Revista Florencio

CON GILDA BONA

“La vida enseña que no es tan fácil salir de la jaula”

Gilda Bona

Desde que el público empezó a conocer sus obras hace más o menos quince años –y acaso un poco antes porque ya desde el taller de Patricia Zangaro producía como alumna de esta autora textos por encargo para Teatro por la Identidad-, la producción dramática de Gilda Bona ha ido interesando cada vez más a quienes asisten con frecuencia a ver la representación de sus piezas. Y eso tiene una explicación clara: sus trabajos revelan la existencia de una dramaturga singular, distinta a muchas otras, con seguridad igual de valiosas, pero diferentes al universo poético e imaginativo que muestra Bona. Un universo poblado de historias que cambian de geografía o espacio y que, en su transcurrir, reflejan siempre el complejo avatar de lo humano, con sus múltiples sufrimientos, incertidumbres o alegrías, pero en versiones extrañadas de la realidad donde un lenguaje particular y puntillosamente elaborado, a veces lírico, otras irónico o brutal, juega un papel estratégico en la caracterización de sus personajes y peripecias.

En su presentación al libro Mundos celestiales, que recoge varias de las obras de Gilda Bona (entre ellas Batir de alas, Boquitas, 24 horas viraje, El gavilán y El lobizón de tras la sierrra, además de tres textos breves: Dando fe, Entumeciéndose, A dentelladas) y que fue publicado por Eudeba en marzo de 2016, Susana Torres Molina afirma, refiriéndose a 24 horas viraje: “Cuando accedo al texto de Gilda Bona, descubro que en la propuesta dramática ya están planteados los ritmos y saltos temporales y espaciales entre las reflexiones de la protagonista y sus acciones en tiempo presente. Una arriesgada decisión. Este modo de usar las disrupciones logra una diversificación del sentido. La trama se expande, se bifurca, exacerba, condensa, roza zonas cuasi delirantes y en ningún momento decae. Es uno de esos textos, no son muchos, que me hubiera encantado escribir.” 24 horas viraje ganó por la Argentina de la Bienal Internacional de Dramaturgia La Escritura de las Diferencias. Fue estrenada en el teatro Bertolt Brecht de La Habana en marzo de 2013, en el marco de aquella Bienal. En Buenos Aires se estrenó el 20 de julio de 2015 en el Teatro Anfitrión.

Irina Alonso, protagonista de «24 horas viraje», la multipremiada obra de Gilda

No forma parte de este libro el título New York Mundo Animal, premiada por Argentores a la mejor obra para adultos de la producción dramática de 2020. La pieza fue estrenada en el Teatro del Pueblo en 2020, se repuso en 2021 y subirá a escena nuevamente en febrero de 2022. Fue escrita y dirigida por Gilda Bona e interpretada en su único rol por la actriz Yanina Gruden, que fue nominada como candidata a la mejor actuación por la Asociación Cronistas del Espectáculo (ACE). Además de todas las obras mencionadas y otras en preparación, Bona escribió Memoria de la fragua, un libro conmovedor publicado en 2014, que evoca la existencia cotidiana de muchos de los militantes que luego fueron desaparecidos por la dictadura. Destinado al Archivo Biográfico Familiar de las Abuelas de Plaza de Mayo, varios de esos textos se transformaron en monólogos que una larga lista de actores pronunció sobre los escenarios de Teatro por la Identidad. En un bar de Almagro, de vieja prosapia barrial, nos encontramos con Gina Bona a mediados de diciembre de 2021 para charlar sobre esta obra y otros aspectos destacados de su producción.

Gilda: New York Mundo Animal tuvo una primera parte que formó parte del ciclo La valija que más pesa y ahí se llamó New York nada más. ¿Qué te impulsó a pensar que esa historia podía tener una segunda parte?

En realidad, la historia de esa chica que se va de su casa natal es mucho más larga, tal vez la continúe en algún momento; cuando terminó aquel ciclo, quisimos continuar, tanto Yanina, como yo, pero era muy breve para proponerlo como espectáculo en algún teatro. Entonces, bajo ese deseo de continuar me senté a escribir la segunda parte, que apareció sin demora porque la historia de la primera escena, aunque cerraba en sí misma, dejaba abierta la posibilidad de seguir desarrollándose.

Yanina Gruden protagonizó «New York mundo animal», escrita y dirigida por Bona

Es que, al ver la primera parte, el espectador podía sentir que había algo de inexorable en esa decisión de irse, pero que no necesariamente podía ser la más acertada. Creo que vos decías en alguna parte que no basta tomarse un avión e irse del país para ser libre.

Es así, sobre todo, porque cuando se es muy joven, como lo es la protagonista de la obra.  Ella se va con ese hombre mayor para iniciar una nueva vida, creyendo un poco que, el irse del lugar que la sofoca, le permitirá encontrarse con ese deseo que la urge a romper amarras, a satisfacerlo. Pero no siempre ocurre así. Y ese es el caso de la protagonista que en su nueva vida en Nueva York lo que encuentra en realidad es una nueva situación que la sofoca, un marido que no la entiende y un trabajo, el de taxista, que la introduce en un mundo lleno de hostilidades masculinas y de una gran exigencia. Y ahí se da cuenta que lo que debe hacer es escuchar de nuevo a esa criatura que tiene dentro suyo y que la impulsa a ser libre. Y esta vez ella le dice que debe seguir volando, desplegando sus alas, sin rendirse, porque como lo enseña la vida no se sale de la jaula tan fácilmente.

De alguna manera, y más allá de lo particular de esta historia, ella refleja en alguna medida la odisea de muchas otras existencias de personas que, agobiadas por el malestar en su país, se marchan hacia otras realidades. 

Aunque tal vez, cuando se habla de esta historia, sea inevitable y hasta suene lógico aterrizar en todo lo que afrontan los latinos que emigran a Estados Unidos, lo cierto es que no la escribí tratando de graficar algo de esas aventuras amargas de la inmigración. Siento que la historia refleja una búsqueda que casi todos los humanos, en algún momento, intentamos encarar para encontrarnos con nuestro verdadero deseo existencial. Y, claro, es verdad que en esa búsqueda puede suceder, como por cierto ocurre, que la gente que se va buscando un paraíso, se encuentra con que debe hacer trabajos que tal vez no haría en sus países, como le ocurre a la Muchacha de la obra. Por ejemplo, en los ochenta no era común ver en la Argentina chicas que trabajaran de camareras, y no porque fuera un trabajo denigrante, sino porque no se acostumbraba demasiado y en los Estados Unidos era muy común. Lo que sí era poco común es que una mujer manejara un taxi, que era arriesgado, no solo para una mujer, pero, por supuesto, lo era más que para un hombre.

Recuerdo que durante una clase magistral de Sanchis Sinisterra él dijo que una obra tuya 24 horas viraje era un modelo de narraturgia y que en sus talleres te hacía publicidad. ¿Estás de acuerdo con esa visión?

Sí, me encanta. Yo no conocía el término en el año 2015, que fue cuando Francisco Civit la dirigió, y alguien que la vio, me pidió el texto para enviárselo a Sanchis Sinisterra, y después nos comunicamos por mail, y conocí el término. Me encanta esa mezcla de narrativa y dramaturgia. Y también me pasa eso que decía Sinisterra de que él tenía algo pendiente con la narrativa. A mí me ocurre algo similar, porque si bien me gusta mucho escribir teatro, tengo que resolver eso otro. Tal vez ese deseo se cuela al escribir teatro.

También has dirigido varias de tus obras. ¿Qué te llevó a empezar a dirigir?

Me interesé en aprender dirección a partir de mi primera experiencia como autora. Recuerdo que el montaje que se hizo de uno de mis primeros materiales me pareció que no tenía nada que ver con el texto que había escrito. No entendía el por qué. Y entonces decidí hacer el taller de puesta en escena de Rubén Szuchmacher para saber por qué pasaba eso. Y ahí entendí todo. Y después quise dirigir, para ver de qué se trataba la experiencia. Y hoy puedo decir que dirigir es muy difícil, muy arduo, pero a la vez muy cautivante. Es estar creando en el aquí y ahora, rodeada de gente, no es un trabajo en solitario en tu casa –que es también apasionante, pero otra cosa-. Creo que todos los que escribimos teatro tendríamos que dirigir por lo menos una vez para entender realmente lo que es la dirección. Del mismo modo, sería bueno que también aquellos que dirigen escribieran una obra. Creo que eso ayudaría a entender más a cabalidad la labor del otro, mutuamente, a ponerse en su lugar.

«Mundos celestiales», recopilación de obras de Gilda Bona

Es que, al ponerlo en escena, el texto se expone a la mirada del otro. Y sobre todo a la acción del actor o la actriz, que son los que encarnan, tornan visual las situaciones o estados que el texto demanda.

Sí, por eso una agradece profundamente las propuestas de los actores, actrices cuando éstas se producen.

Hoy se da mucho la fusión en una sola función del autor y director.

Sí, pero el que escribe y dirige su obra debe entrenarse en una gimnasia que no es sencilla: la de desprenderse de cierto enamoramiento del propio texto, la de conseguir algo así como una disociación de él. Recuerdo que al dirigir mi primera obra era bastante reacia a cortar algún texto, no podía aceptar que me propusieran cortar tal o cual parlamento. Ya en la segunda y tercera me fui fogueando y empecé a lograr una cierta distancia, que me permitía decir: “Está bien, esto no va, esto lo cortamos o esto lo movemos.” Y cuando dirigí obras de otras (fueron hasta ahora solo dos y de autoras), las hice partícipes de esas necesidades que a veces surgen al montar una obra. Llamarlas y ponerlas al tanto, para no meterle mano al texto sin que supieran.  

Decime algo de Patricia Zangaro, tu maestra.

Y, Patricia es mi maestra. Yo durante mucho tiempo había leído teatro, pero no se me había ocurrido escribirlo. Y un día fui a su taller. Y ahí descubrí un mundo nuevo. Una encuentra, creo, a la maestra, maestro que necesita. Patricia nunca te va a dejar quedarte en la superficie de un texto, ella te impulsa a llegar hasta lo más profundo del material.

Vos también das talleres. ¿Se aprende enseñando?

Sí, mucho. Cuanto más se enseña, más se aprende.  

¿Estás escribiendo algo en este momento?

Sí, estoy con un material que empecé a escribir en 2013, lo dejé; lo retomé en 2016, y lo abandoné otra vez y finalmente me decidí a terminar a partir de 2019, lo dejé otra vez, y ahora lo retomé, y quiero terminarlo.  Es una novela, pero que tiene mucho de teatro, una especie de narraturgia, otra vez, pero al revés. Es algo que tengo hace mucho pendiente conmigo misma y que quiero darle la oportunidad. Y estoy preparando todo para empezar a ensayar en marzo otra obra mía, La Divina tragedia, que gira en torno a María Callas, con vistas a estrenarla en septiembre, mes del aniversario de su muerte.

Alberto Catena