La cultura, tambien presente

Ana Da Costa, Jefa del Centro de Radiodifusión y responsable de las áreas de Comunicación y Prensa de la Biblioteca Nacional conduce desde hace diecisiete años La muralla y los libros, el programa de radio del organismo cultural que se emite los miércoles a las 23 por Radio Nacional. Siendo de los escasos programas culturales de nuestra radiofonía, el ciclo ha sido declarado de interés para la comunicación social y la cultura de la ciudad de Buenos Aires.

La propuesta pone en valor la tarea de un equipo de profesionales de la biblioteca que trabaja en la divulgación cultural y de todas las actividades que se realizan en esta institución. El envío busca difundir, en síntesis, obra, voz y pensamiento de escritores, autores, intelectuales y personalidades de la cultura argentina, teniendo siempre como eje central las múltiples acciones que se llevan adelante en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Por el programa pasaron figuras como José Saramago, Carlos Fuentes, Roberto Fontanarrosa, Juan Filloy, Héctor Tizón, Abelardo Castillo, León Rozitchner, David Viñas, Osvaldo Bayer, Juan Sasturain, Clorindo Testa, María Kodama, Leonardo Favio, Les Luthiers, Leopoldo Federico, Guillermo Klein, Hermenegildo Sabat, Quino, Luis Puenzo y Mercedes Sosa, entre muchas otras. Da Costa cuenta que La muralla y los libros -título extraído de un texto escrito por Jorge Luis Borges y editado por el diario La Nación- es un programa que nació por una iniciativa de Silvio Maresca, quien en 2002 era el Director de la Biblioteca.

Con el inicial nombre, Manchas de tinta, y sin mayor experiencia radial previa, la periodista se abocó desde el principio a vincular cultura y aire, a través de entrevistas, comentarios, editoriales e interacción con oyentes. “Me gusta la coordinación radial, es inspirador”, indica. “Allí, todos tiramos ideas, sumamos, vamos creando un caleidoscopio que termina siendo cada entrega. Pero la conducción también me gusta, valoro, al estar en vivo, el saber escuchar, es algo que falta en nuestras radios; y aprovechar bien los silencios. Recuerdo una nota con Héctor Tizón, en Jujuy. Yo le hice una pregunta, me contestó enseguida y luego hubo un largo intervalo. Estábamos en plena montaña, atardecía. Y luego vino otra respuesta. El momento fue mágico, creo que radialmente importante. Lo que se decía y cómo lo iba diciendo. Un silencio no es un bache, nos dice algo. El oyente que ama la radio quiere a esos momentos, siente empatía, es cómplice de la magia que se crea en el estudio de una radio en ese momento.”

La conductora estima que es crucial haber armado todos estos años un precioso archivo con los momentos más intensos de sus notas, evoca sus charlas con el recordado arquitecto Clorindo Testa, con la antropóloga Rita Segato, con el escritor Juan Filloy. Con respecto a si se perfila la realización de un sistema de podcast, una forma en crecimiento en la actualidad, contesta que ‘no’; lo que nos acerca a eso es que en la web de la biblioteca se están subiendo enteros nuestros programas ya emitidos. No hacemos un destacado, un “corte” por ahora, pero subimos todo.” Luego, puntualiza; “Vale la pena hacer radio porque los que se produce no es otra cosa que un encuentro con el oyente. Cuando alguien me dice: ‘Hoy me dieron ganas de leer a tal autor o de ver una película o leer poesía’, siento que valió la pena. Hay un vínculo, vale la pena el servicio, el haber iluminado a alguien de la mano de un ciclo cultural.”

“Si se necesita algo hoy, son guionistas”

El encuentro fue a fines de 2009. El entrevistado, Alejandro Dolina. El entrevistador un joven periodista, actor y autor, Patricio Barton. Antes de comenzar la nota para Canal A, el último tuvo que hacer prueba de micrófono. Y en lugar del esperable “uno, dos, tres, probando”, acudió a Fray Luis de León. Rescatando el comienzo de Oda a la vida retirada, Barton recitó “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido”, a lo que Dolina agregó enseguida: “y sigue la escondida senda por donde los pocos sabios que en el mundo han sido”. Y así, ambos hasta el final, entre risas. Y después vino el reportaje más formal.

Un tiempo después, Dolina hizo una consulta a su amigo Carlos Ulanovsky. Lo preocupaba un problema. Gabriel Rolón se alejaba como compañero de aire del “Negro” en La venganza será terrible y pedía consejos sobre a quién convocar en su reemplazo. El periodista dio varios nombres, entre ellos, el de Barton. Allí cerró todo. Escuchar eso, recordar aquel momento y convocarlo al joven periodista fue toda casi una misma operación. Y así, tras aquel inicial impacto sostenido en la complicidad literaria, Barton ha venido acompañado al conductor cada noche en la AM 750.

Consultado sobre esa especial forma de creación que sostiene a La venganza -donde se conjugan tramos libretados con otros libres y musicales-, expresa: “Hay muchas formas de autoría que tienen que ver con lo “radial” y que no responden al esquema clásico de alguien que se sienta a escribir un texto para ser leído después. La venganza será terrible es, claramente, un programa de autor, de los pocos que hay y claramente el autor es Alejandro; si a él se le ocurriera no hacerlo más, el ciclo dejaría de existir. No es un programa de “formato”. Sin embargo, quiero decir que el programa tiene momentos de autoría colectiva, una autoría medio hija de la improvisación y aclaro que si digo “improvisación” no lo digo en sentido peyorativo. Es una forma de la creación. Los segmentos de humor de cada programa son improvisados. Pero el proceso es curioso, porque si uno analizara, si uno pudiera hacer pausas descubriría mecanismos que se repiten, pautas, estructuras.”

Agrega: “Alguno se ha tomado el trabajo de desgrabar programas viejos. En el libro de los treinta años aparecen muchos textos, producto de nuestros diálogos imprevisibles. Cuando me dijeron que estaban publicados, pensé que no iban a funcionar, que se le verían “todos los piolines”; no es lo mismo la voz hablada que escrita. Sin embargo, el texto funciona, es válido. Es una forma de autoría muy radial y que debería replicarse más.

Usuario del medio, oyente atento, analiza al sistema radial nacional en la actualidad. “Está poco explorado el tema de lo autoral en la radio. Ya ni hablo del guionista al estilo clásico; hoy ya no hay más. Y es lo que más se necesitaría. Si la radio pide a gritos algo hoy, son guionistas. Se nota mucho esa ausencia. Hay algo clave, que pocos advierten: faltan autores de no ficción. Existen formas del guion escrito que tienen que ver con la actualidad, con lo periodístico, que no son explotadas. A un alto directivo de una radio argentina le dije esto, que se necesitan guionistas, tipos que escribieran bien, y me dijo: “Bueno, para qué, si la mayoría de las radios son periodísticas”. No, no es así. En muchas radios de todo el mundo hay escritores, periodistas que guionan sus trabajos.”

En cuanto a su propia participación en la dinámica del ciclo de Dolina, contesta: “Está claro que lo redaccional es todo de Alejandro. Después, en lo demás, jugamos. Es raro. Surge un tema, siempre muy aleatorio. Ejemplo: ’problemas que aparecen si me voy a poner una inyección a la farmacia’. Punto. Fin del tema. A partir de ahí, a volar. Últimamente llevo yo el cable a tierra y ellos me acompañan. Alejandro en una de nuestras primeras charlas, me dijo al principio: ‘Nosotros somos dos contra uno. Y vos sos uno’. Bien, eso ya era un claro campo de acción. Ahora bien, ¿cómo ‘cerramos’ los tramos? La venganza es un programa de humor que no responde al mandato del remate. A veces surge, pero no es el objetivo. Sí, tuvimos pauta de tiempo, como cuando estábamos en Radio 10 y los noticieros entraban sí o sí cada de media hora y te levantaban del aire. Ahí teníamos que ‘cerrar’. Yo estaba muy pendiente del reloj. Ahora no vamos en vivo, hacemos un falso vivo con público. Es mucho mejor. El final aparece por sorpresa, pero cuando hay un camino que Alejandro no quiere seguir, te lo hace saber y lo abandonamos.”

Más tarde, aborda otra realidad del mercado. “Si algo pasa hoy en el mundo de la radio tiene que ver con los podcast. Después….no pasa ‘nada’. En el siglo de la radio, aparecen los podcast. Mucho tienen que mejorar y algunos tienen que entender que eso no es un corte de una radio, o peor: algunos creen que un podcast ‘es’ un programa de radio. El Podcast crea ‘una’ unidad de sentido.” Culmina, con una fotografía esperanzada: “Hay que escuchar este medio porque sigue siendo una cantera de fantasía portátil. Está a mano. Genera una relación íntima con el oyente. Es tan, tan simple por su nobleza. Con la globalización, la radio está muy bien. Está en los celulares. Lo único que lamento que la industria radial no esté a su altura.”

PATRICIO BARTON, ALEJANDRO DOLINA Y MARCELO RODRÍGUEZ «GILLESPI»

¿Qué hacer cuando te pusieron cero?

En un contundente artículo sobre la concreción de una crisis largamente anunciada, el vicepresidente de Argentores, Sergio Vainman, afirma que por primera vez en la historia de la pantalla chica del país desaparecieron las ficciones argentinas en estreno.

Paso uno: Tome en su mano el control remoto.
Paso dos: Encienda el dispositivo (televisor, plasma, LCD, Led´s TV).
Paso tres: con el dispositivo encendido, comience a cambiar los distintos canales o señales. De arriba abajo y de abajo a arriba.
Paso cuatro: En ese viaje interminable, intente encontrar una ficción argentina en estreno.

Resultado: cero.

Repita los pasos uno a cuatro, en cualquier otro horario.

Si tiene televisión por suscripción, terrestre o satelital da igual, accione la guía de programación y en lugar de cambiar de canal o señal, repase los programas. Vaya hacia delante y hacia atrás en el horario, en el día, en la semana. En ese viaje interminable, intente encontrar una ficción argentina en estreno.

Resultado: cero.

Conclusión irrefutable: El tan temido escenario vacío, el final esperado y anunciado de nuestra ficción televisiva, llegó. Por primera vez en la historia de la pantalla chica nacional, desaparecieron las ficciones en estreno. No hay más. Y según pinta el panorama, es un final que llegó para quedarse por un buen tiempo.

Si quiere ver a nuestros artistas, escuchar nuestra voz y reflejarse en nuestras historias deberá conformarse, a lo sumo, viendo alguna repetición de lo más reciente y exitoso. El resto de las ficciones que se estrenan diariamente –a pesar de la pandemia- es extranjero: novelas turcas, mexicanas o brasileñas; series españolas, inglesas, colombianas, finlandesas, croatas, coreanas, puede usted elegir el país que prefiera, menos el suyo.

Algunos podrían pensar -comparando este vacío con la situación de los teatros, restaurantes y hoteles- que el Covid 19 es culpable de la debacle. No es así: el prolongado aislamiento obligatorio que sufrimos no ha hecho más que poner al rojo una realidad que ya era catastrófica antes del primer contagio. En ese momento solamente se estaba produciendo una telenovela (que debió desaparecer de la programación porque no había más capítulos grabados y luego fue suprimida de modo definitivo) y una serie (suspendida hasta nuevo aviso que, con suerte y vacuna mediante, probablemente sea el año que viene).

No es necesario abrumar al lector volviendo a exhibir los números históricos con que Argentores viene denunciando esta caída desde hace rato, porque la experiencia con el control remoto es más que elocuente por ser inmediata e incontrastable.

Tampoco queremos repetir que la mayor parte de las producciones audiovisuales extranjeras llegadas a nosotros han recibido, de una manera u otra, incentivos. fomentos, facilidades, exenciones, que hicieron posible su realización y posterior comercialización en mejores condiciones que las de cualquier producto nacional puesto a competir.

Sería ocioso decir -otra vez- que esto ocurre porque muchos estados, incluidos aquellos con menor desarrollo tecnológico que el nuestro, protegen el audiovisual como un negocio que, además de ser fuente directa de ingresos de divisas, derrama sus beneficios sobre otras áreas, especialmente las que derivan de poner al país en el mapa turístico y comercial del mundo.

¿Qué hacer, entonces, cuando la realidad te puso un cero, tan redondo como rotundo?

¿Qué hacer como entidad que agrupa y representa al colectivo de autoras y autores, frente a este panorama abrumador que amenaza nuestra supervivencia como creadoras y creadores?

¿Cruzar los brazos y aceptarlo como una fatalidad del destino? ¿Abandonar la partida y aconsejar a nuestras socias y socios buscarse nuevos horizontes laborales? ¿Dejar la gestión colectiva y dedicarnos a la apicultura, al origami, a la explotación forestal, a la equinoterapia? ¿Sumergirnos en la meditación trascendental para quitarnos el estrés que nos produce la desocupación forzada? ¿Bucear en las profundidades metafísicas en búsqueda de la llave mágica que abra una puerta clausurada por la necedad y el empecinamiento de quienes no supieron ver, hasta ahora, que la industria audiovisual puede ser, sin milagros ni esfuerzos extraordinarios, una herramienta que genere -además de propiedad intelectual, trabajo registrado, cultura e identidad nacional- divisas para un país que necesita imperiosamente exportar?

No. Ninguna de estas era una opción válida. En Argentores, la experiencia nos enseña que no hay llaves fantásticas para abrir esa puerta, ni tampoco pueden esperarse resultados mágicos de hoy para mañana, porque una industria destruida no se reconstruye en un abrir y cerrar de ojos, ni con voluntarismos de corto alcance.

En lugar de llaves y tiempos de fantasía decidimos ser concretos, apoyar los pies en la tierra y, como sociedad con ciento diez años de lucha, empeñar nuestras energías y nuestros recursos humanos en buscar todos los acuerdos posibles para conseguir las leyes que nos permitan ilusionarnos con sobrevivir como especie productiva.

No importa cuánto esfuerzo nos lleve y cuántas horas invirtamos en hablar con unos y otros. Es la tarea impostergable que hemos asumido y la llevaremos adelante porque estos instrumentos legales -que sin duda necesitamos ya que son la única garantía de políticas de estado permanentes y no del gobierno de turno- deben ser sancionados con el acuerdo previo de todos los actores que intervienen en la cadena de valor del audiovisual, desde sus creadores iniciales – las autoras y autores como nosotros – hasta el último eslabón de la línea de distribución, comercialización y emisión.

Desde Argentores pensamos que la televisión y el audiovisual, en general, requieren, para que salgamos del cero y alguna vez volvamos a tener una industria, de un plexo legal que logre, en sucesivas etapas y recortes, representar, articular y hacer funcionar armónicamente los diversos intereses que participan en la producción y emisión de contenidos audiovisuales. Este conjunto de leyes debe ir desde una Ley de Televisión y Nuevas Plataformas, específica y concreta, hasta un Régimen Legal Especial que abarque y contenga a toda producción audiovisual nacional, incluida por supuesto la cinematográfica; como tantas otras leyes protegen, incentivan y regulan actividades industriales que van desde el biodiesel hasta el software.

Ese nuevo régimen legal debe contemplar las necesidades y problemáticas de cada sector, corregir con regulaciones justas asimetrías flagrantes, incentivar planos de la producción postergados, organizar la circulación y exportación de contenidos y, en consecuencia, obtener desde su nacimiento mismo la aceptación por todos.

De no conseguir, previamente, ese consenso indispensable, los intereses contrapuestos que no hayan sido saneados, la convertirán en letra muerta e inútil y veremos frustrado el intento de volver a colocarnos en la lista de países que producen sus contenidos y exportan su identidad. Pensando en nuestras autoras y autores, que en ese caso deberían seguir mirando el futuro con la nuca, es que queremos leyes que no dejen a nadie afuera.

Una vez que los instrumentos estén sancionados, será fundamental la voluntad política de los funcionarios encargados de aplicarlos y ahí estará Argentores luchando por esas decisiones y apoyando las medidas que vayan diseñando el camino de una industria floreciente y próspera.

Ese será el siguiente desafío de la gestión colectiva de hoy, porque nuestro Estatuto, desde su primer párrafo, nos impulsa sabiamente a pelear por “El enaltecimiento… y la dignificación del autor” y “arbitrar todos los medios a nuestro alcance para la creación de nuevas fuentes de trabajo y gestionar ante quien corresponda el establecimiento de una ley de protección al Repertorio Nacional”.

Sergio Vainman
Vicepresidente de Argentores

La máquina de la gente que habla sola

Fueron muchos siglos de hombres y mujeres considerados locos por hablar solos.

No me refiero únicamente a los años de los Hamlet lanzando al aire monólogos shakesperianos sin que nadie les respondiera, o quizás sólo sus fantasmas, como les sucede a los otros que hablan solos. También considero a las generaciones de presos en calabozos dialogando con la luna cautiva, de afiebradas muchachas en conventos susurrando al oído de los amantes imaginarios, de Galileo anunciando para sí mismo: “Eppur si muove”; de San Francisco de Asís hablando con los pájaros, de Dorrego, segundos antes de que el pelotón fusilamiento ejecutase una de las máximas atrocidades de la historia argentina, perdiendo a viva voz su última discusión con Dios, ese que Lavalle no llegaba a ver, ni a escuchar, desde la distancia que separa a un verdugo de un condenado. Hasta el náufrago en la isla intercambiando ideas con las palmeras y el hijo de un Dios en la cruz exclamando: “Perdónalos Padre, no saben lo que hacen”.

Luego de tantos siglos de soledad, unos locos quisieron hacer justicia, se subieron a la azotea del mundo y le dieron a los incomprendidos la máxima invención: la máquina de los que hablan solos, ¡la radio! Y no sólo dejaban de ser locos los que hablaban solos, también dejaron de serlo aquellos que escuchaban voces, cuando nadie se detenía a hablarles. A partir de ese momento el mundo se llenó de cuerdos que hablaban solos frente a un micrófono, y de otros cuerdos que hacían lo propio frente al aparato de radio. Así se iniciaron milagros de radio, desde el burrero que vivía con la radio pegada a la oreja, al paciente que en la cama de hospital se despedía de la vida, con un rosario y una radio en sus manos. De camioneros que ya no le tuvieron que temerle a lo que calla la noche en los caminos, a pobladores de comarcas aisladas que comenzaron a comunicarse: “La señora Orfelina Marín de 55 años, hija de Celestino Marín y Rudecinda Peralta busca a sus hermanos (Aurora, Anastasio, Carlos Segundo, Rudecinda Esther, Raúl, Alicia Haydée y Mario) a quienes no ve desde los 11 años, momento en que marchó a Buenos Aires con la familia Canossa” (21 de diciembre de 1995, recopila el libro: “Mensaje al poblador rural” de Jorge Piccini). Milagros de radio como los de hacer reír a un país en épocas en la que la felicidad estaba prohibida, o hacer imaginar a una nación cuando el ejército de la literalidad invadía los ministerios, las escuelas y los corazones.

Una radio apagada, es como un libro cerrado, como una habitación vacía, luego de muchas noches de amor.

Porque una radio encendida es la vida y el canto, como bien nos enseñó Antonio Carrizo, el San Martín de la radio argentina.

Como el español es uno de los pocos idiomas que posee el plural de la palabra soledad, “soledades”; la radio del mismo modo, es el único medio que consigue hacer que la gente comparta su singular soledad, hasta transformarla en la gran compañía de muchos

La profesión va por dentro

Periodista de larga trayectoria en el medio (hace más de 55 años que ejerce el oficio), pero sobre todo individuo de firmes convicciones éticas y un profesional apreciado en forma unánime por la calidad de su trabajo, Carlos Ulanovsky se ha movido con preferencia, en lo laboral, entre la gráfica y la radio, y menos en la televisión, medio sobre el cual ha escrito sí desde joven en distintas secciones de Cultura y Espectáculos de diarios y revistas. De los programas en la pantalla chica en que participó se recuerdan especialmente: Negro sobre blanco en Canal Encuentro, una evocación de distintas revistas ya desaparecidas; y su labor junto a Cristina Mucci en el programa Los siete locos, de Canal 7. En la gráfica integró desde mediados de los sesenta las redacciones o los equipos de colaboradores de varias de las publicaciones más importantes de la prensa nacional, entre otras, Confirmado, Panorama, La Opinión, Satiricón, Chau Pinela, Proceso, Interviú o Expansión (estas tres últimas durante su exilio en México en tiempos de la última dictadura), Clarín, Humor, Página 12, La Nación, Perfil, etc. En la actualidad colabora con el periódico Tiempo Argentino y con el portal Cohete a la Luna.

En radio intervino desde 1970 a la actualidad en infinidad de conocidos y exitosos programas, en muchos en condición -compartida o solo- de conductor y en otros como columnista. Algunos de ellos han sido, sin agotar la lista: Jarabe de pico, Mañanitas nocturnas, Generala Servida, En ayunas, Perdidos en la noticia, El ventilador, La vida me engañó (nombre con el que se inauguró lo que hoy es Reunión cumbre, todavía en el aire en AM 750), Día a día, La radio en blanco y negro, La vuelta, Mañana es hoy o El Lugar del otro. Desde diciembre de 2003 y julio de 2005 fue nombrado director general de las dos radios de la ciudad de Buenos Aires durante la gestión de Aníbal Ibarra. Según confesó en Redacciones, se trató de la primera, única y última vez que ocupó un cargo oficial. Y aunque la considera una experiencia valiosa, ha afirmado también que, entre los logros y dificultades que atravesaron su trabajo, esa gestión le permitió advertir “las limitadas posibilidades de hacer algo en una tarea estatal”, debido a los obstáculos de toda naturaleza (políticos, presupuestarios, burocráticos, gremiales, etc.) que se oponen a ese objetivo.

Su pasión por conocer la realidad de los medios de comunicación, expresada en parte por su consecuente y lúcida dedicación a analizar como comentarista y crítico sus actividades o programaciones, lo han llevado además a escribir varios libros de investigación sobre la historia de ellos, como Días de radio; Siempre los escucho, retratos de la radio argentina en el siglo XXI; Radio Nacional, Voces de la historia 1937-2010; Radio Belgrano, 1983-1989, el aire de la democracia que nos llegó, algunos de ellos en colaboración con otros autores. Eso sin contar sus dos novelas, varios ensayos, crónicas y textos de entrevistas que en total totalizan 27 títulos, el último de los cuales es En otras palabras, 35 periodistas jóvenes (entre la grieta y la precarización), un conjunto de reportajes que ofrecen una visión muy actualizada del actual periodismo en el país, de sus nuevas, vigorosas y alentadoras voces, pero también de su decadencia y de sus cambios, en general perjudiciales a los derechos de quienes trabajan.

En una columna escrita para la agencia Paco Urondo, denominada ¿De qué hablamos hoy, cuando hablamos de radio?, el mismo Ulanovsky hacía, poco tiempo atrás, una radiografía de lo que es la radio en la actualidad de la Argentina. “Hablamos de un sector trascendente de la industria cultural del país. Hablamos de un medio con un lenguaje reconocible y único. Hablamos de un medio en transición, con un pie todavía en el viejo sistema analógico y con alguna otra mano y ojos puestos en el nuevo mundo digital. Hablamos de un medio que, de la mañana a la noche, anda a puro magazine y tiene débil vínculo con lo artístico, lo ficcional, eso que volvió inmortal a Orson Welles cuando con el único recurso de la arquitectura de voces y sonidos fue capaz de aterrorizar a media ciudad. Hablamos de una actividad informativa y cultural precarizada como pocas. Hablamos de un medio al que muchas veces dieron por muerto pero, con todos los cuestionamientos que se le pueden hacer, sigue vivo, entretenido y variado. Y hablamos de la radio, sobreviviente de un tiempo que llegó a fastidiar con la idea de que una imagen vale más que mil palabras.”

En la entrevista que sigue, Ulanovsky retoma el tema de esa actualidad, y sobre todo hace un recorrido por las experiencias que vivió con la radio como oyente, sobre todo durante su niñez, y luego como fogonero de múltiples matices cuando le tocó intervenir en su condición de conductor, creativo o columnista de distintos programas a lo largo de los últimos 50 años. También recuerda a muchos de los que le enseñaron a afilar y profundizar el oficio.

En tu libro Redacciones. La profesión va por dentro decís en un momento que la radio es el medio en el que te sentís más vos mismo.

Sí, escribí eso, pero también en la gráfica me siento muy bien. Hay que pensar que me inicié en el periodismo escrito y he tenido experiencias muy gratificantes. La radio fue una adquisición más nueva. Y la verdad es que en la radio siempre me sentí muy bien, muy libre, tanto que diría que a veces podía rozar la impunidad. Allí hasta me atreví a hacer personajes, sin buscarlo, pero que, antes determinadas circunstancias, me salieron. Trabajaba en El ventilador, con Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo y Gabriela Rádice y un día había que sortear algo. Y se dio una situación que es bastante típica en algunos programas y hubo que resolverla. Alguien dijo: “Que pase la nenita que está en la primera fila.” Y yo, cambiando obviamente la voz, salí al aire imitando a una nenita, una tal Silvita. Y cuando vi lo que le pasaba a mis compañeros, que empezaron a tirarse al suelo de la risa, dije: “Bueno, misión cumplida.” Después apareció otro personaje a instancia de un operador, Charlie Caccavielo, que es un genio. Y ahí yo me estiraba la cara hacia abajo y me transformaba en un payaso llamado Carloncho, que era un personaje muy triste. Y entonces era como una reflexión sobre la condición del payaso, que en este caso era un ser muy amargo y al que, los otros, lo instigaban a que contara sus desgracias.

¿Hubieras hecho lo mismo en un escenario?

Seguramente no. Me hubiera dado pudor y no me hubiese animado. Y en la radio no. En la radio he cantado, trabajé en un programa a la noche con Osvaldo Principi y Mariel Di Lenarda, y allí había una sección de tangos. Y como tengo una módica cultura tanguera, a veces le cambiaba las letras al tango porque no me las acordaba por completo, pero me animaba a cantar sobre la voz del intérprete. Y eso también me gustó mucho. La radio te da mucha libertad, por lo menos me la dio a mí. Y donde pude desarrollar más esta libertad es en el programa que todavía hago, La reunión cumbre, que ahora va en AM 750 los sábados de 13 a 15 horas. Ya no hago personajes, porque hay cuatro invitados y los personajes tienen que ser ellos.

¿Desde cuándo está ese programa?

El programa está desde 1999, hace 21 años. Estuvo muchos años en La Metro, muchos años en Del Plata, y diez años en Radio Nacional. Comenzó llamándose La vida me engañó y después El disfrute de la semana. Cuando estaba en Nacional se denominaba Reunión cumbre-Disfrute Nacional.

¿Qué personajes o profesionales de radio recordás como oyente o que te han ayudado a desarrollar el oficio?

Cuando era chico no había televisión y la radio era el centro del entretenimiento familiar. Nací en 1943 y la televisión llegó a casa cuando tenía doce años, antes íbamos a verla a la casa de mis abuelos. Y entonces, con antelación a la etapa en que compráramos un televisor, lo que nos entretenía era la radio. Mi viejo volvía de laburar al mediodía para almorzar en casa con nosotros y sus padres. Y mientras almorzábamos, prendíamos la radio para escuchar El relámpago, un programa divino, que se desarrollaba en una redacción. Después a la noche disfrutábamos ese ciclo extraordinario de una hora que se emitía por Radio el Mundo y que desarrollaba cuatro programas de quince minutos cada uno: Qué Pareja Rinsoberbia, Héctor y su jazz, El Glostora Tango Club y Los Pérez García. Y siempre dije que no habría podido escribir el libro Días de radio de carecer de esas vivencias extraordinarias, de no haber atravesado esa etapa de mi vida, que se constituyó en una fuente maravillosa de datos. Mi mamá escuchaba, mientras hacía sus tareas domésticas, un programa en Radio del Pueblo que se llamaba Entre tangos y boleros, y que era simplísimo. Un tango y un bolero y el locutor, eso era todo. Y esa también era mi banda musical. Y después, al ingresar a laburar en Confirmado, Jacobo Timerman me pidió: “Quiero que te sientes a escribir sobre radio y televisión como si fueras al cine o al teatro”. Y eso hice, y lo repetí después en La Opinión, en Humor y en muchos otros lugares en que estuve. Y así pude empezar a reflexionar sobre la radio. Por suerte, además de oír y reflexionar sobre ese medio, pude también trabajar en él. Y hubo muchos tipos que me dieron una mano. Me ayudó muchísimo, el Cholo Oscar Gómez Castañón, quien un día me dijo: “Abrís demasiados motores.” Y me di cuenta que era cierto. En el afán de informar más hablaba mucho, me excedía. Y la radio es síntesis. Y entonces, dije: hay que decir una cosa, para que quede fija, y esa cosa durará lo que duran los párrafos en la radio, un minuto, dos minutos, tres minutos. Y ahora tengo la oreja acostumbrada a ese tiempo, y cuando escucho a alguien que se pasa de los tres minutos me pregunto: “Huy, ¿cuándo termina?” Después Fernando Bravo también me ayudó. Él me aconsejó: “Si querés que te crean, decí la verdad”. Y eso me quedó muy grabado. Y después, aprendí de varias de las personas a las que escuché, desde el Negro Hugo Guerrero Marthineitz, que era un genio, a Augusto Bonardo, que era mi amigo. Augusto decía: “Vayas a adonde vayas, andá a hacer quilombo”. Y eso es también lindo. Y después trabajé con Guinzburg y Castelo, que me gustaron mucho. Esos dos años con ellos en El ventilador fueron divinos, nos divertimos, nos tirábamos al suelo de la risa, ganamos guita, premios y fue una pena no seguir en ese programa.

¿Y con Alejandro Dolina, cómo fue tu relación?

Con el Negro fue una relación muy curiosa. Nos habían llamado a Mario Mactas y a mí de Radio Argentina, más que nada porque nos conocían de la revista Satiricón, para un programa largo que iba desde la primera mañana hasta el mediodía y que se llamaba Pin caja, producido, entre otros, por Adolfo Castelo y Fernando Salas. Y entonces nos encargaron, dentro de ese programa, un espacio que iba de las siete y cuarenta y cinco a las ocho y media de la mañana y después teníamos que dejar grabadas unas costuritas para la tarde. Y entonces, en ese espacio dentro del programa inventamos algo que se llamaba Mañanitas nocturnas, y allí lo incorporamos al Negro. Y él hizo un personaje extraordinario que se llamaba Gómez. Era un momento en que Cacho Fontana humillaba con sus móviles. Alberto J. Armando le había dado varios vehículos Ford Fairlane y él había instalado allí equipos VHF y bueno estaba en todos lados. Y nosotros le propusimos un personaje a Dolina que era un cronista chanta bautizado El Inmóvil Gómez, al que lo enviábamos todas las mañanas a cubrir algún acontecimiento. Y cuando le preguntábamos dónde estaba, él inventaba todo, que estaba cerca de la casa del tenista Guillermo Vilas a punto de entrevistarlo o en un viaje en avión hacia Nueva York, o cosas por el estilo, hasta que terminaba confesando que solo estaba en la esquina de la radio hablando por teléfono público, que es lo que había en ese momento para comunicarse. Fue estupendo. Dolina es uno de los grandes representantes de lo que llamo la radio de autor, de la que queda cada vez menos. Radio de autor hacía Niní Marshall, que agarraba y desarrollaba en un cuaderno las características de cada uno de sus personajes. Eso era hacer radio de autor. Radio de autor es lo que hacía Antonio Carrizo, que un día se le dio la loca idea de hacerle un reportaje a Borges y lo entrevistó en diez mañanas y a raíz de eso sacaron un libro. Dolina hace radio de autor.

¿Por qué crees que hay menos radio de autor?

Por la precarización, porque todo tiene que ser inmediato. La radio ahora está totalmente rendida a la inmediatez, a la información. El tipo que no lee ningún diario, que no mira televisión, pero escucha radio, está módicamente informado, sabe que hay coronavirus y que perdió Macri. O que Boca salió campeón. La radio es hoy, de la mañana a la noche, información, y encima con las facilidades tecnológicas de la actualidad mucho más. Facilidades que no empezaron ahora sino en los setenta con el vía satélite y esas cosas. La radio de hoy es eso. ¿Por qué no hay radio de autor? También por pereza, porque es más complicado. Porque, y no quiero ser antipático con lo que digo, voy a una radio invitado por haber sacado un libro y te dicen: “Bueno, hablanos un poco de tu libro.” Con lo cual queda patente que no leyeron el libro, ni siquiera la contratapa. Eso es pereza. Y es también el momento en que se vive, porque ese tipo que está ahí conduciendo dicho programa, al rato termina y se va rajando a la televisión o pasa a una web. Es la vida de hoy. Decía Bonardo de los partenaires, que eran extraordinarios: “Son tipos a los que les tiras un hueso y te devuelven un puchero”. Dolina es eso: le tiras una palabra y te arma un mundo con eso. Nos habrá pasado a casi todos estar en el auto escuchando una entrevista y no poder bajarnos por el deseo de saber cómo termina ese diálogo. Lalo Mir es otro que hace radio de autor, ahora no tiene programa, pero hace poco hacía un programa llamado Circo Pop y te imaginabas eso, que era un circo. No por nada el radioteatro le permitía a la gente imaginarse mundos. Decía Alberto Migre: “Mis palabras se terminan de completar en la mente de la gente. Yo escribo rojo y cuando la palabra rojo le llega al que oye ese rojo es especial, es el que elige el que escucha.” Y lamentablemente por esa sumisión informativa que tiene la radio, esa dependencia de la agenda a la que está sometida, desde hace ya tiempo han desaparecido géneros como el radioteatro. Ha desaparecido la investigación propia. Los días que no aparecen los diarios hay una abstinencia de noticias que se nota de inmediato. Es tremendo.

Reunión cumbre, ¿qué audiencia tiene?

No sé, no tengo la menor idea. Pero cuando me cruzo con gente en algún teatro que me dice te escucho o me pregunta dónde estoy o si estoy en algún medio, contesto que sí, que estoy en una radio y sigo en actividad. Y entonces enseguida anoto el nombre de esa persona y luego en el programa la menciono, porque tengo la idea de que en programas como ese a los oyentes hay que conseguirlos de a uno. El programa es una tertulia, una conversación, cuando más fluya el diálogo mejor. Hay veces que los invitados no intercambian y hay que remar más y hay otras veces que fluye mucho.

Aquello que decía Bravo: “Si querés que te crean, decí la verdad”, hoy está muy relativizado. La mentira también ha logrado un lugar en los medios.

Por supuesto, en el lugar de la verdad. Eso es una de las cosas más lamentables de las que pasa en los medios. Saber que uno tiene que convivir con la mentira y tener que descifrar cuáles son las verdades. Y en qué lugar te pones entre la verdad y la mentira.

Alberto Catena


LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

“Las nuevas tecnologías deben ser bienvenidas. Los teléfonos celulares, verdaderos equipos móviles de transmisión, aunque se sigan cortando en lo mejor de cada entrevista, salvaron la tarea de los movileros. Los monitores de televisión y las computadoras encendidas en los estudios, invitan a la pereza creativa, pero también sirven de momentánea inspiración y reaseguro para conductores y productores. Y a todos juntos, incluidos los oyentes, Internet y los buscadores de información les facilitó la tarea y la vida. Gracias a Internet desde cualquier lugar del país podemos escuchar hasta la radio más distante. Y lo mismo les pasa a los argentinos habitantes de Berlín, Ciudad de México o Tokio que, a través de la radio, pueden saber que la temperatura y humedad hace en Buenos Aires o Tucumán o a cuánto cerró el dólar. Entre las ofrendas tecnológicas más recientes es que es posible escuchar radio en dispositivos no convencionales como celulares, tablets, computadores. Y que, las emisoras, hasta las más humildes, establecieron su página web, como para no quedarse afuera del dogma informático actual. En la jerga radial ya no se habla de emisores sino de aplicaciones. Ya casi nadie se preocupa por aumentar la sintonía: sí, en cambio, se procura consolidar la cantidad de descargas. Y así como hay una exitosa televisión por demanda, hay una radio a la carta, con menúes capaces de saciar el apetito radical con cualquier gusto y en el horario que el consumidor disponga. ¿Te lo perdiste en el horario que fue al aire?: vas a la página y casi seguramente lo recuperás. Si no, desde hace poco contamos con esa plataforma notable que es Radio Cut, una herramienta que permite volver a creer en la magia de la radio. En 1959, el escritor Truman Capote quedó sensibilizado por el asesinato, sin móvil aparente, de una familia completa en Holmcomb, Kansas. Ese crimen estremeció a los Estados Unidos y el libro de no ficción que Capote escribió, inspirado en ese cruento suceso, estremeció al mundo y aún está vigente. Creo firmemente que el podcast podría ser el heredero de trabajos como A sangre fría, el libro de Capote publicado en 1966. Ese formato, que junta cultura e historia, información con recreación, puede marcar el nuevo, futuro camino de la radio. El paraíso mediático digital está en plena gestación, a la búsqueda de una radio más personal, menos efímera y pasatista, más cercana a cuestiones temáticas e intereses específicos, menos masiva y más de comunidades interesadas en un tema afín”.

(Extraído de la columna escrita por Carlos Ulanovsky para la agencia Paco Urondo).

El celular, nuevo y gran aliado

Más allá de sus formatos artísticos, de sus comunicadores, de su presencia diaria en la vida cotidiana de todos los públicos posibles, de su llegada mundial por encima de países y culturas, el medio radial esconde algunas particularidades muy especiales. Una de ellas está vinculada, al mismo tiempo, al actual y fenomenal cambio tecnológico y a la cultura de la solidaridad.

En momentos de fuerza mayor, cuando se ha cortado la luz, cuando no existe el wifi, un celular con la posibilidad cierta de recibir una onda de frecuencia modulada se convierte, acaso… en la última esperanza. La constatación, tras recientes tareas de rescate luego de dos terremotos en Ecuador y México, de que la radio y solo ella es el único medio eficaz para que las víctimas tengan contacto con rescatadores y reciban información precisa, fue lo que disparó una decisión, que comenzó en algunos países de la región, como el propio México y que el nuestro adoptó hace poco.

En efecto, el ENACOM -Ente Nacional de Comunicaciones de la Argentina- dictó hace un año una resolución por la que obliga a las compañías operadoras de móviles a habilitar el chip de recepción de FM en los celulares.

Edmundo Rébora, titular de A.R.P.A -entidad que nuclea a los radiodifusores privados nacionales-, recibió a Florencio para hablar precisamente de esa iniciativa y de la campaña de promoción que se efectuará en este primer semestre en la totalidad de emisoras argentinas, para que nadie quede sin saber que, en algún lugar de los treinta y cinco millones de celulares que se estima operan en el país, existe la posibilidad de operar una función…y sintonizar una radio, sin necesidad de echar mano a los “datos” o de estar conectado a la Internet. Solo es necesario que la batería del aparato esté cargada.

La campaña, surgida desde A.R.P.A así dice en su primer spot: “Tu celular tiene una radio FM. Igual a la de tu casa o tu auto. No necesita wifi ni consume datos. ¡Si no tiene radio, cambiá tu celular por uno que lo tenga! Ahorrás dinero y estás preparado para emergencias.”

Rébora, convenido ya que esta campaña pondrá blanco sobre negro acerca de esta cuestión, indica que “es curioso que muchos usuarios no sepan que la mayoría de los celulares hoy tiene esta posibilidad. En los aparatos que ya tienen algunos años se necesita tener un cable auricular que funciona como antena; en los de última generación eso ya no hace falta.”

Desde luego que el hecho de esta presencia masiva y económica en el universo del celular excede ampliamente el tema de la recepción de ondas en momentos difíciles. “Pensemos en la recepción en rutas, en estadios de futbol, en calles abiertas”, agrega.

“Antes de esta campaña era posible que te llevaras un celular que podía recibir FM y que ni te enteraras. Tras esta resolución y luego de los spots en radio, el público sabrá con lo que cuenta. Y la radio, como medio, habrá dado el paso más importante de los últimos años, ya que se habrá transformado en una modalidad más de lo que fue alguna vez un teléfono, porque el celular será una radio FM libre y gratuita”, culmina.

“El medio tiene que abandonar el conservadurismo”

Nacido en 1986 (“soy hijo de la democracia y de las radios de FM”, dirá), Julián Marini sabe de qué habla cuando se lo consulta por el medio radiofónico. Director de la carrera de producción en la escuela ETER, coordinador de programación de la emisora de esa escuela, integrante en el pasado reciente de equipos artísticos de Metro, Vorterix y Blue, y actualmente de Radio Con Vos, traza un breve repaso la marcha del universo radial de las recientes décadas.

Didáctico, apunta a la llegada al dial del sistema de frecuencia modulada. “En un principio la diferencia fue la calidad de audio. Fue el momento de la aparición de los formatos musicales, aunque cuando llegaron las FM a la masividad -fines de los ochenta, principios de los noventa- había en el mercado algunas señales de AM muy musicales.”

Agrega Marini que después los formatos, de las radio/fórmulas de 24 horas, aparecieron con timidez los “programas”. Y tras ellos, lo musical dio paso en las radios de FM a la oralidad, a la palabra vinculada con la noticia, el servicio. En síntesis, a una nueva realidad que, con sus y sus menos, no habría de diferenciarse bastante del utilizado en las radios de AM, por lo cual las distancias se achicaron y los limites se borraron.

“Con el tiempo, tras vincularme profesionalmente con el medio, advertí que los formatos de FM no eran tan distintos. Le debemos todo a Rapidísimo… (risas) ¿Qué fue Cual es, de Pergolini, sino una readaptación de Rapidísimo? Las radios de FM abrevaron de Cacho Fontana, de Carrizo, de Betty. Son ellos los que abrieron el juego. Y las FM refrescaron el dial con otros códigos, dándole lugar a la cultura joven, con lenguaje actualizado y abriendo la puerta a un nuevo universo de ‘star system’, a otro tipo de figuras.”

Para Marini el mundo de las radios de la FM creció hasta que, tras su propio éxito, se convirtió en un negocio. “Cuando pasó esa etapa se volvió todo más conservador, rígido. Además, ocurrió que las radios de FM y AM en cuanto a sus contenidos se terminaron pareciendo.” Al respecto, el productor recuerda un reciente artículo del especialista Agustin Espada acerca del fenómeno de las talk radio (las emisoras de FM “habladas”, sostenidas en la actualidad), que no paran de crecer en detrimento de las radios de formato musical. Para Marini, la música segmentada, aquel constitutivo central de las radios de FM de hace diez o quince años, está partiendo hacia otros destinos, “Lo musical se está yendo a otro lado -sentencia-; se va hacia las plataformas… a Pandora, a Spotify, a Amazon, allí, donde el usuario puede elegir ‘su’ música. Si lo que querés es ‘tu’ estilo musical, ya no vas tanto a la radio. Claro, que hay salvedades: en nuestro mercado, el éxito de Aspen, por ejemplo.”

Marini avizora tendencias cercanas. Estima interesante el proceso que está comenzando en Buenos Aires, como el de las radios de AM que suben a una FM su contenido, generando un dúplex de 24 horas (como Continental) y encuentra en las radios online el desparpajo y parte de aquella rebeldía de las FM de los noventa que hoy el sistema perdió. “Me interesan las radios ‘nativas’ de Internet, como Congo, Futurock, Colmena. Son formatos desfachatados, nacidos de la web, que se permiten escapar al negocio de FM y de AM. Además, se integran con naturalidad al mundo las nuevas plataformas. Incluyó allí al podcast, claro.”

Si de los sesenta a los ochenta el centro de la actividad fueron las AM “generalistas” y desde los noventa a la actualidad las señales de FM, el mediano plazo es para el productor de compleja predicción. “Algo grande va a pasar. El medio tiene que abandonar el conservadurismo, no sé, tal vez vía la web pasen cosas más interesante. Hoy, la primera línea de comunicadores de FM está formada por gente de más de cuarenta. No hubo un recambio de figuras. Yo tengo 33 años. ¿Cuáles son mis referentes al aire de mi edad? Pocos. Los que tienen 26/27 años más hoy siguen firmes con la FM. ¿Los más jóvenes? Están a la búsqueda, no está claro el panorama.”

Murió el actor Juan Carlos Ricci

Con pesar, Argentores despide al actor Juan Carlos Ricci, quien actualmente integraba Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI) y entre 1990 y 1992 había formado parte de la Secretaría Gremial de la Asociación Argentina de Actores. El artista falleció a los 70 años tras una larga carrera en televisión, cine y teatro.

Ricci había nacido en 1950 y tuvo una destacada trayectoria en ciclos televisivos como Amor mío, Hombres de honor, Mi familia es un dibujo, Mujeres Asesinas, Farsantes, Se dice amor y Los Simuladores, donde encarnó al asistente Arturo Gaona.

En cine se destacó en filmes como Un año sin amor, Tacos altos, Gracias por el fuego, Sentimental, Perros de la noche, Héroes y demonios, Samy y yo, Los Superagentes contra todos, Las aventuras de Parchís, Extrañas salvajes, La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro, entre otras.

En teatro actuó en obras como Rapsodia provinciana, Don Gil de las Calzas Verdes, Knepp, Tres hermanos, Moreira!, Edipo Rey, Rey Lear, Calígula, El crimen de San Patricio, Nadadores nocturnos, Los días de la comuna, Tierra del Fuego y 5° Round. En este ámbito también trabajó como director en obras como Soutien para dos cantantes, Norway today y Mefis anda suelo.

Apoyo al INCAA

Argentores, al igual que un sinnúmero de instituciones del sector audiovisual, apoya y se solidariza con el presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) Luis Puenzo y su equipo ante la campaña de desestabilización y desprestigio que se ha realizado contra su gestión. Operaciones de esta índole no sólo afectan injustamente a las autoridades de un organismo fundamental para nuestra actividad sino que atentan contra la recuperación de una industria cultural con la que todos estamos comprometidos.

Junto a nuestra entidad sumaron sus adhesiones DAC (Directores Argentinos Cinematográficos), el Ministro de Cultura de la Nación Tristán Bauer, APIMA, la Asociación de Técnicos Profesionales Audiovisuales, la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica, la Unión de Productoras Cinematográficas, Acervo – Asociación de Productores de la Cultura Audiovisual, la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, Corredor Audiovisual Argentino, MUA – Mujeres Audiovisuales y la Asociación de Directores de Cine, entre otros.

Adhesiones:

Anuncian el nuevo libro de la Fiesta del Cigomático Mayor

Se encuentra en su última etapa de edición el IV Tomo de la Fiesta del Cigomático Mayor, con las nueve obras premiadas en la última edición de este concurso que cuenta con el auspicio de Argentores y el apoyo de la Municipalidad de Santa Rosa, INT La Pampa, el CPE de Santa Rosa y la Fundación Solarys, bajo la coordinación del Delegado Cultural de Argentores de La Pampa, Sergio Omar Lopardo.

Según adelantó Lopardo: “se trata de nueve autores más que, en los cuatro años que lleva de vida el Festival, contabilizan 27 autores editados”. Además, aseguró que a fin de año se realizarán 20 puestas en escena durante la fiesta “para bien de nuestros autores, actores, directores y todos aquellos ligados al arte escénico”.

Edición especial de la Revista Florencio

A quince años de su creación, un número especial en versión digital dedicado a la difícil situación de los autores en tiempos de pandemia y a los 100 años de la Radio en Argentina

Pulse en la foto para abrir la revista

La revista Florencio cumplió, en abril último, quince años de existencia y la Junta Directiva, a sugerencia de la Comisión de Cultura y el equipo de redacción, había aprobado en una de sus primeras reuniones del año -previas al confinamiento obligatorio-, que para ese mes de abril saliera una edición especial de la publicación, la número 58, con algunas páginas más y un sumario que incluiría ciertos temas relacionados con aniversarios de relevancia.

Había acordado también que de las cuatro ediciones que se dan a conocer por año de la revista, dos fueran en papel y las otras dos se plasmaran en una versión digital, concebida con un diseño distinto más afín al nuevo espacio y que se prepararía en esos meses.

La irrupción de la pandemia cambió todos los planes y, hasta nuevo aviso, la revista aparecerá solo en la web de Argentores, pero con una presencia similar a la que ya tenía cuando se subía a ese sitio la versión impresa en papel que se publicaba trimestralmente.

Este número ya estaba terminado cuando se empezaron a tomar las primeras medidas para cumplir con la cuarentena establecida por el gobierno y que a fines de junio ya había superado los cien días.

Después de las previsibles confusiones del inicio para un equipo acostumbrado a trabajar de manera presencial, y ya comenzado el período de adaptación a la nueva situación -marcada como se sabe por el fuerte predominio de la comunicación a distancia-, se retomó el diálogo con las autoridades y la Junta volvió a tomar el tema de la revista. Y aceptó una nueva sugerencia de la redacción de sacar la revista, por ahora y a la espera de una nueva pero aún imprecisa etapa de normalización, en la web.

Todas las novedades que se produzcan hasta el advenimiento de un período de mayores certezas respecto de la actividad cultural, hoy tan golpeada en los formatos de uso más ge- neralizado hasta marzo pasado, incluido el de la propia revista, se irán conociendo en ese sitio.

Esta entrega, que comienza con dos artículos escritos por el presidente y el vicepresidente que aluden a la dura situación por la que atraviesa en este momento de crisis la sociedad argentina -y con ella la cultura, la entidad y sus autores-, continúa con una producción muy amplia y variada sobre la radio de hoy y de siempre, al cumplirse en agosto los cien primeros años de la primera transmisión al aire. Esta sección ocupa casi la mitad del número y nos pareció que lo merecía debido a la importancia que ese medio ha tenido en la vida de los argentinos y también de nuestra institución.

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