Teatro

El Teatro del Pueblo estrena casa propia

El mítico teatro que fundó Leónidas Barletta hace ya casi 90 años tiene por primera vez en su historia una sede propia

La fachada de la nueva sede del Teatro del Pueblo

A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos, es cierto. Al igual que en su anterior casa ubicada en Diagonal Norte 943, el nuevo Teatro del Pueblo cuenta también ahora con dos salas, la principal, bautizada con el nombre de “Carlos Somigliana”, ubicada en planta baja con una capacidad para más de cien espectadores y otra, ligeramente más pequeña, ubicada en el primer piso, la “Teatro Abierto”. Solo que con una diferencia esencial –fundacional, sería la palabra correcta– : por primera vez en su historia, el Teatro del Pueblo tiene su sede propia, ubicada en la calle Lavalle 3636, gracias a la gestión promovida por la Fundación Carlos Somigliana –Somi– que desde hace más de veinte años preside el prestigioso dramaturgo Roberto “Tito” Cossa.

“Estamos cumpliendo un sueño. Si en algún momento parecía imposible, hoy siento que estamos frente a la materialización de ese sueño que por fin se hizo realidad”, señaló la dramaturga, actriz y directora Mariela Asensio, durante la inauguración del Teatro del Pueblo, celebrada el pasado 29 de noviembre, donde se hicieron cita distintas personalidades del ambiente teatral que también fueron partícipes fundamentales del proyecto colaborando en colectas que se llevaron acabo durante el año pasado en sintonía con el apoyo de Mecenazgo, Proteatro y el Fondo Metropolitano del Ministerio de Cultura de la Ciudad.

Para la construcción de la sala, recordamos, se contó con el apoyo de los organismos del estado, con una colecta de la comunidad teatral, así como con donaciones de los integrantes de SOMI y de otras entidades como Argentores.

Roberto Perinelli y Tito Cossa, inauguraron la sala con el toque de campana tradicional del Teatro del Pueblo

“La idea es a partir de ahora pensar una programación lo más amplia posible”, afirmó el dramaturgo Andrés Binetti, integrante de la Fundación Carlos Somigliana. “Esa es nuestra vocación. Tenemos la impronta de promover la producción nacional, básicamente desde la diversidad, es decir no pretendemos instalar una estética sino que haya teatro de calidad. Por otro lado, la Fundación nos da la posibilidad de que se encuentren las distintas generaciones. El teatro argentino está más vivo que nunca, fijate que hay entre doscientos y trescientos espectáculos por fin de semana”.

“Todo comenzó porque nos teníamos que ir de nuestra sede anterior y frente a esa circunstancia pensamos que lo mejor sería ir por todo y lograr una sede propia”, agrega Mariela Asensio. “Somos un equipo de personas distintas pero muy bien armonizadas. Tenemos mucha experiencia en gestión y por eso pudimos sortear todas las dificultades que fueron apareciendo a lo largo del camino. A partir de ahora vamos a poder enriquecer nuestras actividades porque al tener una sede propia se abre mucho el abanico de posibilidades. Inicialmente, el Teatro del Pueblo no sólo programaba y producía obras sino que también daba talleres, editaba y organizaba ciclos. Lamentablemente eso fue cambiando por la situación económica; pero ahora tenemos la esperanza de poder trascender esa dificultad. Para nosotros es muy importante que El Teatro del Pueblo vuelva a recuperar el espíritu de renovarse constantemente”.

Para el reconocido dramaturgo Héctor Oliboni en lo más esencial de El Teatro del Pueblo está el nacimiento, justamente, del teatro independiente, que nació alrededor de 1930 con una idea del escritor y periodista Leónidas Barletta. Y de ahí en adelante una trayectoria impresionante con mucha historia hasta que, hace poco más de veinte años, fue tomado por la Fundación Carlos Somigliana. “Esta última etapa, que es la que yo integro desde hace ya doce años, es una parte, te diría, fundamental de mi vida artística, y me siento muy feliz de ser parte de lo que hoy pudimos concretar. Un hecho histórico, sin dudas”.

El presidente de Argentores, Miguel Ángel Diani, felicita a Roberto «Tito» Cossa en la inauguración de la nueva sala

Por su parte, Roberto “Tito” Cossa recuerda aquel primer Teatro del Pueblo y, sobre todo, la figura de Leónidas Barletta como la de un hombre genéticamente antifascista y de gran liderazgo, tanto que convenció a Roberto Arlt de que escribiera teatro.

Roberto “Tito” Cosa: Nuestro mayor vínculo con Leónidas Barletta era por medio de sus textos periodísticos. Sacaba un semanario que nosotros lo esperábamos a la noche como pan caliente. Se lo clausuraban y volvía a salir. Además de ser un gran periodista, tenía buenos colaboradores. Y otra cuestión muy importante, no nos olvidemos de que fue él quien lo hizo escribir teatro a Roberto Arlt. Todas sus obras se estrenaron en el Teatro del Pueblo.

Fundado por Leónidas Barletta el 30 de noviembre de 1930 con la finalidad –escribe Sylvia Saitta, en El escritor en el bosque de ladrillo, una biografía de Roberto Arlt–, según se señala en su estatuto, de “realizar experiencias de teatro moderno para salvar al envilecido arte teatral y llevar a las masas el arte general, con el objeto de proponer a la elevación espiritual de nuestro pueblo”, El Teatro del Pueblo desarrolla sus primeras funciones en teatros barriales y plazas públicas.

Oficialmente inaugura su temporada el 14 de febrero de 1931 en un cine de Villa Devoto, con un programa que incluye La conferencia, de Mark Twain, interpretada por José Petriz, El cafetín, canciones de suburbio interpretadas por Virgilio San Clement; La madre ciega, boceto de Juan Carlos Mauri; Comedieta burguesa de Álvaro Yunque; y versos criollos recitados por Hugo D´Evieri. El programa se repite en otras dos salas de cines de barrio hasta que Barletta alquila la sala de la Wagneriana, ubicada en Florida 936, y allí debutan con un repertorio integrado por Títeres de pies ligeros de Ezequiel Martínez Estrada, La madre ciega y El pobre hogar, de Juan Carlos Mauri. Después de gestiones, idas y vueltas, Barletta obtiene que la Municipalidad le ceda el destartalado local ubicado en Corrientes 465 que tanto desconcierta a Arlt, quien esperaba encontrar otra cosa que asientos confeccionados con cajones de querosén, un escenario más pequeño que una mesa de comedor y metros de arpillera cumpliendo las funciones de telón.

Roberto “Tito” Cosa: Leónidas Barletta inauguró El Teatro del Pueblo en lo que había sido una lechería. Lo que sería ese lugar que incluso despertó la burla de Roberto Arlt en una nota que escribió. Después se fue a un teatro que ya no existe y no recuerdo ahora si estuvo en un lugar más hasta que recaló en el viejo teatro San Martín. Ahí estuvo hasta el año 1943. Se produce el golpe de Estado y lo echan. Entonces se va a Diagonal Norte 943 y ahí se instala. Cuando pienso en mis primeros contactos con el Teatro del Pueblo, me tengo que remontar al año 55, más o menos. Yo tenía poco más de veinte años. En ese momento ya estaban Nuevo Teatro, Fray Mocho, Teatro de los Independientes y unos cuantos más, lugares que para nosotros representaba el buen teatro.

Habla Roberto Perinelli durante la inauguración. A su lado, los integrantes de la Fundación Somigliana

¿A qué refiere con “el buen teatro?

Roberto “Tito” Cosa: Al teatro que incorporo cuando comienzo a escribir, que es el de Stanislavsksi. Los anteriores eran muy enfáticos y retóricos. Los actores ponían voces forzadas. Cuando nace este tipo de teatro cotidiano, verdadero desde el punto de vista de que si hablaba un padre contemporáneo, por ejemplo, hablaba como tenía que hablar un padre de esa época, yo me vuelco a esa clase de escritura. También había mucha influencia del cine, claro. Por lo tanto, para nosotros, el Teatro del Pueblo era antiguo. Sin embargo, su valor radica en que Barletta entendió que desde un pequeño lugar se podía resistir culturalmente y que el teatro debía ampliarse a la cultura en general. Por ejemplo, él llevaba poetas como Raúl González Tuñón, Nicolás Olivari, entre otros, personas que nunca habían escrito teatro. También instaló una especie de Galería para obras pictóricas. Todos esos artistas que hoy recordamos, no sé… Juan Carlos Castañino, por ejemplo, o Raúl Soldi, llevaban sus obras para exposición. Otra cuestión interesante que promovió Barletta fueron los debates sobre las piezas que se representaban.

¿Cuándo comienza a relacionarse activamente con el Teatro del Pueblo?

Roberto “Tito” Cosa: En una reunión, Raúl Serrano nos dice que nos quieren dar el Teatro del Pueblo. Éramos un grupo de autores y directores herederos del Teatro Abierto. Entonces lo fuimos a ver y fue conmovedor porque entre otras cosas que tenía el teatro de Barletta antiguo era una platea plana con buenas butacas y un escenario pequeño. Bien para escuchar, es decir, no para el espectáculo porque no tenía desnivel. Cuestión que tomamos el teatro, lo refaccionamos junto con el Instituto Movilzador de Fondos Cooperativos, que eran los dueños de las paredes, y se hizo una sala mucho más moderna. Pasa el tiempo y cuestiones que no terminaron muy bien, un día el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos nos convoca a los integrantes de la Fundación Carlos Somigliana, que por entonces no éramos mucho más de cinco personas, para que nos hiciéramos cargo del teatro. Aceptamos y estuvimos durante veinte años trabajando con una apuesta muy fuerte del teatro argentino sin tener en cuenta estilos ni edades. Sólo que fuera teatro de calidad.

¿Y por qué nace la Fundación Carlos Somigliana?

Roberto “Tito” Cosa: La idea de la Fundación nació cuando el autor empezó a ser cuestionado. Muchos años antes, allá por los 70, hubo una corriente que planteaba la muerte del autor. A lo que yo respondía: “Sí, pero donamos los órganos”. En esa corriente se planteaba una serie de cosas relacionadas con la decadencia de la palabra, y lo corporal comenzó a tener más lugar como forma de expresión. Vinieron las experiencias colectivas, también. Y hubo cambios en los estilos, por ejemplo, la incorporación de la influencia del teatro del absurdo, si bien también nosotros incorporamos esas influencias, digo los mal llamados “realistas”. Pero lo más importante tiene que ver con el cuestionamiento del rol del autor. Eso ya pasó en parte, aunque no del todo.

¿Qué motivó el proyecto de que El Teatro del Pueblo tuviera por fin su sede propia?

Roberto “Tito” Cosa: Nosotros empezamos a sentir la necesidad de tener un lugar propio para estar seguros de que el Teatro del Pueblo no desaparecería. Considerábamos que, así como no puede desaparecer el Café Tortoni, tampoco podía sucederle al Teatro del Pueblo. Entonces comenzamos a pensar qué posibilidades teníamos de comprar la sede de Diagonal Norte por intermedio de algún préstamo y lo planteamos. Nos dijeron que no. Es más, también nos dijeron que necesitaban que compartiéramos la sala. Y eso nos dolió. Así que nos propusimos comprar un teatro. Algo que para mí era realmente imposible, no así para la gente joven. Cuestión que nos dieron dos años de plazo, lo cual nos pareció una buena actitud y ahí comenzamos con las gestiones hasta finalmente poder lograrlo. Al igual que en la sede anterior pero en este caso invertido, homenajeamos al Teatro Abierto poniéndole su nombre a una sala y otra a Carlos Somigliana, SOMI, que aparte de un autor fue un amigo. En mi caso, un amigo entrañable. ¿Viste cuando uno piensa en un amigo? Bueno, ese amigo.