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ENTREVISTA EXCLUSIVA

Ariel Pastocchi: “El escenario cura”

El reconocido coreógrafo Ariel Pastocchi fue distinguido con el Premio Estrella de Mar 2022 que se llevó a cabo el pasado 7 de febrero en el Paseo Peatonal Victoria Ocampo, en Playa Grande, Mar del Plata.

Ariel Pastocchi

Un artista multifacético, así se lo podría definir a Ariel Pastocchi. Coreógrafo, actor, director artístico, autor, bailarín y docente en las disciplinas de Jazz y Theater Dance. El pasado 7 de febrero fue galardonado con el premio Estrella de Mar 2022, por su labor coreográfico en “Los 80, están de vuelta”, obra en la también es parte del elenco.

Destacado Bailarín y Coreógrafo, Ariel Pastocchi se formó en Ballet con Carmelo Scaramocino, Rubén Chayan y Luis Baldasarre; en Jazz con Moira Chapman, Ruben Cuello, Elizabeth de Chapeaurouge, Adolfo Colque, Laura Roatta, Willy Arrollo de España y Freddi Moore, Richard Pierlon y Michele Assaf de EE.UU. En Tap con Bebe Labougle y Elizabeth de Chapeaurouge. Contemporáneo con Miguel Robles, Estela Maris Siroli y por una beca otorgada por EE.UU con Donald Mac Kayne. Sus estudios de Canto los realizó con Liliana Parafioriti y Mirta Arrua Lichi. En teatro con Jorge Amendaburu y Tango con Roberto Vernes y Luis Iannone.Formó parte de varias compañías reconocidas como “New Ballet” dirigida por Elizabeth de Chapeaurouge, “Dancer´s” dirigida por Adolfo Colque y “The Goleen Ballet” dirigida por Anahí Ramos desempeñando el rol de Coreógrafo. Realizó diversos tours internacionales y musicales para ciclos televisivos como así también eventos y convenciones para varias marcas y empresas nacionales e extranjeras. Se destacó como Coreógrafo en “Bailando por un Sueño”, resultando ganador en el II y V. En 2014 participó como Coach de la primera bailarina Eleonora Cassano en Bailando por un Sueño y como coreógrafo de Flor de la V en Brillantísima tiene una Flor.

Entre algunos de sus trabajos más destacados cabe mencionar las obras: “Peter Pan” (Actor), “Houdini, una ilusión musical” (Bailarín), “Revivamos el concert” (Bailarín), “Ella” (Bailarín, Coros), “El Joven Frankenstein” (Actor), “Swing Time” (Intérprete) “Sorpresas” (Asistente coreográfico), “El mundo de Stefy y vos: El Carrusel Mágico” (Coreógrafo) “Mimicha y Mini: Una Aventura Ecológica” (Coreógrafo), “León Rey de la selva” (director coreográfico), “El Ciclo de la Vida” (Director Coreográfico) “Cocodrilo, circo y varieté”, obra por la que obtuvo su primera Estrella de Mar en 2018, en el rubro coreografía, y “La jaula de las locas” (Actor). Durante esta entrevista exclusiva para ARGENTORES, conversamos con Ariel Pastocchi sobre la significancia personal del premio, sus comienzos y el recorrido transitado durante su carrera.

Los reconocimientos tienen un fuerte poder evocativo. ¿En qué pensaste cuando fuiste galardonado con el premio Estrella de Mar?

Este año es muy especial para mí. El deseo de ganar era para dedicárselo a mi madre, que la perdí hace cuatro meses por el COVID. Mi madre me acompañó siempre, estaba en primera fila en cada estreno. Recuerdo que el momento en que me llegó la noticia de que estaba nominado, lo primero que pensé fue: “Ojalá gane este premio para dedicárselo a ella”. Mi mamá hacía danzas españolas de chica. En ese momento era otra mentalidad, no hacían una carrera. Ella escuchaba música y se ponía a bailar. Siempre me apoyó. Por supuesto, después aparece en la mente una película de tus comienzos, el esfuerzo, la lucha que llevás a cabo por tu carrera. Es una proyección que pasa muy rápido en ese momento. Pienso que este premio es un mimo porque realmente es una carrera que cuesta, tenés que estudiar, estar al tanto de las cosas nuevas y, al mismo tiempo, estar feliz de poder hacer lo que amás. Desde chico quería ser coreógrafo. Ahora tengo cincuenta y cuatro años, y lo estoy haciendo.

«El deseo de ganar era para dedicárselo a mi madre, que la perdí hace cuatro meses por el COVID», aseguro Ariel Pastocchi

¿Ese comienzo a qué edad surge?

Yo empecé a los diecisiete años, acá en Mar del Plata. Soy marplatense. Recuerdo que todo comenzó como un juego entre una prima y yo. Ella era bailarina y armábamos coreografías, también bailábamos en boliches. Un día me descubrió Liliana Nuño que después trabajó muchos años en Buenos Aires, en el Teatro San Martín. Ahora vive en la India y se dedica al yoga. Fue Liliana quien me recomendó una escuela y ahí comenzó todo profesionalmente, quiero decir que me empecé a formar. Siempre quise ser bailarín.

Es fascinante que todo haya comenzado como un juego

La verdad es que sí. Con mi prima nos encontrábamos en la cocina de casa y armábamos coreografías. También en ese momento estaba en auge Madonna y bailábamos en la calle. Mi hermano hacía break y también se enganchó. Se juntaba gente en las plazas, nos poníamos vinchas, toda la moda del momento, entre los años 70 y 80.

¿Te proyectabas a vos mismo en el lugar que estás ahora?

Me proyectaba sólo en la dimensión de esos juegos. Me refiero otra vez al principio. Estaba fascinado con las películas de aquella época. Y para mí nuestros juegos eran como una película, no tenía idea que iba a terminar siendo lo que soy. Después se fue dando todo. Soy un agradecido de la profesión.

Se fue dando como consecuencia de mucho esfuerzo…

Sí, obvio. Uno tiene que estudiar mucho y trabajar con el cuerpo, lleva años.

Esos años de formación no sólo fueron en Argentina sino también en Estados Unidos, por ejemplo. ¿En qué momento se comienza a ordenar tu carrera profesional?

En Mar del Plata tomé muchas clases de baile. Un día decidí audicionar y me eligieron. De pronto sentí esa sensación hermosa de estar arriba de un escenario y tuve que plantearme la decisión de viajar a Buenos Aires para dedicarme a esto. Una temporada entré al elenco de Julio Sabala que es un imitador que vivía en Miami y España, él hacía temporada en Mar del Plata. Cuando terminamos, nos propusieron hacer una gira por cinco meses en Centroamérica y Estados Unidos. Yo tenía el pasaje de vuelta Buenos Aires-Mar del Plata, fijate. Un día, conversando con el elenco, que éramos seis bailarines marplatenses, tomamos la decisión de quedarnos a probar en Buenos Aires. Y nos fue bien a los seis. Quedé en un programa de Alejandro Romay, después me fui a una gira. Ahí tenía veintitrés años. Después llegaron otros programas de televisión con Jorge Ginzburg, Susana Giménez, Nicolás Repetto, por nombrarte algunos. Llegó la posibilidad de hacer revista, comedias y bueno… Ahí dije es esto lo que quiero, acá me quedo.

Ariel con su premio Estrella de Mar

En el contexto cultural actual, ¿pensás que sería más difícil comenzar tu carrera?

En ese sentido yo siempre pienso que comencé en el momento correcto porque terminaba una temporada y enseguida audicionaba otra. Había mucho trabajo, tanto en teatro como en televisión. Hice La Bella y Bestia, Chicago, entre otras. La misma empresa traía obras, y en todas había bailarines. Hoy en día es más difícil. Hay pocas obras con bailarines. Después de esta pandemia todo está mucho más pobre. Creo que gracias al Bailando hay más varones tomando clases desde chicos.

Los diez años en Bailando fueron una especie de bisagra en tu vida, ¿no?

El Bailando me abrió muchas puertas, se conoció mi nombre, mi trabajo, fue una ventana porque me vio todo el mundo. Hoy en día hago seminarios y todos se acuerdan de mí por el programa. Me hizo conocer como coreógrafo y como maestro. Antes del programa tanto los nombres de los bailarines como de los coreógrafos pasaban casi desapercibidos.


LOS OCHENTA ESTÁN DE VUELTA
El revival, o el escapismo (según se lo quiera ver) comienza con un logrado popurrí a puro ritmo y precisión, que incluye temas de A-Ha, Los Twist, los films Fama y Flashdance, hits de ABBA, Raúl Porchetto, Boy George y The Culture Club, Lionel Ritchie, Valeria Lynch, Las Primas, Viuda e Hijas de Roque Enrol, Charly García, Loco Mía, Sandra Mihanovich, Soda Stereo y Los Abuelos de la Nada. A este primer cuadro grupal le siguen varios momentos solistas de Cecilia Milone, que deslumbra como siempre con su gran voz (aunque a veces exagere en potencia) y su capacidad interpretativa; y de Nito Artaza, con su efectiva rutina de chistes revisteriles y una galería de imitaciones que, a tono con la época, incluye, por ejemplo, a los ex Presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem (sin dudas su mayor logro en el espectáculo).

En Los 80 están de vuelta también hay espacio para recordar a los programas de aquel entonces, con breves fragmentos de sketches de Matrimonios y algo más, No toca botón, Calabromas, Las gatitas y ratones de Porcel, Monumental Moria y los diversos ciclos de Tato Bores. En el cuadro de “La Tota y la Porota” (que protagonizaban Jorge Porcel y Jorge Luz), se destaca visiblemente Gustavo Monje como contrapunto de Artaza.

Otro hallazgo, que se presume de cosecha propia, es el cancionero de temas patrios que logra total adhesión en la platea. Lo mismo, más tarde, que el homenaje bailado a Diego Armando Maradona (inspirado en la final del Mundial ‘86), todo un hallazgo, que encabeza LeFer Ibarra; y el tributo a Raffaella Carrà.

Libro: Cecilia Milone y Nito Artaza. Idea y dirección general: Cecilia Milone. Elenco: Nito Artaza, Cecilia Milone, Gustavo Monje, Nando José, Vicky Dolan, Gero Arias, Belén Di Giorgio, Estefanía Pastocchi, Ariel Pastocchi y LeFer Ibarra. Dirección musical: Gustavo Calabrese. Coreografía: Ariel Pastocchi. Escenografía: Daniel Feijoo. Luces: Yonatán González. Vestuario: Diego Moyano.


¿Cómo surge para vos el proyecto de “Los 80, están de vuelta”?

Hace ya cuatro años que trabajo con Cecilia Milone, que es la directora y creadora del espectáculo. Ella me llamó para ser coreógrafo en Las jaulas de las locas. En una reunión, hablando del proyecto, me dijo que me quería también en el elenco. Yo hacía diez años no estaba en el escenario, pero dije que sí enseguida. Cecilia armó un equipo creativo maravilloso y nos pusimos a trabajar en esta obra. Antes te contaba que todo comenzó como un juego con mi prima, y de algún modo fue como volver a esa época. Cuando me llegó la música de Queen We are the champions ya me imaginé la coreografía. Entonces fue más fácil la parte creativa. Me venían los pasos, las vinchas, todo lo de esa época, lo agiorné un poco a lo que es esta época pero intenté mantener su espíritu. Cecilia tenía muy en claro la coreografía de Maradona en el 86 y quería hacerla tipo ballet. Yo siento que en mis coreografías trabajo con la técnica de la danza, cosa que se está perdiendo mucho hoy en día. Hoy se trabaja mucho con lo urbano, es el paso más dibujado, sin desmerecer, pero se está perdiendo la técnica. Creo que en mis coreografías intento conservar eso. Por eso digo que el ballet que tengo en esta obra son chicos que toman clases de todo, desde clásico y jazz a urbano. A mí me gusta lucirme con eso y que conectemos con la gente desde el escenario. Eso se transmite también y se siente. Un pudo haber tenido un mal día,pero cuando comienza la función se olvida de todo. El escenario cura.

«Yo siento que en mis coreografías trabajo con la técnica de la danza, cosa que se está perdiendo mucho hoy en día», asegura Ariel

15 de febrero de 2022