Revista Florencio

CON JUAN PABLO FÉLIX, PREMIO ARGENTORES 2021

El amor por la danza, esa única certeza

La existencia de un joven bailarín de malambo que se reencuentra con su padre, con quien se embarcará en un viaje en donde habrán de revelarse historias y verdades que preferiría no terminar sabiendo, es el eje argumental de la película Karnawal (2020), escrita y dirigida por Juan Pablo Félix y protagonizada por Alfredo Castro, Martín López Lacci, Mónica Lairana y Diego Cremonesi.

Merecedor del Premio Argentores 2021 otorgado por el Consejo Profesional de Cine de la entidad en la categoría “Guion original”, el film fue producido entre Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, México y Noruega y ha tenido múltiples reconocimientos en distintos festivales. Karnawal , por ejemplo, fue la película que más nominaciones recibió en la 16ª edición de los Premios Sur con un total de catorce candidaturas, de las cuales se alzó con 8 galardones, incluyendo “Mejor Película”, “Mejor Dirección” y “Mejor Guion Original” ​.

Karnawal. Ensayo de Malambo

Rodada en el norte argentino, Karnawal es un ¿thriller, road movie, drama épico, western a la criolla o todo a la vez?, que hace foco en Cabra (López Lacci), un joven hermético y silencioso, quien trabaja en su rutina de baile con el fin de competir en un certamen de malambo, al mismo tiempo que su madre (Lairana) se enfrenta a la realidad de tener que convivir con su nueva pareja (Cremonesi) y que su violento padre sale de la cárcel (Castro).

El centro del relato, la clave argumental nuclear, no será otro que la muy compleja relación entre padre e hijo, como detalla Félix desde Madrid (por este tiempo reside en España hasta que vuelva a nuestro país a llevar adelante su próximo proyecto.)

“La idea inicial era -y es- simple: la historia de amor y desamor de un niño-adolescente con su padre.  Este último es un aventurero, que no tuvo la posibilidad ni las herramientas para “casarse” con una familia. En el medio de ese viaje, este hombre dejó un hijo perdido por ahí, de alguna manera. La historia habla del punto de vista del hijo, qué le pasa cuando sus referentes no están a su altura, cuando hacen lo que pueden. Ahí aparece el choque emocional y se siente esa fascinación y el terror que le genera ese padre a ese chico”, explica.

Félix puntualiza que la película está basada en algunas cosas de su propia vida y en la historia de un amigo, con un padre similar y que el personaje de El Corto  -un pirata del asfalto que tiene permiso para salir de la cárcel por unos días, es crucial informarlo-, “se puede decir que existe en la vida real.”

¿Pero, cómo fue el proceso de Karnawal, en cuanto a guion y realización? Así lo cuenta: “Fue largo. Siempre es difícil una ópera prima. Ya había trabajo en Canal Encuentro, hecho documentales e intentando escribir otras historias.  Sabía que iba a llevar tiempo y que costaría filmarla. Se hizo en un lapso de dos años y medio.   Me lo tomé con calma.  Con el guion pude ganar varios concursos. A través del INCAA, donde estudié, accedí, en México, al laboratorio de Berta Navarro, en Coyoacán.   Ahí tuve mi primera versión, tras hablar con distintos asesores. Más tarde surgieron preguntas Después fui a la Fundación Carolina, aquí en Madrid, quedé seleccionado y reescribí todo de una manera muy trabajada. Cuando empezó a filmarse, ya estaba muy seguro de lo que quería narrar. Había hecho las pruebas en papel. Estructura, profundidad, todo.  Para dirigir es importante algo: tener claro el guion, lo que se quiere contar. Haber probado en el papel y no en el rodaje, fue muy bueno”.

Su propio conocimiento del particular universo de las danzas nativas le otorgó un plus a Félix que mucho aportaría al trabajo global.

“Más allá de mi propia experiencia en ese campo, hablando con infinidad de chicos que bailaban, confirmé que en general, tienen una situación vulnerable, compleja. Hablo del gaucho, del paisano de origen humilde, que busca refugio en el profesor, con los compañeros, que necesita contención para hacer algo artístico”, agrega.

Se ríe cuando le recordamos una frase suya, generada durante una entrevista reciente: “Si existiera hoy un videoclub, no sé en qué estante estaría, en que categoría pondrían a esta película.”

“Es que es algo complejo -dice-; los críticos a veces necesitan encasillar, encontrar una definición. Este trabajo es pasional y es… una fusión de géneros. Mi convicción es que no hay nada que sea todo de un solo color, me gusta experimentar con la narrativa, no encasillar.    Esta película es para mí como una vomitada. No es la consecuencia de haber querido hablar solo de una “problemática social”.

Karnawal, para no pocos, tiene un espíritu de vieja película del género western. Le nombramos algunos elementos constitutivos: la soledad, la dureza, la vida brava, la violencia contenida, los caminos polvorientos, el jinete, el mundo rural.

En un medio de prensa canadiense, le recordamos, además, hablaron de “intriga entre pueblos, el desierto y la quebrada”.

“Es verdad, tiene algo de esa atmósfera casi de western”, apunta. Agrega: “Y están esos dos ‘padres’, donde uno representa la aventura, el otro, el orden Y en el medio, este nene que busca referencias. Trabamos el estadio de la adolescencia, el problema cuando no existen adultos que te den la palabra justa que necesitás. Este nene no habla en toda la película, es una olla a presión, escucha y no se puede comunicar ni con su padre, ni con su madre ni con su padrastro.  Acumula información, trabaja para el grito final. Todo lo no dicho estalla, eso es muy de los adolescentes.”

Egresado de la escuela de cine oficial, Félix observa que sobre su propia sensibilidad han gravitado matices diversos como los policiales de los años setenta, la sátira y “algo del espíritu de Favio que anda por ahí.”

Sin embargo, confiesa que cuando escribía el guion, por su cabeza pasaban referencias de un cine muy particular, que mucho ha gravitado en su formación como espectador: el mexicano contemporáneo.

Cita: “películas como Sin nombre, La jaula de oro o Y a tu mamá también, cosas de Cuarón, de González Iñárritu.  Y mucho del cine mexicano clásico también.”

Más adelante establece que, aunque de chico escuchaba mucho rock nacional, acaso por su condición de bailarín, también tango y folklore. Y que cuando empezó a diseñar la música que debería integrarse al relato, no se le venía a la cabeza un malambo o una melodía andina de formato tradicional. “Por eso, aparece la pulsión de este nene que escucha trap y es que la música fusiona el folklore con lo electrónico”.

En cuanto a la conformación del elenco, recuerda que le llevó tiempo.  “Fue difícil encontrar al protagonista, Martín Lopez Lacci. Cuando me encontré con la directora de casting, me dijo que iba a estar en un problema.  El elegido debía tener un arco dramático grande y bailar muy bien, obviamente. Lo buscamos durante un año por todas las competencias de malambo del país.  Dimos con él en el famoso Festival de Laborde.  Después fue más fácil todo. Al mismo tiempo convocamos a Mónica Lairana, Diego Cremonesi y Alfredo Castro, que venían con un gran recorrido profesional. Como digo siempre, ha sido una convergencia de actores y de no actores que tuvieron que generar un universo en donde todos formaban parte de un arco dramático.

Mientras adelanta que su próxima historia está situada en Argentina, (en 2009, en pleno conflicto con el sector rural a través de la mirada de una mujer de 65 años de Recoleta), regresa en el final de la charla a un eje que no habrá sido abandonado en ningún instante del largometraje: la irrefrenable pasión de un muchacho que carga con una única cosa clara frente al inestable universo de los adultos: «el amor del protagonista por la danza, que es su única certeza. La película, estimo, es un grito de alguien que no encuentra muchas respuestas. Karnawal es dura con el mundo adulto».

L.C.


9 / Ene / 2023