Revista Florencio

CINE. TOIA BONINO HABLA DE SU DOCUMENTAL LA SANGRE EN EL OJO

“A lo que le dedico más tiempo hoy es al cine”

Toia Bonino

Artista visual, docente, licenciada en Psicología y cineasta, Toia Bonino, autora del documental La sangre en el ojo que premió Argentores en distinción compartida con otra autora, reconoce, sin embargo, que hoy la mayor parte de sus esfuerzos creativos están volcados al cine, una actividad que realmente la entusiasma. Ya premiada a la Mejor Dirección en una de las competencias del BABICI por su primer largometraje, Orione, la realizadora logró un nuevo reconocimiento por el trabajo galardonado por Argentores -hecho que la llena de satisfacción porque ratifica el acierto en la orientación de su carrera-, mientras ya está trabajando en un tercer largometraje Plata o mierda, con el cual completaría con los dos previos una trilogía. Mientras está ya en plena actividad con este proyecto, la cineasta encontró un lugar para conservar con la revista Florencio, para hablar de las características de cada una de sus obras, además de Manteles, un corto con el que despegó el nuevo ciclo de su vocación artística

Toia: ¿tu primer trabajo en cine fue un corto, Manteles, no es así?

Sí, Manteles es un primer corto que yo hice y antes del cual no había grabado nada. Hice un taller de video y en esa instancia comencé a grabar. Manteles transcurre en el barrio Don Orione y es el trabajo a través del cual conozco a Ana, que es la protagonista de mi primer documental, un largometraje ya, llamado Orione. Pero pasaron diez años entre Manteles y Orione y en ese tiempo hice otras piezas de videoarte. Luego hice mi segundo largometraje, La sangre en el ojo, y ahora estoy trabajando con un tercer documental con el cual redondearía una trilogía con los dos anteriores.

Escena de «La sangre en el ojo»

¿Estás trabajando en ese proyecto?

Sí. Es un proyecto que se llama Plata o mierda, que es como decir “Todo o nada”, una situación extrema, donde no hay grises. Sería también como una versión degradada de lo que podríamos denominar “El oro y el barro”. La plata es un metal de menor calidad que el oro,  y la mierda es todavía  más degradada que el barro.

Sos artista visual, licenciada en psicología y cineasta. ¿Cómo se entrelazaron todas estas profesiones y en qué medida las ejerces?

En realidad, lo que más me interesa y en lo que dedico más tiempo hoy,  es al cine, que es una disciplina que no estudié específicamente, sino que, como vos bien decís, yo estudié por un lado Bellas Artes y por el otro Psicología. De ambas disciplinas doy clases, de modo que se podría decir que se siguen desarrollando en la actualidad. Dentro de psicología lo que me interesa es el psicoanálisis y durante algún tiempo, muy breve, atendí pacientes, pero ahora hace mucho que estoy desligada de la actividad clínica.

En estos días estoy retomando algunas cosas de serigrafía, como una actividad relacionada con las artes plásticas, pero es el cine lo que ocupó ese interés por lo visual.

Sin embargo, creo que en el cine hay algo, si bien de manera colateral, de esas otras dos carreras que puede intervenir. Sobre todo en el cine documental. Se nota en las entrevistas, por ejemplo. En la manera de escuchar al otro, de preguntar, hay algo allí de lo psicoanalítico. Y desde la fotografía, desde el encuadre, los colores, la composición de los planos, hay algo también de lo plástico. Por lo tanto distintos aspectos de mi formación, de algún modo, han confluido en mi actividad  como realizadora, si bien se podría hacer cine también con una formación totalmente diferente. En mi caso se dio de este modo.

¿Decís que a Ana, la protagonista de Orione, la conociste al filmar Manteles, no?

La verdad es que no vivo en el barrio Don Orione, vivo a unos veinte minutos, pero me acerqué al lugar gracias a un grupo de mujeres con quienes constituíamos el grupo llamado Creando Juntas.  En ese momento las problemáticas de género,  no tenía tanta visibilidad como ahora, ya que eso ocurrió hace 17 años atrás. En un barrio con muchas dificultades y cosas no estructuradas encontrar una asociación de mujeres fue algo particular. Y ahí con esas mujeres trabajábamos en temas como la violencia de género, talleres y varias actividades.  Yo daba un taller de artes visuales e hicimos un libro-objeto, que se llama Retratos de palier.  En él se cuenta la historia del barrio Don Orione y la historia de tres mujeres que residen en él de distintas edades. Y a partir de allí, mientras hacía ese curso de video del que te hablé,  tomé la decisión de visitar a mujeres de departamentos cercanos a la asociación de mujeres y preguntarles por sus manteles. Fui a ver a muchas vecinas, siempre acompañada por mujeres de la asociación, que vivían allí y a las que les abrían con facilidad sus departamentos. Después ya me fueron conociendo y hubo confianza. Y allí apareció algo impactante respecto al mantel: cómo ese objeto tan cotidiano, en el borde entre lo funcional y lo decorativo.  Aparecieron muchas historias íntimas de las mujeres que relataban los hechos relacionados con su mantel. Desde la situación económica, el club de football, los recuerdos de quienes ya no están,  las fiestas, etc, etc.  Y en esa situación conocí a Ana.  Le pregunté por su mantel y me contó que no tenía un mantel especial, pero que sí guardaba la última servilleta que había usado su hijo l última noche que pasaron juntos. Y entonces, a partir de ese recuerdo ella me contó la historia de su hijo, que había sido asesinado. La historia, que era muy conocida en el barrio, me impactó mucho. Ella, en un momento de su vida, había hecho incluso un altar en el sitio donde habían asesinado al hijo. Me pareció muy conmovedor el relato de Ana y su forma de narrar, me dieron ganas de contar esa historia. Igual terminé haciendo la película diez años después, pero su origen fue ese.  Manteles es el relato de varias mujeres del barrio sobre su mantel, entre las cuales está Ana. Y fue filmado como un corto. Después vinieron los dos largometrajes, que cuenta la historia familiar de Ana y de sus hijos varones: el primero en Orione y luego en La sangre en el ojo.

¿Qué diferencias y similitudes habría narrativamente entre Orione y La sangre en el ojo?

A mí me parece que tiene varias similitudes, aunque formalmente hay una diferencia importante.  Orione, si bien es un collage, hay bastante material en VHS, porque hay imágenes familiares de esa época. Hay imagenes de noticieros, e imágenes que grabé yo. En cambio, lo que aparece en La sangre en el ojo es el uso del celular, donde los propios protagonistas se graban a sí mismos con ese dispositivo. Y eso genera un otro registro que no existía en Orione, que fue estrenada en 2017, pero empezó a ser filmada por 2015, un momento en que el uso del celular no estaba tan extendido aún. Estaban los celulares, pero algunos no tenían cámaras y se manejaban de otra manera. Entonces, una diferencia es, por un lado, el uso del celular, y por el otro, a mi personaje en Orione yo le digo: “Bueno Ana, empecemos por Ale” y no vuelvo a aparecer. En cambio, en La sangre en el ojo hay momentos en donde el personaje claramente se dirige a mí. En la tercera película, Plata o mierda, en vez de ser una entrevista es directamente un diálogo entre Marcos un,  que hace la codirección conmigo y que está privado de su libertad. De modo que el rol de la realizadora fue trazando, a través de las tres películas, una línea de progresivo aumento, aparece cada vez más en ellas.

¿Tenés el guion de la próxima película, Plata o mierda?

Sí, ya está hecho. Y hay algún trabajo fílmico que ya se está haciendo y otro para el cual falta todavía conseguir financiación, que, como se sabe, es lo más arduo, lo más duro.

Orione

¿Cómo fueron los procesos de elaboración del guion en tus películas?

Orione lo fui trabajando yo sola y con un buen tratamiento sonoro después. Un día un amigo me ayudó a grabar algo con dos cámaras, pero en general fue una cosa muy personal. Por lo demás todavía no sabía demasiado en el plano técnico. Y había una cosa más vinculada a la búsqueda que a la necesidad de tener un guion a cumplir. Mi modo de trabajar tiene que ver más con el realizador integral que con el de director, productor, director de fotografía,  asistente o camarógrafo. En La sangre en el ojo hay algunas escenas más complicadas, pero fueron muy poquitas. Y a veces el acento está más puesto en la búsqueda de materiales o la espera de que otros lo produzcan, para luego recolectarlos y ponerles un orden, que con cantidad de jornadas de grabación. Es como una tarea casi de detective, de investigación, no solo de director.

¿Y cuál sería la función esencial del guion en tu trabajo, en que te ayuda?

En Orione tenía un guion que me pareció, al principio, que lo escribía más como una formalidad, por la necesidad de poder contar de qué se trataría la película. Y que ese escrito me ayudaría en el camino sin ser un corsé. Y la verdad que luego, cuando la película estuvo terminada, lo leí de nuevo al  guion y comprobé que no había una distancia tan grande, como pensaba al principio, con el producto final. La verdad es que, en mi experiencia, el guion es algo que se va construyendo, entre un momento inicial, con la idea de la historia y la necesidad de contarla, y un momento posterior de la edición, donde se comprueba que si bien hay ideas que ya están planteadas, hay que ver en la marcha cuales se sostienen y permanecen. Y a veces aparecen otros materiales que en el guion no estaban contemplados. Entonces diría que es un guion que se va construyendo entre una idea previa y el momento del montaje. Por otra parte, es cierto que también gracias al guion a veces uno contempla ideas que si no estuvieran escritas tal vez nunca se hubieran pensado. O sea, que el guion puede ser también un buen disparador de ideas. Luego, como decimos, en el trabajo de edición se tiene la posibilidad de reformar lo que no funciona. Por eso me parece que hay un proceso que vincula el inicio, el momento de la filmación y un cierre en la edición, donde el guion estaría entre ambos extremos. Y finalmente el espectador no lee el guion, sino lo que se ve de él. No la parte literaria, sino parte narrativa de la película, cómo está tratada.

Se ha comentado que esa narración en tu película suele estar segmentada. ¿Es así?

Sí, está segmentada por esa estructura en collage que tiene el documental, que está constituido por materiales distintos, que vienen de universos diferentes. Y a mí me gusta mantener el contraste entre ellos. Así pasamos de un VHS a un 4K,

¿Cuáles serían tus propósitos más importantes que te han guiado en la realización de los documentales que hemos comentado?

A mí lo que me interesa mostrar es la complejidad de esta situación del mundo delictivo, donde no solamente está lo violento, que es lo que más conocemos, sino también lo amoroso. El sistema capitalista es  responsable de esta mirada parcializada de ese mundo. Vivimos en sociedades donde solo algunos tienen todo y otros muy poco. Y lo peor es que a veces creemos estar al margen de esta situación. Entonces, me pregunto: ¿qué pretendemos de aquellos que no tienen nada? Deja a cuatro personas sin comer, con un sándwich en el medio y vamos a ver  si todos mantienen los modales y las buenas formas. Creo que se trata de no juzgar a partir del contexto de uno, sino intentar entender otro contexto del que también somos parte. Si a mí me vienen a pedir ayuda, a veces doy, a veces no, en general poco; si vienen con un arma es seguro que doy mucho más, y si me amenazan la vida de un hijo doy todo. Uno, de algún modo, forma parte de ese código y de esa injusticia, que de algún modo incita a la violencia. No quiere decir que todos reaccionen así ni que a mí no me asuste o preocupa la violencia y sus efectos. Lo que quiero decir es que hay cosas, tratamientos que l invisibilizan la complejidad de ese problema. Se muestra a cinco delincuentes, que no sabemos ni el nombre, ni su historia, si la mujer lo quería, o tenían hijos, solo los tratan como objetos peligrosos para nosotros. Y un poco lo que intentaba en mis documentales era pensar en la subjetividad de esos otros. Cuando la injusticia no nos toca de cerca, solemos mirar para otro lado. Y lo único que se muestra es que del otro lado se responde de modo violento. Y esa actitud nos impide ver que hay un fondo más complejo en ese problema. Por eso, me parece importante mirar de otra manera ese fenómeno, sin esa mirada estereotipada del prejuicio. ¿Somos capaces de comprender a quienes se nos ha enseñado a temer?

¿Cómo se pudieron financiar tus documentales?

Orione fue una producción muy chiquita y recibió una ayuda del INCA. Y La sangre en el ojo ya cuenta con una productora con mayor trayectoria, Gemafilms  y recibimos apoyo del Incaa y un fondo para desarrollo en el extranjero, algo pequeño pero que nos sirvió mucho. Ahora estamos tratando de conseguir financiación para Plata o mierda. Por lo pronto, La sangre en el ojo la presentaré en Toulouse,  el Festival de Cine Latino, y ahí ya presenté como proyecto Plata o mierda, y de a poquito estamos viendo si nos presentamos a algún subsidio y al INCAA también.

Terminada la trilogía con Plata o mierda, ¿seguirás haciendo documentales?

Creo que ya con esta nueva película se termina para mí esta historia del barrio Don Orione, pero me sigue interesando mucho lo documental, pero un poco más ligado a lo experimental. Por ahí trabajar más plásticamente el film, tal vez interviniendo el material, tengo muchas ideas pero todavía sin mucha precisión.

Es la artista plástica que puja de atrás, pidiendo espacio.

Si, un poco de eso hay, por eso estoy estudiando serigrafía, tengo ganas de hacer algo con unas películas en Super 8 que hizo mi papá. Algo entre las películas, la fotografía, la serigrafía, algo en relación a las imágenes y los distintos formatos. Pero, por ahora, supongo que estaré en los próximos dos años con Plata o mierda, y al terminar ya veré.