Revista Florencio

CONVERSACIÓN CON SERGIO FEDEROVISKY

El cambio climático y sus efectos

¿Cuáles serían las consecuencias sobre la población mundial, la argentina incluida, si los cada vez más duros efectos del cambio climático no se empiezan a atacar de manera inmediata? Graves, sin duda. ¿Podría desaparecer el mundo actual? No, lo que desaparecería es el mundo tal cual lo conocemos hoy. Algunas de las consecuencias del cambio climático ya se perciben hoy: sequías prolongadas, inundaciones, incendios forestales, aumento de la temperatura promedio en el clima mundial –y disminución de las más bajas-, deshielos. Los Estados del planeta, con distinta responsabilidad según el nivel de contaminación con que contribuyen a las alteraciones del medio ambiente, tienen una obligación perentoria de tomar medidas para paliar la situación y las sociedades de todo el orbe de exigirles que las tomen y modifiquen con ellas, y aunque sea en parte, el actual y riesgoso escenario del presente. ¿Hay alguna causa fundamental que provoque esta calamidad? Sí, el modelo de producción y consumo del sistema capitalista. Un estupendo documental, escrito y realizado por Sergio Federovisky, Nicolás Capelli y Diego Corsini, Punto de no retorno, se adentra con gran profundidad en esta problemática y de una manera muy clara y didáctica explica cuáles son las consecuencias que ya estamos atravesando debido al cambio climático y qué se debe hacer para impedir que el fenómeno avance cada vez más sobre la tierra. Este documental, presentado formalmente en junio de 2021, ha recibido varios premios a esta altura, uno de ellos otorgado por Argentores al mejor guion en el Primer Festival Internacional del Agua, que tuvo lugar en 2021 en la localidad de Calafate, realizado en Calafate en 2021. Con motivo de esa distinción, Florencio aprovechó la circunstancia para mantener una charla sobre el documental con el actual viceministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Sergio Federovisky, biólogo y periodista de larga trayectoria en temas ambientas, autor de varios libros y conductor de unos de los programas de televisión sobre la materia más vistos y celebrados.

Sergio Federovisky recibe el Premio Argentores por su documental de «Punto de no retorno»

¿Qué significó para ustedes que Argentores los premiara?

Que una entidad como Argentores, que nuclea a quienes son los responsables de la autoría de distintos y consagrados trabajos artísticos, nos premiara el guion de este documental como el mejor del Festival Internacional de Cine del Agua de Calafate, diría que es para nosotros un acontecimiento único e inesperado, la concreción de un logro en el que nos reconoce una institución integrada por profesionales que saben mucho del tema. Y es un hecho que, como realizadores de Punto de no retorno, además del halago que sentimos por esta valoración que se hace a la capacidad profesional con que se hizo el film, nos da una posibilidad más de difundir este tema ambiental que creemos es de vital importancia que se conozca, a la vez que mejora nuestra percepción sobre el tema

¿Cómo empezó la idea de hacer el documental?

Fue un trabajo raro porque si bien la idea fue mía, yo no soy guionista, pero con Nicolás Capelli y Diego Corsini y los otros productores nos pusimos a trabajar en una idea de guion muy sui generis, por decirlo de alguna manera. Porque, como repito, no soy guionista, sí lo es Nicolás, que tiene todo un equipo que trabajaba con él en documentales. Y todo fue fluyendo a través de conversaciones que fueron derivando en un guion que, además, estaba escrito en primera persona, a tal punto que a mí me costaba mucho diferenciar donde empezaba mi monólogo y donde terminaba el guion. Pero para nosotros fue realmente un trabajo muy interesante.

¿Cuándo comenzaron a hacer el trabajo?

Empezamos a hablar sobre el documental alrededor de marzo de 2019, a darle vueltas en nuestras cabezas. Y fijamos un inicio posible que podía ser para mediados de ese año. Y en agosto de 2019 ya realizamos el viaje a los Estados Unidos para filmar todas las entrevistas en la NASA. Y ese fue, en realidad, el puntapié inicial, todo lo demás fue posterior. Diría que para nosotros el inicio formal del documental fue con esa travesía en agosto de 2019. Después la pandemia provocó los previsibles atrasos que todos sufrimos.

¿Y dónde se presentó por primera vez?

La presentación formal se hizo el 5 de junio de 2021, que es el Día Mundial del Medio Ambiente, en una plataforma de la Fundación Ambiente y Medio diseñada específicamente para difundir ese documental y en la que aún sigue colgado. Estuvimos en varios festivales, en el de Calafate obviamente, y también lo presentamos en el Festival de Cine Ambiental de Barcelona, donde recibió el premio que otorga la Asociación de Periodistas de Investigación Ambiental, a la mejor investigación sobre el tema, y ganamos otro premio.

Nos llamó la atención que el documental estuviera dividido en cuatro módulos: “Tiempo loco”, “Aquellos Hielos”, “El desastre silencioso: la sequía” y “Lo que mata es el calor”. ¿Por qué lo dividieron así?

Trabajar en partes el documental, diría que fue una decisión que definiría como didáctica-periodística y un efecto propio de lo que asumo como mi deformación profesional. Yo creía que el documental debía tener una forma periodística que fuera, al mismo tiempo, llana e informativa. Un trabajo que no estuviera tomado por la lógica de un documental habitual y con riesgo de caer en el acartonamiento. O una sucesión de entrevistas pegadas una detrás de la otra, sino un relato que uniera todo a través de esa compartimentación temática. Lo que perseguíamos como fin era mostrar –no sé si lo logramos, pero en parte creo que sí- poner en la cuestión cotidiana los efectos del cambio climático, plasmar un documento que demostrara que eso que se exponía estaba ya pasando en la vida diaria del que lo estaba viendo. De ahí surgió la decisión de tomar esos cuatro ítems orientadores, porque si bien no configuraban todos los temas, por lo menos eran los más arquetípicos. Por ejemplo, la última de esas partes, “Lo que mata es el calor” la hicimos porque comprobamos que casi nadie relaciona los aumentos de la temperatura con el cambio climático. Bueno, la ola de calor es una expresión, el efecto más violento de ese cambio climático y una consecuencia de ese calentamiento global. No es solo el calor, sino un evento extremo. Y eso es lo que quisimos transmitir.

La vuelta de algunos animales a su hábit debido a la pandemia hizo creer a algunos que las cosas se podrían estar recomponiendo. ¿Es así?

Nosotros hicimos un pequeño arreglo del guion sobre ese aspecto, sobre todo en la primera parte para que quedara claro que no estábamos fuera de la lógica que había impuesto la pandemia, sino que éramos parte de esa lógica inesperada que proponía la pandemia, pero al mismo tiempo el planteo que nosotros hicimos fue doble: por un lado, preguntábamos:  ¿Por qué nos estábamos sorprendiendo de que la naturaleza vuelva a los lugares que le pertenecen, si fuimos nosotros quienes se los arrebatamos; y lo segundo, ¡ojo!, que la tendencia es la de no respetar esa vuelta de la naturaleza a sus lugares habituales, sino todo lo contrario. Lo que sucede es que se está volviendo a la instancia inmediatamente anterior a la aparición de la pandemia. Y de hecho es lo que estamos verificando.

Hasta el momento, la temperatura ha subido en el planeta un 1,1 por ciento por encima de su promedio anterior. Es así, ¿no?

Sí, hasta el momento ha sido 1,1 y puede llegar pronto a un 1,5, que es lo que se considera ya un punto de no retorno, expresión que nos proporcionó el título al documental. La pandemia fue una especie de recreo que nos confirma que, si el modelo imperante en materia productiva y de consumo cediera, la mejoría sería inevitable, pero el problema es que ese modelo no parece dispuesto a ceder en sus posiciones. Se detuvo algo porque la pandemia se lo impuso.

Hace ya unos treinta años que los Estados comenzaron a tomar conciencia de los perjuicios en el ambiente que provocaba el actual modelo productivo y de consumo. Desde entonces, ha habido muchos foros y encuentros internacionales para analizar el tema, pero no se ha dado ningún paso decisivo para enfrentarlo con medidas concretas.

Es una enorme paradoja, porque desde que los Estados empezaron a ocuparse de los perjuicios que se provocaban al medio ambiente, desde entonces las emisiones de gases de invernadero perjudiciales para la atmósfera y los indicadores ambientales que reflejan esos cambios crecieron más que nunca. Hay algo allí que está fallando

¿Cómo influyó que un ex presidente como Al Gore tomara una posición tan clara en la defensa del medio ambiente?

Yo creo que Al Gore fue quien, en algún punto, abrió un camino. En realidad, él fue quien se esforzó para que desde la política hubiera un mensaje didáctico sobre el tema. Por eso digo que fue el que abrió un camino, porque fue el que armó el primer documental donde lo que se pretende es explicar cuál es el fenómeno y por qué estamos inmersos en ese proceso. Fue creo el primero que lo hizo. Fue un trabajo señero y de alguna manera nos condicionó a todos los que, de alguna manera, intentamos hacer una cosa parecida, con mayores o menores recursos, y de poner por delante el mensaje, la información, los datos, más que la búsqueda de una estética que, por supuesto, es necesaria en una obra, pero en este caso todos entendimos que la urgencia exige que nos tomemos el trabajo de transmitir sobre todo datos, informaciones o mensajes.  

¿Qué caminos debería recorrer este documental en televisión abierta, cable, plataformas?

Nos interesaría que recorriera todos los caminos que fueran posibles. Todos, absolutamente todos: televisión abierta, plataformas, estamos trabajando para eso. Nos hemos tomado este último medio año para recorrer festivales y hacerlo conocer, para dotarlo de fortaleza en cuanto a nominación, premios, distinciones. Y a partir de allí buscarle la vuelta para que tenga la mayor difusión posible. Y uno de los objetivos que tenemos es que tenga una difusión institucional en el mundo académico y escolar, me parece que el documental debería ser portador de un mensaje que en las escuelas sería muy bueno que se conociera.

¿En líneas generales como se financió un proyecto de esta naturaleza?

A pulmón. Es un proyecto no dio ganancias, dio pérdidas en realidad, pero con Alberto Brugman, que es el productor ejecutivo, teníamos muchos deseos de hacerlo en forma profesional. Nos impusimos hacerlo aún a sabiendas de que no era ningún negocio. Hay cosas que, a lo largo de una carrera profesional, uno hace por afán de lucro, y otras veces simplemente porque quiere dejar una marca.

¿Este puede ser el punto de partida de nuevos lanzamientos en esta dirección?

Bueno, ojalá. No lo tenemos del todo determinado y no sabemos si será posible, pero por supuesto me gustaría.

¿En la Argentina hay antecedentes de este tipo de documentales mirando hacia atrás?

Son pocos. Es lo que en parte nos motivó a impulsar este trabajo. No habíamos visto la existencia de documentales sobre el tema, más allá de algunas excepciones que podríamos nombrar, como, por ejemplo, Pino Solanas, salvando desde ya las distancias. No habíamos visto ningún antecedente. Y eso nos inspiró a tomar la decisión de hacerlo porque entendimos que allí había un vacío, por lo demás insólito. Nos llamaba la atención que la Argentina, que tiene una buena producción en documentales, no hubiera abordado una producción específica sobre el tema del calentamiento global.

En el documental actual hay una fuerte tendencia a utilizar también la ficción y eso tal vez podría haber influido.

Es posible. Yo también tengo la teoría de que, probablemente, en particular a partir del documental de Al Gore y alguno de Leonardo Di Caprio también, se haya creado la idea de que ya era suficiente con lo hecho. Pero la verdad es que descubrimos que, desde acá, teníamos cosas para decir que no se habían dicho todavía. No era solamente el discurso global. Y eso es, creo, un valor adicional del documental, porque en líneas generales el discurso global está hoy bastante encaminado, se sabe cuáles son las causas del fenómeno y qué medidas se deberían tomar. Pero, ¿cómo impacta el cambio climático particularmente en la Argentina? ¿Cómo se opera, qué medidas hay que tomar, de qué forma influye en la población local y en la actividad productiva, social, en la vida de las personas, qué respuesta debe dar un gobierno? Todo eso no estaba en ningún lado.

¿Hay hoy una política gubernamental dirigida a enfrentar estos problemas?

Yo creo que sí. Bueno, debido a mi presencia en este ministerio me costaría contestar que no. Sería un poco extraño, pero tomando la debida distancia diría que es el primer gobierno que entiende que el tema debe estar dentro de una agenda discutible, tanto en una agenda de carácter internacional, donde la Argentina juegue un rol, haga propuestas, tome iniciativas,  como en una agenda nacional, porque ante la demanda de políticas adaptativas concretas o la aparición de distintas situaciones que se van produciendo, como los incendios forestales, la bajante del río Paraná y otras, es necesario dar respuestas, y este gobierno tomó la responsabilidad de darlas.

¿Cuál sería hoy la situación más preocupante de Argentina en relación a los efectos del cambio climático?

La Argentina está entre los países que viven una situación paradójica respecto a lo que sucede con el cambio climático. No tiene un gran aporte en relación a la contaminación global, tampoco es desdeñable, pero no es de los aportes más importantes. Pero sí está entre los países más afectados por la latitud en que se encuentra, por las características climáticas o los factores territoriales, etc. Entonces la Argentina tiene por delante un desafío bastante fuerte porque está cambiando el régimen de lluvias, claramente. Y, con el cambio de ese régimen viene su efecto: el cambio de la matriz agropecuaria, el cambio en la distribución de la población, hay un montón de elementos que siguen casi de inmediato a ese fenómeno.  Y eso está ocurriendo en la Argentina. Nosotros hemos presenciado por segundo año consecutivo una de las sequías más prolongadas y pronunciadas de las que se tenga memoria en el país. Y no hay nada que indique que esto vaya a hacerse cada vez más frecuente. El territorio no va a ser el mismo.

¿Las medidas individuales aportan?

Naturalmente las medidas individuales no resuelven, sí aportan y tienen que ser parte de un compromiso global, con responsabilidades, por supuesto, diferentes. Porque no es lo mismo la responsabilidad que le cabe a los países desarrollados, a los países de desarrollo medio y a los países pobres. Eso fronteras afuera, y fronteras adentro, la responsabilidad de cada país está en elaborar políticas de adaptación porque hay un escenario de cambio climático que ya es inevitable. Y entonces hay que trabajar en función de ese escenario inevitable para ver cómo se hace más llevadera la situación, en la medida de lo posible, estudiar cómo la población tiene mejores posibilidades de adaptación, cómo se puede mitigar el grado de vulnerabilidad de las sociedades ante el impacto de esos fenómenos extremos de los que hablábamos antes. Eso se debe hacer fronteras adentro. Y una cosa no invalida la otra. Un gobierno responsable que instale fuertemente esa agenda tiene que ocuparse de esas dos miradas.