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“El peor pecado del teatro es ser aburrido”

La directora Lía Jelín participó del ciclo «Los Creadores», donde dialogó con la periodista Alicia Petti

La directora teatral, actriz, bailarina y coreógrafa Lía Jelín fue entrevistada el lunes 26 de agosto en el ciclo “Los creadores”, que organiza Argentores y conduce la periodista Alicia Petti.

El encuentro con la directora de la exitosa obra Toc Toc se realizó en el auditorio Gregorio de Laferrère de la sede de la entidad.

Tras la presentación de Jorge Maestro, Presidente del Consejo Profesional de Televisión, el acto transcurrió entre anécdotas, recuerdos, testimonios grabados (entre ellos, los de Enrique Pinti, Carlos Rottemberg y Mauricio Dayub) y cálidas palabras en la platea de personalidades muy cercanas a Jelín, como Ana María Stekelman, Thelma Biral, Jorge Schussheim, Jorge Suárez, Jorge Marrale y Nacho Gadano.

Jorge Marrale estuvo presente para homenajear a la directora

A poco de empezar la charla, sin dejar lugar a la duda, la directora lanzó: “todo, todo lo que aprendí, lo aprendí de Dore Hoyer”, en referencia a la notable bailarina y coreógrafa alemana. Aunque con el correr de la entrevista, mencionó a muchos otros que también dejaron su huella en su vida.

Jelín habló de todo y de todos, dejando definiciones contundentes: “el peor pecado del teatro es ser aburrido”, por ejemplo, o “el humor duele, si no hay dolor no hay humor”. Sobre su labor como directora, aseguró: “no se puede ser director si uno no es generoso” y subrayó que también “hay que saber trabajar con el deseo de los actores”.

En relación con su trayectoria, Jelín no dudo en decir que “en mi carrera hubo más fracasos que éxitos” y se confesó una apasionada: “me gusta el show, yo pasé por Tabarís, por Kings, entre coperas y culos al aire… y me gusta también lo que es serio, claro”.

Más de una vez, la directora dejó entrever la importancia de sus veinticinco años de psicoanálisis en su carrera: “trabajo con el deseo, con los recuerdos, con las asociaciones”, para agregar luego: “creo que mi pasión por el teatro es lo que me mantiene con esta vitalidad”.

Sobre su amigo Tato, recordó su generosidad y su talento: “Bores tenía un don extraordinario, como pocos actores lo poseen: decía los textos como si él los hubiera pensado, con esa naturalidad”.

Jelín confesó que su “asignatura pendiente” es dirigir la tragedia shakesperiana Tito Andrónico. “Es una obra feroz, quiero hacer un festival de la venganza”, afirmó.

A lo largo de la noche, también rememoró los años rebeldes del Di Tella y la historia de aquel Juan Moreira Supershow que marcó su carrera de un modo especial. “Estuvimos seis años buscando productores porque nadie quería hacerlo y finalmente estuvo seis temporadas en escena”, contó.

Jorge Maestro y Lía Jelín durante la noche del miércoles en Argentores

La directora también habló del impacto que sintió cuando leyó por primera vez el texto de Toc Toc: “Todos me decían que no era muy buena. Incluso el productor no estuvo seguro de hacerla hasta que la vio en México. Pero a mí el tema me interesó, había algo de Sartre y también de Esperando a Godot”.

Más adelante se refirió a los géneros tan dispares en los que incursionó y que confiesa disfrutar: el grotesco argentino, la televisión masiva (dando vida en la ficción a Berta, la esposa de Bores), el varieté judío, el cancionero italiano y la típica comedia francesa.

Asimismo, con emoción, evocó su niñez, marcada barrio de La Paternal y aquellas visitas al parque Centenario con su familia a los ocho años para ver los espectáculos al aire libre del Teatro Colón. “Creo que aquello tuvo mucho que ver con lo que sería mi elección artística”, afirmó.

Jugando junto a Ana María Stekelman en la platea del auditorio

Recordemos: Jelín estudió danza en Israel -en la escuela de Martha Graham-, composición coreográfica con Josef Tal, danza moderna con Renate Schottelius y actuación con Beatriz Matar, Antonio Mónaco y Augusto Fernández. Como actriz fue coprotagonista de Tato en su ciclo humorístico, y con Iris Marga y Marilú Marini en Familia de artistas, en el Teatro Maipo, entre otras actuaciones. Tuvo a su cargo la puesta en escena de Viet-rock, de Megan Terry, y Juan Moreira Supershow, de Pedro Orgambide y Jorge Schussheim. En 1973 dirigió El gran soñador con Héctor Malamud y Leonor Galindo sobre Charles Chaplin, con música de Mario Litwin. También coreografió Las mil y una Nachas, el espectáculo de Nacha Guevara y Claudio Segovia. Dirigió numerosas obras de teatro, entre las que pueden mencionarse El rey se muere, Shakespeare comprimido, Confesiones de mujeres de 30, Los caballeros, Maní con chocolate, Adolece que no es poco, Monólogos de la vagina, Aryentains, El día que Nietzsche lloró y actualmente Buena presencia entre muchas otros otras, demostrando en todas ellas su versatilidad y gran creatividad.