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OBRA EN CONSTRUCCIÓN

Entre la música y la magia

Entrevista a Rony Keselman: “Hago dramaturgia sonora”

¿Cómo se construyen espacios con los sonidos? ¿Cuál es la diferencia entre la música absoluta y la aplicada? ¿Se pueden manipular las emociones del espectador y espectadora por medio del sonido? Son algunos de los interrogantes que responde Rony Keselman en esta entrevista exclusiva para ARGENTORES en el marco del ciclo “Obra en construcción”. Músico, compositor, arreglador musical y diseñador sonoro especializado en medios audiovisuales Rony Keselman inició sus estudios musicales formales a los ocho años tanto en organismos oficiales como con maestros particulares, focalizándose en la música clásica y el jazz. Con el tiempo se especializó en la composición de partituras originales para espectáculos teatrales, comedias musicales, danza y medios audiovisuales. Su música ha formado parte de espectáculos en los circuitos de Teatro Oficial, Nacional, Independiente y comercial, como por ejemplo, el Complejo Teatral de Buenos Aires (Teatro San Martín, De la Ribera, Regio), Teatro Nacional Cervantes, e independientes y comerciales varios. Entre sus últimos trabajos se destacan las siguientes obras de teatro: “Cosa triste”, “Los Soviets de San Antonio”,“Copenhague”,“La Tempestad,“Nina”, “El tropezón (baile del avestruz), “Como si la vida fuese un momento pacífico y estable”, “Labios Negros”, “El Avaro”, “Carmencita”, “El Andador”, “El Arquitecto y el Emperador de Asiria”, “El Principio de Arquímedes”, “Miembro del Jurado”, “Cachafaz”, “Síndrome de Amor”, “Oxímoron”. Ha obtenido por su trabajo numerosos premios, nominaciones y reconocimientos: Premio Getea 2002, Premio Hugo al Musical 2012, Distinguido por el Premio Teatro del Mundo, XV edición, Trabajo destacado del año 2012. Premio ACE 2014, Premio Trinidad Guevara 2015.

Siendo músico, ¿cómo te vinculás con el teatro?

AEDE chico me llevaban mucho el teatro y al cine. Ir al teatro era algo llamativo porque en esa época se estilaba más llevar a los chicos al cine. Era un lugar habitual para mí. En mi casa siempre hubo un ambiente artístico. Mi madre ha sido pianista de joven. También, actriz y cantante. Por esas cosas de la vida, después dejó. También tenía una tía pianista clásica que vivía en Estados Unidos. Esas eran las referencias musicales que yo tenía. Un día le preguntaron dónde podía estudiar música el nene y dijo que tenía que aprender con en el método Orff, que es para niños, algo así como aprender jugando, y no es tan académico y exigente como un conservatorio tradicional. Jugando aprendíamos las figuras musicales. También, mucho juego con el cuerpo, moviéndonos, bailando. Teníamos percusión, también. Los domingos el San Martín hacía conciertos didácticos para niños. Entonces, todos los del Instituto íbamos los domingos a la mañana al San Martín a escuchar el concierto. A mí me fascinaba porque aparte dejaban a todos los chicos adelante y los padres se sentaban atrás. Por eso siento que estoy vinculado desde chico con el teatro. Después estudié en otro conservatorio, uno clásico, porque yo insistía con la guitarra. Ahí me empecé a preparar para entrar al Manuel de Falla. Una vez que entré ya estaba totalmente metido en la música.

¿Cómo te imaginabas de grande?

A los doce años ya había decidido que quería ser músico de rock, estudiaba clásico pero en mi casa era Spinetta y Charly. Cuando escuché a Charly por primera vez dije: “Yo quiero ser él”. Entonces mucho no estudiaba en el conservatorio, la verdad. Me gustaba quedarme encerrado en mi casa, tocando. Por mandato familiar tenía que seguir una carrera universitaria. La Psicología me gustaba mucho, y dije: “Estudio Psicología, o hago que estudio, y mientras tanto sigo con la música”. El primer verano después de terminar la secundaria, me llama un amigo y me habla de una compañía de teatro, Catarsis, que dirigía Manuel González Gil. El músico, Martín Bianchedi, había entrado a trabajar con Pepe Cibrián para hacer Calígula, y necesitaba tiempo para componer y ensayar. Entonces mi amigo, que tocaba percusión ahí, me preguntó si me animaba a audicionar. Fui, canté algo mío y Martín me dijo que me preparaba y entraba. Empecé a estudiar los temas y cuando me quise acordar estaba trabajando de músico. Cuando vi ese mundo, ese ambiente, dije: “Yo de acá no me muevo más”. Las funciones eran también durante el día para los colegios. Y había giras. Cuando empezaron las giras, chau Psicología.

¿Aplicaste conceptos de la Psicología para tu trabajo de músico?

Sí, por ejemplo intentando comprender a los personajes, los conflictos… Cuando te dedicás a hacer música para teatro, o para cine, estás haciendo música aplicada para otro arte, no es música absoluta. Cuando trabajo en cine, es música aplicada; cuando compongo mis canciones, música absoluta. Es diferente porque no estás componiendo lo que vos querés y no siempre te gusta. Estás componiendo en función a una trama, en función de un conflicto, en función de lo que le pasa a los personajes y te tenés que meter en su psicología. Hay que ver cómo traducir eso.

Entonces, en principio, habría dos cuestiones, si es que te estoy entendiendo. Una que tiene que ver con la música aplicada en relación a los ambientes pero también hacia guiar los estados anímicos de los espectadores, ¿no?

Sí, es así. Por otro lado es lo que enseño en mis clases. Mediante los sonidos, estás manipulando al espectador. Manipular en el buen sentido del término. Manipulás sus emociones. No hablemos de música, por ahora, mí me gusta hablar primero de sonido. La música se hace con sonidos y, el sonido, es portador de información. Esa información que te trae, te va a evocar algo. Esa evocación es emocional. Y es lo que llamamos memoria emotiva. Entonces, si yo pongo determinada música, a vos te va a provocar un estado de ánimo, no lo vas a manejar, lo vas a analizar posteriormente. Primero te va a afectar emocionalmente, después vas a decir: “¿Qué me pasa en relación a esta música?, me entristece, me alegra…” El sonido organizado en música; el sonido solo, también.

¿Por qué la diferencia que hacés entre sonido y música?

Hago esa diferencia porque en teatro generalmente cuando te llaman para componer, también te llaman para hacer el efecto sonoro. A veces hacés música sola, a veces efecto sonoro solo y, otras, ambas cosas. Con los sonidos también ya estás contando algo.
Te cuento otra cosa, el sonido también es acción porque trae algo preciso, porque yo tengo que responder a una acción. Es como si estuviera trabajando con un actor que tiene que hacer un personaje. El personaje para mí es la puerta, una puerta que se abre. Lo primero que pregunto es cómo se abre, por qué se abre o por qué se cierra, cuándo, de dónde a dónde, cuánto dura. Hay un universo ahí. La lluvia: ¿tranquila, garúa, fuerte, qué provoca la lluvia: fuerte, dolor, melancolía?

En relación al sonido, ¿cuál fue el trabajo que más te gustó y cuál el que más se te complicó?

Lo que más se me complicó fue una vez Arturo Bonin, dirigiendo, que era un gran profesional, me dijo que necesitaba el sonido de un fantasma rasgando una pared. Le pregunto de qué material es la pared y me dice que es de ladrillos. Es fascinante, ¿o no? Cómo traduzco ese sonido… es una imagen poética. Empecé a buscar cosas porque si buscás en un banco de sonidos, el de un fantasma rasgando una pared, no existe. Empecé a combinar distintas cosas, a imaginarlo, a ver ese sonido en mi imaginación. Lo tenés que ver porque el sonido siempre pasa por una imagen. Si vos escuchaste una silla recién, también la viste sin necesariamente mirarla.

¿Y cómo lo resolviste?

Con un palo de lluvia. Grabé lentamente y le puse una cámara de reverberación, que da una sensación de choque contra ladrillo, y lo mandé para ver qué le parecía. Ese fue el sonido más complicado de pensar y el más lindo.

Las canciones tienen un poder evocativo muy fuerte. Te permiten un viaje en el tiempo.

Sí, lo que pasa es que todos los momentos de nuestras vidas están acompañados por determinada música. Esto es ancestral, no es nuevo. En los actos patrios,por ejemplo, tenés una canción para cada momento. Ídem en la cancha o en la guerra. La música nos acompaña todo el tiempo. El primer sonido es el del agua y el latido del corazón. Por eso, el sonido del agua en general calma. Pero una cosa es la canción y, otra, la pieza de música instrumental. Es más libre el viaje con la pieza instrumental. La canción, la letra, te va guiando. Pero cuando es instrumental, es más libre, también para interpretar, en relación a la música aplicada. A veces te piden canciones, incluso incluir canciones preexistentes. Ahí es más complicado. Si, por ejemplo, para una obra de teatro te dicen: “Acá va Billie Jean de Michael Jackson”, te vas de la obra, te vas directamente a Michael Jackson. Va a algo muy precioso, muy fuerte.

En la música aplicada, en el teatro o en el cine, a su vez, está la relación con los géneros. Por ejemplo, el género de terror. ¿Hay posibilidad de crear o está demasiado estandarizado?

Hay convenciones que vienen por Hollywood. El terror, ¿con qué lo asocias? Con PsicosisTiburón. Es una convención que está muy arraigada. Hay estudios psicológicos que explican por qué funcionan de esa manera y la gente lo compra. Tiene que ver con la disonancia. Vos ponés dos notas que son disonantes entré sí y te va a provocar una irritabilidad auditiva y eso lo relacionás con un momento crispado, irritante también, entonces te afecta emocionalmente. Lo contrario ocurre si ponés intervalos armónicos. Esto tiene que ver con Teoría de la música, en cómo generar tensión y cómo genero relax. En lo sonoro estás contando algo, estás generando un código. Y es muy difícil escapar de las convenciones, pero lo que sí podés hacer es vos generar un determinado código, lo vas estableciendo en la obra y se lo estás mostrando al espectador. La primera vez, se lo presentás; la segunda, lo asocia; la tercera, puede estar la música sola sin el personaje y el espectador ya sabe que esa música es de ese personaje.

Hay una frase tuya que me gusta mucho: “La música es un arte en el tiempo que genera espacio”

Sí, estoy hablando de música aplicada, que es lo que hago yo, porque estás terminando de construir un espacio, sobre todo en teatro. Por cuestiones presupuestarias y también estéticas, completás con sonido: el sonido genera espacio. Me di cuenta de eso cuando hice una obra de teatro que transcurría en el cuarto de un barrio muy humilde. La escenografía era un colchón, las luces y una chapa. Me pidieron que hiciera el ambiente. Tuve que generar toda una situación cinematográfica: el ruido de una moto, están chapoteando en el barro, hay dos pibes jugando a la pelota, el grito de una señora, pasa un vendedor ambulante… Todo eso tiene movimiento, el sonido no es estático, le das relieve y movimiento. Generás una arquitectura virtual con el sonido.Hay que tener cierta sensibilidad, prestar atención a lo sonoro. No es que uno no tenga sensibilidad sonora, es que uno no presta atención. Lo que tiene de interesante la música es que trabajás con dos tiempos a la vez: el cronológico y el psicológico. Si yo tengo una escena la cual me indican que tiene que ir a determinada velocidad, sé que eso es tiempo cronológico. Si yo te pongo una música que va lenta, a vos te va a dar la sensación, psicológicamente, de que la escena es lenta. Lo mismo al revés: podés darle ritmo a una escena que no tiene ritmo. Podés levantar una escena con la música.

Hay algo de magia…

Siempre le digo a mis alumnos que es mágico. Me fascina. Ahora estoy trabajando en una película que está dirigiendo José Luís Fajín, La cabeza de Goliat. Son unos hechos que ocurren atravesados por una ficción, hay cosas que no se pueden comprobar científicamente entonces decidió meter la ficción. Cuando empezamos a mirar las imágenes no me tiró ninguna punta, ninguna referencia sobre qué quería. Me dejó pensar mi propia propuesta. Lo primero que me imaginé es un drone sobrevolando por la estación de Once, lo vi y lo escuché. La imagen misma me tiró el tempo y el ritmo, eso es mágico. El año pasado hice un corto sobre Sala XVIII, un poema de Alejandra Pizarnik, protagonizado por María Viau y dirigido por Belén Paladino. Me encantó. Ahí hice toda la música, no el efecto sonoro. En cine no me dedico al efecto sonoro. Me concentré sólo en la música. Ahí sí hablamos el tipo de música que quería la autora. Hice algo más experimental, relacionado con la música contemporánea del siglo XX, trabajar más bien sobre una serie de sonidos, implementar distintos recursos para armarlo. Es un poco liberar de las disonancias de la dictadura de la tonalidad.

¿Cuál es el error más común que se suele cometer al principio de la profesión?

El ego es el gran error porque pretendés hacer música para que la gente te reconozca. Y eso es algo que no podés. Así terminás perdiendo la escena y, en definitiva, la música. No podés quedarte con las dos cosas a la vez. Vos tenés que componer en función a la escena. Hay veces que el espectador no se da cuenta de que hay música en la escena hasta que termina. Y eso es un golazo porque quiere decir que estuvo muy bien integrada.

Te lo pregunto porque, en una entrevista, afirmás que se puede ser muy talentoso pero no estar preparado para esta clase de trabajo.

Tal cual, a eso me refiero. A veces es por desconocimiento de la estructura teatral y análisis dramático, de lo básico, de qué es un conflicto, cómo se construye un personaje y se desarrolla una trama. Hay que ver teatro y cine, saber analizar. Tenés que tener claro el propósito y saber que aportar al teatro. Yo no musicalizo, compongo. Hago dramaturgia sonora.

«El ego es el gran error porque pretendés hacer música para que la gente te reconozca. Y eso es algo que no podés. Así terminás perdiendo la escena y, en definitiva, la música».

RONY KESELMAN

¿Cómo abordás el inicio de un proyecto?

Primero me llaman y me cuentan, me dicen las fechas, para ver si puedo hacer el proyecto. Me mandan el libro, lo leo y empezamos a decidir. En el libro generalmente está concretamente marcado el sonido o sino te vas dando cuenta. A partir de eso, surge la charla entre el director o la directora y yo, para ver si vamos o no por el mismo camino. A veces doy un poco de vueltas porque es mucho tiempo y mucho esfuerzo. Quiero estar seguro y poder entusiasmarme. Después sí,voy al teatro. A veces hay algunas cosas que no se terminan de entender porque hay que ver las escenas, entonces las veo en el teatro y luego trabajo en mi casa. Otras veces pasa al revés. Cada espectáculo requiere una dinámica distinta.

¿Tenés algo pendiente que te gustaría hacer?

Me gustaría hacer más danza y más cine. La danza porque me fascina, desde chico. Iba a ver danza al San Martín, hay algo que me resulta familiar y atractivo. Doy clases en una escuela de danza contemporánea, para bailarines y bailarinas. Me interesa ver qué pasa con el cuerpo, con el movimiento y con la música. Me gusta esa sensación, visualmente.


5 de agosto de 2022