Teatro

EFEMÉRIDES

A cien años del nacimiento de Carlos Gorostiza

La poesía es palabra en el tiempo, sentenció un poeta sevillano. Y lo mismo hubiera podido pensar Carlos Gorostiza, porque es cierto: un poeta no es alguien que se dedica a la mera función de largar al mundo criaturas poéticas sino que entraña una manera de vivir. Un modo particular de estar en el mundo. No es casual –no puede serlo, puesto que todo lo que le sucede a un hombre se le parece – que su último libro publicado, De guerras y de amores. Poemas 1939-1944 y otros escritos íntimos, haya sido de poemas como tampoco que, entre sus páginas, se encuentre un diálogo consigo mismo –un desdoblamiento desde su presente al muchacho que fue–, ni mucho menos que su última obra representada, Distracciones, tenga al igual que en El puente, a personajes jóvenes como protagonistas; porque en última instancia la preocupación que subyace en toda su obra, y por lo tanto en la vida, es el tiempo, o mejor: esa tríada conformada por la memoria, el tiempo y las costumbres –tal como lo pensó Beckett en relación a Proust –.

El tiempo, al igual que ese río que fluye para Heráclito, convierte al individuo en el escenario de un proceso constante de trasvase. “A mí el tiempo me preocupa. Tiene que ver con lo que yo pienso sobre él. En mi primera novela, que empecé a escribir a los quince años, el tiempo era el eje primordial. Y ahora me lo encuentro también en los títulos: Matar el tiempo, A propósito del tiempo. Por ejemplo, el tiempo en Los hermanos queridos no aparece como materia concreta. Está en los dos hermanos, en las dos familias, que conviven sin verse y sin oírse, esperándose unos a los otros. En todas mis obras aparece. Estoy terminando un cuento que se llama El tiempo de los pájaros”, dijo Gorostiza durante una entrevista. Y en otra oportunidad, señaló: “Se vuelve pero en espiral”.

Ahora nos vamos acercando al centro de la incógnita –preocupación lo denominó el autor de El pan de la locura, a esa zona un tanto inefable donde vida y obra se encuentran y cruzan hasta fundirse. No hay artista que no aspire a la trascendencia por medio de su obra, la ilusión de burlar a la muerte o abolirla, un perpetuarse hacia la eternidad. Sólo que en Carlos Gorostiza hay una singularidad, pareció comprender algo desde muy temprano, una especie de revelación que tal vez se dio en su infancia cuando los primeros versos eran secretamente escritos, desconfiados de la mirada de su hermano mayor, y los libros que no había en su casa eran descubiertos en la Biblioteca del Maestro. Quién sabe. Lo cierto es que en la concepción romántica de la eternidad alcanzada por medio de una obra lo que prevalece en sus cimentos no es otra cosa que la inmovilidad, vale decir la fijación del tiempo, detenido una vez y para siempre. Y esto es justamente todo lo contrario no ya para el dramaturgo, poeta, novelista, actor y político sino al hombre que fue Carlos Gorostiza. O para decirlo con sus propias palabras: “Vivir en la actualidad, a uno indefectiblemente lo hace joven, por más edad que tenga”.

Vivir en la actualidad o crear obras que transiten por la corriente del tiempo y se transformen o evolucionen. O ambas. Ese es el secreto. Sus obras continuarán siendo leídas y representadas. Hasta no hace mucho hubo nuevas puestas en escena de El puente, Los hermanos queridos y Hay que apagar el fuego; y no solamente en nuestro país, también alrededor del mundo. Esta especie de revelación se irá materializando a lo largo de toda su vida. Y no solamente como autor de ficciones sino en sus insoslayables aportes dentro de lo que significó el Teatro Abierto, por ejemplo, con todo lo que permitió hasta el día hoy, como así también dentro de la política como Secretario de Cultura en una democracia que nacía con Raúl Alfonsín.

Cada uno tiene para sí un hecho significativo que lo consuela de la idea de la muerte. A propósito de esa “actualidad” en constante movimiento, Carlos Gorostiza llegó a verla materializada felizmente en la versión dirigida por Mariana Gióvine de A propósito del tiempo, actuada por “un grupo de muchachos”, como los llamó el escritor, una hermosa e inteligente versión en clave de clown. Ojalá haya sentido, una vez más, que lo había logrado.

Carlos Gorostiza nació un 7 de junio de 1920 y falleció el 19 de julio de 2016. Lamentablemente debido a la cuarentena obligatoria como consecuencia de la pandemia no fue posible llevar a cabo los distintos homenajes que habían sido preparados por los cien años de Carlos Gorostiza. Entre ellos, cabe destacar que Luis Brandoni estaba por estrenar el 20 de marzo, bajo su propia dirección y actuación, El Acompañamiento en el Multiteatro de Carlos Rottemberg. El investigador y crítico teatral Jorge Dubatti (AINCRIT) había organizado en la Feria del Libro para el día 6 de mayo en la Sala Sarmiento una mesa: “El Teatro de Carlos Gorostiza Hoy: nuevas lecturas en su Centenario”. Y para el miércoles 13 de mayo, estaba prevista una jornada de homenaje con mesas de recordatorio y discusión en el Teatro El Picadero, antes de la representación, ese mismo día, de las obras El Patio de Atrás y Toque de Queda bajo la Dirección de Natacha Delgado y con la puesta en escena por parte de la cooperativa de actores de Andamio 90. También Matías Guerrieri, director del Grupo Teatral «El Ciclo», iba a representar tres obras, El Lugar; Juana y Pedro y Los Hermanos Queridos, bajo el título «Tríptico Gorostiza: Carlos te contaba» en la Sala Actors Studio, todos los domingos de julio.

Desde Argentores no queríamos dejar de resaltar que la comunidad artística y cultural tenía planificado rendir su tan merecido homenaje al querido, admirado y respetado Carlos Gorostiza. Un hombre que, a la ética de la forma, le dio una forma ética a la vida.

Fotos: Magdalena Viggiani