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OBRA EN CONSTRUCCIÓN

“El periodismo me dio una inmediatez, un rigor, una técnica investigativa que está impregnada en toda mi obra”

En una entrevista exclusiva, el autor y periodista Mario Diament habla sobre su método de escritura, su concepción de la dramaturgia vinculada con el periodismo y el contexto social de pandemia

“Dos argentinos se encuentran por casualidad en un café de South Beach, en Miami, en tiempos de la pandemia. Uno es un periodista, de paso por la ciudad. El otro es un expatriado, un personaje misterioso, que dice haber estado vinculado a los servicios de inteligencia. A lo largo de una conversación que comienza de manera trivial, el relato aborda algunos de los episodios más turbulentos de la historia argentina reciente”. Argumento inicial de El fixer, la nueva obra del prestigioso dramaturgo y periodista Mario Diament, interpretada por los actores Edgardo Moreira y Enrique Dumont, bajo la dirección de Daniel Marcove y Alberto Teper.

Para nuestra sección Obra en construcción, Mario Diament dialogó con Argentores, entre otros temas, sobre su método de escritura, su concepción de la dramaturgia vinculada con el periodismo y el contexto social de pandemia que lo llevó a tomar decisiones importantes tanto en su vida personal como profesional. “Hasta el mes de agosto del año pasado estaba trabajando aquí en la Universidad Internacional de Florida donde dicté clases de periodismo durante veintiocho años. Y como por resultado de la pandemia, las clases pasaron a dictarse on line, cosa que no me interesaba porque me parecía que enseñar con esa modalidad era totalmente contraproducente, entonces tomé la decisión de dejar la Universidad. Ahora, por primera vez en mi vida, soy lo que podría llamarse un autor full time. Lo cual es una novedad muy interesante para mí. Levantarse cada mañana para pensar de dónde vas a sacar un poco de imaginación para trabajar específicamente en tus obras es algo maravilloso. Ésta es una de las cosas que sucedieron a raíz de la pandemia. Pero esencialmente no cambió mucho mi estilo de vida”.

“En lo que se refiere a El fixer, la escribí antes de la pandemia. La posibilidad de que sucediese lo que sucedió era totalmente impensable y comencé a trabajar con Daniel Marcove, director con el que llevamos hechas varias obras. Junto con Alberto Teper hemos generado un equipo donde se concretizan los proyectos, además de que nos une una relación afectiva. En su momento, yo les propuse la idea, ambos la leyeron y les gustó mucho, pero cuando decidimos hacer la obra ya se había instalado la pandemia. Recuerdo que Daniel Marcove, luego de haber hecho algunos ensayos en Zoom con los actores, me dijo que le molestaba la noción de que la obra estuviera sucediendo en un tiempo que ya no existía más. Después de cierta resistencia empecé a pensar un poco el texto y resultó muy interesante trasladar la situación al medio de la pandemia. La obra tiene ahora una actualidad mayor, en este sentido la pandemia se convirtió en un actor de este proyecto”.

Pero no modificó el argumento de la obra

No, esencialmente la temática de la obra no cambió. Esta adaptación le dio un ángulo que la enriqueció considerablemente. En el sentido de que se ajusta con naturalidad al espíritu actual. Por supuesto, en este caso la obra lo permite porque aborda una temática casi inmediata como si trabajara con elementos periodísticos. Para mí el teatro y el periodismo son parte de una misma cosa.

¿En qué sentido?

Bueno, ambos se nutren. Yo trabajé en el diario La Opinión con Jacobo Timerman. Un día, refiriéndose a mí, Timerman dijo: “Diament no es un periodista que escribe teatro. Es un dramaturgo que hace periodismo”. Y yo creo que acertó mucho. En cierta medida era cierto, no porque uno prevalezca por sobre el otro sino porque el teatro me daba una visión muy creativa y rica sobre la realidad que yo podía trasladar al periodismo. Al mismo tiempo, el periodismo me dio una inmediatez, un rigor, una técnica investigativa que está impregnada en toda mi obra.


Las obras de Mario Diament se han representado en más de veinte países. Como autor teatral ha sido reconocido con premios nacionales e internacionales, incluyendo el Premio Konex (2014). En su producción se destacan Crónica de un secuestro, El Invitado, Tango perdido, Esquirlas, El libro de Ruth, Cita a ciegas, Un informe sobre la banalidad del amor, Por amor a Lou, Tierra del fuego, Guayaquil: una historia de amor, Pequeñas infidelidades y Moscú, todas ellas estrenadas internacionalmente. Es autor de la novela Martín Eidán y de trabajos de no ficción como Conversaciones con un judío y El hermano mayor – Crónicas norteamericanas.


¿En qué situación diría usted que se encuentra el periodismo?

Creo que el periodismo está en un momento bastante crítico en cuanto a su relación con la realidad. Esto lo pienso tanto para Argentina como para Estados Unidos o cualquier otro país. El siglo XXI es el siglo de la mentira porque adquiere una importancia, deliberada o no, que se vuelve por momentos más influyente que la verdad. Sin ninguna evidencia. Eso es lo interesante, la evidencia ya no es necesaria. Al periodismo le cuesta mucho remontar esta situación. En mi caso, si bien es cierto que en el teatro trabajo con situaciones imaginarias, la mayor parte de mis obras tienen una relación muy directa con la realidad. Muchas toman hechos históricos. En eso a mí el periodismo me sirvió mucho en materia de investigación como recurso de ideas que llegaron después a plasmarse dramatúrgicamente. En el fondo es una búsqueda de la verdad o de diversas verdades.

En el caso de El fixer, ¿cuál fue esa búsqueda?

Lo que pasó con El fixer es que había algunos temas de Argentina que a mí me golpeaban y no terminaban de cerrarme. Una de las cosas que me pasó cuando decidí que le había dado ya suficiente parte de mi vida al periodismo, y era el momento de darle más importancia al teatro, es que entendí que muchas de las cuestiones que antes me preocupaban como periodista me preocupan ahora como dramaturgo. Y es simplemente otra manera de abordarlas, mucho más rica y profunda para mí. Hay una cantidad de cuestiones que tienen que ver con el poder y la corrupción que resultan difíciles de transmitir dramáticamente, pero de pronto cuajaron en esta idea de El fixer. La obra se llamaba originalmente La conversación pero también a partir de una sugerencia de Daniel Marcove, nos decidimos por el título actual. El personaje se autodefine como un fixer, es decir un tipo que arregla quilombos, aquellas cosas que no tienen arreglo.

«El siglo XXI es el siglo de la mentira porque adquiere una importancia, deliberada o no, que se vuelve por momentos más influyente que la verdad».

¿Cómo es su proceso de trabajo?

A mí me cuesta mucho concebir una obra antes de escribirla en su totalidad. Soy incapaz de pensar qué va a pasar pero tengo un buen instinto para identificar lo que podemos llamar el momento dramático de una obra. Es un recurso que te da muchas posibilidades. Entonces empiezo a trabajar sobre una situación dramática que puede ser un encuentro, una conversación. A medida que escribo, la obra se va configurando. De alguna manera es un espejo de lo que yo espero que le suceda al público, es decir que vaya descubriendo. En el proceso creativo no sé demasiado sobre los personajes, al escribir voy aprendiendo, encontrando cosas que a veces surgen muy espontáneamente. Un diálogo, por ejemplo, o una réplica tiene información sobre el personaje ante lo cual tengo que estar alerta. El primer chispazo es una situación dramática, siempre. Por ejemplo, el primer impacto en Un informe sobre la banalidad del amor fue acordarme de haber leído que Hannah Arendt había sido amante de Heidegger y pensar en lo raro de eso, que una mujer judía fuera amante de un filósofo que se proclama nazi y que la relación se termine cuando ambos se definen pero que siga más allá de esto. Ahí empiezan mis preguntas. ¿Cómo fue esta relación? ¿Qué se decían? Y empiezo a investigar, por ejemplo, en la correspondencia entre ambos para intentar encontrar respuestas. Lo mismo me sucedía como periodista. Una obra se arma en mi cabeza de esa manera.

«A mí me cuesta mucho concebir una obra antes de escribirla en su totalidad», asegura Mario Diament

¿Y en relación a El fixer?

Yo estaba buscando reflejar un clima. Creo que los argentinos estamos parados sobre una torta movediza donde vos leés un diario y tenés una imagen de la realidad y leés otro diario que te ofrece la imagen opuesta. Pero no es una zona donde no hay nada parecido, es blanco o es negro. Y vos y yo sabemos que no pueden ser las dos cosas, puede entonces que no sea ninguna de las dos. Las dos no pueden ser. Entonces, esa ambigüedad, que también es parte del carácter nacional, nos hace especiales a los argentinos. Eso es lo que me conformaba el personaje principal de la obra, un ex de los servicios que está semi exiliado en Miami y que parece saber muchas cosas porque ha sido partícipe de varios hechos recientes. Al menos parece así, él dice que sabe. Tiene mucha información, ¿pero será cierto? En cuarenta años de periodismo conocí mucha gente que te daba información y vos tenías que matarte para intentar verificarla, por eso te mencioné antes lo de la ambigüedad. Así empecé a escribir y decidí que lo mejor era una conversación con un periodista que está de paso por Miami y de pronto se encuentra con este hombre. Charlan de bueyes perdidos al principio y cuando el tipo se entera de que está hablando con un periodista, empieza a contarle cosas. ¿Por qué se las cuenta? No se sabe. Me acuerdo de que una de las preguntas que me hacían los actores o Daniel Marcover era cuál es el interés que tiene de contarle al periodista todo lo que le cuenta y yo intenté explicarles que la gente tiene una fascinación muy enfermiza con la prensa y a veces te cuentan cosas que ellos mismos no se proponen contar. Y vos te decís, ¿lo cuenta para que se publique? Quién sabe. En última instancia si me lo cuenta tampoco voy a indagar demasiado más allá de lo que necesito. Bueno, esta es la situación que a mí me parecía muy rica y que, como te dije, tiene que ver con hechos recientes de Argentina y otros no resueltos donde este tipo parece tener la clave.