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El adiós a “RAFI”

Falleció Rosa Angélica Fabbri,  ex Presidenta del Consejo de Previsión Social de la entidad

El domingo 14 de agosto falleció Rosa Angélica Fabbri, “Rafi”. Nacida en Buenos Aires, fue una argentorista cabal (era Socia Activa, desempeñó varios cargos en la entidad y editó en 2010 el libro “Argentores/ su historia”, una larga investigación en dos tomos). Fue escritora, dramaturga, docente, conductora con extensa trayectoria en radio, televisión, teatro y gestión cultural.  Fue Primer Premio Municipal de Buenos Aires (teatro), Primer Premio Fondo Nacional de las Artes (novela) y Premio Argentores. Ha editado ensayos, letras de canciones (muchos tangos, su debilidad), novelas, cuentos y artículos periodísticos. Su lema era “El humor era el único lujo de la inteligencia”.

 

Una entrevista

Con el título “Para Rafí, la radio es un metejón”, el diario La Nación publicó en noviembre de 2005 este reportaje que aquí compartimos, firmado por la periodista Alicia Petti.

“Pertenece a la misma generación de locutoras de voz ronroneante y sugestiva como Betty Elizalde, Nucha Amengual y Nora Perlé, que impactaban al público y provocaban fantasías en los oyentes. Si bien desarrolló una trayectoria de 25 años en la locución, fue luego productora de sus programas, locutora de cabina en TV, especialista en doblaje, musicalizadora, creadora de ciclos para chicos, guionista, gerente de Radio Argentina, escritora y hoy también es autora teatral, de eficaz desempeño en Argentores.

Rosa Angélica Fabbri (para todos, Rafí) se presta al diálogo en su coqueto departamento de Callao y Tucumán, repleto de objetos entrañables de su vida y trayectoria, pero deja bien establecido que no le interesa confesar su edad.

 

-Usted integra un grupo de voces femeninas muy famosas. 

-Sí; fue una tanda de mujeres de muy buen tono de voz y pensantes al mismo tiempo. A mí siempre me apasionó decir lo que pensaba, pero no sólo desde el punto de vista periodístico. Lo que me interesaba era expandirme, crecer y sentir que debía crear y escribir lo mío. Y en la creación yo tengo algunos hitos que realmente me hicieron madurar y sentir bien.

-¿Cuál fue su primer trabajo radial después de recibirse en el ISER?

-Me recibí en 1959 e ingresé en Radio Rivadavia como locutora haciendo «quioscos». No sé si hoy se siguen llamando así; eran una especie de audiciones especiales para diferentes firmas comerciales. Pero de manera casi simultánea me di cuenta de que tenía una suerte de vocación por la escritura. Escribí canciones y cuentos infantiles, ya que no me bastaba con leer lo que habían escrito los demás. Posteriormente, Canal 9 convocó a diferentes pruebas y me convertí en locutora de cabina. Allí realmente aprendí muchísimo, hice buenos amigos y me apasioné por la televisión. Yo me sentaba en el control del estudio y desde ahí escuchaba las órdenes de los directores Edgardo Borda y Juan Manuel «Globo» Fontanals.

-¿Qué llega después en su carrera radial?

-Para mí fue muy importante «Hola, chicos», un ciclo dedicado a la gente menuda que empezó en 1965 y tuvo una buena repercusión. Estuvo en Splendid y tuvo un paso fugaz por Rivadavia, pero su lugar fue Radio Belgrano, en Ayacucho y Posadas, y fue una experiencia tan creativa como divertida.

-¿Cuál era la propuesta?

-Un espacio con diferentes secciones y hasta un informativo diario leído por los chicos, con noticias redactadas en forma directa y breve dentro de sus intereses, mucho antes de todos los intentos que salieron después. Todo, realizado con un gran trabajo de equipo, donde como siempre el operador aportaba ingenio y creatividad. No puedo olvidarme del querido Zorzaia y del tierno Carlitos Golmar. En «Hola, chicos» armé el primer radioteatro espacial para los chicos y lo que me divertí no te lo puedo contar.

-¿Qué es para usted la radio?

-La radio es un metejón. Es una especie de amante casto, porque permite transmitir todo lo que uno tiene adentro. Compartís con ella tus alegrías, tus esperanzas y tu lucha. Yo tenía un programa que se llamaba «Carrozas y zapallos» y le decía a la audiencia cosas como ésta: «Yo le traigo el perfume de las rosas que aspiré en el quiosco de la esquina, la agitación de los tacos que se me rompen en la vereda y los rostros de los que veo por la calle…», entre tantas otras cosas.

-¿Fue locutora comercial?

-Sí, sobre todo en Radio Rivadavia. Con mi amigo Pelusa Suero hacíamos comics de la voz, lo que llamamos «monitos», tanto para la radio como para la TV. Pero debo reconocer que mi especialidad eran y son las gallegas.

-¿Qué otros ciclos puede destacar?

-En 1968 hice «El diablo calvo», por Radio El Mundo, un programa emblemático. Lo escribía el hijo de Miguel Coronato Paz y estábamos con Haydée Lavalle, otra maravillosa profesional del micrófono. Ese programa abrió el campo del humor a tempranas horas de la mañana; además era un espacio inteligente y fino. Más adelante tuve la felicidad de estar nuevamente en Rivadavia en la brillante década del 70. Era la época de José María Muñoz, de Araujo padre. Y allí trabajé con Capuano Tomey, con Oscar Márquez y con Antonio Carrizo, que sigue siendo mi compañero en Argentores. Pero, sin duda, «Tenis de Mesa» marcó mi carrera durante más de 15 años, aunque en ese momento yo ya había editado tangos y fui gerente de Radio Argentina en 1970, cuando cumplió 50 años nuestra radiofonía. Fue en el edificio de Uruguay 1237, donde estaba una gloria, Tita Armengol, a quien nombré jefa de locutores, y también Miguelito Franco. Recuerdo que cuando monseñor Aramburu ofició una misa, abrimos las puertas de la radio y el estudio se colmó de gente. Fue el 27 de agosto de 1970. Lo tengo todo grabado en una cinta que guardo como un documento histórico.

 

Cuestión de matices

-¿La voz es importante en el ejercicio de la profesión?

-Sí, por supuesto. Casi no ejercí como locutora comercial, pero la utilizaba con todos los matices para los «monitos», fundamentalmente en el programa de Juan Carlos Mesa. El te daba la libertad para que vos recrearas libremente un personaje. Después hice «El ping-pong de El Mundo». Y no me quiero olvidar de otro ciclo fantástico, «Rulos y moños», primero con Raúl Calviño y más tarde con Miguel Angel Merellano. Era un espacio de interés general de distintos temas ensamblados con buena música y un poco de humor, donde alternativamente ejercí la conducción. También estuve en el «Clan del aire», junto al «Negro» Brizuela Méndez, Juan Carlos Altavista y Haydée Padilla, que hacía a la Chona, en Radio Mitre. Transité esos estudios: los de Belgrano, Argentina, El Mundo; prácticamente, todos.

-¿Cómo era «Carrozas y zapallos»?

-Comenzaba a las 23.30 y terminaba a la hora en que Cenicienta encontraba su carroza convertida en calabaza. Y el motivo era esa delgada línea que separa la realidad de la fantasía. Hasta dónde lo real es real y dónde empieza lo imaginario. La verdad se diferencia muy poco de la mentira. Con eso jugamos muchas cosas. Se transformó en una reunión de amigos entrañables. Presenté allí por primera vez un long play completo de Les Luthiers, también el primer LP de Susana Rinaldi y los grandes discos del sello Trova. Generalmente se ponía en el aire un disco por noche. Y realmente trabajaba mucho en la selección musical. Recuerdo que en una oportunidad me felicitó el crítico Emilio Stevanovitch, alguien que no era demasiado pródigo a la hora de los elogios. Venían músicos, escritores y gente que tuviera algo que decir. Hice, por ejemplo, un programa con ese gran escritor que fue Agustín Cuzzani, que manejaba la ironía como pocos.

-También condujo un ciclo cultural…

-Sí; se llamaba «La revista oral de la cultura» e iba por Radio Nacional, un título que a mí no me gustaba nada; me parecía demasiado ampuloso y hasta recuerdo que un día me llegó un reto por parte de la dirección de la radio porque me reía en algunos momentos del programa. Yo contesté que era parte de mi personalidad. Allí estaba acompañada por Bernardo Ezequiel Koremblit, Ulyses Petit de Murat, un hombre de una impronta increíble, y Osiris Chierico. Una maravilla. 

-¿Cuántos años lleva de trayectoria radial?

-Alrededor de 25 años, pero siempre en forma paralela con otras actividades. Porque olvidé mencionar que fui notera de Luis Clur en Teleonce; formé parte del elenco de Jorge Porcel, haciendo el personaje de Garrafa en Canal 13; participé en el ciclo «Stress», también con Juan Carlos Mesa; canté para Blackie en la comedia «Delirio», unas magníficas partituras con música de Martín Darré, y escribí un teleteatro unitario para María Herminia Avellaneda.

Entre los múltiples personajes que encarnó a lo largo de su carrera, Rafí rescata a la muñeca Madelón, que apareció en el programa de TV «Videoshow», en la década de 1980. «Era una especie de bruja que me divertía mucho, con guiones de Nora Lafón. En este medio he tenido y tengo muy buenos amigos y no descarto la posibilidad de volver a hacer radio con un programa como «Carrozas y zapallos» o algún programa para chicos».

Fotos de Magdalena Viggiani.