas altamente controversiales que son los que aparentemente no se deben tratar con esta compañía. Y nunca nos dijeron nada, fue todo lo contrario.

¿De dónde surge la temática de la serie?

Claudia Piñeiro: Todo lo fuimos pensando entre los dos, tiramos varias puntas, no solamente ésta, hubo varios proyectos distintos y nos fuimos acercando cada vez más a esta temática. También tiene que ver con que los dos somos personas a quienes les interesa mucho lo que sucede en la realidad, los contextos políticos, lo que pasa en el mundo y en América Latina con respecto al poder. Además nos íbamos mandando noticias que abordaban esta cuestión de cómo se arman los partidos de derecha y cómo buscan aliados. Cuando empezamos a escribir la serie, Bolsonaro todavía no había sido elegido en Brasil. Muchas de estas cuestiones se fueron concretando. El golpe en Bolivia, por ejemplo. Hubo un montón de situaciones que se fueron dando en la realidad. Nos pasó con el episodio de Bolsonaro y el cuchillo. Decíamos que teníamos que apurarnos porque la realidad nos pisaba los talones.

Marcelo Piñeyro: Estábamos escribiendo El Reino, teníamos uno o dos capítulos, y en una cena con amigos empiezo a contar un poco de la serie. Y uno dice: “Es como si Bolsonaro fuera presidente”. Todos se reían porque les parecía inverosímil. Dos o tres meses después, era presidente. Siempre hubo algo central en todas las distintas ideas que pensamos: la manipulación que se está haciendo sobre la sociedad. Esto Claudia lo marcó mucho en cada entrevista que tuvimos, no es una serie que denuncia al evangelismo, en todo caso se señala a la manipulación que se hace sobre las sociedades. Lo interesante es cómo mediante la manipulación ingresan estas nuevas derechas muy extremas y cuánto de lo que parecían imposible terminó sucediendo. Estamos viviendo un momento en el mundo que me asusta un poco. Nosotros teníamos ganas de trabajar una ficción que reflexionara sobre esto, de algún modo también trabajar sobre nuestros temores.

¿Tuvieron que consensuar mucho durante el proceso creativo?

Claudia Piñeiro: Nosotros llegamos a consensos, sí. Creo que seríamos geniales opositores políticos. Empezamos a conversar sobre qué nos parecía que iba a pasar en la serie, no necesariamente estamos de acuerdo en todo, pero uno convence al otro, o cede porque le parece que la idea del otro es mejor. Otras veces coincidimos naturalmente. A uno se le ocurre una cosa y al otro, otra, pero no nos cuesta llegar a un acuerdo. Después, como diría Marcelo, sucede que hay determinadas líneas dentro de la narración que a él le salen más naturalmente y otras que me salen mejor a mí. Y a esta altura, después de haber escrito toda una temporada, ya lo sabemos. En general nos juntábamos tres veces por semana a tirar ideas, una especie de escaleta, me da no sé qué llamarla así porque no era una escaleta, y nos intercambiábamos el material. Usábamos colores para entender las notas del otro.

Marcelo Piñeyro: Básicamente, construimos rápidamente mucha confianza como para decirnos lo que no nos gusta del otro. Esa confianza de hablar con absoluta sinceridad hace que las cosas avancen mucho mejor. Estamos claros que no estamos compitiendo sobre quién tuvo tal idea sino que queremos construir nuestra serie, la serie es de los dos. Claudia es una gran constructora de marcos dramáticos y esa es la clave de la serie. Fue con mucha naturalidad que fue surgiendo todo el proceso creativo. En el Reino 2 teníamos el plus de estar trabajando con personajes que sabíamos quiénes eran, sabés cómo se mueven, cómo miran, cómo se vinculan, y eso creativamente te da un despegue más amplio. Un temor que teníamos los dos antes de hacer la segunda temporada era hacer más de lo mismo. Creo que encontramos el modo dentro de ese universo de dar una vuelta y estamos haciendo una nueva temporada que va a sorprender tanto como la primera, aunque es más potente que la anterior y tiene una mirada y una reflexión oblicua sobre el presente.

«Todo lo fuimos pensando entre los dos, tiramos varias puntas, no solamente ésta, hubo varios proyectos distintos y nos fuimos acercando cada vez más a esta temática», asegura Claudia Piñeiro

¿Debieron tener en cuenta costos de producción en el momento de escribir el guion?

Marcelo Piñeyro: Es cierto que tenemos un presupuesto mucho más generoso que la ficción local, pero te puedo asegurar que por lo menos la primera temporada luce mucho más cara de lo que realmente fue. Cuando nos pusimos a escribir, nadie nos dijo el presupuesto es “tanto”. En ese sentido también trabajamos con absoluta libertad. Varias veces me ofrecieron trabajar en televisión abierta, tanto en Argentina como en España. Pero pasé todos los casos porque conozco los tiempos de rodaje y los presupuestos. Preferí seguir trabajando en cine. En el 2000, descubrí que había un nuevo formato narrativo que me resultaba enormemente seductor para poder contar las historias con mayor desarrollo en el tiempo, los personajes y un manejo distinto de las líneas narrativas, tanto las centrales como las paralelas. De pronto, aparecieron las plataformas y con ello un modo de producción posible para nosotros y más parecido, no igual, al modo de producción de las series sajonas. En este caso, íbamos entregando los capítulos a Netflix y nunca nos dijeron nada respecto de costos de producción. Lógicamente, como te dije, hay un presupuesto y un tiempo de rodaje distinto que el de la televisión de aire. Se dieron todas las cosas a favor nuestro para poder hacer El Reino como la hicimos.

Claudia Piñeiro: Marcelo tenía permanentemente devoluciones de los técnicos y de los asistentes con comentarios sobre el texto. Eso se da siempre, me refiero a trabajar con un editor que corta y pone comentarios sobre la serie, haga devoluciones. Antes de estrenar teníamos devoluciones que luego se replicó en lo que fue en la sociedad en general.

Tu literatura, Claudia, siempre permite reflexionar sobre aspectos sociales y culturales. ¿Cuánto de tu impronta literaria trasladaste al guion?

Claudia Piñeiro: La historia tiene un montón de cuestiones interesantes para reflexionar. Todo lo hay detrás, en el sentido de cómo se maneja a la gente, cómo es el poder y cómo es la justicia, etcétera, lo pensamos siempre desde los personajes. De todos modos, en tu pregunta del traslado, hay que tener en cuenta que, en la literatura, hay cosas que se pueden explicar con todo el tiempo del mundo. En lo audiovisual necesitás ir al grano, por lo menos en este tipo de series. Es necesario cerrar los temas. En la literatura yo muchas veces dejo los temas abiertos y el lector tiene que terminar de resolverlo en su cabeza. En cambio, en esta serie, que tiene un formato de thriller, tenés que ir cerrando esas compuertas que le abriste al espectador. Hay muchas cosas de lo que soy como escritora que se lo tomo prestado a la guionista. Una de las primeras formadoras que tuve fue María Inés Andrés, gran formadora de guionistas. Era una directora y guionista de una cultura extraordinaria hizo La nena, Los creadores, cosas de la época en la televisión de Goar Mestre. Ella nos hacía leer guionistas franceses, por ejemplo, para poder pensar a los personajes que, nos decía ella, tenía que ver con el cuestionario de Proust. María Inés Andrés nos hacía esas preguntas para todos los personajes. Te decía: “Vos tenés que saber cómo es su familia, cómo es su padre, qué hace cuando se encierra en el baño, se ve en el espejo y nadie lo ve”. Un montón de preguntas que después no van a la serie, pero vos necesitás saberlo para saber quiénes son. Y ella nos decía: “Si vos sabés eso, le das la oportunidad al actor que tiene un papel absolutamente secundario de dejar un bolo para hacer un personaje”. María Inés Andrés era muy precisa y asertiva en la formación de los personajes. Para la literatura también lo pienso de ese modo. Otra cosa que viene del guión y traslado a la literatura es la estructura dramática. Hay muchos textos que se caen por falta de estructura dramática. Recuerdo que hice un curso con Mauricio Kartun y él decía que es como construir un edificio. Todo lo que aprendí en la escritura de guión y en la escritura de dramaturgia los tomo en la literatura y por eso hace que tenga algunas características particulares.

Escena de «El reino», serie producida y emitida por Netflix

Más allá de la repercusión y la respuesta del público, ¿imaginaron que la serie generaría tantos debates?

Marcelo Piñeyro: La voluntad fue plantear un tema para reflexionar, no para provocar. Es nuestra reflexión la que plasmamos allí. Los dos somos enamorados de las narraciones y tuvimos en cuenta los artilugios narrativos. Uno antes que ser director o guionista, es un ciudadano que padece y disfruta la sociedad en la que vive. Como ciudadano tenés una ideología, y aquí me separo totalmente de lo partidario porque eso sí que lo intentamos evitar, que es constructora porque organiza tu mirada de lo macro y de lo íntimo…De todo. Obviamente que no nos sacábamos la ideología para escribir, porque además creo que es algo que no se puede hacer. Con Claudia podemos tener muchísimas diferencias pero no en lo ideológico, tenemos una mirada en común del mundo de hoy. Cuando hablábamos de cómo surgió la idea de El Reino, también habría que mencionar nuestros temores y preocupaciones acerca del mundo. Cuando uno dice que le preocupa la historia y los personajes no quiere decir que no le preocupa lo ideológico. Es imposible sacarse lo ideológico de la cabeza.

Claudia Piñeiro: Nosotros nos dábamos cuenta de que esto iba a impactar en la sociedad, pero no nos imaginábamos que se daría un debate de tal magnitud. No es habitual. En un momento nuestros teléfonos sonaban permanentemente, no se hablaba de otra cosa que de El Reino. Todo eso sucede de vez en cuando con un hecho artístico. Por supuesto que nos parecía que había mucha gente a la que le iba a interesar y que tendría su impacto. Igualmente hay que diferenciar el hecho artístico de nuestra persona. A veces te tomás mal una crítica porque la hacés personal cuando en realidad está hablando de ese hecho artístico. En esta serie en particular hubo muchos comentarios y ataques que fueron a lo personal más allá del producto y creo que ahí se desvirtuó un poco esto que vos estás planteando. En general uno escucha las críticas, hay cosas que te parece que están bien y decís que sí, que tiene razón, y a otras veces decís qué suerte que se dieron cuenta de esto que yo quería que vieran. Otras que te pueden resultar indiferentes. Pero eso es la crítica bien entendida.

«Nosotros nos dábamos cuenta de que esto iba a impactar en la sociedad, pero no nos imaginábamos que se daría un debate de tal magnitud», afirma Claudia Piñeiro

Marcelo Piñeyro: Yo tuve una experiencia con mi primera película, Tango feroz, en las que hubo críticas muy adversas. Como tuvo tal repercusión me hizo daño porque sentía que se me terminaba la carrera, pero después cuando salió al mundo y fue elegida para los festivales más importantes y tuvo premios por todos lados, recibí críticas súper elogiosas en Europa, Estados Unidos, Sudáfrica y Asia. Ahí empecé a ver la relatividad de todo y cómo muchas veces no se habla de la obra sino de otras cosas, generalmente imaginarias, que le atribuyen a uno. Reconozco que hubo un tiempo en el que me hacía mucho daño pero con el tiempo lo superé y ya, francamente, no me importa. No leo las críticas. Obviamente lo que le pasó a Claudia es otra cosa que no tenía que ver con lo estético, tenía que ver con un ataque personal hacia ella, por su compromiso a causas que son públicas. Y volviendo a tu pregunta, a mí me pasa como espectador, que voy a ver películas que me parecen geniales y otras que me parecen bodrios, otras que a los demás les parece genial y a mí no. Todos tenemos nuestras razones, no hay una sola. Hoy no me importan los premios ni las críticas, francamente hoy me importa seguir haciendo lo que me interesa hacer. Yo soy un convencido de que soy dueño de lo que hago hasta que lo entrego. Una vez que llegó al público es de ellos, ya no es más mío.

Yo me formé en los 70, el cine era totalmente popular en cuanto al deseo de llegar, de contar, y por otro lado profundamente contestatario. En mi caso en particular es el cine americano de fines de los 60, comienzos de los 70. Me marcó por completo. Obviamente, en los 80 empiezan a cambiar las cosas porque empieza a cambiar el modelo sociopolítico y económico, entonces con el arraigo del neoliberalismo… Yo creo que lo que podemos hacer es lo que nos gusta ver, y eso no es irrelevante. Lamentablemente en el último tiempo gran parte de la producción cultural es absolutamente irrelevante. Si se sigue produciendo o se deja de producir no le importa a nadie. La producción cultural no es un acto hedonista. Yo creo que una obra se completa con el receptor, sino es un hecho físico, es ese ida y vuelta que hace que nosotros sigamos leyendo a los griegos y se siga representando. Obviamente el deseo siempre es hacer algo que a alguien le pegue en el alma como a mí me pegaron determinadas novelas, obras teatrales, películas y eso yo creo que es profundamente ideológico. Tiene que ver en cómo vos ves al otro. Nosotros le estamos contando una historia a alguien, no a nosotros mismos. Y ojalá que a ese alguien esa historia le importa como le importa a nosotros. Eso sí es ideología.

Diego Peretti y Mercedes Morán, protagonistas de «El reino»

Claudia Piñeiro: Yo coincido en que uno no puede separar la ideología del hecho artístico. Por supuesto que cuando escribo literatura e incluso en El Reino uno intenta no hacer ninguna bajada de línea y dejar que el otro complete la historia a su manera, desde su punto de vista. Lo que hacemos nosotros es poner foco sobre algo, creo que es esa la función, mirar algo que esta velado, después otro hace su construcción. A partir de la serie hay gente que nos ha llamado y dijo que se sintió absolutamente identificada, que formó parte de una Iglesia evangélica y que le han robado la casa y que los han abusado y hay gente que nos llamó y nos dijo que esto no es así, que estuvieron en una Iglesia evangélica y que fue lo mejor que le pasó en la vida. Hay gente que nos escribió diciendo que les interesó mucho cómo trabajamos el tema de la Justicia en relación a la desaparición de menores. Hay otros que dijeron que les interesó lo de los servicios de inteligencia. Las conclusiones son del espectador, nosotros iluminamos.

Marcelo Piñeyro: La obra hubiera sido la misma, pero no sería mejor ni peor. Así, sería un hecho físico irrelevante. Lo que da la relevancia es el ida y vuelta entre obra y receptor, que sacuda de ese modo, es una recompensa para mí. Yo me enamoré del cine que provocaba debates, que sacudía sociedades, que provocaban cambios, el mundo no sería igual sin estas películas. El deseo es hacer algo que deje huella en alguien.


19 de mayo de 2022