Revista Florencio

CONVERSANDO CON PABLO MIR, OTRO DE LOS PREMIADOS POR LA ENTIDAD

El humor, un camino que no es fácil, pero sí divertido

Pablo Mir, humorista

El humor de calidad viene perdiendo terreno, desde hace un largo tiempo, en la televisión, al punto que el público que disfrutó de las buenas épocas de ese género en la pantalla chica hoy extraña, y mucho, su presencia. Es cierto, sin embargo, que cada tanto aparece alguna que otra manifestación valiosa en los canales, lo que, de cierta manera, resalta aún más la escasez de programas en esa línea. Y no porque falten humoristas en este país, que los ha tenido y maravillosos en diversas etapas de su existencia y en todos campos en que se ejerce el género, y los sigue teniendo, sino porque la televisión se niega cada vez más a brindarle espacios generosos y bien remunerados a sus representantes. En 2019, una de las pocas excepciones a esa sequía fueron los Sketchs (así se los identificaba dentro del programa Sobredosis de TV), que escribieron Pablo Mir, Guillermo Quino y Francisco Quintana y que en cada emisión salían al aire con un nombre especial: “Los tóxicos”, “25 de Mayo”, “La nueva Argentina”, “Américas Anónimas”, “Felices Fiestas” y otros. Los tres autores fueron distinguidos en septiembre pasado por Argentores en el rubro mejor guion de sketch en televisión, correspondiente al año mencionado.

Nuestra revista entrevistó al primero de ellos para hablar de su ya larga trayectoria haciendo humor en ese medio y de las duras circunstancias por la que atraviesa allí esa especialidad. Pablo Mir, que nació en 1972, comenzó su carrera como guionista en la TV en 1997, en el programa Duro de acostar, que conducía Roberto Pettinato. Años más tarde escribió para Jorge Guinzburg en programas como La biblia y el calefón, Peor es nada, Mañanas informales  y otros y colaboró con él en el humor de algunos espectáculos teatrales. Desde 1999 y hasta hace poco tiempo fue el guionista de Televisión Registrada. Además de trabajar en la televisión, ha hecho varios espectáculos de stand-up y ha escrito comedias como Entre ella y yo, que estuvo en cartel en teatros de avenida Corrientes y también en Mar del Plata durante dos años, en las últimas temporadas previas a la pandemia de Covid 19.

¿El premio que te dio Argentores fue compartido, verdad?

Sí, claro. Lo compartí con otros dos guionistas: Guillermo Aquino, que es el protagonista de los sketchs, y Francisco Quintana, dos compañeros con los que escribo hace tiempo. Con ellos seguimos trabajando, claro que este año fue bastante especial porque hubo una pandemia, parece. Sobre todo los primeros meses, fueron muy duros, por la incertidumbre que provocaron. Se aflojó el ritmo de trabajo y era difícil hacer humor en medio del apocalipsis. Y, bueno, poco a poco surgieron algunas posibilidades y así hicimos algunos sketchs a la distancia, pero que funcionaron muy bien.  Por suerte a fin de año, el equipo se volvió a juntar y pudimos retomar el ritmo y lanzamos varios sketchs que se emitieron por Flow. Pero, en el balance del año, 2020 fue, como para todos, un período complicado para trabajar. Por suerte, en el tiempo libre que me quedó entre las labores hogareñas, pude encarar algunos proyectos. En noviembre estrenamos una comedia por streaming. Es una obra que escribimos con Francisco Quintana, pensada especialmente para ese formato.  Somos tres actores los protagonistas: Lucía Iácono, Gabriel Schutz y yo. Se llama Herederos y tiene como base un velatorio online de una familia totalmente desconectada. Y esperemos poder relanzarla el año próximo. Para el 2020 tenía varios proyectos teatrales que quedaron paralizados porque no fue un gran año para encarar proyectos teatrales. Ahora parece que poco a poco la actividad empieza a restablecerse, aunque seguro le va a llevar tiempo volver a la normalidad. También en este tiempo colaboré con el grupo Los Macocos. Ellos van a lanzar un especial de comedia para streaming que se verá por la plataforma Teatrix y escribí algunos textos junto a Verónica Lorca.

¿Cuándo terminó tu trabajo en Televisión Registrada?

Fui guionista de TVR por más de 15 años… Desde sus comienzos en 1999 hasta que terminó en 2015. Después tuvo otras etapas con distintos conductores e incluso distintos nombres, pero yo ya no formé parte.

Pablo, ¿con quién hacías Préstico, un sketch muy exitoso?

Era un sketch protagonizado por Sebastián Presta que salía en el programa Duro de domar, por Canal 9. Hicimos dos temporadas con mucho éxito. Eran sketchs muy cortitos, que me gustaba mucho escribir. Su aparición coincidió con una época en que explotó una especie de furor por el uso de las redes sociales y comenzaron a viralizarse muchos de los trabajos. De modo que ese fenómeno ayudó bastante a su difusión. Fue el comienzo de cuando se empezaban a compartir los videos, que eran breves, por celulares. Y entonces había muchas devoluciones, las repercusiones a esos trabajos se producía de modo casi inmediato.

Entre otros sketchs me acuerdo de algunos como “Decisiones de mierda” o “El boludo que se cree Mascherano”, que realmente eran muy graciosos.

Sí, efectivamente. Esos sketchs los escribíamos también con Guillermo Aquino. Con él creamos ese formato, que luego se divulgó tanto, incluso en Latinoamérica y España. Fue un fenómeno con el que no ganamos fama ni dinero pero estuvo muy bien.

¿La brevedad de esos trabajos operó como un corsé o, al contrario, como sostienen algunos creadores, te sirvió para afinar el ingenio, la creatividad?

Un poco las dos cosas, por un lado, la brevedad te obliga a ser muy preciso y contundente, te da una fuerte capacidad de condensación, de concentrar los efectos del humor en pocas líneas, pero, por el otro, ese corsé te impone un tiempo que a veces impide desarrollar más un contenido que lo hubiera permitido y solo te quedas con lo contundente, con lo que impacta. Los que estamos haciendo ahora con Aquino y Quintana son sketchs un poquito más largos que aquellos que tenían solo pocos minutos y tratamos de que, además de ser graciosos, efectivos y contundentes en lo humorístico, puedan tener como una vuelta más en la que se cuente algo, se cuele una opinión o se reflexione sobre un tema. No solo buscar el chiste por el chiste mismo y quedarse allí, sino perseguir como meta principal que haya un buen humor, un humor con consistencia, que, además de hacer reír nos deje algo más. Es una mirada que debe ser graciosa, porque eso es nuestro principal objetivo, pero que invita, sin bajar línea, a pensar el mundo que nos rodea, en el que nos movemos, a vernos y reírnos de nosotros mismos y de lo que nos sucede en nuestra vida cotidiana y en la de nuestro país. Si lo logramos, con mayor o menor efectividad, eso lo dirá el público, nosotros trabajamos mucho, le dedicamos mucho tiempo a esos cinco o seis minutos que a veces tienen esos textos breves. Escribir esos textos a veces nos llevan varios días y después está el trabajo de edición que, como todos saben, en cine y en televisión, permiten también ir puliendo. En esta etapa se descubre que, por ahí, lo hecho no estuvo tan logrado o necesita un pequeño ajuste. En la edición uno corrige, mejora. La edición es el escalón que consigue que el sketch obtenga ese estilo tan particular, a veces vertiginoso que caracteriza al género. Algunos deben pensar que nos ponemos a actuar con el texto y una vez filmado ya todo está. Pero no es así.

¿Entre ella y yo fue la primera obra teatral que escribiste?

Sí, antes había hecho algunas colaboraciones en espectáculos de revista. Trabajé, por ejemplo, en ese terreno con Jorge Guinsburg, en sketchs, monólogos, pero nunca había hecho una obra entera por mi cuenta para el escenario. Se estrenó hace tres años con Sebastián Presta y Soledad García, y nos fue muy bien, logró mucha repercusión y se mantuvo en cartel tres años en el circuito comercial, hizo temporada en Mar del Plata y gira por todo el país. La dirigió Diego Reinhold y fue un éxito inesperado y muy bienvenido, desde luego. Después se hizo una versión en Santiago de Chile y una en Madrid. En estos lugares duró poco tiempo porque fue en los meses previos a la pandemia, pero bueno con esa obra encontré otra veta laboral, que me gusta mucho y es la de escribir teatro. Es en el formato comedia teatral. Lo que había hecho sí bastante era stand-up, arranqué en 2011 y luego hice varias cosas, presentaciones en los bares, en el circuito de comedia, que antes funcionaba más. Por lo menos hubo una cierta época de furor, y ahí hice varios shows y espectáculos. Ahora, desde hace unos años, más de dos, que no hago stand-up, y a pedido del público no tengo pensando regresar.

¿Qué diferencias encontrás entre escribir para stand-up y escribir teatro?

El stand-up es muy personal, cuando lo escribís lo haces con temas muy tuyos, muy particulares, que te pasan a vos. Es exponerte en un escenario para que se rían de tus miserias. El que escribe no se dedica tanto a crear personajes, sino que ofrece una mirada propia sobre el mundo. En las comedias de ficción esa mirada está, pero se abre en el escenario hacia otras criaturas, se abre un juego, al menos a mí me ocurre eso, que permite explorar otros personajes, vincularte con distintas situaciones, ponerte en la piel de esas otras personas que son los personajes. Pensar cómo otra persona actuaría frente a una situación que vos ideas, construís. El teatro te permite manejar otras emociones, otros ritmos. En el teatro más tradicional vos podés profundizar en un nivel emoción que te permite acercarte de otro modo al público, el stand-up es otra cosa: busca lo más efectivo, la risa en forma permanente, constante. Desde luego que hay otros comediantes, los más grandes, que manejan esa posibilidad de llegar al público no solo con el chiste sino con una gran variedad de recursos más propios de la actuación. Pero, en mi caso, como autor me permite, en líneas generales, ir hacia otros lados, alcanzar otros ritmos, otros tiempos, otras búsquedas, me permite tocar lugares más sensibles.

¿Tenés otras obras escritas para teatro?

Sí, tengo varias otras obras, que no se han representado, por suerte en ciertos casos, y que veré si con el tiempo logro que alguna de ellas llegue a escena. A principio de 2020  estábamos avanzando para poder montar alguna, pero la maldita pandemia nos frustró ese propósito. Ahora, con la vuelta poco a poco a la normalidad, veremos qué pasa.  El éxito de Entre ella y yo es un buen antecedente y ahora los productores al menos me responden los mensajes y no me clavan el visto.

¿Coincidís en que el humor en la televisión ha perdido espacio?

Escribo hace muchos años en la televisión, no obstante me doy cuenta que el humor ha ido perdiendo poco a poco lugar en su programación. Es muy escaso el lugar que hoy tiene en la pantalla, sobre todo el humor elaborado desde una perspectiva de trabajo bien pensada, con buenos guiones. Se ve y escucha a menudo en la televisión un tono jocoso en los distintos programas, que se ha impuesto como una suerte de modalidad para escapar de cierta solemnidad, pero eso nada tiene que ver con el trabajo profesional. Es más bien el humor de las charlas entre periodistas e invitados a un programa que quiere ser gracioso, pero que no es un humor guionado, más trabajado. No hay inversión para ello. Parecería que el humor fuera poco redituable para quienes hacen las programaciones de los canales, que es un producto costoso para el nivel de las inversiones que hoy se hacen en la televisión. Y entonces se convoca a todos a hacer un poco de humor, como si eso fuera sencillo. Por eso hay programas llenos de opinadores que se hacen los graciosos y se leen tweets ingeniosos de miles de colaboradores que trabajan gratis.

Cualquiera puede hacerse el gracioso en televisión, total parece fácil.

Sí. Los programas de humor son hoy muy pocos. El humor lleva tiempo y trabajo. Hay que formar equipos de trabajo que exigen una inversión que la televisión no parece a esta altura dispuesta a abordar. No quieren gastar, menos en guionistas.  Si no se ven, no gastemos en esta gente, se dice. Por eso hay que ir buscando nuevos espacios. En mi caso en particular me interesa el humor en todos sus formatos y siempre estoy atento, pero siempre respondiendo a un estándar de calidad indispensable. Y si no hay televisión, le buscaremos la vuelta para hacer humor donde se pueda, por streaming, redes sociales, o en lugares en vivo, un poco es así, pero es dura la sobrevivencia.

Cuando empezaste en Duro de acostar con Pettinato, ¿tenías alguna formación previa en la escritura de humor? ¿Y qué factores te llevaron a practicar esa profesión?

Un poco se fueron dando las circunstancias. Cuando se está en determinada época de la vida, sobre todo en la adolescencia y la juventud, a veces no se sabe muy bien hacía donde se puede orientar la existencia en el aspecto laboral y a veces en otros aspectos también. Por esa época, recuerdo que empecé a leer mucho, porque tenías ganas de escribir y creía que la lectura era una buena fuente de aprendizaje. Y empecé a escribir por mi cuenta, pero nada profesional. Y, tal vez por mi naturaleza o por alguna otra razón que desconozco, me fui orientando hacia el lado del humor. Me daba cuenta que tenía cierta facilidad para ejercer esa mirada sobre el mundo y me resultaba cómodo hacer humor. Y así que empecé a escribir cosas y a enviarlas a distintos lugares. No tenía relación con el ambiente, no conocía a nadie, y empecé a visitar algunos programas y caí en su momento en el programa de Pettinato. Y ahí había un gran humorista, Miguel Gruskoin, de quien ahora soy muy amigo, que fue el primero que me abrió una puerta. Le empecé a mandar textos y él se dio cuenta de que algunas cosas funcionaban y allí empecé entonces. La verdad que venía sin ninguna experiencia previa, me mandé porque me gustaba y no sabía qué hacer de mi vida. No es que tuviera un gran sueño, pero sí creía que en ese renglón podía funcionar dignamente. Y eso ocurrió. Tuve la suerte de encontrarlo a Miguel y luego trabajamos juntos en distintas cosas durante 25 años y aún hoy hacemos algún trabajo en colaboración.

¿Trabajaste en medios gráficos?

En muy poquitos. Hicimos algunas cosas con Miguel. Empecé en la revista Gente, hacía una columna en la que estaba también Miguel. Y también en el diario Crítica, pero la verdad no muchas cosas, solo algunas colaboraciones. A veces algunas cosas para La Nación, pero la verdad que no es a lo que más me he dedicado.

De modo que tuviste una buena intuición al inclinarte hacia el humor.

La verdad es que sí. Y, además, es lo que más me gustaba, pero a veces uno tarda en descubrir eso. Yo lo descubrí pronto y logré ubicarme. La vida me ofreció ese camino, que no es fácil, pero al menos es divertido. Y hoy disfruto mucho el humor. Y lo disfruto escribiendo y actuando, porque a pesar de no haberme formado como actor, me le animo y me divierte hacerlo. Me gusta escribir para otra gente y escribir en colaboración y también por mi cuenta. Me adapto al trabajo con otros, he podido encontrar sociedades con otros autores, como el caso de Miguel, donde nos hemos complementado muy bien. Lo mismo con Guille Aquino. El humor es bastante amigable para escribir ente dos, porque provoca una retroalimentación constante con el otro. Hay que encontrar la persona adecuada, pero cuando se la encuentra -y en mi caso ocurrió- resulta muy placentero trabajar de a dos. Es distinto en teatro, allí las obras prefiero hacerlas más solo, ahí tengo mis propios tiempos, pero todo esto es muy personal.

¿Cuesta mucho vivir de la profesión de humorista, exige mucha dedicación en horas de trabajo?

Es una profesión que no escapa a la regla general del país y tiene altibajos e inestabilidades. Es difícil encontrar un trabajo bien remunerado y estable, un sueldo con aguinaldo, vacaciones y todas esas cosas con la que fantaseamos los independientes. Uno va saltando de un proyecto a otro, aunque yo debo decir que tuve la suerte de trabajar muchos años en TV Registrada, que no es lo más frecuente en televisión. Son excepciones que, si no se dan, obligan a que uno deba ir rebuscándoselas en el día a día. Y eso requiere no bajar la guardia, estar siempre atento y pensar en proyectos que puedan hacerse. Hay que tener el instinto de supervivencia muy despierto. Pensar para el futuro. Acá no te podés relajar demasiado, porque te come el león. Es algo a lo que uno se acostumbra. Esas dificultades te dan herramientas para adquirir una suerte de destreza adaptativa, que te permite acomodarte a distintos formatos y responder a desafíos diversos. A veces me toca escribir para eventos corporativos o para programas de entretenimientos o para algún comercial y todo eso te da una gimnasia, un entrenamiento para poder responder bien a distintas circunstancias. Lo importante es encontrar en eso satisfacciones, más allá de que te reporte un beneficio económico que te permita vivir, que es algo bastante importante.