Revista Florencio

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El pensamiento analógico en tiempos digitales

Es muy cruel la ideología del GPS, que la gente tenga un rumbo irremediable indicado por las computadoras. Si Ulises hubiese tenido GPS nos hubiéramos perdido la belleza de sus intentos por volver a Ítaca. El GPS nos hace extraviar el tesoro de la incertidumbre, no nos permiten la aventura de la duda, el tropezar con los oros de los arrabales, con las calles secretas, con todo aquello que uno encuentra al perderse.

Algo parecido ocurre con el creador y el espectador que no han tenido la experiencia de transitar el camino de la elaboración y del consumo de cultura y espectáculos en la era analógica. Por entonces el creador tenía que ir armando sobre la marcha, como el editor que con cinta abierta tenía que cortar, remendar, y seguir. Hoy, la cultura digital le exige bajar, antes de comenzar, todo el material que va a necesitar.

Es decir, ya tiene que tener sacado el pasaje a destino.

El editor, productor artístico y armador de radio Eduardo Gudiño, reflexionó: «Trabajar analógicamente, por una cuestión material, nos obligaba a ir construyendo paso a paso un contenido artístico, tomando caminos, sin saber bien del todo, hacia dónde íbamos, había algo mágico en eso».

El oyente o espectador tenía que escuchar o ver su programa en el único horario y radio o canal, o  esperar una semana para ver otro capítulo de su serie. No había plataformas como youtube o radiocut, ni podcast para recuperar la emisión, ¡eran otros tiempos! Todo era más artesanal, los tiempos corrían por otros relojes, sin embargo, el creador y el espectador de entonces tenían ventajas. La espera de la llegada de esos contenidos, era también un hecho cultural, una pausa que edificaba algo en la vigilia, que  sacaba del rol pasivo al espectador, y lo hacía ser parte de eso que con ansias aguardaba.

El creador tenía la posibilidad de intercambiar con la audiencia, en una época en la que no existían las redes sociales, los ida y vuelta consistían en la llegada que tenían esos programas luego de ser emitidos, a veces eran temas nacionales. La gente (si es que existe esa entelequia tan usada por la política) estaba más cerca de sus historias: la radio colonizaba la cocina, el televisor, el comedor.

Las personalidades y las obras nacionales se esparcían por toda la casa, Antonio Carrizo era una voz más de la familia, Migré, y tantos autores y autoras más, eran los genios de la lámpara que le  permitían al pueblo imaginar. Había un espectáculo nacional cotidiano, temas que la radio y la tele instalaban en la agenda cultural de la sociedad, aportando identidad. Los personajes tenían correlatos con parientes, amigos, personas que te cruzabas todos los días.

En medio de esto, los creadores y creadoras nacionales deben adaptarse, no solo a las exigencias de las plataformas gringas, sino al color que ellas han impregnado en el espectador nacional. Hay una generación de argentinos que sabe más de Alburquerque, ciudad en la que transcurre la serie  Breaking Bad, que de su propio barrio, que es contado o por las alertas o emergencias de canales de noticias, que hacen cotidianamente el conteo de crímenes, o por algunas ficciones realizada por productores criados en Miami, que hacen un retrato de ciertos barrios (especialmente del conurbano) como el documentalista ante las leonas en medio de la casa. Un turismo exótico que hace de esa zona, el nuevo oeste donde vaqueros e indios se enfrentan.

Pedro Patzer y Eduardo Gudiño

Eduardo Gudiño insiste en que hay que tener un pensamiento analógico en tiempos digitales, es decir, aprovechar toda la evolución que ha traído la era digital, no obstante, preservar esa chispa que enciende las mejores antorchas y no entrar tanto en ciertas «delicatessen» técnicas, sino concentrarse en la incertidumbre del creador en medio de su aventura. La certeza digital genera fórmulas que corresponden a la «cajita feliz» que propone el sistema, pero solo trae respuestas a preguntas que ya nadie se hace. En cambio, desactivar el GPS cultural nos da la posibilidad de desandar el misterioso y pedagógico camino de las preguntas. Se sabe que las mejores creaciones de la humanidad no nacieron, precisamente de las certezas.

Tal vez, ante tanta juventud idolatrando el GPS cultural que instalaron las plataformas, necesitamos nuevos creadores que se animen a creer que ellos pueden contar sus historias, y a partir de tomar nuevos caminos, en los que, posiblemente, se pierdan varias veces, seguramente, tarde o temprano, hallarán un destino cultural y creativo que los sorprenderá.

Pedro Patzer