General

El exitoso espectador

Entrevista a Víctor Hugo Morales: “Me provoca inmensa gratitud, honor y placer, estar entre la gente que admiro y he aplaudido seguramente en muchísimas ocasiones y que me han convertido en lo que yo digo es un exitoso espectador”

“Me da mucho gusto y me honra participar como invitado especial en esta reunión de Argentores Especial en el sentido de recibir un premio, una distinción, un reconocimiento que, por supuesto, me apabulla, pero me hace muy feliz porque este es un mundo que yo habito desde la condición de espectador y desde el placer que me provoca vivir en una ciudad como Buenos Aires donde tenemos autores, actores, actrices, directores, iluminadores, verdaderamente excepcionales. Buenos Aires es una ciudad hoy día podría decirse única en el mundo y si no entre las más importantes del mudo porque el teatro, particularmente el yo más veo que es el teatro independiente, creo que es el latido cultural más fuerte que hemos tenido en estos años de tantas frustraciones, de tantas postergaciones en el mundo de la cultura. Así que me provoca inmensa gratitud, honor y placer, estar entre la gente que admiro y he aplaudido seguramente en muchísimas ocasiones y que me han convertido en lo que yo digo es un exitoso espectador”, dijo Víctor Hugo Morales la noche de mediados de septiembre de 2019 en el que, en el marco del 109° aniversario de “El Día del Autor y la Autora” que La Sociedad General de Autores de la Argentina -Argentores- celebró en la sala Pablo Neruda del Complejo La Plaza, El Consejo de Teatro le otorgó una distinción por su “constante apoyo y estímulo al teatro independiente”. Pero no es sólo de su lugar como comunicador y difusor de obras a lo que se refiere Victor Hugo en esta entrevista que le realizó Argentores recientemente sino de lo que podría ser el inicio o el punto de partida: la lectura.

Dentro de su trabajo como periodista siempre se ha dedicado a difundir autores, ¿cuáles son sus preferencias en relación a esas obras?

Soy un lector que atiende sugerencias, en realidad. Y tengo una vasta curiosidad por todo. Me gusta mucho la novela y el ensayo político. Últimamente leí una crítica de una colega, Mercedes Halfon, a la que no conozco, sobre un libro cuyo título es El desierto sonoro, de una joven escritora mexicana llamada Valeria Luiselli. Y era tan buena la crítica que leí el libro. Normalmente es lo que hago para dar recomendaciones. Y después están los libros de carácter político que a mí me interesan especialmente porque me ayudan a pensar. Los subrayo, recurro a ellos en muchas ocasiones. Entonces, ¿qué podría decir de mí en este sentido? Que soy una persona en constante deseo de crecimiento. Cada vez que veo una buena obra o leo un libro político que influye en mí, me siento mejor en el sentido humanista y en mi capacidad de emocionarme. Entiendo que eso es gracias a las personas que tienen el privilegio de pensar mejor que uno o de ponerlo mejor en palabras.

¿Siempre fue un ávido lector?

Desde muchacho fui un gran lector. Hay algunos períodos de compromisos laborales en los que debo viajar y los libros han sido siempre una gran compañía. Seleccionar los libros para un viaje es una tarea maravillosa y angustiante al mismo tiempo. Porque, efectivamente, puedo llevarme un libro de Martín Kemp o de la escritora que te acabo de mencionar hace unos minutos, o este libro que me acaban de dar…

¿Recién?

Sí, hace un momento. Bueno, uno vive en un mundo donde se conversa mucho sobre estas cosas y siempre alguien te dice: “No te podés perder tal obra o tal libro”. Y así construyo mi desordenada biblioteca.

¿Por qué piensa que se le acercan los autores?

Porque los valoro. Tal vez también porque, como toda persona, necesitan que se cierre el círculo entre el autor y el lector o espectador. Sin el lector-espectador el autor es poco. Y sin el autor, el lector-espectador es nadie. Entonces hay un momento en que se cierra el círculo. Así sucede con una obra de teatro que está destinada al espectador. Y estando el espectador, si fuera posible a sala llena, es cuando verdaderamente el hecho artístico nace. Es decir, con la aprobación de un espectador que cuando cierra ese círculo está emocionado. Lo mismo ocurre con un libro que nace con la aprobación de un lector que al cerrarlo está nostálgico del momento en que habitó la mitad de ese libro, cuando todavía le faltaba mucho y tenía el goce de ir descubriendo una aventura. Creo que no hay nada comparable con un libro. Me parece que el mundo de ideas que un libro genera es muy poderoso. Uno recrea de maneras excepcionales. Cada vez que me sentí cerca de un libro he llorado. Recuerdo Soldados de Salamina de Javier Cercas, por ejemplo. Hay un recorrido que realiza el personaje que me hizo llorar tranquilo, manso. Y verdaderamente estaba en acción. Por supuesto, siempre estamos hablando de grandes autores o momentos de inspiración de quienes, sin ser grandes, encontraron una forma para hacer una vez una gran obra. Pocos escritores son muy parejos, es decir que toda su obra es buena. Pocos son Gabriel García Márquez, Graham Greene. Además uno no lee en general todo de todos. La lectura de novelas es un mundo que vos creas y al mismo tiempo una soledad que te generás.

Salinger escribió que hay veces en que después de leer un libro, aunque lo podemos extender a otros géneros artísticos, uno tiene el deseo de llamar al autor. ¿Le ha sucedido algo semejante?

No me sucedió pero porque soy una persona muy tímida para relacionarme. No voy al camarín después de una obra de teatro, por ejemplo. Una vez estuve muy cerca de conocer personalmente a Arnoldo Calveyra pero lamentablemente falleció antes de que se pudiera concretar. A mí me cuesta mucho tomar esa iniciativa. Creo que por ahí comienza el problema: no saber qué decir ante la persona que uno admira y no caer en la cosa redundante. Una vez vino a cenar a mi casa Francis Ford Coppola por intermedio de un amigo mío, el músico Osvaldo Golijov, que por entonces estaba haciendo la música para películas de Coppola. Recuerdo que llegaron antes de la hora que se había convenido a otros invitados y de repente yo me encontré en el living de mi casa junto a mi señora, Osvaldo Golijov y Francis Ford Coppola probablemente media hora. Bueno, durante esa media hora no supe qué decirle. En algún momento me salió preguntarle si había disfrutado la cancha de Boca porque sabía que había ido. Se hace muy difícil. ¿Qué clase de apreciación o elogio a un hombre como ése lo puede no incomodar? Sin mencionar que ya deben estar hartos de los elogio. Eso me pasa en general.

¿Y con el teatro qué le sucede?

Tres o cuatro veces por semana voy a ver una obra. Es muy distinto a la relación que se establece con un libro, ya lo dijimos. El teatro necesita del actor y el movimiento, la voz, el personaje.

¿Qué importancia tiene la lectura para formarse en el periodismo?

Es imprescindible. Y lo es por el vocabulario, la calidad de ideas, la construcción del pensamiento, la capacidad para emocionarse y el embellecimiento de la vida, la posibilidad de ser mejor persona descubriendo valores que por ahí están en uno pero no los descubrió y no los puso en marcha. Cada vez que alguien me pregunta sobre cómo formarse en periodismo, lo primero que digo es que lean y lo segundo que vayan mucho al teatro. Porque uno es también una consecuencia cultural más allá de los libros, la ópera, el teatro, el cine.

¿Cambió mucho el modo de hacer radio?

Antes no había radio que no tuviera sus libretistas. Y eran imprescindibles. Todo lo que es tan improvisado no me gusta. La oralidad es pobre frente a la calidad de lo escrito.

Cuando recomienda una obra, ¿lo hace a partir de sus preferencias personales?

Soy un lector y un espectador avezado. Yo puedo abrir un libro por la mitad y ya sé si esa persona escribe bien. También es cierto que hay momentos para apreciar una obra y hay que saber elegirlos. Suelo leer tres o cuatro libros al mismo tiempo. Puedo estar leyendo una novela o algo relacionado con una cuestión política que me interesa en el devenir de mis trabajos periodísticos, o un libro que me dieron y por lo tanto me siento obligado a leer, un libro coyuntural que los autores te dan y tienen la expectativa de que les hagas una devolución. Es decir que yo tengo al mismo tiempo lecturas muy variadas. ¿Y qué pasa? Depende el estado de ánimo. Si vos tenés un día de sol tranquilo y no te va a jorobar nadie para meterte en una aventura, eso es una novela. Pero si estás con una carga política por cosas que están pasando y querés leer algo sobre capitalismo, neoliberalismo o populismo, entonces estás yendo muy al foco de una necesidad. Y eso puede ocurrir en cualquier momento.