Revista Florencio

ENTREVISTA A NOEMÍ COELHO Y RODOLFO OLGUÍN

“La danza atraviesa las fronteras de la palabra”

Rodolfo Olguín y Noemí Coelho

El coreógrafo ruso Leonid Jacobson hizo famosa esta frase: “Miles de personas pueden llegar a bailar brillantemente…pero solo unas pocas pueden comprender y expresar el lenguaje de la danza”. Noemí Coelho es una de ellas. Egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, alumna tanto de Aída Mastrazzi, Michel Borowsky, María Ruanova, José Parés, Fernando Alonso, Raimond Franchetti como de Joseph Rusillo, Peter Goos, Paul Steffen, Valerie Camille, Matt Mattox y otros, la bailarina, maestra y coreógrafa, ha creado un día el porteño Modern Jazz Ballet junto a su compañero de escena y vida, Rodolfo Olguín.

Ambos hablaron con Florencio, en una charla donde confluyeron recuerdos, comentarios acerca de ese particular viaje que comenzó en el universo erudito y clásico y concluyó abrevando en un género popular de alto vuelo -como el jazz-, observaciones de la actividad y reflexiones acerca de la condición autoral de la actividad en un complejo contexto.

¿Qué nos puede decir de este proceso de cambio, cómo se les ocurrió introducirse en el universo del jazz?

Coelho. Desde muy niña quise ser bailarina y tuve la suerte de tener una madre que supo interpretar esa pasión. A pesar del hogar humilde en el que me crie y el sacrificio que conlleva esa carrera, me anotó en la escuela del Teatro Colón. Allí aprendí y también amé el duro aprendizaje que significa ser bailarina clásica. En el último año de mi carrera, Alicia Alonso me contrató para su compañía; con el tiempo y los viajes por Europa, me introduje por fin en las técnicas modernas (hoy “contemporáneas”) y el jazz. Todas estas técnicas con los profesores nombrados, me llevaron a desarrollar nuevos músculos, dinámicas y movimientos que me permitieron expresarme a través de músicas diversas, el sentir actual.

«El coreógrafo, como el escritor y el compositor, es un creador y se expresa a través de diferentes estilos de acuerdo a su cultura y talento», dice Coelho

Olguín. A diferencia de Noemí, mis inicios en las artes escénicas comenzaron con el estudio del arte teatral, bajo la dirección de Alejandra Boero. Al ver las películas Torrente indiano, del coreógrafo Joaquín Pérez Fernández y Gaite Parisienne, hicieron que me interesara comenzar a tomar clases de danza para mi formación profesional. De ahí, a seguir mis estudios en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISA), fue un paso, la suerte ya estaba echada: la danza tomaría lugar de privilegio en mi formación. Mi carrera profesional como bailarín comenzó en el Teatro Argentino de La Plata. También integré el elenco estable del Teatro Colón. Posteriormente fui contratado en Chile por el Ballet Municipal y al poco tiempo viajé a Brasil para formar parte de la Compañía Brasilera de Ballet, bajo la dirección de Tatiana Leskowa, donde tuve la oportunidad de trabajar con diversos coreógrafos muy conocidos mundialmente, entre ellos, Arthur Mitchell del American Ballet Theater, y John Cranko del Stuttgart Ballet. Ya en Brasil, donde se encontraba trabajando Noemi como la partenaire de Lennie Dale, se inició el camino que luego haríamos juntos.

Háblenos, Noemí, de un tema clave: el coreógrafo como “autor”. ¿Por qué es tan importante defender la condición autoral del oficio coreográfico?  ¿Qué significado tiene que una entidad autoral como Argentores defienda sus derechos?

Coelho. El coreógrafo, como el escritor y el compositor, es un creador y se expresa a través de diferentes estilos de acuerdo a su cultura y talento. Plagiadores hay muchos en todas las disciplinas, por lo tanto, es importante que exista una sociedad como Argentores que reconozca a la danza a través de los coreógrafos como creadores de espectáculos y que proteja sus derechos.

¿Qué nos puede decir de su experiencia profesional en Europa?

Coelho. La experiencia europea, sin dudas, fue muy enriquecedora, cambiar de compañías significaba trabajar bajo la dirección de personalidades de la danza que fueron acrecentando nuestros conocimientos. Vivir 5 años en Francia nos brindó reconocimiento y seguridad, que hizo posible a nuestro regreso crear el “Modern Jazz Ballet” que sin lugar a dudas marcó un hito en la danza independiente. También para fundar nuestras dos escuelas e imponer esta técnica de “Modern Jazz” imprescindible hoy en todas las escuelas formativas (ISA, Taller del Teatro General San Martin y escuelas nacionales y privadas de todo el país).

¿Cuál es su opinión con respecto a la “interpretación”, cuáles son los límites que un bailarín puede atravesar y cuáles no, con respecto a las ideas de un coreógrafo?

Coelho. La interpretación del bailarín depende de la captación y realización de lo que el coreógrafo propone; sin duda un bailarín logrará expresarse mejor si él y su coreógrafo están en la misma sintonía.

¿Además de la técnica, qué otras condiciones debe tener un bailarín?

Coelho. La técnica le servirá para realizar los movimientos que le son pedidos, pero aún más importantes son la musicalidad, la sensibilidad y el interés cultural que lo llevarán a ser un artista capaz de captar la propuesta que se le asigne.

Usted ha trabajado con Alicia Alonso. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Coelho. Fue mi primera experiencia profesional, un privilegio aprender de sus exigencias y pasión. Exigencias que he puesto al servicio de otras técnicas contemporáneas que  han contribuido a desarrollar mi carrera.

“La danza es el reflejo de la sociedad en que vivimos”, se suele decir…. Les pregunto a los dos: ¿Cómo ven a la danza actualmente en el mundo?  ¿Y en nuestro país?

Olguín. La danza en el mundo cambió como lo ha hecho la sociedad en que vivimos, ciertos cambios no nos han gustado, pero no se puede negar que el progreso de los medios audiovisuales permitió una evolución técnica y coreográfica

«La danza en el mundo cambió como lo ha hecho la sociedad en que vivimos», asegura Rodolfo Olguín

Coelho. La danza con el COVID-19 se vio perjudicada enormemente y en nuestro país más que nunca se ve reflejada como la integrante pobre del mundo del arte, ya que no somos visualizados, no recibimos ninguna ayuda y muchas escuelas se vieron forzadas a cerrar. Somos el reflejo de la sociedad en que vivimos….

¿Cómo podemos definir a la interactuación profesional entre ambos?

Coelho. Pienso que es un frente de lucha e ideales en común que ha dado sus frutos con mucho amor, trabajo y esfuerzo de ambos.

Pasemos a la música popular. Han creado y trabajado a partir de obras de formulación tanguera, folklórica, rockera, etc  ¿Qué nos pueden decir sobre eso?

Coelho. En esta época de tanto ruido sonoro, la apreciación musical es premisa en nuestra enseñanza y para nosotros lo popular no difiere de lo clásico en calidad, por eso, nuestros espectáculos y clases fueron y siguen siendo reconocidos por la calidad musical.

¿Cómo es el proceso que lleva a un bailarín o a una bailarina a convertirse en un “coreógrafo” o en una “coreógrafa”?

Coelho. El paso se va dando paulatinamente. Está en uno, en su propio ser, escuchar música que le inspiren imágenes, es el primer paso. La inspiración surgirá con el trabajo que uno quiere hacer sobre un texto, paisaje o alguna experiencia vivida.

Y una última pregunta: ¿Cuál es el secreto por el cual el ballet -en todos sus estilos y expresiones-  mantiene esta vigencia universal, y qué es lo que ocurre cuando un bailarín sale al escenario, en definitiva?

Coelho. A nuestro entender la danza sigue vigente, su idioma atraviesa las fronteras de la palabra y su acción es comprendida en todo el mundo. Para el intérprete es expresarse a través de las fibras más íntimas de su ser.