Convocan a elencos de todo el país para el festival de teatro de Zapala

La Secretaría de Cultura de Zapala informó que hasta el próximo 26 de agosto se encuentra abierta la inscripción de compañías, elencos y grupos artísticos para participar del “Festival Nacional del Teatro”, que tendrá lugar el próximo 5, 6 y 7 de noviembre en el Cine Teatro Municipal de Zapala.

Las interesadas e interesados en participar con obras teatrales, stand up, unipersonales, talleres, clínicas, charlas, seminarios o conversatorios deberán enviar su consulta al mail festivaldeteatrozapala@gmail.com.

Las bases y condiciones podrán consultarse en este enlace: AQUÍ

Es importante aclarar que dicho festival no conlleva un concurso de obras ya que cada uno de los elencos, al haber sido seleccionado por un jurado, recibirá un cache fijo por haber pasado a la instancia de presentación.

La ciudad de Zapala cuenta con una vasta historia en teatro de la mano de Hugo Saccocia y el grupo Hueney, organizadores del legendario festival de teatro de humor, cuya última edición se realizó hace ya diez años. Con este Festival, los organizadores se proponen dar continuidad a esta tradición teatral aunque con un formato nuevo.

El adiós a Jorge Hacker

El dramaturgo, actor, adaptador, traductor y director teatral Jorge Hacker falleció a los 90 años. Desde Argentores despedimos con profundo pesar a este destacado socio de nuestra entidad y enviamos nuestras condolencias a sus familiares, colegas, amigos y amigas.

Hacker había nacido en Viena, Austria, en 1931, donde comenzó su formación como director y actor. Tras egresar del Seminario Max Reinhardt de Viena, estudió Técnica en audiovisuales en los Talleres de St. Cloud, en París, y más tarde se perfeccionó como actor con Lee Strasberg, en Nueva York.

En nuestro país desarrolló una importante actividad en los años 60 y 70, ejerciendo la dirección artística de Nuevo Teatro y luego de la sala Planeta. Fue premio Molière 1974.

También se destacó por su labor docente. Enseñó y dirigió en las universidades de Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Santiago del Estero, Tucumán, París y Nueva York. Por otra parte, fue director del Teatro de la Alianza Francesa y profesor de Dirección de Actores en la Universidad del Cine (1992 – 2011).

De su producción como autor y adaptador recordamos las obras teatrales Raíces, Acreedores, Traición, La lección, La mujer judía, Fantoche y La promesa.

Además de director, autor y maestro, Hacker fue Contador Público y Traductor Público y Literario de teatro, ensayo y poesía, en alemán, inglés y francés. Entre otras obras tradujo la poesía completa de Bertolt Brecht, algunas de sus piezas teatrales, así como también obras de Shakespeare, Ionesco y Wesker.

Entre 1998 y 2002 se desempeñó en el Instituto Nacional del Teatro como el primer representante de CABA ante el Consejo de Dirección de ese organismo y luego miembro del Quehacer Teatral Nacional.

Por otra parte, en cine trabajó como actor en quince largometrajes nacionales y coproducciones internacionales; y en televisión, como director en América TV y Canal 7.

Pesar por la muerte de David “Coco” Blaustein

Fue referente del documental político en Argentina. Tenía 68 años.

Foto: Telám

Profundo pesar por la muerte del director y guionista David “Coco” Blaustein, a los 68 años, quien había sufrido días atrás un accidente cerebro vascular. El realizador fue un referente destacado del cine documental vinculado a la temática política en nuestro país. Desde Argentores queremos expresar nuestro dolor y enviar nuestras condolencias a sus familiares, amigos y colegas.

David “Coco” Blaustein había nacido en Buenos Aires en 1953 y era miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Una de sus obras más recordadas es Cazadores de utopías, un documental que se estrenó en 1996. La película está hecha sobre la base de entrevistas recientes a personas que actuaron en la organización guerrillera Montoneros durante la década de 1970.

Más tarde realizó el documental Botín de guerra (2000) que tiene como temática la labor de las Abuelas de Plaza de Mayo para buscar, encontrar y contener a los niños secuestrados durante la dictadura militar argentina (1976-1983).

Entre 2008 y 2009 dirigió el documental Porotos de soja (2009), referido al conflicto entre los productores agropecuarios y el gobierno ocurrido en Argentina entre marzo y julio de 2008.

Su últim trabajo fue Se va a acabar (2021), el documental que co-dirigió junto a Andrés Cedrón, que reúne testimonios silenciados de trabajadoras y trabajadores que participaron en distintos conflictos sindicales durante la última dictadura.

Como guionista fue autor del cortometraje Germán (2005), y los filmes Botín de guerra (2000) y Ciudad oculta (1980).

En su rol de director realizó, además de los mencionados, Fragmentos rebelados (2009) y Hacer patria (2006).

También fue productor del filme documental Papá Iván (2004), dirigido por María Inés Roqué, que refleja la mirada de la directora sobre su padre Juan Julio Roqué, miembro fundador de la organización guerrillera Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y dirigente de Montoneros.

Como productor también trabajó en Hacer patria (2006), La vereda de la sombra (2005), Cuando los santos vienen marchando (2004), (H) Historias cotidianas (2001) y Malvinas, historia de traiciones (1984).

Anuncian nuevas medidas para reactivar el sector cultural

El gobierno nacional anunció el paquete de medidas «Activar Cultura» con el que se propone promover la reactivación en las distintas actividades del sector. El acto encabezado por el Presidente Alberto Fernández se llevó a cabo en el Centro Cultural Kirchner, contó con representantes de las distintas áreas de la industria cultural e incluyó el anuncio de las siguientes medidas:

Cultura Solidaria: Ampliación del apoyo extraordinario que ya alcanzó a más de 50 mil trabajadores y trabajadoras de la cultura y que ahora contará con una cuarta cuota de $15 mil con una inversión total de $750.000.000.

Renacer Audiovisual: Se presenta por primera vez esta política realizada, en forma conjunta con la Secretaria de Medios y Contenidos Públicos, destinada a la reactivación de la industria audiovisual con una inversión de $2500.000.000 y la generación de 5000 puestos de trabajo de forma directa o indirecta. Incluye más de ochenta producciones audiovisuales (contenidos de animación, ficción y documental) y más de setenta proyectos de desarrollo audiovisuales en el marco del MICA.

Impulsar Cultura II: Reapertura del programa de incentivo a la producción de espectáculos en vivo con una inversión de $125.000.000 dirigido a más de 300 proyectos escénicos de circo, danza, música en vivo y teatro en espacios con aforo de más de 300 localidades.

Argentina Florece: Una medida desarrollada con el fin de reactivar la música y el teatro argentinos promoviendo la realización de eventos que vuelvan a acercar al público con sus artistas en todo el país. Con una inversión de más de $590.000.000 que incluye: 1) Festivales con espectáculos artísticos de diversos lenguajes, favoreciendo la participación de elencos y artistas de cada provincia. 2) Hacete Escuchar, un concurso de música para jóvenes de todas las provincias. 3) Argentina Florece Teatral, propuestas teatrales implementadas a través del Instituto Nacional del Teatro.

El anuncio también incluyó líneas de trabajo para los programas Puntos de Cultura, Festivales Argentinos, MANTA, Activar Patrimonio, Pueblos Históricos, y para Ferias del Libro y el fortalecimiento de Bibliotecas Culturales de todo el país.

Trámites autorales online

Con el objetivo de seguir mejorando la atención a nuestros socios, recordamos que Argentores amplió el servicio de trámites online a través del Portal de Autogestión desde el cual, además de consultar los saldos y movimientos en su cuenta corriente, las autoras y autores pueden realizar los trámites de declaración de obras, consultas obras ya declaradas y hacer un seguimiento de los trámites iniciados en nuestra entidad.

Les recordamos a todas las autoras y autores que pueden realizar trámites autorales online a través del Portal del Autogestión de Argentores haciendo clic AQUÍ.

La temible sombra de Pablo Podestá

Es muy sabido y está en todas las historias de nuestra escena que el teatro argentino nació de la notable creatividad de la familia Podestá, ellos fueron transformando el circo criollo en situaciones melodramáticas de muy fuerte llegada al público.  El ejemplo mayor y decisivo fueron los gauchos alzaos, de actitudes nobles, solidarios con los pobres, enfrentados casi siempre con los milicos de la policía y verdaderos centauros que formaban un cuerpo único con su caballito criollo. Y así, con esos cuadros tan primitivos fueron dejando el circo para convertirse de acróbatas en actores. Enseguida surgieron los autores que con sabiduría pulsaron la bordona de la sensibilidad popular.

Algunos de los Podestá fueron figuras claves del teatro nacional como Blanca, gran actriz dramática que hasta tuvo el honor post mortem de que la sala donde casi siempre actuó, el Smart, fuera bautizada con su nombre. También María Esther se destacó aunque con otro perfil más romántico que el de su parienta. Pero el auténtico león de la familia, la fiera indomable que hacía temblar a la platea fue Pablo. De vida efímera –vivió poco y mal- quedó confinado a las zonas más escondidas de la memoria porque partió en el 23 a los 47 y se perdió la época de oro de nuestros escenarios. Se llamó Cecilio Pablo Fernando Podestá y era nacido en Uruguay donde la troupe familiar actuó mucho. Dueño de un temperamento de intensidad poco frecuente sus personajes estaban cargados no ya de electricidad sino de explosivos, fue el gran intérprete de Florencio Sánchez en Barranca abajo y Los muertos.

Y llegamos a un episodio pintoresco y a la vez impresionante. En una de sus actuaciones, Pablo derribaba a otro actor con un golpe muy bien simulado y luego arrojaba sobre él un filoso facón. Como era cirquero y había tirado cuchillos sobre una plataforma redonda de madera que giraba con una chica sujetada en el centro (creo que el número se llamaba la rueda de la muerte) jugaba con mucha exactitud esa escena: el arma se clavaba lejos de la cabeza de su colega pero a la altura de las butacas parecía que estaba a pocos centímetros. Todo bien y la gente  premiaba con aplausos estruendosos.  Lo bravo fue que, sin que los demás se dieran cuenta, Pablo estaba completamente loco. Un poco por sus desbordes, un poco por la sífilis se precipitó en la demencia total. Y cuando al actor que tantas noches veía venir el facón se lo dijeron, se desmayó. Cuando volvió en sí, balbuceó: “¿Pero ustedes se dan cuenta? Ese señor me arrojaba un cuchillo de verdad y  lo clavaba junto a mi cabeza, yo tan tranquilo…¡¡¡Y él estaba absolutamente loco!!” 

La anécdota quedó en los pergaminos más viejos de nuestro teatro y Pablo murió hablando disparates (“acabo de comprar todos los teatros de Buenos Aires”) en la clínica del mejor psiquiatra de Buenos Aires, el doctor Bosch. Vueltas de la vida la  residencia  particular de este médico, un elegante petit hotel de tres pisos en Pacheco de Melo 1820,  hoy es la sede de Argentores.

Rómulo Berruti

Día del Trabajador de la Televisión

El 12 de agosto se celebra el Día del Trabajador de Televisión, Telecomunicación, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos, y desde Argentores queremos enviar nuestro afectuoso saludo a los trabajadores del sector.

El festejo, instaurado en 1973, tuvo que ver originalmente con la conmemoración del Día de Santa Clara de Asís, Patrona de la actividad.

“La danza atraviesa las fronteras de la palabra”

Rodolfo Olguín y Noemí Coelho

El coreógrafo ruso Leonid Jacobson hizo famosa esta frase: “Miles de personas pueden llegar a bailar brillantemente…pero solo unas pocas pueden comprender y expresar el lenguaje de la danza”. Noemí Coelho es una de ellas. Egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, alumna tanto de Aída Mastrazzi, Michel Borowsky, María Ruanova, José Parés, Fernando Alonso, Raimond Franchetti como de Joseph Rusillo, Peter Goos, Paul Steffen, Valerie Camille, Matt Mattox y otros, la bailarina, maestra y coreógrafa, ha creado un día el porteño Modern Jazz Ballet junto a su compañero de escena y vida, Rodolfo Olguín.

Ambos hablaron con Florencio, en una charla donde confluyeron recuerdos, comentarios acerca de ese particular viaje que comenzó en el universo erudito y clásico y concluyó abrevando en un género popular de alto vuelo -como el jazz-, observaciones de la actividad y reflexiones acerca de la condición autoral de la actividad en un complejo contexto.

¿Qué nos puede decir de este proceso de cambio, cómo se les ocurrió introducirse en el universo del jazz?

Coelho. Desde muy niña quise ser bailarina y tuve la suerte de tener una madre que supo interpretar esa pasión. A pesar del hogar humilde en el que me crie y el sacrificio que conlleva esa carrera, me anotó en la escuela del Teatro Colón. Allí aprendí y también amé el duro aprendizaje que significa ser bailarina clásica. En el último año de mi carrera, Alicia Alonso me contrató para su compañía; con el tiempo y los viajes por Europa, me introduje por fin en las técnicas modernas (hoy “contemporáneas”) y el jazz. Todas estas técnicas con los profesores nombrados, me llevaron a desarrollar nuevos músculos, dinámicas y movimientos que me permitieron expresarme a través de músicas diversas, el sentir actual.

«El coreógrafo, como el escritor y el compositor, es un creador y se expresa a través de diferentes estilos de acuerdo a su cultura y talento», dice Coelho

Olguín. A diferencia de Noemí, mis inicios en las artes escénicas comenzaron con el estudio del arte teatral, bajo la dirección de Alejandra Boero. Al ver las películas Torrente indiano, del coreógrafo Joaquín Pérez Fernández y Gaite Parisienne, hicieron que me interesara comenzar a tomar clases de danza para mi formación profesional. De ahí, a seguir mis estudios en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISA), fue un paso, la suerte ya estaba echada: la danza tomaría lugar de privilegio en mi formación. Mi carrera profesional como bailarín comenzó en el Teatro Argentino de La Plata. También integré el elenco estable del Teatro Colón. Posteriormente fui contratado en Chile por el Ballet Municipal y al poco tiempo viajé a Brasil para formar parte de la Compañía Brasilera de Ballet, bajo la dirección de Tatiana Leskowa, donde tuve la oportunidad de trabajar con diversos coreógrafos muy conocidos mundialmente, entre ellos, Arthur Mitchell del American Ballet Theater, y John Cranko del Stuttgart Ballet. Ya en Brasil, donde se encontraba trabajando Noemi como la partenaire de Lennie Dale, se inició el camino que luego haríamos juntos.

Háblenos, Noemí, de un tema clave: el coreógrafo como “autor”. ¿Por qué es tan importante defender la condición autoral del oficio coreográfico?  ¿Qué significado tiene que una entidad autoral como Argentores defienda sus derechos?

Coelho. El coreógrafo, como el escritor y el compositor, es un creador y se expresa a través de diferentes estilos de acuerdo a su cultura y talento. Plagiadores hay muchos en todas las disciplinas, por lo tanto, es importante que exista una sociedad como Argentores que reconozca a la danza a través de los coreógrafos como creadores de espectáculos y que proteja sus derechos.

¿Qué nos puede decir de su experiencia profesional en Europa?

Coelho. La experiencia europea, sin dudas, fue muy enriquecedora, cambiar de compañías significaba trabajar bajo la dirección de personalidades de la danza que fueron acrecentando nuestros conocimientos. Vivir 5 años en Francia nos brindó reconocimiento y seguridad, que hizo posible a nuestro regreso crear el “Modern Jazz Ballet” que sin lugar a dudas marcó un hito en la danza independiente. También para fundar nuestras dos escuelas e imponer esta técnica de “Modern Jazz” imprescindible hoy en todas las escuelas formativas (ISA, Taller del Teatro General San Martin y escuelas nacionales y privadas de todo el país).

¿Cuál es su opinión con respecto a la “interpretación”, cuáles son los límites que un bailarín puede atravesar y cuáles no, con respecto a las ideas de un coreógrafo?

Coelho. La interpretación del bailarín depende de la captación y realización de lo que el coreógrafo propone; sin duda un bailarín logrará expresarse mejor si él y su coreógrafo están en la misma sintonía.

¿Además de la técnica, qué otras condiciones debe tener un bailarín?

Coelho. La técnica le servirá para realizar los movimientos que le son pedidos, pero aún más importantes son la musicalidad, la sensibilidad y el interés cultural que lo llevarán a ser un artista capaz de captar la propuesta que se le asigne.

Usted ha trabajado con Alicia Alonso. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Coelho. Fue mi primera experiencia profesional, un privilegio aprender de sus exigencias y pasión. Exigencias que he puesto al servicio de otras técnicas contemporáneas que  han contribuido a desarrollar mi carrera.

“La danza es el reflejo de la sociedad en que vivimos”, se suele decir…. Les pregunto a los dos: ¿Cómo ven a la danza actualmente en el mundo?  ¿Y en nuestro país?

Olguín. La danza en el mundo cambió como lo ha hecho la sociedad en que vivimos, ciertos cambios no nos han gustado, pero no se puede negar que el progreso de los medios audiovisuales permitió una evolución técnica y coreográfica

«La danza en el mundo cambió como lo ha hecho la sociedad en que vivimos», asegura Rodolfo Olguín

Coelho. La danza con el COVID-19 se vio perjudicada enormemente y en nuestro país más que nunca se ve reflejada como la integrante pobre del mundo del arte, ya que no somos visualizados, no recibimos ninguna ayuda y muchas escuelas se vieron forzadas a cerrar. Somos el reflejo de la sociedad en que vivimos….

¿Cómo podemos definir a la interactuación profesional entre ambos?

Coelho. Pienso que es un frente de lucha e ideales en común que ha dado sus frutos con mucho amor, trabajo y esfuerzo de ambos.

Pasemos a la música popular. Han creado y trabajado a partir de obras de formulación tanguera, folklórica, rockera, etc  ¿Qué nos pueden decir sobre eso?

Coelho. En esta época de tanto ruido sonoro, la apreciación musical es premisa en nuestra enseñanza y para nosotros lo popular no difiere de lo clásico en calidad, por eso, nuestros espectáculos y clases fueron y siguen siendo reconocidos por la calidad musical.

¿Cómo es el proceso que lleva a un bailarín o a una bailarina a convertirse en un “coreógrafo” o en una “coreógrafa”?

Coelho. El paso se va dando paulatinamente. Está en uno, en su propio ser, escuchar música que le inspiren imágenes, es el primer paso. La inspiración surgirá con el trabajo que uno quiere hacer sobre un texto, paisaje o alguna experiencia vivida.

Y una última pregunta: ¿Cuál es el secreto por el cual el ballet -en todos sus estilos y expresiones-  mantiene esta vigencia universal, y qué es lo que ocurre cuando un bailarín sale al escenario, en definitiva?

Coelho. A nuestro entender la danza sigue vigente, su idioma atraviesa las fronteras de la palabra y su acción es comprendida en todo el mundo. Para el intérprete es expresarse a través de las fibras más íntimas de su ser. 

El autor en post-pandemia

 La pandemia trajo y aceleró cambios de forma casi radical en algunos sectores productivos de la industria del entretenimiento. La incertidumbre se apoderó de los mercados. ¿Qué cambios enfrentan los autores en la nueva era? ¿Es ésta una era que dejara detrás la crisis o una puerta hacia una nueva tormenta? Aquí, compartimos reflexiones de Ramiro San Honorio, presidente del Consejo Asesor de Nuevas Tecnologías de Argentores y Director de la carrera de Diseño Audiovisual de la UADE.

El virus del COVID 19, disparó infinitas especulaciones sobre el mundo después de la crisis. Especular es gratis y los pronósticos en estas circunstancias suelen invadir muchos canales de comunicación. Pero lo importante aquí es tomar distancia y detectar el mejor ángulo para un análisis más general, como diría un buen director, tener un encuadre amplio, obtener una fotografía completa de la escena.

Vamos al ABC de la sustentabilidad del sistema actual. La humanidad ha sostenido durante siglos tres pilares en el desarrollo económico global: la agricultura, la industria y los servicios. A través de la historia esto se ha ido transformando a medida que la tecnología nos ha dado ventajas. Es decir, a fines del siglo XVIII todos trabajaban en la agricultura, pocos en la industria y casi nadie en los servicios. El cambio más obvio llegó con la revolución industrial donde la mayoría comenzó a trabajar en la industria (mecanizada) abandonando la agricultura y aumentando el trabajo en los servicios. Pero ahora, nuestra humanidad está atravesando en este nuevo siglo una “revolución de los servicios”. La agricultura y la industria, mecánica, digital y robótica, ha generado que los servicios sean los actores de la escena.

Pero momento, aquí, debemos definir cuál es la función de los autores audiovisuales. ¿Brindamos servicios del entretenimiento o producimos las ideas, el combustible indispensable para una industria? La repuesta no es sencilla, somos creadores, que iniciamos toda cadena de producción de una pieza audiovisual, para que está brinde servicios al sistema de ventanas del entretenimiento. Y también, como agricultores de las letras, sembramos ideas, generamos frutos de semillas colocadas en las hojas en blanco. Atravesamos los tres ejes de las bases que la humanidad necesita para subsistir.

La cultura, la narrativa es parte del ADN humano, nacimos para contar historias, “somos trocitos de historias”, evolucionamos gracias a ello. La creatividad y las emociones nos definen como seres únicos en este globo terráqueo. (Sí, porque aunque parezca mentira en este siglo se pone en duda también si es una esfera o plana). La importancia de nuestro trabajo va más allá del plano del entretenimiento. Muchos países han podido mirar y saber esto, acompañando con recursos y ayuda económica al sector de los creadores y las artes.

Era de esperar que la pandemia acelerara los procesos naturales que comenzaron a detectarse años atrás, las nuevas  tecnologías, la nuevas ventanas, las Otts y la guerra de los servidores eran una proyección futura en aquel 2019, hoy 2021 un presente muy activo y certero.

El autor hoy está navegando ese océano de incertidumbre como muchas otras profesionales, pero tiene una ventaja, el autor siempre está preparado para adelantarse  en la trama. Nuestro ejercicio cotidiano es saber el final, mirar la estructura completa de la historia. Ciertas manifestaciones de las audiencias y los usuarios/espectadores, nos dan señales de lo que puede acontecer en los años venideros.

Los análisis históricos dan por sentado un rebote de la actividad cultura y del entretenimiento.

La búsqueda de liberación física e intelectual ha quedado registrada después de las grandes hambrunas, cataclismo y guerras. Puede leerse así, que muchos especialistas, marcan que se aproximas “nuevos años locos” donde la búsqueda del placer y vivir el momento al máximo serán parte del slogan publicitario de la década.

Aquí las proyecciones audiovisuales y las puestas de artes escénicas ante público en butacas volverían a reafirmarse. Nuevo “sentido de libertad” aflora, pero no todos comparten esta mirada; hay quienes manifiestan que el temor y el individualismo ganó terreno tras esta pandemia, y esto no haría otra cosa que seguir en un sistema de encierro bajo pantallas y púbico virtual. Un público que buscará nuevas experiencias dentro de una seguridad personal, aquí con la ayuda de mayor tecnología para el disfrute de sensaciones más realistas para vivirlas en el living de la casa.

En ambos casos los autores deberán recorrer ambos planos para crear historias, tener en cuenta todas las ventanas. Múltiples pantallas, entre la recuperación paulatina de lo tradicional y el hermoso desafío de las nuevas tecnologías.

Aquí señalamos lo actitudinal frente al desarrollo creativo para cada ventana, pero, ¿qué sucede con el autor en los mercados? La demanda se dispara y las plataformas se multiplican, hay predadores gigantes que se devoran a las pequeñas presas, las OTT se animan a invertir en salas de cine y las salas de cine en experiencias virtuales y plataformas.

El futuro plantea un camino amplio de narradores pero de una industria que necesita ayuda para adaptarse a los nuevos esquemas de trabajo. En los países sub-desarrollados será necesario más que nunca el apoyo del Estado para fomentar la producción, la política de fomentos y subsidio es clave, pero eso parece no ser suficiente sin una política que también ayude en beneficios fiscales. Esta estrategia doble está siendo implementada en el mercado internacional, con ámbito privado y estatal trabajando en conjunto.

Más aun la capacitación del autor en las nuevas tecnologías, será el diferencial más destacado. Conocer el lenguaje que propone la nueva era, es la llave para ampliar horizontes y conquistar a los nuevos usuarios.

Como se puede visualizar, de un lado y otro, todo se transforma, todo este universo hibrido está en continua aceleración para el “big-bang” del contenido. Todo se amplia, y se explora cada rincón donde se pueda hacer una acción o negocio. En cada rincón debe existir una semilla, una idea que crezca con el tallo del desarrollo narrativo y brinde el fruto del éxito. Parece que el contenido seguirá en su trono más que nunca, y los autores también, donde esperemos se gané el reconocimiento dentro de ese reinado.

Por ello mismo, aquí un texto brillante de Salvador Pocho Ottobre que amplia de forma magistral el sentimiento del autor en este presente-futuro que nos atraviesa a todos/as: “Soy autor. A veces tropiezo con caminos que no me llevan a ninguna parte y otras me dejo llevar y parece que hubiera algo nuevo en el horizonte. Lo aprendí de muy joven. Un autor es un buscador de caminos y un generador de sentimientos. Conocí a muchos de nuestros grandes maestros que han pasado por Argentores y recibí de ellos todo el aprendizaje que compartían con una gran generosidad. La aparición de las nuevas tecnologías no fue un problema. Y creo que eso se debe a que la imaginación tiene un permiso que nadie le niega. La idea toma distintas dimensiones. Y de pronto se enoja y desaparece. A veces empieza a crecer y nosotros la espiamos sin que se dé cuenta para ver hasta dónde llega. Nunca supe por qué en medio de un poema sobre la primavera me aparecía la imagen de una huella. Hasta que me di cuenta que la primavera misma es una huella. Vivimos tiempos para amar las huellas. Porque no sabemos bien a dónde nos llevan. Y porque necesitamos dejarnos llevar por todo lo que podamos imaginar. Si sirve para calmarnos, mejor. Si puede curarnos, mejor. Si es puro misterio, mejor todavía. Y si es pura pregunta…Nuestra vida es una pregunta sin  respuestas”.

Salvador «Pocho» Ottobre y Ramiro San Honorio

Los músicos y músicas escénicos sin escenarios

Que la pandemia apagó los reflectores, los proyectores y las marquesinas ya no es noticia.

Se sabe también que esta situación arrastra a varios rubros que necesitan del escenario vivo para plasmar su arte y sustento.

Entre ellos el de los músicos escénicos, los que hacemos y producimos música para espectáculos teatrales, coreográficos o musicales.

Toda adversidad igualmente genera nuevas herramientas, nuevos desafíos y un despliegue inédito de creatividad, con la cual generar nuevas formas de desarrollo de proyectos, ideas y emprendimientos.

Así hicimos los videos y las canciones que nunca tuvimos tiempo de componer y producir, los streamings en los cuales intentamos llegar al espectador de manera indirecta, los mini shows por plataformas digitales y también la subida a plataformas discográficas del material que nunca habíamos compartido.

Si bien la pandemia nos alejó de la presencialidad, nos acercó a ese artista que alguna vez deseó vivir de la música.

Al que compone por componer.

Al que se sienta en el piano a tocar o cantar aquella canción que cantaba en las fiestas de amigos.

Por eso, al que decide estudiar nuevamente algún tratado de armonía olvidado, al que busca en un nuevo instrumento, una nueva forma de expresar su inspiración, al que decide volver a escuchar esos discos olvidados o a estrenar nueva música, debe acercarse de nuevo al piano, para aprovechar la pausa y volver, estoico y renovado, al sagrado escenario.

Martín Bianchedi

La escritura como soporte de una travesía

“Una imagen cosmológica…parece representar reivindicaciones y metas sociales, aportando el ideal de una armonía de sentido frente a abrumadoras dimensiones de oscuridad. Ante la más simple organización tradicional de los símbolos mitológicos, no podemos más que maravillarnos por la fuerza integrativa y estructuradora de la vida que provocan.”  (Joseph Campbell) [1]

Primera huella: la mujer de arena

“Recuerdo haberme asomado al pozo profundo que se nombra como memoria, y haberme recordado, como médano movido por el viento, como horizonte inasible. Ningún paisaje me tranquiliza tanto como el paisaje del desierto pampeano en el que nací. Y ese médano de bordes imprecisos e imprevisibles, de geografías monótonas y caprichosas, ese médano quisquilloso, molesto y bello se me ocurre que es mi origen.  Mis primeras nociones se mezclan con esos   ínfimos trozos de vaya a saber polvo de qué  rocas o conchillas milenarias. El desierto me llama como si fuera mi madre. El desierto. Siempre inabarcable, sin frontera ni arquitectura, más que la de huellas efímeras. Mi origen  es haber sido no de barro, sino de arena.” [2]

Haber nacido en una geografía de médanos movibles, haber tenido nociones muy tempranas de que los caminos podían bifurcarse y que los atajos eran siempre bienvenidos en cualquier viaje, me ayudó definitivamente a comprenderme  como viajera. Ser mujer es una travesía. Lo ha sido para  “mis muchas mi”, para “mis muchos yo, no yo”, para “mis infinitos muchos y múltiples había una vez ” en la clara certeza de que todo está comenzando en una sincronicidad sorprendente donde presente, pasado y futuro, son  pactos, entre cronos (el tiempo mensurable) y kairos (el tiempo metafísico) del que hablaban los griegos.

Ser mujer es ser un sujeto en permanente dilución. Dilución de fronteras, de memorias personales y colectivas que se suceden como escenarios inter combinables. Y desde esta maleabilidad nos conectamos con otras subjetividades y con el entorno. Somos el otro infinito y continuo. También el universo es un infinito continuo. Ser mujer es ser un sujeto inacabado. Y toda alteridad nos identifica. Somos ese otro abismado. Siempre al borde de un acantilado como el loco del tarot, dispuestas a saltar al vacío en esta travesía de identidades y des identidades.

Vivir es una travesía. Escribir también. Afirmarse como sujeto en construcción permanente es un ensamblaje de representaciones heterogéneas. Escribir también.

Nos autoconstruimos, nos auto escribimos, en un acto de autonomía y soberanía en una manera peculiar de territorialización. Nos autoconstruimos desde nuestro cuerpo como caja de resonancia. Nos auto escribimos a medida que ponemos nombre a lo no nombrado o nos animamos a representar lo irrepresentable. Sabiendo que a veces lo que no se puede nombrar y lo irrepresentable pueden no tener articulación posible.

Como sujetos en permanente travesía, jamás habitaremos del todo ninguna de las patrias que reclamamos. El patriarcado como sistema de sujeción rediseña desiguales modos de encastre, permanentemente, de modo que en estado de travesía, debemos estar siempre atentas. He hablado en otra oportunidad del estado de alerta. Cada vez que el sistema patriarcal se pone demasiado “bondadoso“ con la desigualdad que provoca en nombre de “ponerse a tono con los tiempos que cambian”, no puedo más que reforzar el estado de alerta. Mientras el patriarcado provoque segregación y esclavitud, toda promesa de integración merece ser revisada. Como los médanos, somos de arena y hemos aprendido a tomar los atajos necesarios para salvarnos de rutas que nos desvíen de la búsqueda permanente, siempre al borde de nuestros propios límites.

Rossi Braidotti, afirma que la identidad y la subjetividad son momentos en el proceso de definir una posición de sujeto.

“La idea del sujeto como proceso significa… pensarse como una identidad compleja y múltiple, como el sitio de interacción dinámica del deseo con la voluntad, de la subjetividad con el inconsciente: no sólo el deseo libidinal sino además, el deseo ontológico, el deseo de ser…”[3]

Las mujeres, como los médanos de mi infancia, siempre estamos siendo. No como un sujeto monolítico, sino como sujetos capaces de interpelar la hegemonía “racional” desde la cual se nos ha pretendido configurar, reconfigurar y normativizar. Ser siendo, como define Braidotti, es colocar al pensamiento en el lugar de la creación y siempre en la tentativa de repensarse, re definirse y posicionarse entendiendo en ese posicionamiento,  al saber situado, que nos permite reconocernos en la diferencia. Ser es estar siendo. Saber es estar sabiéndose. La certeza de lo inacabado, es un gran indicador de un salto de conciencia. Y creo que es la mayor riqueza que poseemos. No ser el sujeto hegemónico de la sociedad patriarcal, nos ha otorgado el privilegio de prescindir de toda atadura y de certeza alguna.

Escribir  es  armarse, desarmarse, y como he dicho en otras ocasiones, leerse en las palabras, en los paréntesis, en los silencios  y en los puntos suspensivos… Y así como nos experimentamos, escribimos, se trate de un diario personal, o cualquier formato de escritura que elijamos. Vivir es una marca. Escribir también.

Una de mis experiencias de sentir mi marca en una piel  otra se llamó Frida Kahlo. Y así, se manifestó en mi monólogo Fridas.  “Alfileres en el cuerpo. Clavos han brotado de mi sangre…No tengo más ciudad que una antigua columna resquebrajada. Yo, la que se sostiene desde la mirada…Yo, más griega seca que las propias grietas de la tierra. El desierto, mi madre. La sed, mi padre. Y el viento. Mi hijo. El cielo promete aclarar. Lo sé por el pelo, que se recorta diciendo mañana. Y yo, luciendo la falta que nadie cosió para mí. Yo soy la del cuerpo que genera su propia desnudez, que se exhibe mostrando lo que no puede vestirse…Yo, la de los ojos fijos en la que nadie puede adivinar. Yo. La sin casa, la de la gaviota en las cejas, la que apenas termine de llorar, se convertirá en cáscara seca.”

Como mujer, no deseo consistir en nada más que en ser una buscadora. Como escritora, o escribiente, sólo deseo configurar ficciones de existencias que no conozco, y a las que me aproximo hasta sentirles el aliento. Existencias en las que termino reconociéndome. O existencias que terminan fundiéndose en la mía propia. Inventar actos de representación en un eterno hic et nunc. Existencias que redefinen escenarios propios, espejos multiplicadores. El lenguaje como acto fundacional de sentido, de alguien que sabe que no consiste más que en aquellos órdenes que logre subvertir.

En un mundo que ha apostado a las guerras y a la destrucción, ser sujeto en construcción nos convierte en sujetos responsables de los mundos que construimos, desde nuestra conciencia situada. Ser mujer es ser parte de ese otro diferente que no ha hegemonizado ninguno de los flagelos que hoy asolan a la humanidad pluralizada de acuerdo a los ejes de dominación, de sujeción, de opresión y que sin dudas rediseñan nuevas formas de esclavitud, bajo nuevas normativas. Y nosotras  y nuestro lenguaje siempre en tránsito. No maquillando de comprensible lo irrepresentable.  

Sí, ser mujer es una travesía hacia algunas voces. Personales. Colectivas. Sociales. Históricas.  No hay mapa de ruta. Tampoco un tiempo preciso. Apenas puntos de llegada. Como si acampáramos en algunas regiones de la vasta memoria que nos atraviesa. Zonas de llegada para volver  a partir.

Y así me siento, una aventurera en busca de sentidos. Desde luego, la escritura es un instrumento. El instrumento de una migración permanente. Escribir, es ese viaje inevitable de lanzarnos a nuestra propia pisada en la escritura del que nos habla Margueritte Duras [4], dado que siendo mujeres, no tenemos nada que perder, sabiendo que lo que escribimos muchas veces es más fuerte que nosotras mismas.  Marguerite Duras dice que a menudo ni sabemos lo que estamos escribiendo.

Vaya aventura, no saber en qué consistimos, en un mundo que se rompe la cabeza tratando de acomodarnos para ver si nos quedamos quietas, o si nos disciplinan hasta que seamos finalmente un apéndice más en el mundo que decide quién se salva, quién queda al margen.  Vaya tarea construir escenas que casi siempre nos ponen a riesgo de interpelarnos en nuestra propia vulnerabilidad.

Seríamos como el otro inexplicable para la mirada que conforma subjetividades encasilladas. Como si fuéramos un desvío de la existencia explicable, que camina por los carriles de los caminos señalizados. Somos “medanosas”, como la mujer de arena. Construimos territorios en movimiento. Refundamos nuestros cuerpos y nuestro lenguaje, en una construcción individual que se multiplica en otras subjetividades.

He dicho que “la escritura es un llamado. El llamado de una lógica alterada, desde donde se convoca el tiempo del no tiempo, el orden del caos”[5]. Nosotras también existimos a partir de una ontología negada, o sustraída. El auto conocernos es un movimiento que nos lleva a la restitución de nuestro ser en el mundo. Desde la voz propia, a las voces que nos complementan. Las voces están, decía Jung en su Libro Rojo, sólo hay que saber ir hacia ellas. Hacia esas voces estamos yendo siempre.

Posicionadas en esta consciencia de autoconstruirnos en lo personal, en lo social, en lo político, hemos ido dejando huellas de cada universo que ayudamos a reconfigurar. Y siempre haciendo honor al lema feminista de que lo personal es político. Conciencia de género, es consciencia situada. Es consciencia de lugar en el mundo. Somos abarcadoras, y en nuestra conciencia cabe toda existencia posible, como en una articulación del juego de las muñecas rusas.

Segunda huella: Pandora o el regalo maldito.

“Una mujer, no nace, se hace” (Simone de Beauvoir, El Segundo sexo). Nada más develador que esta afirmación. Una no nace. Se ha comprado hecha. Hemos nacido fabricadas con pedazos,  como Pandoras, de acuerdo a necesidades del “fabricante”. El desafío sería que no nos sigan fabricando derivadas a la manera  de los mitos de soberanía misóginos, como sostiene  Celia Amorós. [6]

Pero para eso estamos. Para transitar. Para escribir/escribirnos en las huellas de arena, tendiendo como en este caso un puente interpretativo hacia un mito de origen. El mito de Pandora.

¿Cómo aparece Pandora? Aparece bajo la forma de regalo maldito. Los hombres hasta la aparición de esta primera mujer, crecían de la tierra como los cereales. Una suerte de plantas. No conocían ni el cansancio ni la vejez, ni el sufrimiento y morían jóvenes durante el sueño. Un mundo perfecto. Sin mujeres.

Pandora

Hijo de un titán y una ninfa, Prometeo, con ayuda de su hermano Epimeteo, se anima a dotar de capacidades al hombre. Y así otorgan a los humanos la capacidad del conocimiento y la de hacer fuego para cocer sus alimentos.

La acogida y la popularidad de Prometeo entre los hombres desagradan a Zeus. Para poner fin al conflicto, Prometeo propone un desafío. Sacrifica un buey dividiéndolo en dos partes. Una parte destinada a los dioses. Otra a los hombres. Arma dos bolsas. Una tiene una pinta muy apetitosa con grasa, rodeando  los huesos. En la otra, el vientre del animal encubre los intestinos y la carne. Prometeo hace elegir a Zeus con qué parte se quedarían los dioses y con cuál los humanos. El dios supremo elige la de mejor aspecto, pero que en realidad sólo contenía huesos. Furioso por el engaño, Zeus ordena que los hombres coman carne cruda, quitándoles la capacidad de hacer fuego, pero Prometeo con ayuda de Atenea roba el fuego a los dioses y se los da a los hombres. Zeus lo hace encadenar condenándolo a que lo coman los buitres sin cesar, ya que su hígado se  regeneraba permanentemente.

Como venganza final, Zeus le envía a Epimeteo un regalo perfecto. La bella Pandora, una mujer hecha de arcilla por el gran herrero Hefesto. Una mujer con apariencia de diosa, de enorme belleza pero armada con los sentimientos más terribles como la codicia, la pereza, la mentira, la intriga y la curiosidad.

Zeus ya había intentado regalar esta joyita a Prometeo, pero el astuto titán la rechazó porque sabía que era una trampa. En vano había advertido a su hermano no aceptar regalo de los dioses.    Epimeteo (aunque desconfiado) se casa con Pandora.

Y aquí empieza el nudo de la historia. Prometeo le había confiado a su hermano una jarra con todas las calamidades que debían quedar celosamente guardadas. La jarra contenía  desde las enfermedades hasta la crueldad, desde la vejez, la ira, la locura, los vicios, hasta la muerte y los miedos.

Si bien Epimeteo ordena no levantar la tapa de la jarra, la mujer armada de a retazos con los peores atributos, poco caso le hace y echa a volar por el mundo las demoledoras y funestas sombras de lo terrible.

Sólo la Esperanza queda en la jarra. No sabemos en calidad de qué la Esperanza habría estado encerrada con las calamidades. ¿Puesta por Zeus, en calidad de qué, junto a las maldiciones? ¿Como un bien entre los males? ¿Como la maldición, de la pasividad ingenua?

Elijo leer la Esperanza, desde otro sistema simbólico.  El tarot. Seis siglos tiene este juego, que en imágenes cuenta el viaje del héroe (el loco, el arcano cero) a través de las diferentes instancias de la psique individual y colectiva. Un viaje a través de las profundidades de la conciencia.

Aprendí a leer el tarot, como quien aprende un idioma. Estudiando a Jung y la utilización de este sistema de símbolos en  relación a los arquetipos, dediqué un tiempo considerable a estudiar tarot. Tan unido a los sueños, a la intuición, a la asociación libre, a la ensoñación. El tarot me reveló otra ruta de acceso al conocimiento. Y desde ese conocimiento me atrevo a intervenir el sentido de la Esperanza atrapada en la jarra de las maldiciones.

De acuerdo a mi interpretación, la Esperanza es la carta de la Estrella, el arcano mayor XVII, y que simboliza la intuición del camino a seguir. Este arcano (portal) es una instancia de gran sabiduría. Tiene  conocimiento de la mayoría de las fases que constituyen el viaje del loco (el héroe); desde el éxito, el poder de lo masculino como dominador, el poder de lo femenino como  restitución de un orden holístico hasta el sentido kármico de la justicia. La Estrella  ha comprendido ya, que todo se dará en el momento que se tenga que dar, sabe del sentido cíclico de la vida guiado por las Moiras, sabe que, en el mundo,  impera Lucifer, el ángel caído. Ha comprendido que la muerte es renacimiento y que los derrumbes de los órdenes opresivos conducen a la libertad. La Estrella, en sin duda la Esperanza. Una carta de astuta y clara conciencia. Saber de dónde provenimos. Equivale a lo que la gran feminista alemana Sigrid Weigel dice sobre  tener una mirada bizca: un ojo puesto en los desatinos patriarcales, el otro en nuestras metas. O quizá otra interpretación pudiera ser que la Esperanza tiene una mirada caleidoscópica  y se toma el tiempo de actuar. La Esperanza toma distancia de la escena maldita y elabora estrategias de cómo atravesar ese escenario.

Pandora es la primera mujer. Nacida como ardid. Como castigo. Mujer trampa mortal. No solamente sin génesis, sino culpable de los males y calamidades que asolan a la humanidad. Pero de acuerdo a mi lectura, sería la que enciende una  luz de intuitiva visión (la Esperanza) sobre males no inventados por ella.

Pandora, nacida para vampirizar. Pandora, al decir de Celia Amorós, es una chapucería ontológica. Esta mujer hecha, no nacida, simboliza la “ontología sucia” de la cual provenimos. Hecha con retazos de dones prestados por cada dios que bendijo su hechura, es una mujer simulacro. Pandora significa, todos los regalos, en griego. Un maniquí del mal. Tan irresistible como carente de lógica. En realidad nacida de la lógica de una narración misógina.

La primera mujer es tan ficticia como bella y a la vez culpable de cuanto mal exista en el mundo. ¿Qué castigo no le cabrá a semejante argamasa de mentiras?

Una mujer hecha de trozos, merecerá ser troceada, sostiene Amorós. Como las mujeres de todos los femicidios. Malditas Pandoras culpables de sus propios cuerpos críminalizados.

Pandora el regalo maldito, sin embargo pareciera decirnos: léanse en cada fragmento de mi cuerpo, en cada peste que dominará el planeta y desde la intuición del camino a seguir intenten el camino de atravesarlo lo más ilesas posibles. A lo mejor Pandora vino a resignificar la Esperanza, como una  ajustadora de cuentas. A lo mejor vino a decirnos: aquí estoy, dejen que cada una de mis partes se exprese. Aunque no se alcance a comprender lo que cada parte dice. A lo mejor  vino a ayudarnos en esta travesía para señalarnos que nos liberemos de la jarra en la que también nosotras estamos atrapadas.

Simone de Beauvoir nos puso en la senda. Una mujer no nace, se hace. No al estilo de Zeus en comandita con Hefesto. Hacerse es la tarea de despertar sobre cada una de las zonas de indiferenciación. Simbólicamente hijas de un indescifrable ontológico como esta muñeca de regalo, nuestra misión en principio es hacernos en el sentido de crearnos desde cualquier A.D.N que nos permita establecer genealogías de pertenencia.

Una mujer no nace, se hace haciéndose, en devenir, en tránsito. Y en este atravesar la vida, los relatos, la historia, los mitos, la escritura como acto fundacional de autocreación.

En otra oportunidad he escrito acerca de escribir sobre o escribir desde. Escribir sobre, me resulta una escritura de maquillaje. Escribir desde, me sitúa en el corazón de los conflictos. Lejos de cualquier salvoconducto identitario conveniente al pensamiento hegemónico disciplinador, siempre dispuesto  a reinventarnos como nuevas versiones máquínicas de nuevas Pandoras.

Una mujer no nace, se hace. En tránsito. Sin corsets ontológicos. Escribir desde me amiga con la vulnerabilidad de origen y me ayuda a respirar junto a los personajes que arman su universo dramático.

Me atrapan las propias guerras internas de esas existencias con carnadura que aparentan brotar de la escritura. Y así he construido personajes masculinos y femeninos, si bien lo preponderante en mis piezas han sido las mujeres, pero en todos los casos he seguido la senda de la vulnerabilidad.

La escritura es una travesía. Nuestro lenguaje dice Celia Amorós también es un lenguaje en tránsito, venimos de una mujer de a pedazos, sin lengua materna. La escritura nos llevará a lo sumo a sitios lingüísticos diferentes. ¿Puntos de llegada? ¿Puntos de partida?

Y nuevamente la voz de Frida Kahlo, que pintando supo pintarse en  sus fragmentos de mujer. Así escuché a Frida. Era su voz, era mi pluma. Éramos las dos. «Atlantis. Queda en mi bañera. Así la llamo. Me sorprende mi propia ciudad bajo el agua. Me sorprende ver cómo emergen del vaho, amantes, caracoles, volcanes, rascacielos, esqueletos, piedras, yo misma flotando como una sirena,  haciéndome comprender que soy una mujer que no quiere ahogarse, pero que sólo es capaz de hallarse en la profundidad de su propio rito. Naufragios desde las orillas, raza de otros en continente indio, dice mi padre… ¿Y mi madre?, mi madre calla, ese silencio quebradizo de los cristales débiles…¿Quién emerge? ¿Quién queda sumergido?…Yo escucho la lava de mis volcanes…Rugen como las sirenas de los barcos que enceguecieron de niebla… Y yo me deshago en criaturas de ausente transparencia… Caracoles y fuentes y anémonas y equilibristas y hasta la muerte….Me respiro en el agua. Soy los fragmentos que difícilmente puedo juntar. Soy el lago que ha brotado desde mis pies…» [7]

No, no somos indescifrables, aceptamos el misterio. También nosotras, como la Esperanza, somos hijas de la noche y la búsqueda del origen es parte de nuestra aventura.

Tercera huella: las nieblas de Avalon

Aceptarse, como  un caleidocospio de configuraciones es aceptar la multiplicidad. Tránsito es búsqueda. Es posible que todos los que emprendemos un viaje de búsqueda, dice Anne Shinoda Bolen [8], sea algo que no sólo esté ausente de nuestras vidas, sino también de nuestra cultura.

Los viajes de búsqueda son viajes de conocimiento. Viajes que se inician en los momentos en que nos disponemos a abandonar nuestras zonas de comodidad. Experiencias que sin proponérnoslas se instalan como grandes portadoras de aprendizajes. Viajes de revelación donde nuestro cuerpo se modifica, al sentir la expansión de los umbrales de conciencia.

La primera vez que realicé un viaje de cinco días a caballo en la zona de la Quebrada de Humahuaca, durmiendo  a la intemperie o en habitaciones prestadas por los puesteros de lo alto de la montaña, me sucedió algo jamás experimentado. El límite que conocía entre lo cotidiano y lo extra cotidiano desapareció. Mi cotidiano, se había transformado en levantarme al alba, descansar de acuerdo a las necesidades del caballo, comer la ración que me tocaba en la caravana, y dormir en el suelo, a la intemperie o en chozas. Mi cotidiano, era un extra cotidiano.

Por una semana, esa “ficción” de ser guiada por baqueanos, montada en un caballo que  era mi única brújula, -ya que en las cornisas de la montaña, se avanza según la pisada del animal-, fue todo mi mundo. Aceptar que el caballo era mi cerebro y mi cuerpo, fue un acto de aprendizaje y de amor. Lo único que podía darle al caballo, era amor. Yo debía ganarme su confianza y él debía saber que yo era parte de él. Le contaba mi vida, le decía cosas cariñosas. Y el Colo parecía entenderme. Y pasada la primera jornada, todo atisbo de vida de mi antiguo cotidiano, se desvaneció.

Recuerdo una suerte de planicie en plena montaña, y la irrupción de una hacienda bagual. Caballos que jamás habían estado en contacto con humano alguno. Una cuadrilla de hermosas bestias con crines hasta el suelo. Caballos rojizos, claros, oscuros, albos, atigrados, azulejos, bayos… Cuando los vi, creí estar en medio de un sueño.

Debíamos retomar el  camino de cornisa y comenzamos a descender. En la planicie, el jefe de la hacienda bagual se posicionó en el vértice del territorio, como custodiando nuestra caravana. Era un potro negro azulado imponente con una estrella blanca en la frente. Y creo que no nos perdió la vista hasta que fuimos un punto perdido entre un paisaje de piedra y selva.

¿Dónde estaba? En ninguna parte. ¿Era yo la que montada en mi Colo alucinaba caballos salvajes? ¿O eran caballos salvajes los que alucinaban extrañísimos venados?

Era un estado de éxtasis. Era una realidad irreal. Era un llamado a traspasar fronteras. Esa travesía fue una llamada  a experimentar el lugar de los no lugares. 

Las travesías son llamadas a ninguna parte. Y el umbral que se traspasa suele ser un lugar muy especial. Sucede algo imprevisto, que  cambia nuestro modo de percibir. Y ese viaje, vivido a una temprana edad, me modificó internamente. De alguna manera me preparó para comprender que hay sitios sagrados donde asistimos a una experiencia transformadora. Y esos sitios están en lugares reales como mi querida Quebrada, o una ciudad, un encuentro, una iglesia, nuestros sueños. La travesía es un umbral que se ensancha. Y ese sutil matiz que no podemos describir en tiempos reales no es más que la experiencia de kairos, el tiempo del no tiempo. El descenso a un lugar donde lo desconocido emerge con la fuerza de un llamado a ampliar nuestro campo perceptivo. Allí, donde el origen se nos revela como una epifanía.

Lo inesperado se manifiesta como nuestra Avalon, la isla sagrada de la que nos habla la leyenda artúrica. Avalon es un lugar de origen del reino de los druidas. En la leyenda, el lugar de infancia del rey Arturo. La leyenda narra el conflicto entre el mundo del orden de la espada y el mundo del origen, de la Diosa, con el culto a la naturaleza y  la convivencia con el caos y el instinto. La leyenda hace referencia a la relación entre dos culturas religiosas que debían convivir. El cristianismo que peleaba por su imposición en el orden del mundo, y el  culto de La Diosa  de los ciclos cósmicos. Es un inmenso relato de onírica arquitectura donde el invisible mundo de Avalon separado del reino de Camelot, por las brumas, articula el mundo de lo consciente con el inconsciente. Arquetípicamente traspasar las nieblas de Avalon es acceder al mundo del origen, el reino de la madre.

Un film basado en la novela de Marion Zimmer Bradley, Las Nieblas de Avalon, nos muestra la imagen de Morgana (hermana e iniciadora sexual de Arturo) regresando de Camelot a Avalon. Morgana dándose cuenta de lo difícil que es intervenir la lógica de las guerras, ansía regresar a su isla sagrada en un  viaje de descenso a los orígenes. En el film, la vemos en la barca. La niebla es espesa. Ella rema.

Las nieblas de Avalon

“A medida que atravesaba la niebla, mi corazón se estremecía, si llegaba a la otra orilla, ¿podría regresar a mi mundo…?” [9]

La leyenda nos muestra la interdependencia entre el mundo de la superficie (guerras/poder) y el mundo de las profundidades (sabiduría/misterio). Las oscilaciones entre lo consciente y el inconsciente. Siempre en doble juego. Habitante de dos mundos, Morgana es parte del mundo de la guerra, pero sabe que la sabiduría no emana de la espada. Y en Avalon está su fuerza. El Rey Arturo también es hijo de dos mundos. Recordemos que al final de la historia, Arturo es herido y es llevado por Morgana en la barca  rumbo a Avalon, en busca de sanación.

El mito siempre permite recuperar la metáfora. Recordando que metáfora significa traslación, desplazamiento. Un viaje de sentido. Una realidad o concepto de un orden  se expresa a través de una realidad o concepto de otro orden. Ambos órdenes guardan entre sí una relación de semejanza. El mito, siempre echará lazos de referencia cada vez que estemos atravesando figuras arquetípicas, de las que nuestra historia personal está poblada y también nuestra historia cultural.

Situada precisamente en una coyuntura histórica de orillas de nuestra historia argentina (Río de la Plata/ Banda Oriental) y a propósito del exilio elegido por una mujer clave de nuestra historia, Mariquita Sánchez, me encontré sumergida en  una oscilación entre realidad política de tensiones extremas, la vigilia del destierro y el ensueño de la protagonista de regresar a su tierra. Sonata erótica del Río de La Plata es una travesía por nuestra historia política signada por expulsiones y exilios.  Mariquita Sánchez (María), una de las mujeres de esta pieza (la otra es Trinidad Guevara),  desea volver a su patria. Y así se lo hace saber en una misiva a su querido amante (J.M. en la obra) que se ha quedado en la “otra orilla”, en Santa María de los Buenos Aires.

“…Siempre camino hacia el río. Me llamo a mí misma La loca del río. Imagino cruzar el río, caminando. Y al cerrar los ojos entreveo sobre las aguas anchas, salones de gente culta. Y yo en medio de ellos con mi cara laminada de satén, sentada al piano flotando en el agua y tocando una sonata.  La loca del rio, descifrándose en las notas. Mi sonata. Mi río. Las riberas del desamparo. Mi tierra. Y mi corazón entre la realidad y el ensueño.  Por instantes juntos. Y siempre exiliados. ¿Vendrás?…” [10]

Y nuevamente la escritura como soporte, como péndulo, como puente entre lo consciente y lo inconsciente. Entre la patria asolada por guerras (la derrota de Rosas por Urquiza) y el mundo  de su otro lado, Montevideo, desde donde mirarse desde el sentirse “libre”, pero siempre pensando en volver. María, en su ostracismo,  anhelando recuperar parte de su territorialidad, ¿su cuerpo? María enfrentada a  sus incertidumbres, sus límites y posibilidades, como mujer de libre sexualidad, como aguda mujer de mayo, amante y organizadora de la centralidad política, recortada a las mujeres del siglo XIX. María como una suerte de Morgana, atravesando la orilla. A “salvo” en Montevideo, pero deseosa de mezclarse con el acontecimiento, con el conflicto de ser parte de la historia de su tiempo. Como si la aventura de descender a esa otra orilla, fuese nada más que un oasis momentáneo para retornar a su raíz. Ser una mujer comprometida con su época. El llamado al exilio. El llamado al regreso.

Como investigadora, no me quedo atrapada en el dato, es más, el dato me lleva al corazón de la intuición. Trabajar con los dos hemisferios cerebrales es un ejercicio que los artistas conocemos muy bien. Y la escritura es el puente. La dramaturgia tiene el plus de la representación. Tiene el plus de la escena. Como algo que sucede, que acontece, que se manifiesta.

Escribí en mi libro sobre arquetipos [11] que el teatro era la restitución simbólica de la acción, y lo reafirmo.  La dramaturgia una vez puesta en escena, convoca a la multiplicación de pasajes, de portales. Y restituye a través de los personajes, nuestro propio lugar en la realidad.

La escritura como intersección entre lo arquetípico y lo ordinario. La escritura como un “abre puertas” hacia la articulación de universos que impregnan con la fuerza de un sueño.

Una historia es un vehículo para la mente del que la cuenta y la mente del que la recibe y esto opera como el mito, en tanto horizonte de referencialidad polisémica. Y en el caso de la representación teatral, la escena acontece como un acto del pensamiento y sucede lo que tan bien dijo Alain Badiou: “El teatro reúne a la gente una noche. Les dirige una verdad frágil. Algo en la mirada puede cambiar. A veces uno sale del teatro conmovido o pensativo, ese es el efecto importante del teatro, cuando uno sale con cierta incertidumbre”[12]

Cuando se rompe la cuarta pared, el público se integra y se produce un acto de reflexión colectiva. Y todo forma parte de la travesía. Como dramaturga me siento una incitadora a la aventura. Y cuando en alguna función-debate el público reclama la parte que le pertenece y se instala el diálogo, siento que se produce lo que Badiou ha llamado: acontecimiento del pensamiento. El teatro es un gran incitador a la multiplicidad de sentidos.

Joseph Campbell sostiene que el auténtico camino creativo, contrarresta cualquier autoritarismo dogmático. El artista, sostiene, primero se experimenta a sí mismo, luego intenta descifrar y comunicar a través de la forma artística que considere más eficaz. Lo que se comunica siempre es una experiencia, que conmueve, que impacta en otras experiencias. Poderosa compuerta, la de ser escuchados desde la rebeldía disruptiva en un mundo en sintonía sólo con clichés autorizados. La forma de aportar luz a la oscuridad reinante no es siguiendo caminos ya transitados. Y refiriéndose a la aventura de la búsqueda del Santo Grial, acota  Campbell: “…cada vez que un caballero, en ‘el bosque de la aventura’… llega al sendero de otro y trata de seguirlo, se pierde” [13]

Perdernos en los senderos autorizados. O emprender rutas nuevas, a menudo sin brújula, ni mapa, ni siquiera con garantía de éxito. Ese es el desafío.

La escritura como soporte de voces, conflictos, encrucijadas, sueños, preguntas. Escribir forma parte de la aventura de descifrarnos. .Soy una buscadora de historias, y mi pasión por el estudio de la historia ha hecho de mis viajes de descenso a otras épocas, otros siglos, otras existencias, una aventura más que emocionante. Saber que la ruta del dato del personaje, se agota, y la intuición  tiene que apoderarse sí o sí del dato hasta que desaparezca todo vestigio que suene anecdótico. Para que un personaje esté vivo, tiene que respirar. Y para que el personaje respire, el ego autoral debe emanciparse de cualquier pretensión de sobornar la historia.

“La mujer de arena aprovechó un alto en el viento, y se acercó a un oasis. Ella sabía que era una alucinación, pero se sintió feliz. Descansar en una travesía es una bendición. La arena mojada tiene una temperatura diferente. Una corporeidad distinta. La mujer de arena se sentó en la orilla, cerca del mar. Y vio cómo  la arena firme iba formando escenarios concéntricos  Con pequeñas escenografías corporizadas. Con personajes que se movían, cada uno en su círculo. La mujer de arena los saludó a todos. Y todos la saludaron. Felices de verla antes de que el paisaje volviera al desierto, y la arena al viento”[14]   

Mandala es una palabra de origen sánscrito y significa ‘círculo’. A menudo siento que mis obras, han sido visiones contundentes encerradas en efímeros mandalas dibujados en la  arena.

En mi vida hubo varios no lugares. Varias experiencias donde he experimentado el otro lado. Varios Avalon. De los que la escritura me ha permitido de alguna manera configurar parte de lo que experimenté.     Escribir es atravesar permanentemente las nieblas que nos separan de Avalon, en un sinfín inacabable. Avalon como la Utopía, siempre es punto de llegada, de salida, de partida, como el caballero Perceval en busca del Santo Grial…

Cristina Escofet
Dramaturga, profesora de filosofía e investigadora en temas de género


[1] Campbell, Joseph: Los temas mitológicos de la literatura y el arte. En: Ala Watts y otros: Mitos, sueños y religión. Kairos, Barcelona, 1997. Pag.130
[2] Escofet, Cristina: Cosminundos, inédito.
[3] Braidotti, Rosi: Feminismo, diferencia sexual y subjetividad nómade. Gedisa editorial, Barcelona, 2004, pag.40.
[4] Cfr. Margerite Duras. Ëcrire. Éditions Gallimard, París, 1993.
[5] Escofet, Cristina: Teatro, memoria y subjetividad. Introducción. Editorial Nueva Generación, Bs.As, 2015, pag. 36.
[6] Cfr. Amorós, Celia: Mujeres e imaginarios de la globalización. Homo Sapiens ediciones. Santa Fe. Argentina, 2008.
[7] Escofet, Cristina. Fragmento de Fridas, monólogo teatral. Estrenado en 2002 en el Actor’s Studio. Con Ana María Casó. Dirección Escofet/ Casó.
[8] Cfr. Shinoda Bolen Anne: Las Nieblas de Avalon. Ediciones Obelisco. Barcelona.1998.
[9] Las nieblas de Avalon, film de Uli Edel basado en la novela  de Marion Zimmer Bradely, 2003.
[10] Escofet, Cristina. Sonata Erótica del Río de La Plata. Pieza teatral.
[11] Escofet, Crisrina: Arquetipos, modelo para desarmar. Nueva Generación, Bs As. 2.000
[12] Badiou, Alain. Imágenes y palabras. Escritos sobre cine y teatro. Manantial. Bs.As. 2005, pag.132.
[13] Campbell, Joseph. Op. Cit.Pag. 134
[14] Escofet, Cristina. Cosmimundos. Inédito.