Revista Florencio

LOS SETENTA AÑOS DE LA TELEVISION ARGENTINA

El cuentito

Somos guionistas, queremos guionar. Somos narradores, queremos narrar. Somos contadores de historias, queremos contar historias. Nos contratan para eso, para contar algo. Quién fue primero, ¿el productor o el autor? Y desde esa pregunta existencial comienzan los desencuentros. El productor quiere contar algo que en general no sabe explicar muy bien y lo quiere contar de un modo que no sabe bien como, pero siente que tiene entre manos la papa caliente. También quiere que sea efectivo, exitoso y que sus ideas brillen en todo el relato, se noten. Entonces, en adelante la productora llama a un autor, en adelante el/la guionista y le cuenta algo que define como idea y el/la guionista intenta armar con eso un cuentito lo más redondo posible, hace las preguntas pertinentes para tratar de entender una idea que no entiende del todo, arranca una tormenta de ideas promisoria en cuyo climax la productora recibe un llamado y se tiene que ir. Que se lo mande cuando lo tenga redondeado. Y el/la guionista se pone a trabajar en lo único que importa en esta instancia.

SU MAJESTAD EL CUENTITO

William lo tenía clarísimo: es la historia de dos jóvenes enamorados que, a pesar de la oposición de sus familias, rivales entre sí, deciden casarse de forma clandestina y vivir juntos; sin embargo, la presión de esa rivalidad y una serie de fatalidades conducen a que la pareja elija el suicidio antes que vivir separados. Fin.

-Escribí una página así nomás y mandámelo. Me encanta laburar con vos la vamos a romper, el canal quiere poner toda la carne al asador.

El/la guionista se lleva el trabajo a casa y lo primero que hace es armar un cuentito, nada menos que la llave que encenderá el motor y lo mantendrá encendido todo el tiempo que necesite el relato para mantener atrapado al espectador.

Le lleva una semana casi sin dormir, trabaja con total hermetismo, no le cuenta nada a nadie para no quemarla, empieza a mirar los precios de los acondicionadores de aire a ver si este verano no se cocina en el cuarto donde escribe y duerme y luego de hacer diez versiones del cuentito siente que lo tiene, que lo logró, está redondo, una estructura sólida, confiable.

Se lo manda a la productora y se sienta a esperar.

En su entorno se empieza a rumorear que hay algo dando vueltas porque actúa de manera atípica, optimista, manda a arreglar la silla que está medio enclenque pero que todavía tira, llena el freezer de comida porque no va a tener tiempo para nada cuando empiece a escribir, gasta plata a cuenta. Pasan varios días y no lo llaman. Chequea en el móvil cada tres minutos y nada. Se hunde en una depresión, se convence diciendo que mejor porque es mucho laburo y le van a poner una pareja autoral y no quiere, evalúa nombres, descarta, tantea a sus colegas como un detective profesional. Nada.

Y un día recibe el mensaje tan ansiado: “Venite mañana a las cuatro al canal, ya lo leí”.

Se prepara con todos los tocs y todas las cábalas que tiene en su haber, se prueba opciones de vestuario, looks y accesorios, planifica horarios, medios de transporte opcionales por si hay demoras, carga la Sube y trata de controlar la ansiedad con ejercicios de respiración que aprendió durante los últimos siete meses que estuvo sin trabajo.

La reunión se suspende media hora antes, se reprograma, se vuelve a suspender, se reprograma, se concreta, llega al aviso por mail.

Asistiré.

El/la guionista se presenta puntal y espera cincuenta y siete minutos a la productora que no pide perdón ni da excusas, chequea sus últimos mensajes, silencia el móvil, levanta la mirada y parece no acordarse quien es ni que hace ahí el/la guionista.

Pero se acuerda.

-Buenísimo lo que me mandaste, no alcancé a leerlo todo, pero me gusta. Contame un poco la idea que tengo la cabeza estallada con mil cosas.

Y transpirando miedos empieza a contar casi lo mismo que le mandó por mail. Siente que lo está contando mal porque lo traicionan los nervios y mete gags donde no son necesarios. O que es todo muy abajo y debería ser exactamente al revés. Es obvio que su interlocutor se aburre porque lo mira de un modo inexplicable, una mirada vacía y antes de que termine se pone de pie y apoya las dos manos sobre la mesa.

-Me encanta.

A el/la guionista le vuelve el alma al cuerpo, por diez segundos. La productora revolea la mirada, está pensando.

-Pero…

El tiempo se detiene.

-Creo que no me expliqué muy bien. A ver… lo había pensado de otra manera.

Está clarísimo que está pensando en voz alta algo en lo que nunca pensó antes, que lo está inventando en el momento. Y también está claro que ya no podrá discutir los honorarios si es que tiene la suerte de que le den el trabajo.

-Había pensado algo más dramático, un policial, más el estilo de las series noruegas que son muy oscuras, pero con un humor negro que acá garpa mucho. ¿Viste Poco Ortodoxa?

-Sí, pero no es noruega.

-Ya sé, ya sé, te digo por el tipo de humor, más aggiornado, pensemos en una temporada como muy al palo con algo más de trama que de personaje.

-Pero el cuentito…

-No hay problema con el cuentito. Usamos el mismo. Pero es una comedia. ¿Entendés? Es lo mismo, pero cambiale el tono, ponelos en un pueblo en el fin del mundo, nieve, algo claustrofóbico, coral, no tanto enfocado en la pareja, más el grupo.

-¿Qué grupo?

-Bueno, tendrías que armarlo: tírame opciones y yo te digo. Personajes. Necesitamos algo coral.

-¿Coral?

-Sí, coral.

-Pero si es coral sería otra historia.

-Es lo mismo, corazón, subile un poco lo policial y bajale la comedia. Ojo, comedia negra sí. Gags. Y usemos todo lo que es redes, más clipeado, ocho episodios por temporada y pensamos como en paralelo, eso despreocupate que lo manejan dos pibes de acá que son muy capos.

Desconcierto. El/la guionista piensa a toda velocidad, pero no hay modo, el policial no encaja en el cuentito ni con fórceps, queda horrible, es inverosímil. Pero necesita el trabajo, pagar lo que gastó a cuenta, comprarse el aire acondicionado, se desespera, le tira algunas ideas inconexas, un intento desaforado de salvar el cuentito.

La productora mira los mensajes de reojo, su móvil no para de iluminarse, parece una tira de lucecitas de navidad. Levanta la mirada y sonríe.

-Olvidate de eso, vamos por otro lado. ¿Viste Fleabag? Es por ahí, muy arriba, rompemos la cuarta pared, la protagonista muy zarpada.

-¿Y él?

-A él lo sacamos. Simplifiquemos.

¿Simplifiquemos? ¿Pero si todavía no complejizamos? Piensa el/la guionista, pero no lo dice.

-¿Y el cuentito?

-¿Cómo era el cuentito? Contamelo.

Se lo cuenta.

-Está buenísimo.

Respira. Genial.

-Pero tenemos que ser más jugados, más clip, más reventado, más por el lado de: ¿viste esa, la de la mujer que aparece en un pueblo fantasma y se mete en una realidad paralela?

-No.

-Tenés que verla, es en esa línea, pero no tan arriba porque el público nuestro es más otra cosa, más abajo, pero tampoco los noventa. Una onda los Javi, con algo de Breaking Bad, sin la droga, obvio y meter un par de personajes onda La Casa de Papel y se me ocurre un tipo callado, que ella no sea psicóloga, que sea tarotista, más místico, pero ojo, tampoco nos vayamos al carajo, y que él esté enamorado de ella onda Cómo Conocí a tu Madre y ella también, pero más Please Like Me, la australiana, pero con toques documentales, que ella sea alguien más de la política, intendente de algo, no tan House of Cards, más Homeland. ¿Se entiende?

¿Y el cuentito?

El cuentito vemos, por ahora es lo que menos importa, tenemos que abrir la cabeza, volar, pum, así, despegar. Hacks, más esa onda y probemos auto conclusivos, Black Mirror. Por ahí, se me está ocurriendo, esto está buenísimo: una pareja de hombres, que no se sepa si son gays o no, viven juntos, no importa eso. Vamos por algo no binario, rompamos estereotipos, que ella sea detective y ecologista y él fabrica ropa ponele y tiene una textil que está haciendo mierda el planeta. ¿Se entiende?

El/la guionista no puede fingir más, contiene las lágrimas.

-La verdad: no entiendo.

La productora se recuesta en la silla y desactiva el silencio en el móvil que empieza a sonar como una maquinita de casino.

-Perfecto. Hagamos eso entonces.

María de Belén Wedeltoft