Revista Florencio

LOS 70 AÑOS DE LA TELEVISIÓN ARGENTINA

«El Marginal»: cinco miradas sobre un fenómeno

El equipo de guionistas de «El Marginal» habla sobre su trabajo en la exitosa serie

La aparición de El Marginal -recordamos, serie de televisión argentina de drama policial-, logró en su momento notables niveles de audiencia y muy buenas críticas por parte de la prensa especializada. Una gran cantidad de autores y autoras dio forma a la historia. En la primera temporada (13 capítulos) escribieron Guillermo Salmerón, Silvina Olschansky y Nicolás Marina; en la segunda (8 capítulos), Guillermo Salmerón, Silvina Olschansky, Nicolás Marina y Andrés Pascaner; en la tercera (8 capítulos, Nicolás Marina, Andrés Pascaner, Omar Quiroga, Natalia Torres y Gabriel Macias; en la cuarta (8 capítulos), Nicolás Marina, Andrés Pascaner, Omar Quiroga, Natalia Torres, Gabriel Macías y Alejandro Ciancio y en la quinta (6 capítulos) Omar Quiroga, Natalia Torres, Gabriel Macías, Alejandro Ciancio y Alejandro Quesada.

Para poner la historia en contexto y actualizarla: Pastor vuelve a encontrarse con la banda de los Borges en Puente Viejo, pero las reglas en este Penal ahora las ponen otros. Nuevos personajes harán transitar a los hermanos Borges por caminos de oscuridad. Temporalmente, El Marginal 4, a emitirse por Netflix, se ubica luego de la temporada 1. Es esperada por el público después de las precuelas (2 y 3) y por el regreso del personaje de Pastor.

Florencio dialogó a fondo con cinco de sus guionistas, con quienes repasamos detalles de la puesta en marcha de la producción en particular y, al mismo tiempo, del complejo panorama que enfrenta la actividad audiovisual en nuestro medio.

Macías: “Escribir en El Marginal me hizo crecer como autor”

Gaby Macías

Gaby Macías, consultado acerca de cómo fue el comienzo de su relación con el ciclo, cuenta: “En 2013 comencé a trabajar con Andrés Pascaner en Taxxi: Amores Cruzados, que se emitió por Telefé. A partir de ese trabajo nos hicimos amigos y compañeros en este camino de la escritura. Los años siguientes escribimos varios proyectos juntos (que no vieron la pantalla). Hubo propuestas, pero nunca se dio la oportunidad de volver a trabajar juntos, hasta que lo llamaron para ser autor de la temporada 3 de El Marginal y él me llamó a mí para hacer los diálogos. Claramente, fue una gran responsabilidad entrar a una serie de tal magnitud. Había que estar a la altura de la historia, de los personajes y de la oportunidad que los autores y los productores me estaban dando. La espera se hizo un poco larga, ya que con Natalia Torres (otra amiga que me dio esta profesión) comenzamos a escribir en el capítulo 3. Vimos las primeras dos temporadas muchas veces. Personalmente, anoté en un cuaderno todas las características que graficaran la esencia de los personajes más importantes y también hice una lista de las palabras o frases que más usaban, para captar de qué manera se relacionaban ellos con el lenguaje, con la construcción de las frases, y demás. Aun así, más allá de toda la preparación, había cierto temor con estar o no a la altura. Pero cuando me senté frente a la PC a escribir el primer capítulo, los personajes empezaron a fluir, las escenas, el juego, y de esto ya pasaron 4 años y dos temporadas más.”

¿Hay una tendencia en 2021 a que de a poco se vaya recomponiendo el mercado, ante la aparición de nuevas ficciones, de la mano de las distintas plataformas? ¿Hay razones para un optimismo moderado, tras un largo parate? Ante ese escenario, esboza el autor: “Acabo de leer que a partir de una inversión del Estado se elegirán más de 80 proyectos en un concurso. También entiendo que se tomaron ciertas medidas para promover la producción audiovisual nacional. La inversión del estado es importante, pero no debería ser la única. Tanto el sector privado como el público deberían invertir más en ficción, que no es más que invertir en cultura. Por otro lado, más allá de la inversión en ficciones, se necesita que mejoren las condiciones para los autores, tanto para los que encabezan los equipos, como para los que están en puestos que no aparecen en la placa principal de los créditos.”

Al preguntársele si en su opinión hay todavía “espacio” o esperanzas para un posible regreso de las ficciones a los canales de aire o hay que ir pensando que éstas tendrán lugar solo en plataformas de streaming, etc, dice: “No sé si en el corto plazo pueda pasar. Tampoco sé cuánto más existirá la televisión, así como la conocemos. Hoy hay un avance de las producciones de ficción para nuevas plataformas, de las más conocidas como Netflix, Amazon, Disney, y otras, pero también para plataformas de videos cortos, donde también se cuentan historias. Creo que hay que mirar los tres caminos: el de la TV, al que a todos nos gustaría volver a ver con más contenido de ficción nacional; el de las plataformas grandes como las mencionadas; y también a esto nuevo que se abre, que, si bien aún no conocemos tanto, ni es tan redituable, de acá a algunos años puede convertirse en el refugio de ese contenido que antes mirábamos por la tv y que hoy está desapareciendo. Y acá hago un paréntesis: adaptarse a las nuevas formas de hacer contenido de ficción para plataformas no significa estar a favor de la flexibilidad de los derechos autorales. Hay que mirar con esperanza, pero también con atención este nuevo desarrollo, que a su vez puede estar beneficiándose con la desatención que la tv tradicional tiene con la ficción.”

Macías, ante las evidentes modificaciones que se están produciendo en la actividad a raíz de la mayor presencia de la mujer dentro y fuera de la pantalla, no duda en responder. “Creo que una mujer que trabaje en el medio podría decir con más exactitud si se están produciendo esos cambios o no. Lo que sí creo que, desde hace no tanto tiempo, se buscan con más frecuencia historias de mujeres y también darles otra mirada a estos personajes de ficción femeninos, así como a los masculinos respecto a los femeninos y de otros géneros. Cualquier proyecto nuevo que uno encara es una invitación a repensar los viejos esquemas heredados.”

Sobre cómo imagina en el corto o mediano plazo a la situación de la industria audiovisual en general en nuestro país y de la ficcional en particular, advierte que “la esperanza es lo último que se pierde, dicen.” Subraya entonces: “Pero, se pierde…y por momentos, la pierdo. Pero después te das cuenta de que uno tiene que seguir trabajando igual. Y así estamos, trabajando mal, pero seguimos. Así que te contesto con otra pregunta: ¿cómo la imagino o cómo la quiero imaginar? Hay que cuidar la cultura, la ficción, a los generadores de contenidos culturales, no solo a los escritores, hablo de todos los rubros culturales. Y también devolverle al autor el lugar que se merece y que le pertenece. Los autores tomamos de la realidad para hacer ficción, y la realidad toma de la ficción también para poner cosas en debate, para modificar la realidad, para hablar de cosas que pueden transformarnos (para bien, es la idea). Ojalá se tome conciencia de lo importante que es nuestro trabajo en la sociedad, y se respete como tal. La gente sigue buscando aprender y evolucionar. Las personas buscan respuestas, miles de respuestas que no tiene, que no tenemos, muchas existenciales y otras más cotidianas, por ejemplo: cómo resolver un problema con tu pareja, o con tu hija. Buscamos sortear los conflictos que nos van apareciendo (como individuos y como especie) para avanzar hacia lo que sigue (que no tenemos idea qué es). Y muchas veces no hace falta que nos cuenten nuestros propios problemas, con mirar los de los otros y empatizar nos alcanza para adoptar otra actitud en nuestra vida. Otras veces sí se alzan voces puntuales, que han sido calladas en otros tiempos, es una forma de que la sociedad también vea lo que ha venido dejando de lado, postergando… Que la sociedad lo tome y lo mire es una forma de que lo reconozca (claro que con esto solo no alcanza)”

Macías concluye: “Escribir en El Marginal sin dudas me hizo crecer como autor. Algo que aprendí es que mientras mejor es la comunicación con tus pares, mejoran las probabilidades de hacer un buen trabajo. Creo que los autores no debemos olvidarnos que escribimos para transmitir mensajes y que no todos los mensajes valen lo mismo. Escribimos para decir, para mostrar, para trascender, para modificar al otro y a nosotros mismos, y con esto, a la sociedad. A veces escribimos para entretener, muchas veces, porque necesitamos comer, claro. Pero buscar el ‘para qué escribimos’ creo que es el camino que no tenemos que abandonar. Y en unos años, obviamente, releeré esto para recordármelo.”

Omar Quiroga, buscando las mil y una noches argentinas

Omar Quiroga

A su vez, Omar Quiroga, de cara a la situación global de la actividad reflexionaba: “El cumpleaños 70 de nuestra TV es un hecho para celebrar. Son muchos días y noches que narran una historia maravillosa: la del florecimiento de una comunidad creativa que desde sus primeros pasos se destacó como usina de formatos, en múltiples géneros: ficción, información, entretenimiento, divulgación. En pocos años, logró hacer confluir fenómenos artísticos, tecnológicos, económicos, culturales, y retrató una sociedad acostumbrada a disfrutar la diversidad de lenguajes. En esos armatostes ubicados en el comedor diario de las familias argentinas, como un integrante más de los hogares, cobraron cuerpo las voces de la radio, la tradición literaria y teatral encontró un lugar donde exhibir su búsqueda permanente de renovación a partir de la multiplicidad de géneros, un vigoroso cine nacional le renovó sus atributos como producto de exportación regional, aportando figuras que cruzaban las fronteras, y la escena musical instaló sus fuentes autóctonas (zambas, vidalas, chamamés, chacareras que inundaban el país), los sonidos que la migración trajo en ‘los barcos’ (tarantela, habanera, pasodoble, rumba o jazz), los inventos locales: la milonga y sus décimas junto al tango, que en los años ´50 y luego de asombrar al mundo, reinaba aún en Buenos Aires.”

“Un paneo por esa historia plagada de experiencias y aventuras puede ofrecernos un activo, un conocimiento que ayude a enfrentar la actual crisis impuesta por la pandemia. Pero mejor aún, podrá echar luz sobre otras crisis, más profundas, que configuran además desafíos a futuro: cómo adecuarse a la convergencia entre pantallas, sus nuevos actores de producción y distribución, cómo lidiar con la escasez de financiación (o su inaccesibilidad), y, sobre todo, algo que a los autores nos interpela directamente: qué hacer frente a la concentración de contenidos. Inevitablemente la competencia por el mercado mundial de contenidos repercute en el ámbito local y nos obliga a adaptarnos, pensar estrategias y formas de ponerle el pecho a una ola enorme de contenidos que en su amplia mayoría es creado, planificado, elaborado y producido afuera de nuestras fronteras. Pensado y escrito en idiomas que no son el que hablamos habitualmente. Predomina como fuerza hegemónica el idioma inglés, pero últimamente se le suma la producción asiática. No es algo nuevo; la tensión entre la producción local y el contenido estadounidense o europeo es de larga data, a ella nos acostumbramos y a pesar de ella sobrevivimos. A veces se intentó hacerle frente regulando cuotas de pantalla o a través del fomento estatal, buscando favorecer la producción local. Sin embargo, aunque podamos renovar las normas y requisitos, y las ayudas se multipliquen, difícilmente se pueda legislar o atemperar con medidas ejecutivas el fuerte impacto cultural que han sufrido a lo largo de medio siglo nuestras audiencias.”

“Frente a esta realidad, los autores, ¿qué hacemos? ¿Aprender turco, chino, coreano? Hablar inglés a los ponchazos alcanza para participar de reuniones y “pitchear” nuestras propuestas, entender lo que nos piden sin necesidad de subtitulado. Pero escribir, eso todos o casi todos los autores argentinos lo vamos a seguir haciendo en el idioma que en nuestro medio han sabido usar desde hace un siglo García Velloso, Pondal Ríos y Olivari, Homero Manzi, los Discépolo, Niní Marshall, Aída Bortnik, Wimpi, Tito Cossa, Nelly Fernández Tiscornia o Alberto Migré (suelto nombres al azar que me trae la memoria, entre cientos de creadores de historias maravillosas). Alguien podrá decir: ‘bueno, pero era otra época, otro país’. Es verdad que en algunos casos el contexto en que muchos autores plasmaron su obra pudo haber sido más próspero y favorable, pero camadas completas tuvieron que crear en tiempos de crisis, escasez y cambios del mapa de medios. Es un hecho que la televisión, cuando llegó, provocó alarmas y temores por la desaparición de la radio, el cine, el teatro. Pero nuestro medio, nuestro público, sigue ahí, a pesar de los vaivenes no se fue a ningún lado, simplemente crece y expande sus horizontes, requiere contenidos, información y entretenimiento que los autores nacionales tenemos que hacerle llegar. Aún en estos tiempos en que pasaron muchas cosas, tras cartón llegó la pandemia. En la situación laboral crítica en la que nos encontramos, se advierte que la precariedad puede afectar el valor de nuestra escritura y su insumo principal: el imaginario que conforma nuestras historias originales, y su color local, que pasó de ser el estándar a convertirse en contenido raro o exótico. Es el momento de pensar soluciones para recuperar el público que se aleja de una industria local cada día más dependiente de los deseos y necesidades de productores y emisores internacionales. Necesitamos llamar la atención de nuestra propia audiencia, cada vez más proclive a dedicarle tiempo a la producción pesada, lo que en criollo se traduce en abundancia de locaciones, elencos, y acción en pantalla que implica segundos y terceros planos, fondos en movimiento, efectos y parafernalia lumínica. O sea, costos de financiamiento y producción que para la producción local resultan inalcanzables.”

“Aclaro -por si fuera necesario- que no tengo nada contra los contenidos importados, o la proliferación de nuevos canales y medios de distribución. Los disfruto como espectador y como autor, y así como ahora deambulo permanentemente por plataformas y dispositivos, antes lo hice a través de DVD, canales P2P, discos truchos en la esquina del súper, en el cine que te dejan comer pochoclo, en VHS, y mucho antes en los cines de mi barrio que ya no existen. Aún antes, pertenezco a las primeras legiones de niños que ‘miraban la tele´, en mi caso frente a la caja de madera enorme que emitía rayos sin colores, en casa de mi abuela, cuando mi mamá nos dejaba quedarnos frente a la pantalla, al regreso de la escuela. Comenzó entonces para mí un mundo de ensueño que me introdujo a las andanzas de Don Diego de la Vega y al Sargento García, de Tarzán, de Ladrón sin destino o La mujer biónica, pero también de Hijitus, Martín Karadagián y los Titanes en el Ring, el Capitán Piluso, Pepe Biondi, el circo de Marrone y los Payasos de la Tele, Carlitos Balá, Pipo Pescador, o las historias para no dormir de un Narciso Ibañez Menta encarnando al Hombre que volvió de la muerte. Igual que recién, sólo menciono de memoria títulos de programas que brillaron por poseer, entre otros atributos, un enorme peso autoral: Cosa Juzgada, el Teatro como en el teatro, Rolando Rivas, Jacinta Pichimahuida, Polémica en el Bar, y otros que imantaban a la audiencia y disfruté en mi infancia, que duró un rato nomás, y se pasó volando, entre los últimos años 60 y los primeros 70. Sobre cualquier período podría decir lo mismo, incluso en este momento, mientras escribo, buceo en la pantalla de la compu y encuentro a los Okupas o las Pequeñas Victorias, El Marginal, la de Tevez, la de Maradona, o la recién estrenada y polémicamente exitosa El Reino que sidiosquiereylavirgen anuncian que tendrá segunda temporada. Estas y muchas otras brillan como luceros y reciben reconocimiento internacional. Pero, a pesar de los hits actuales o futuros (Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez, El Eternauta, de Germán Oesterheld o 1985, sobre el juicio a las juntas de la dictadura 1976-1983) es un hecho que con los años el camino para llegar a nuestra propia audiencia se ha vuelto más largo, estrecho y selecto.”

“Podemos crear éxitos regionales y mundiales, pero en esencia somos autores criollos, y ése será posiblemente nuestro mayor aporte. Al igual que la audiencia argentina forma parte del conglomerado mundial de público, pero sigue manteniendo una dosis de preferencia por el sabor propio. Cualquier autora o autor nacional que lleve un tiempo recorriendo pisos y escribiendo libretos, puede dar un testimonio similar a éste. Y espero coincidan conmigo en pensar que en nuestra tele local y asumiendo los desafíos, aún podemos encontrar caminos para crear productos y formatos con producción propia, arraigo popular, sentido de pertenencia e identidad. Más allá de pandemias y crisis, poseemos una riqueza intangible hecha en base a pensares, sentires y decires propios de una idiosincrasia única. Historias, conflictos y personajes que conforman un tesoro incalculable: el de nuestras mil y una noches argentinas.”

Nicolás Marina: el lugar de los guionistas es siempre complejo

Nicolás Marina

“Son tantos los aspectos de El Marginal que me llevan a la reflexión que no sabría por dónde empezar. Vamos a lo que, para mí, fue el principio”, expresa Nicolás Marina. Luego, puntualiza: “En el año 2015 fui convocado para colaborar en los guiones de la primera temporada como dialoguista, y a partir de ahí fui pasando por todas las instancias autorales. En ese momento aún no estaba elegido el elenco, cosa que sucedió cuando ya estábamos muy avanzados en la escritura de los libros. Es decir: cuando empezamos a escribir, los personajes aún no tenían una cara definitiva. En la etapa de rodaje el universo de San Onofre terminó de cobrar forma. Desde que terminamos de escribir el último libro hasta que la serie se estrenó en la televisión pública, pasaron varios meses. Creo que la repercusión que tuvo excedió las expectativas de todos. Por aquellos días he llegado a escuchar a gente en el subte comentando la serie como si hablaran de algo que habían visto en el noticiero, y conocidos y desconocidos que sabían que yo había estado involucrado en la escritura me contactaban por redes sociales para preguntarme detalles sobre la trama, o sobre el pasado y las motivaciones de los personajes. Pastor, Diosito, Mario, Antín, de repente estaban vivos. La gente los sentía reales y se identificaba con ellos, para bien o para mal. Evidentemente estábamos ante lo que se suele calificar como un fenómeno. Si bien El Marginal, como ficción, nunca buscó reflejar con precisión documental la realidad que se vive en los establecimientos carcelarios de la Argentina, hay algo del verosímil que se construyó que impactó fuerte en el imaginario colectivo, lo que hizo que la serie fuera un éxito primero acá y después en el exterior. ¿Qué es ese algo? No sé si podría identificarlo con exactitud, porque al estar tan involucrado en su desarrollo cualquier análisis de mi parte estaría teñido de subjetividad. Pero creo que eso que pasó con la serie se logra cuando, más allá de todo el marketing y la prensa que pueda tener una ficción encima, la historia que se cuenta está contada con honestidad. Y cuando digo ´honestidad´, me refiero a cuando historia está contada sin dobles intenciones, sin que prevalezca el interés comercial, ideológico o personal sobre el interés narrativo; cuando está contada por el puro deleite de contar una historia bien contada. Y cuando, aunque las premisas de las que parte no sean 100% originales, tampoco esté copiando fórmulas, sino apelando a ciertas problemáticas existenciales que en la mente del público están profundamente arraigadas y resuenan a verdad. Si Matrix en su momento impactó tan fuerte fue, entre otras cosas, porque todos en algún momento hemos sentido que la vida que estábamos viviendo era una falsedad, un engaño, y que la vida real que se nos ocultaba en cualquier momento iba a revelársenos (Y La vida es sueño se le adelantó a eso unos cuantos siglos); algo parecido podríamos decir de El día de la marmota: ¿quién no sintió alguna vez que la rutina asfixiante era como un solo día eterno y monótono, el mismo, repitiéndose una y otra vez?. También nos podemos identificar con la historia y los personajes de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, porque en algún momento también nos debatimos entre olvidar o seguir recordando un amor del que salimos dañados.”

“En el caso de El Marginal, no podría aseverar de manera rotunda cuál fue esa hebra sensible que tocó en el público, pero me parece que la serie coquetea todo el tiempo con esa cosa tan argentina, tan sudamericana, de sentir que se vive en un entorno de pesadilla y peligro casi constante, al que nos vamos acostumbrando de a poco y en torno del cual vamos erigiendo una épica, esa sensación de estar sumidos en un entorno hostil al que no pertenecemos por completo, pero en el que tenemos que aprender a camuflarnos para no perecer y poder salir a flote; y que, en medio de todo ese horror, todavía sigue siendo posible construir un espacio para la amistad, para el amor, para el humor y la ternura. Toda obra audiovisual es una obra colectiva, el producto de un trabajo en equipo. El Marginal fue convirtiéndose en lo que se convirtió gracias al trabajo de mucha gente, desde los productores Sebastián Ortega y Pablo Culell, pasando por los directores Adrián Caetano, Luis Ortega, Ale Ciancio, Mariano Ardanaz, Javier Pérez; los autores Guillermo Salmerón y Silvina Olschansky y los que vinimos después: Andrés Pascaner, Omar Quiroga, Natalia Torres, Gaby Macías, Alejandro Quesada y yo… y, por supuesto, todo el equipo de producción y el elenco de actores. De hecho, algunos personajes terminaron de cobrar forma o surgieron durante el proceso de casting”

“Dentro de ese sistema, el lugar que ocupamos los guionistas siempre es complejo. La mayor parte del tiempo estamos contando las historias que nos pagan para que contemos, y que no siempre coinciden con las historias que quisiéramos estar contando, o que van adquiriendo un tono que no es el que desearíamos estar imprimiéndoles. Pero eso que a primera vista puede parecer solamente una limitación y un obstáculo, puede ser también un gran de motor de inspiración y de creación. Me gusta pensar al guion televisivo como un Caballo de Troya para mi propia poética. De la misma manera en que a menudo la ficción es el Caballo de Troya para determinadas ideologías o intereses comerciales, también puede ser el vehículo para que los autores hagamos oír nuestra voz. Aunque adentro de este Caballo de Troya en particular vayamos apretujados y forcejeando los guionistas, los productores, los actores, los auspiciantes, todos con su propia idea de lo que tendría que ser la historia que estamos contando, y a veces logramos ponernos de acuerdo y a veces no.”

“Muchas veces nos lamentamos por no poder escribir las historias que quisiéramos estar escribiendo, pero, ¿acaso pudo hacerlo Shakespeare? ¿No estaba él también limitado por tener que escribir obras que fueran del agrado de la Reina Isabel? Y así y todo logró sortear ese obstáculo y escribir también para nosotros que lo leemos más de 400 años después. A veces también me pregunto: ¿qué hubiese pintado Miguel Ángel de haber tenido libertad creativa absoluta? Porque, aunque no lo hubieran obligado a compartir créditos o a poner un cartel en la Capilla Sixtina que dijera ´Idea Original: Papa Julio II´ (o a lo mejor sí, no conozco tanto del tema), todas sus grandes obras fueron obras a pedido. Sin ese condicionamiento, ¿qué hubiese hecho? ¿Habría inventado el cubismo en pleno Renacimiento? O a lo mejor, al no tener un deadline impuesto por sus mecenas, nunca hubiese pasado de los bocetos. No lo podemos saber, pero en cosas como éstas pienso siempre que me aflige el costado más mercenario de nuestra profesión, cuando me veo consagrando mi tiempo y mi esfuerzo a contar historias que no eran las que hubiese elegido contar: que la poética de uno, lo que queremos comunicar, se puede abrir paso en lo que sea que estemos escribiendo, a veces sin que nos demos cuenta. Ser guionistas de las historias de otros es un desafío que nos interpela, que nos pone a prueba y nos ayuda a descubrirnos a nosotros mismos como autores, y a estar mejor preparados cuando llegue el momento de contar nuestras propias historias.”

“Creo que algo similar está pasando en estos momentos con la ficción a nivel global. Con el auge de las plataformas de streaming de alcance internacional, pareciera difícil sostener la producción de ficciones locales, salvo cuando lo local es apenas un cierto “color” for export. Pareciera también que el mercado por un lado se expande, pero por otro lado se acota, cuando todas las grandes productoras buscan historias que sean ´originales´, pero que se adapten a un molde previsible que pueda garantizarles el éxito masivo inmediato, las 10 temporadas, los spin-offs, las secuelas, precuelas, intercuelas, y todos esos aspectos más lucrativos que narrativos que, a nosotros, meros autores, se nos escapan cuando simplemente estamos queriendo contar un historia bien contada, mientras batallamos contra una creciente tendencia a la precarización de nuestro oficio. Hoy el oficio de guionista, como tantos otros, parece estar en crisis; pero, ¿cuándo no lo estuvo? Desde que empecé a estudiar guion en 2002, veo que siempre estamos atravesando algún tipo de crisis y siempre, de algún modo, le encontramos la vuelta y nos sobreponemos. El país entero (el mundo entero, en realidad) parecería un gran San Onofre. De crisis a crisis los pintores siguen pintando, los actores siguen actuando, los escritores seguimos escribiendo y nos vengamos de la crisis exprimiéndola como ella nos exprime a nosotros, usándola como materia prima de nuevas historias. Hacemos ficción de la misma manera en que los presos de San Onofre hacen facas y pajarito (la bebida alcohólica tumbera) con lo que tenemos a mano, como podemos. La ficción es nuestra faca, para defendemos del mundo; también nuestro pajarito, para embriagarnos y escudarnos de una realidad a veces opresiva, aunque sea por un rato. Pero, aunque las cosas no estén bien y amenacen con empeorar, lo bueno es que también pueden mejorar. Siempre hay tiempo para cambiar las cosas y mejorarlas, aunque se nos diga que no es cierto. Porque los que dicen que no es cierto, son precisamente los que no quieren que las cambiemos. Entonces no los escuchemos y sigamos escribiendo.”

Andrés Pascaner: “La ficción nacional refuerza nuestra identidad”

Andrés Pascaner

Consultado, de este modo contó su experiencia Andrés Pascaner, otro de los autores que estuvo en distintos tramos de la iniciativa: “El Marginal fue una serie que marcó mi crecimiento personal y profesional. A lo largo de sus temporadas, pasé por distintos rubros y desempeñé todas las tareas que le pueden tocar a un guionista. No trabajé en la primera. La vi por la televisión pública como un espectador más, mientras dialogaba telenovelas de la autora Marisa Quiroga, y escribía programas de no ficción para la productora Ponchosauer. En la temporada 2, Guille Salmerón y Silvina Olschansky, me convocaron para integrar su equipo de guionistas. Entonces, fui dialoguista de lo que ya se estaba convirtiendo en un éxito internacional, tanto en la TV Pública como en Netflix. Fue un año de muchísimos aprendizajes, que culminó con el recibimiento del Premio Argentores al mejor Unitario de Televisión en 2018.”

“En la temporada 3, Guille y Silvina me recomendaron para que tomara la posta como autor. Junto a Nico Marina y Omar Quiroga, escribimos la biblia del programa, la trama de toda la temporada, y estructuramos los ocho episodios. Sumamos como dialoguistas a Natalia Torres y Gabriel Macías. Trabajamos en conjunto con los productores, actores, el director, y estuvimos involucrados en cada etapa creativa. Y en la temporada 4, seguí trabajando como autor al lado de Nico Marina y Omar Quiroga, a la vez que desarrollamos la temporada 2 de El Recluso, la adaptación de El Marginal para el mercado estadounidense. Fue en tiempos de pandemia. Por la postergación de los rodajes y la incertidumbre durante la producción de la serie, decidí dar un paso al costado, y me fui a trabajar a nuevos proyectos audiovisuales. El ciclo se cerró con la temporada 5 y, al igual que en la primera, no participé. Pero los guiones quedaron en las buenas manos de Omar, Natalia y Gabriel. Finalmente, el rodaje pudo concluir y la serie está próxima a estrenarse. Para mí, fue un orgullo formar parte de El Marginal. No recuerdo otra serie nacional que haya tenido cinco temporadas, y eso abre la puerta a que se hagan más producciones de ese estilo.”

“Considero importantísimo generar una vigorosa industria audiovisual en Argentina. Además de crear puestos de trabajo, la ficción nacional refuerza nuestra identidad cultural. Contar nuestras historias y compartirlas con el mundo, es una forma de visibilizar aquello que somos, y de valorarnos como pueblo. Años atrás, estuvimos cerca de conseguirlo. Recuerdo series extraordinarias, como Germán: últimas viñetas y Las 13 esposas de Wilson Fernández, que existieron gracias a políticas públicas. Mi primer trabajo en Taxxi: amores cruzados, y luego en El Marginal, también fueron posibles gracias a la inversión estatal. Lamentablemente, esas iniciativas fueron desmanteladas durante el gobierno anterior. Considero que deberían ser retomadas cuanto antes. El Marginal es un buen ejemplo de que las ficciones nacionales pueden convertirse en un excelente negocio de exportación. El talento está, pero requiere de un Estado presente para desarrollar todo su potencial. Hoy, la industria está cambiando. Hay cada vez menos espacio para la ficción en la TV local. Las productoras invierten menos y arriesgan casi nada. Sin embargo, gracias a las plataformas de streaming, se siguen produciendo series de calidad. Como esas empresas son extranjeras, tienen agendas culturales y comerciales propias. De nuevo, me parece fundamental que el Estado se involucre, para garantizar que se respeten los derechos de los autores, no seamos invisibilizados, recibamos un pago justo, y podamos escribir nuestras historias con libertad.”

“Si bien se trabaja en equipo, el rol del autor puede ser muy solitario. Casi siempre trabajamos desde casa. Negociamos nuestros contratos con las productoras de manera individual. No hay parámetros claros en los cuales basarnos para saber si las condiciones acordadas son ideales. Estamos involucrados en la primera etapa del proceso creativo (una de las más importantes) pero, una vez que empieza el rodaje o la serie está por estrenarse, hace meses que entregamos el último guion. En ese momento, resulta más fácil para las productoras invisibilizar nuestro aporte, no darnos reconocimiento, olvidarse de mencionarnos en las notas. La solidaridad entre compañeros y colegas, entonces, es clave. Sólo manteniendo la comunicación entre autores, podremos acordar mejores condiciones laborales para todos y todas.”

Natalia Torres: las buenas historias no pasan de moda

Natalia Torres

Por su parte, Natalia Torres, también dio su testimonio a Florencio acerca de todo este proceso. “Dentro de un equipo autoral, mi rol específico suele ser el de dialoguista. Es donde me siento más cómoda o al menos es el que más me divierte. Tuve y tengo la fortuna de contar siempre con buenos compañeros, grandes colegas, muchos amigos. Cuando formás parte de un proyecto, sobre todos televisivo, se trabaja tan codo a codo que sería muy difícil el cotidiano laboral si no se cuenta con ese apoyo. En cuanto a El Marginal (“dialogué” para las temporadas 3, 4 y 5), trabajamos con un equipazo (Nicolás Marina, Andy Pascaner, Gabriel Macías, Omar Quiroga) y fue muy gratificante transitar ese proyecto con tanta comunión y libertad. Además, sabíamos que contábamos con actores increíbles y la producción (Underground-Telemundo), como siempre, fue impecable. Después de esta pandemia que detuvo tanto el mercado audiovisual siento que recién ahora empieza a moverse un poco la rueda y espero que no vuelva a detenerse. Es complejo sostener el parate, sobre todo cuando se trabaja freelance. A pesar de celebrar la aparición de las distintas plataformas que buscan llenar sus grillas con contenido (porque eso genera más trabajo para todos), espero que vuelvan las ficciones a los canales de aire y que no solo puedan verse buenas producciones en Netflix, HBO, Amazon, etc. Creo que todos disfrutamos de las buenas historias. Eso nunca pasa de moda. Por eso espero que la televisión argentina vuelva a tener la cantidad y la calidad de ficciones y no ficciones de industria nacional para que eso no se pierda, porque considero que es parte de nuestro patrimonio cultural y hay que ponerlo en valor y defenderlo. Ojalá haya más espacio y apoyo en los canales de aire para que eso suceda.”