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La ficción en los tiempos del cólera

“Cuando se me cierren todas las salidas y la noche no me deje en paz” dice Carlos Toro en su canción Resistiré. Y efectivamente, en medio de la larga noche y los fantasmas, acechada por la realidad que oprime, cercada por las dentelladas de los perros rabiosos del virus invisible, algo resiste y se convierte en paliativo para los males, en compañía para los solitarios, distracción para los obsesivos, descarga para los angustiados y cable a tierra para todos los desamparados del mundo que no aguantan ya tanta noticia, ni tantas cifras fatales. En mitad de esta devastación cargada de ansiedad, se levanta y extiende su manto bienhechor, la ficción. Nada más convocarlas y las habrá para cualquier edad, para cualquier nivel, para los intereses más variados y aleluya porque estén, qué maravilloso poder zambullirse en esos océanos que nos reflejan y a la vez nos alejan de todo mal.

Cuando ya estamos agotados de escuchar especialistas y legos hablando siempre sobre lo mismo, cuando ya cumplimos con la obligación social de informarnos y sólo oímos reiteraciones y comentarios banales hechos para llenar tiempo, cuando los opinólogos de turno han vertido su miel o su veneno sobre lo que ocurre y estamos hartos, cansados, exhaustos de no poder salir de ese séptimo círculo maldito del virus y sus muertes, entonces recurrimos a ella. De la forma que sea, con el dispositivo que tengamos a mano, buscamos desesperadamente una ficción que nos cuente una historia, que nos atrape, que nos sumerja en su universo y nos lleve de la mano tan lejos como sea posible de este encierro involuntario donde los espectros amenazan.

La pandemia pasará, más tarde o más temprano, como la historia asegura. Volveremos a nuestra vida habitual, retomaremos las actividades más allá de la puerta de nuestras casas y otra vez habrá abrazos y besos que no serán virtuales. Quitaremos de nuestra memoria, porque es bueno para el espíritu sacarse de encima los malos recuerdos, estos momentos de angustia; archivaremos los barbijos y el alcohol; respiraremos un aire nuevo libre de peste; pero no olvidemos, por favor, a la ficción. Defendámosla en los buenos tiempos que vendrán para que pueda seguir viva y nos acompañe cuando la precisemos, como en los actuales tiempos amargos de la cuarentena. Porque si no la cuidamos, nadie nos contará una historia maravillosa donde un príncipe torturado busca vengar a su padre, o dos amantes fugitivos cierran grietas entre familias enemigas, o un extraterrestre come gatos, o un profesor de química desesperado por el futuro sale a fabricar drogas. No nos envolveremos en la vida de Juan Moreira, la de Esculapio y su gallo, ni nos veremos reflejados en una historia cotidiana de gente muy similar a nosotros, ni tendremos cien días para enamorarnos. No podremos ver que Camila no murió por amor sino por intolerancia, ni visitaremos jardines de bronce o espiaremos por la cerradura a los clanes más oscuros.

Estaremos solos, condenados al espejo, escuchando sólo nuestra propia voz.

Por eso, para que se mantenga viva y no desaparezca para siempre, exijamos que la ficción en todo el mundo audiovisual de la Argentina sea obligatoria, porque ahora mismo, cuando se cierran todas las salidas y la noche no nos deja en paz, estamos viendo hasta qué punto es necesaria.

Sergio Vainman
Vicepresidente de Argentores