Revista Florencio

ROLANDO RIVAS, TAXISTA

A medio siglo de un fenómeno popular

Alberto Migré, creador del legendario ciclo, y sus protagonistas

Hace cincuenta años dio comienzo la emisión de Rolando Rivas, taxista, telenovela argentina de infrecuente impacto popular, estético y conceptual, que fue protagonizada por Claudio García Satur, Soledad Silveyra y Nora Cárpena y creada por el inolvidable autor televisivo y radial Alberto Migré (Felipe Alberto Milletari, nacido en Buenos Aires el 12 de septiembre de 1931, fallecido el 10 de marzo de 2006), ex presidente de Argentores y un permanente defensor de los derechos autorales.

Emitida por Canal 13 en forma semanal los martes a las 22, fue, en opinión de casi todos los analistas, la telenovela más exitosa e influyente de la historia de la televisión argentina, logrando, y con creces, trascender a su propio género. El primer capítulo se emitió el 7 de marzo de 1972 y el último el 27 de diciembre de 1973. La historia de amor entre el taxista sencillo y la joven de clase alta Mónica Helguera Paz, atrajo la atención de millones de espectadores argentinos, alcanzando los ¡40 puntos! –algo casi impensado en la actualidad- en cada capítulo.

En ese tiempo, las revistas semanales de actualidad solían mostrar a las ciudades argentinas semivacías los martes por la noche, dada la masividad del envío. Algunas de sus características salientes: por primera vez los hombres formaban parte del público fiel de una telenovela, su eficaz reflejo del universo barrial porteño en general y de los taxistas en particular, su entramado ficcional sostenido en relaciones familiares realistas, de la mano de un lenguaje llano, realista, coloquial, como nunca había sucedido antes. Además, en la historia se colaban inéditas referencias a la realidad social y política que la Argentina vivía a comienzos de los años setenta.

Soledad Silveyra y Claudio García Satur, protagonistas de «Rolando Rivas, taxista»

Años más tarde, Migré explicaría así algunas de las secretas fortalezas de aquel éxito: “El 70% de la novela pasaba en la calle. Fue una revolución. Además, no había cámaras para realizar tomas exteriores de televisión. Se filmaba con cámaras de cine. Muy al final de Rolando Rivas se hicieron exteriores con las primeras cámaras de televisión que fueron llegando, que eran muy pesadas y costaban mucho. Incluso todo lo del taxi era Proyecting. No era la calle como pensaba la gente. Tenía un chroma key. Como en esa época todavía no había televisión en color, pasaba inadvertido. Cuando empezó el programa, el teleteatro estaba pasando un momento trágico. Como el radioteatro. Entonces yo fui al Canal 13 y comenté que tenía esta idea. Me dejaban hacer Rolando Rivas si yo hacía una tira. La tira duró cuatro meses y la telenovela duró cerca de dos años. Era un programa semanal, los martes y duraba dos horas al aire. Hubo una cosa muy especial y es que el teleteatro como el radioteatro se había convertido en un híbrido, porque se hablaba un poco de tú para poder exportar y todas las situaciones ocurrían en lugares que no eran nuestros. No ocurría en el café de la esquina ni en la calle de acá la vuelta. Y con Rolando uno vuelve al barrio, vuelve a lo que hizo Suar con Gasoleros veinticinco años después. Entonces la gente se sentía tan reflejada… Fue algo maravilloso.”

Rolando Rivas generó tal suceso que tuvo su versión cinematográfica en 1974 y posteriores telenovelas basadas en el nudo de su historia: en 1988, Ella contra mí, protagonizada por Gustavo Garzón y Carolina Papaleo y la segunda temporada fue protagonizada por Gustavo Garzón y Liliana Weimer. Amigo personal y colega de Migré, el autor Víctor Agú, conoce como pocos la obra global del creador de Rolando Rivas taxista y es una persona idónea para, a cincuenta años de aquel bombazo, reflexionar puntualmente con Florencio sobre aquella ficción que ha logrado permanecer en el imaginario general, casi como ninguna otra telenovela.

Guion del primer programa de «Rolando Rivas, taxista»

¿En retrospectiva, cuál fue en tu opinión, el valor central del programa, la diferencia que lo ha hecho quedar en la historia, acaso, como la ficción más influyente en la historia de los 70 años de nuestra televisión?

Desde mi mirada, lo que hizo que Rolando Rivas, taxista se convirtiera en la ficción más gravitante de los 70 años de televisión argentina fue una sumatoria de aportes creativos, comenzando por el contenido de la obra que hizo hincapié en nuestra identidad. La pintura del barrio con sus colores y olores. A eso sumaría una serie de temáticas novedosas y bien planteadas, como la desaparición y muerte de Quique, el hermano de Rolando, militante de un movimiento nacional, popular y antimperialista. La barra de amigos en el café. La familia. El valor de la amistad. El lenguaje coloquial. Realista. La historia de amor tan bien contada como la contó Alberto: ese pibe de barrio, laburante, peronista, enamorado de una chiquilina oligarca. Esos dos mundos, el de la clase media y el de la clase alta. También la lucha de los taxistas por sus derechos. El sindicato de taxistas. Y temáticas fuertes como la que incorpora en la segunda temporada, cuando entra el personaje de Natalia Riglos Arana, que interpretó Nora Cárpena y salía de la historia la primera heroína interpretada por Soledad Silveyra. Migré, lejos de matar a la heroína, lo que la hubiera convertido en víctima e impedido la aceptación de la segunda heroína, hizo lo que hoy se conoce como focus group: preguntó en el barrio, a vecinos de diferentes edades y profesiones, qué es lo que no les gustaría que le hiciera Mónica a Rolando. La mayoría contestó que lo peor sería que quedara embarazada y no quisiera tener ese hijo o no se lo cuente a Rolando. Entonces Migré no duda en escribir que quede embarazada. Pero Mónica no desea ese hijo. No se cuida haciendo reposo como se lo recomiendan los profesionales y se arroja a una piscina, nada incansablemente y pierde al hijo. Esto es lo que me contó Alberto que había escrito. Yo no recuerdo la escena. Otros cuentan que Mónica abortó sin consensuarlo con Rolando. De todos modos, logró el objetivo de que la gente no tolerara lo que hizo. Mónica después de esto se va de viaje y abandona a Rolando. Entra Natalia Riglos Arana, a la que le dicen “Tía Vinagre”. Una heroína muy particular para la época. Mujer de familia burguesa, que se fue a militar con su marido guerrillero, El Ñato Córdoba, a las Sierras Bolivianas. Tiene un hijo con él. El marido muere en combate y ella, cuya familia no aceptó nunca su decisión de vida, se va a vivir, alquilando una pieza, frente a la casa de Rolando, que es la casa de don Félix (Antuco Telesca), el padre de Teresa (Mabel Landó), quién fuera la novia del barrio del Rolo. Estamos hablando de los 70. Una heroína aborta. Otra es viuda de un guerrillero y heroína que es madre, cuando en general eran vírgenes. Otro de los grandes aportes para que se convirtiera en novela icónica fueron los personajes que subían al taxi, entre ellos Nélida Lobato, Aníbal Troilo, D´Arienzo y el mismo Migré en el último capítulo. A estos contenidos debemos sumar un elenco destacado. Actores talentosísimos, que dieron vida con profundidad a esos personajes. En los roles protagónicos fue un gran trabajo de Claudio y Solita y de Nora a posteriori. En las dos temporadas las parejas generaron empatía. Un equipo de producción inteligente y eficaz, conducido por Diana Álvarez en la primera temporada. No sé quién estuvo al frente en la segunda temporada. Iluminación de excelencia. Y cámaras muy solventes. El vestuario era perfecto y todos estaban muy bien maquillados. La música: otro punto a destacar es el tango de Picky Taboada que cantaba Carlos Paiva. La balada de Juan Marcelo. Creo que había un tema de Tony Vilar, también. Después usaba Juegos Prohibidos por la orquesta de Frank Pourcel. Y música clásica, que siempre ponía Migré. La dirección de Roberto Denis, uno de los grandes directores de nuestra televisión, le dio ese toque mágico a los planos. Denis contó esta historia maravillosamente bien. Además, en los diferentes capítulos, Migré recomendaba obras de teatro que estaban en cartel, películas, libros. Los personajes hablaban de situaciones actuales, hechos políticos, deportivos, policiales. A propósito de Quique, el hermano de Rolando que asesinaron, cuando empieza la segunda temporada, Rolo va a entrar a la casa y escucha un grito de Natalia (la nueva heroína) llamando a su hijo: ¡Quiqueeeeeee! El Rolo gira impactado. Y esa es la primera vez que el galán y la heroína se miran. Y, por último, entre tantos aportes que hubo para conseguir el éxito, destaco que por primera vez se sacaron las cámaras a la calle para hacer exteriores en una telenovela.

El autor Víctor Agú, amigo personal y colega de Alberto Migré

¿Migré tenía plena conciencia de lo que estaba creando, de lo que cambiaba con este programa, de lo que estaba aportando con el ciclo a la ficción nacional o sólo consideraba un éxito más en su carrera?

Rolando Rivas no fue un éxito hasta después del tercer mes de emisión, pero Migré seguía apostando al ciclo convencido que lo sería. Es más, pidió que sólo le pagaran los aranceles de Argentores, pero no el contrato y que ese dinero se utilizara para la producción, pero que no levantaran el ciclo. Primero le llevó la idea a Alejandro Romay, indiscutido hacedor de éxitos. Y don Alejandro le dijo, ¡pero qué locura!, cómo se le ocurre pensar que un hombre manejando un taxi va a ser un éxito. ¡No se puede hacer una novela adentro de un taxi! Una tarde, Migré y Satur salían de Radio Nacional y un tachero, por Maipú y Lavalle le grita: ¡Chau Rolo! Migré le dice a Satur: ¡va a ser un éxito. Démosle un tiempito y esta novela es un éxito. Estaba convencido de que el público iba a quedar cautivado con la historia.

Examinemos un capítulo: ¿cuántas páginas tenía, cómo eran sus indicaciones al director y a los actores, con cuánta antelación entregaba el material, tenía previamente la gran historia en su cabeza o la iba modificando a medida que se iba emitiendo?

La cantidad de páginas por capítulo variaban acorde a las escenas, con más o menos tempos. Promedio: 45 a 50 páginas oficio. Cinco cortes comerciales marcados por el autor. Si se pasaba de tiempo, no había problema. No le cortaban texto. El primer capítulo tiene 53 páginas, 7 de ellas –reitero: páginas tamaño oficio- son un monólogo de Claudio García Satur. En ese primer capítulo actúa Marcelo Marcote, que luego hará otro personaje en la segunda temporada, como Quique, el hijo de Natalia Riglos Arana (Nora Cárpena). Migré terminaba de ver el capítulo al aire, hablaba por teléfono hasta la madrugada con sus amigos, con actores, con el director. Luego se preparaba unos mates y empezaba a escribir el próximo, el capítulo que se iba a grabar días después. Tenía en su cabeza la idea general de la novela, pero iba armando cada capítulo acorde a lo que veía en el anterior, a lo que le daba uno u otro actor, a lo que escuchaba que le gustaba más a la gente. Nunca trabajó con escaletas. De pronto una trama pequeña se convertía en una subtrama muy interesante y de larga continuidad. Igual ocurría con los personajes. A veces un actor iba a hacer un capítulo y terminaba haciendo 10 o 20. O era contratado por el canal. Además, trabajaba, especialmente en esta novela, con la actualidad. Migré nunca entregó los libros con tiempo. Un par de novelas se grabaron con libros recibidos en el día. Incluso llegó a mandar el segundo bloque mientras grababan el primero. El tercero lo recibían cuando terminaban de grabar el segundo… y así. Su letra no era fácil de estudiar para los actores, pero tenía una música y una poesía deliciosas. Y acotaciones muy precisas que en algunos casos tienen más de una página, dónde sólo hay descripción de planos, de escenografía, utilería, vestuario y después comienza el diálogo. En otros casos, hay extensas y claras indicaciones a los actores. Tomé una fortuitamente y en un texto de media página que dice el personaje de Rolando, le pide a Satur: 1) Hablale a ese frente de la casa como a una persona; 2) Ahora decí esta línea algo forzado; 3) Luego le pide que lo diga: En disimulo; 4) Después: Ligá rápido como contestando a lo anterior, pero siempre nublado de emoción; 5) Vacilá antes de decirlo; 6) Carraspeá a boca cerrada; 7) Sonríe estúpidamente; 8) Sonríe corto; 9) Risita nerviosa, más larga, 9) ¡De pronto, observa!, 9) Más alto. Todo esto a la derecha junto al diálogo. Y a la izquierda le escribe media página sobre cómo debe mirar, cuándo se debe tocar el pelo y de qué manera: le pide “de nuca a cuello, como si quisiera darse vuelta y no se atreviera, pero lo hace por fin y se enfrenta a lo que ve”. También le pide que se calle con cierta vergüenza, que sonría aturdido, que achique los ojos, después le pide que los abra como descubriendo peligro. Le pide al director, todo esto en la misma escena, que haga “avanzar lentón al actor, como hacia una madre o una novia con la que no se ve desde hace mucho tiempo hasta que de pronto la emoción lo precipita a un abrazo inexplicable, raro, con palmoteo. Es la ridícula y extraña sensación que resuelve un hombre abrazando una casa” (SIC). Todo en media página. Y claro, decir la letra.

Hay coincidencia en que un secreto del éxito fue el haber provocado que multitud de hombres se acercara por primera vez a una telenovela. ¿Cuál fue la razón?

Los hombres veían la novela por la barra, el barrio, los personajes invitados. Y porque la historia era fantástica. Las subtramas cautivaban tanto como el eje. Además, la novela tenía como título el nombre de un hombre, lo que ya había sucedido con Nino, protagonizada por Enzo Viena, que también fue mirada por muchos hombres. Ya desde el comienzo de la novela, cuando Claudio les habla a distintas clases de público, entre ellos se dirige a los hombres. La parada de taxi que muestra cuando empieza el capítulo, es aparentemente un mundo de hombres. Luego sorprende al incorporar a Magoya (Beba Bidart) y a Felisa (Elsa Piuselli). También fue audaz para la época mostrar taxistas mujeres. Luego Satur mira a cámara y le pide a una nena que no cambie de canal. Le dice: “pará un cachito. Dame tiempo. Esto te puede gustar”. Luego le habla a una abuela y le dice que se suba a sus cuatro ruedas que le dé la oportunidad de llevarla a pasear como a una novia. Y después le habla a las madres y después a los padres, al hombre. Le dice: *Hola viejo (SONRÍE) No ”enchinche”. Viejo así…cariñosamente. Viejo como quién dice: padre. (UNA NOTA LE VIBRA ADENTRO DE ÉL) ¿Sabe?…yo… padre no digo hace tiempo…un rato largo….y.. cuando no lo dije más era así (SEÑA CON LA MANO DE ALTURA DE UN NIÑO) imagínese. Será por esta cuestión que me va a importar mucho también su compañía, su ternura, su “amistá”: (SONRÍE ALEGRE) Así me gusta, se puso el pijama. Y después le pide que no bostece… “Aquí le habla al hombre. Lo invita a ver una novela en familia. Después se dirige a los pibes y pibas de 20 años y los invita a quedarse en la casa y verlo. Les cuenta que no tiene la pinta de Delon ni la labia de Fernando Bravo, pero les dice que tal vez les resulte pintoresco o simpático. Así que les pide que se queden a mirarlo. Habla de su cicatriz, de su diente encimado, de una peca en la espalda y un lunar en el codo. Y la música también le habla a los hombres y Rolo lo dice de entrada: “vos no sabés muchacho lo que se juna guiando un tacho”. Cuando apela al padre, es cuando creo que los hombres empiezan a ver Rolando Rivas.

Sin dudas que la química entre los protagonistas ayudó al éxito. ¿Fue Migré el que eligió a la pareja Satur-Silveyra?

Migré eligió primero a otra pareja. Luego se decidió por Claudio García Satur, con quién se reunía para charlar largas horas sobre la trama, antes de que tuvieran la certeza de hacer la novela. A Solita la eligió el Canal. Migré primero se resistió porque le parecía demasiado joven. Terminó aceptando la propuesta del canal. Y quedó fascinado con el trabajo de Soledad, que sin dudarlo fue impecable. De hecho, la química entre Soledad y Claudio fue fundamental para construir el éxito. Del mismo modo la pareja de Claudio con Nora, también sumamente empática.

«La química entre Soledad y Claudio fue fundamental para construir el éxito», asegura Agú

¿Qué opinión personal tenía Migré de su labor creativa en este programa, en relación con otras ficciones suyas de gran éxito, anteriores y posteriores?

Migré no consideró nunca a Rolando Rivas, taxista como la mejor novela que escribió. Me contaba que cuando terminó el primer capítulo, sonó el teléfono. Era Nené Cascallar. Nené le dijo: “Usted acaba de revolucionar la telenovela argentina. Rolando Rivas es un antes y un después en la televisión. Usted la va a recordar como la mejor novela que escribió”. Sin embargo, a él le gustó mucho Dos a quererse y Piel naranja. Amaba esas dos novelas. También hablaba con mucho amor de Pobre diabla, novela de la que aún hoy se transmiten versiones por el mundo. De todos modos, terminó reconociendo tiempo después del llamado de Cascallar, que sí, que había revolucionado incluso la manera de contar sobre todo por la presencia de la calle y la realidad atravesando la ficción.

Ahora, 50 años, más tarde, ¿cómo percibís el hecho estético de Rolando Rivas?

Hoy se cuenta de otra manera. Las escenas son más breves. El ritmo es diferente y ni hablar el lenguaje. Pero la relación con lo cotidiano en muchas telenovelas sigue estando presente. La estética de Rolando Rivas, taxista, sobre todo teniendo en cuenta la época, fue maravillosa. Hoy se cuenta con más posibilidades técnicas, más juegos de cámaras, otras herramientas para la edición.

Te pregunto sobre tu visión como espectador. En aquellos 1972 y 1973, ¿veías el programa?

Yo vivía en un pueblo. Era un chico. En mi casa no había televisión. Veía Rolando Rivas en la casa de mi abuela, donde la imagen por momentos se perdía y sólo se escuchaba. La novela, pese a ser un pibe, me estremecía. Era en blanco y negro y yo veía colores. Olía al barrio, a las milanesas de Noemí (María Elena Sagrera). Sentía que del televisor salía olor. En el primer capítulo creo que fue, que un hombre pasa y le da la mano a Satur y yo pensé: qué bueno, se puede tocar a los personajes. Después supe por Migré qué hacía eso, como la caricia de una mujer a la espalda de Arnaldo André, para que el televidente sintiera que los podía tocar, que eran de carne y hueso. La novela me despertó fantasías. Empecé a armar historias. También me disparó la idea de ser actor y de escribir melodrama. Le escribí a Migré a Canal 13. Le expresaba mi admiración y le decía que pese a la situación económica de mi familia y a vivir en Hersilia, en la provincia de Santa Fe, un pueblo tan distante de Buenos Aires, algún día iba a visitar la gran ciudad y lo iba a encontrar para agradecerle por tanta emoción. Migré guardó esa carta. Le sorprendió la manera en que estaba redactada. La leímos cuando hicimos el primer programa que escribimos en coautoría para la Argentina.

Leonardo Coire


De Migré a Rolando

Tres décadas más tarde de aquel fenomenal éxito, Migré escribió una sentida “carta” destinada a su gran creación ficcional: el personaje del taxista Rolando Rivas. Aquí reproducimos su texto original:

Carta de Migré a Rolando

Querido amigo: Han pasado 30 años desde que dejamos de “tratarnos”.

Cómo se pianta la vida. A veces me parece que fue ayer, otras un siglo. Te rescata del olvido el afecto de las gentes para las que fuiste un ídolo. Me preguntaron por vos como por alguien de sus familias. ¿Estarías hoy en Plaza de Mayo cantando con bronca y fervor las estrofas del Himno en un acto piquetero? ¿O enfrentando a un grupo que en señal de protesta le cerró el paso a tu taxi perjudicando tu trabajo? ¿Seguirás manejando un taxi? ¿Convivirás con tu segunda mujer, Natalia? ¿Hubo otro hijo además del Quique al que adoptaste como propio? Cuántos interrogantes. ¿Qué fue de tu hermana Noemí? ¿Del Juanjo y la Nené? ¿Qué de la simpática barra del café de Boedo y San Juan con Magoya como capitana y Cortito como mascota?

¿En 30 años habrás cambiado de convicciones, proyectos? ¿Ideales? Fuiste un tipo derecho. Bueno a carta cabal, generoso, simpático, solidario.

“Un chabón poco frecuente” te definirían hoy.

Yo sigo opinando: un mirlo blanco.

Seguramente en aquél diciembre del 73 cuando se jugó tu suerte en la ficción y te fuiste rumbo al último viaje, Satur y yo cometimos un error al decidir retirar de la circulación tu taxi. Temimos que el público se cansara de tus historias cotidianas, simples, de tus altibajos emocionales, de tus andanzas laborales y personales. Preferimos que se te extrañara a que colmaras la paciencia del teleespectador.

Y nos equivocamos, porque la vida se repite siempre, aunque las circunstancias parezcan distintas. Y FUNDAMENTALMENTE porque un éxito no se mata.

Hoy con el pelo blanco, acaso a punto de jubilarte, hoy con otro fracaso sentimental a cuestas, con tus aciertos y virtudes seguirías siendo un prototipo de este atormentado Bs. As. O bien pudo ocurrir que esta ciudad, rota en pedazos, quebrara tu vida en un viaje. Un asalto. Un tiro. Eliminar al personaje para que el continuador de la historia fuese un hijo de aquél Rolando y aquélla Natalia que heredaron el taxi.

Vanidosamente se me ocurre que el tuyo es un laburo apasionante, un cabal espejo de las vivencias del país, un argumento rico, interminable, cuyos vericuetos no tienen por qué perder vigencia.

¿Pero, para qué hablar? de lo que no fue! Tu ausencia agigantó el recuerdo, te hizo mejor de lo que fuiste. Que se te extrañe y me lo repitan a diario demuestra que saber poner punto final A TIEMPO también es una virtud. No me siento capaz de explicar un éxito, sigue pareciéndome un imponderable, un misterio que trasciende a un buen libro, una buena realización e interpretaciones notables. No estaría mal, hoy, encontrar a un cómplice para el desafío de resucitar hechos y palabras capaces de entretener, conmover, atrapar como supiste hacerlo junto a tu grupo familiar y tus amigos. El público celebra siempre ser partícipe de una historia creíble como lo fue “tu” historia.

Estés donde estés, cualquiera haya sido tu destino, recibí un abrazo entrañable, Rolando Rivas (taxista,) de tu incondicional amigo.

Alberto Migré


El autor, en pocas palabras

Alberto Migré fue autor y productor de varias de las telenovelas y radioteatros más exitosos del medio. Fue el hijo mimado de una familia de piamonteses. Alberto pasó una infancia agradable, rodeado de libros de historia y filosofía, -una pasión de su madre-, y bajo la influencia emprendedora de su padre, quienes le dieron una educación adecuada la cual le fue muy útil al momento de iniciar su vida profesional. Al comienzo de su carrera literaria, por aviso de sus colegas y mentores, decidió cambiar su nombre de nacimiento “Felipe Alberto Milletari Miagro” y adoptar el seudónimo de “Alberto Migré” adoptando su segundo nombre y un derivado piamontés del apellido de su madre “Miagro”. Comenzó su carrera en radio, donde intervino en numerosos y exitosos radioteatros; debutó como autor a los 15 años de edad, con una obra en Radio Libertad interpretada por Chela Ruiz y Horacio Delfino. Seguiría activo en este medio hasta su muerte. Cobró enorme popularidad en los años sesenta, con otros consagrados autores del género teleteatral como Abel Santa Cruz, Nené Cascallar y Alma Bressan. Entre los mayores éxitos de su carrera (más de 700 libretos) se destacaron, además de los mencionados Rolando Rivas, taxista y Pobre diabla, Piel naranja o Una voz en el teléfono. Durante sus últimos años Migré fue presidente de Argentores. En 2001 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. A los 74 años falleció de un paro cardíaco mientras dormía, en Buenos Aires.