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Juan Enrique Romero, homenajeado por la Universidad de Buenos Aires

Veterinario y autor, socio activo de Argentores desde hace más de 30 años, fue distinguido al celebrarse los 200 años de la UBA

En el marco del cumplimiento de sus 200 años, el pasado 12 de agosto de 2021, la Universidad de Buenos Aires, una de las más prestigiosas del mundo, convocó a doscientas personalidades formadas en la UBA para homenajearlos. Entre ellos, la distinción fue para Juan Enrique Romero, quien recibió, por parte del actual rector Alberto Barbieri, una medalla y un barbijo con la leyenda “UBA 200 años”. Conocido en los medios como el Dr Romero, socio activo de Argentores desde hace casi cuarenta años, brindó una entrevista exclusiva para nuestra entidad.

¿Qué significó para usted recibir este reconocimiento por los doscientos años de la UBA?

Fue muy especial para mí. Te lo voy a definir emocional y políticamente porque no está desligado uno de lo otro. Hay gente que se define como apolítica. Y yo creo que, en ese caso, no sos un ser. Sos una cosa. Mi mesa no es peronista y mi silla no es radical, tampoco tengo una banqueta izquierdista ni tampoco tengo un lápiz ultraderechista. Las personas tienen posiciones frente a la vida. Esa posición está tanto en la manera en que fríen un huevo o en las cosas que eligen y le dan placer. Yo nací del lado de los que menos tienen, del lado de los más vulnerables. No nací en un hogar paupérrimo; pero sí humilde. Nuestra única posesión era una habitación compartida. Nací en un conventillo familiar y ahí me crié hasta los once años. Cuando mi viejo comenzó a pelechar apareció la heladera dentro de la habitación y un televisor. Hasta que mi viejo pelechó en serio y nos mudamos a un departamento con unos muebles horribles como los que hoy se pueden llegar a conocer como vintage. Y ahí empezó una segunda parte de mi vida. Pero no me olvido de esa primera, que además es un hogar absolutamente ideologizado y peronista. A partir de ahí, entendiendo que mi vida también ha sido una militancia, porque entré a la Facultad a los diecisiete años en la UBA, me recibí en cinco años y medio. Milité toda mi carrera. Protagonicé la creación de la Facultad de Ciencias Veterinarias. Dicho de otra manera, en mi libreta universitaria dice que entré en la Facultad de Agronomía y Veterinaria y que egresé de la Facultad de Ciencias Veterinarias. Y yo fui uno de los responsables, no el único ni mucho menos. De hecho escribimos un libro con respecto a la creación de la Facultad, la única en el mundo creada por sus alumnos en el medio de una dictadura. Entonces imaginate lo que es para mí recibir de la misma universidad, que cuando te recibías te entregaba el título en el baño porque debías irte rápido, la misma que te metió preso y torturó, que tenía autoridades militares… Entonces, estar en ese acto de reconocimiento junto a un Presidente democráticamente elegido, además miembro de la misma Universidad, me hizo pensar de repente con alegría … ¿Yo qué hago acá?

Juan Enrique Romero con la distinción de la UBA en sus manos

Y ahí es cuando recordó también a ese niño criado en un conventillo

Sí, y es el mismo niño. Si yo hubiera cambiado sería distinto. Es aquel niño que tiene las mismas ilusiones y ganas. Sólo que se le está acabando la cuerda. Esto yo lo hablo con mis hijos cuando me dicen “tenés mucho tiempo”. No, respondo. Y esto que te digo tiene que ver con una relación que mantengo conmigo mismo, siempre fui muy ansioso, de querer hacer las cosas ya. Y creo que lo mejor que escuché en mi vida es lo de San Martín, aquello de no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. A mí me pasa eso siempre. Es decir, cualquier tiempo es largo para hacer algo porque tengo la ansiedad de hacer las cosas pronto. Hace cuarenta años, mi vida tomó otro cariz entre la comunicación autoral y mi profesión como médico veterinario. Soy socio activo de Argentores, hace más de treinta años y debo tener registrado cerca de veinticinco títulos, hasta una serie de Flow que está en el aire en este momento, del cual soy veinte por ciento el autor. Es muy raro, ¿no? Debo ser el único médico veterinario en la historia de Argentores. Desde el primer programa que registré, S.O.S VIDA, nunca me distancié de Argentores. Y eso que hubo épocas duras. Ahora es distinto, me refiero a la gestión actual del Presidente Miguel Ángel Diani, una época maravillosa que protege a la autora y autor. Los cuida desde la salud, entre muchas otras cosas. Es muy importante estar en un grupo y sentir que te acompañan, que sos parte. En definitiva, lo que te digo es que cuando uno recibe los reconocimientos de los pares, me refiero tanto de la universidad como a los de la autoría, es algo muy especial.

Hace cuarenta años, mi vida tomó otro cariz entre la comunicación autoral y mi profesión como médico veterinario. Soy socio activo de Argentores, hace más de treinta años y debo tener registrado cerca de veinticinco títulos

Juan Enrique Romero

¿Cómo aborda ese trabajo autoral en la radio?

Justamente. Mirá, acabo de imprimir el programa de radio de mañana. Tengo un programa de tres horas y está escrito el guion y sus argumentos de principio a fin. Incluso la música, que es la que me gusta a mí con mis setenta pirulos y mi forma de ver la vida. El programa también tiene juegos, entrevistas. Y por supuesto, tiene el mundo animal. El programa lo escribo y lo produzco yo, siempre, si bien tengo mis asistentes de producción. De otra manera, no tendría la misma esencia. Y en ese caso, no me serviría.

¿Y cuál es esa esencia, Juan?

Por ejemplo, el programa que estoy terminando de escribir plantea diferentes versiones de Gracias a la vida. Entonces me interesa escucharlas a todas, juzgarlas y compararlas. Pensar sobre la vida de Chavela Vargas y tener bien claro qué voy a decir de ella o de Mercedes Sosa o Joan Báez y Violeta Parra para también plantear una relación con Salvador Allende. Cosas que viví yo también. Recuerdo que viajé a Chile en plena dictadura y lo que significaba desnudarte cuatro veces entre Santiago y Alto Palancia. También tengo grabaciones de Eduardo Galeano en espacios de dos minutos con título. Y está mi tía Dora, que ya falleció, a quien grabé durante horas y horas contándome cómo era el mundo de antaño, que también yo viví, aunque ella lo contaba histriónicamente. Tanto que todo el mundo piensa que es una actriz. Un día llegó a decir “¡Este Juan Enrique dice tantas boludeces!” Y a mí divierte mucho ponerlo al aire cuando, efectivamente, digo alguna boludez. O trabajar con Estela Montes para imaginarme una secretaria solterona, vestida de trajecito sastre, zapato abotinado y que odia a los animales. ¡Y es mi secretaria! Todo esto hace a la esencia. Y muchas otras cosas más, por supuesto. Para decírtelo de una vez: mi preocupación no es de qué se enferma la abeja sino cómo piensa la abeja. Yo no curo animales. Curo vínculos. Ningún animal vino solo a mi consultorio. Tampoco jamás ninguno me dijo que el antiparasitario es amargo. Entonces yo me tengo que vincular con el que habla. Y ojalá me pueda vincular con el que no habla. Todo lo que yo hago no es un oficio, es una oportunidad que me dio la vida. Yo elegí mi carrera casi te diría genéticamente. Un abuelo fue cuidador de zoológico, otro talabartero de caballos. Si me hacía abogado contradecía mis designios genéticos. Hoy, luego de estar casi cincuenta años de estar vinculado con esta profesión, me doy cuenta de que no me siento otra cosa que un médico veterinario.

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Juan Enrique Romero es médico veterinario por la UBA. Especialista en docencia universitaria, clínica médica y quirúrgica de perros y gatos, y Magíster en Psicoinmunoneuroendocrinología. Fue veterinario rural en Alta Italia, La Pampa, donde fundó un colegio secundario, un cine y un teatro; docente de varias universidades, coordinador nacional de Educación Ambiental;,director del Instituto Fundación Perito Moreno y del Zoológico de Buenos Aires, y creador del Programa Nacional de Tenencia Responsable y Sanidad de Perros y Gatos.Con más de cuatro décadas de profesión, es docente en varias universidades, ha creado y dirigido programas de trabajo de diferente alcance dentro de su especialidad y es consultado permanentemente por autoridades y gobiernos. A lo largo de su carrera ha recibió distintos premios y distinciones, entre ellos un diploma de honor por parte del Senado de la Nación Argentina debido a participación en el programa «Huellas de Esperanza», Programa de Adiestramiento de Canino en las Cárceles Federales.También ha sido merecedor del Galardón Susini por parte de ARGENTORES, dentro del marco del 95º aniversario del Día Internacional de la Radiodifusión.
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¿La relación entre la profesión de médico veterinario y su impronta autoral se define de algún modo desde el primer momento en que comenzó a trabajar en los medios de comunicación?

Sí, mirá, me acuerdo de mis primeras intervenciones por televisión, que fueron en el último programa de Buenas tardes, mucho gusto y en el primero de Utilísima. Don Pedro Muchnik, un día me dijo, cuando yo quería presentar los perros tiradores de trineo en la Antártida, que eso no le importaba a nadie y que tenía que decirle a las señoras cómo se curaba no me acuerdo ya qué cosa con respecto a la sarna. Cuestión que de repente aparecen unos tipos que traen el trineo que yo había combinado. Y le pido al director que enfoque el trineo. Y digo: “Yo sé señora que usted no tiene un trineo en el fondo de su casa, pero yo le tengo que contar que los perros que usted ama, el Husky Siberiano, En realidad tienen esta utilidad creada…”. Entonces comencé a contar diferentes historias. Bueno, llovieron los llamados telefónico. Está claro que no hice lo que me pidió Don Pedro Muchnik, y me quedé nueve años en Utilísima.

El escenario del salón de actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en el momento del reconocimiento a Juan Enrique Romero

¿Siente que hay algo enigmático, aún difícil de desentrañar o inefable, si quiere, en relación a los animales?

Rotundamente, su pensamiento. Hay un argentino en Francia que está estudiando si las abejas piensan o no. Y plantea que sí. Yo estoy convencido de que nosotros somos unos giles comparados con los animales. En sentido, llamamos al perro “Boby, ¡vení!” Y él va porque tiene ganas. Boby tiene una vida interior propia de pensamiento. Desde mi ventana veo colibríes y el otro día colgamos un cajoncito que tiene una flor de plástico. De pronto apareció un colibrí y a treinta centímetros se dio cuenta de que era una flor de plástico. Y yo pensé, este colibrí es un capo. ¿Cuánto pesa un colibrí? Dos gramos. ¿Su cerebro cuánto pesa? Bueno, tiene memoria. Un día se va a decir: “Pensar que hubo gente que creía que los animales no pensaban”. Estoy seguro de esto. Aunque todavía no pueda demostrarlo científicamente para poderlo difundir.