Crean fondo de apoyo para la industria cinematográfica y audiovisual

Con un acuerdo entre Netflix y la Academia de Cine de nuestro país, que contó con el apoyo del INCAA y el Ministerio de Cultura de la Nación, se lanzó el “Fondo de Apoyo COVID-19 para la Industria Cinematográfica y Audiovisual”, cuyo fin es apoyar económicamente a alrededor de 1.000 trabajadores del sector.

La donación de 40 millones de pesos está destinada a técnicos y técnicas afectados directamente por la suspensión de las producciones audiovisuales en las que estaban trabajando al momento de declararse el cese de actividades debido a la emergencia. El monto de la ayuda que recibirá cada trabajador será fijo, igual para todos, y por única vez.

La convocatoria abrirá el próximo lunes 25 de mayo y los interesados deberán aplicar completando sus datos y presentando toda la documentación requerida en el apartado especial en la página de la Academia: https://academiadecine.org.ar/fondoayuda

En este mismo apartado usted podrá encontrar las Bases y Condiciones y toda la información pertinente.

Para mayor información, también se ha habilitado una casilla de correo especial para atender todas las consultas: fondoayuda@academiadecine.org.ar.

A través de un comunicado, las autoridades de la Academia expresaron: “Celebramos la solidaria donación de NETFLIX y nos sentimos orgullosos de asumir esta responsabilidad, sabiendo que esta ayuda aliviará un poco la difícil situación de cientos de trabajadores y trabajadoras de nuestra industria, en esta circunstancia tan adversa que nos toca vivir”.

A 40 años de la llegada de la televisión a color en Argentina

No hay cambios en los modos de representación sin que, al mismo tiempo, se modifique algo en la sociedad que se piensa a sí misma para ser representada. Toda forma de representación implica una manera particular de concebir el mundo. La vista llega antes que las palabras, diría John Berger. El niño mira y ve antes de hablar. “Pero esto es cierto también en otro sentido. La vista es la que establece nuestro lugar en el mundo circundante; explicamos ese mundo con palabras, pero las palabras nunca pueden anular el hecho de que estamos rodeados por él. Nunca se ha establecido la relación entre lo que vemos y lo que sabemos”, y añade: “Lo que sabemos o lo que creemos afecta el modo en que vemos las cosas”.

Hoy ya hemos naturalizado el color en las pantallas, es más: la definición en HD ya comienza a resultar obsoleta. Tal vez por eso resulte interesante pensar hoy cuáles pudieron haber sido los cambios de paradigmas culturales que irrumpieron en la sociedad argentina el día en que se oficializó la llegada del color a las pantallas de la televisión.

Se estima que por aquel entonces había unos 300.000 televisores cromáticos que en el país recibieron la primera imagen. Según los reseñistas, la transmisión a color comenzó en la Copa del Mundo de 1978; pero sólo destinada al exterior, a excepción del partido que disputó la selección Argentina contra Holanda, que se emitió bajo la norma alemana PAL-N en todo el territorio nacional.

En sus primeros años de transmisión a color, ATC apostó a producir musicales, programas de ficción y humorísticos, que lo llevaron durante un breve período a liderar la audiencia. Mucha gente recordará aquel 1º de Mayo de 1980 y la primera imagen a color de una bandera argentina flameando frente a los mástiles de un naví¬o y al son de Aurora. Y, por sobre todo, recordará a una mujer maravillosa, Pinky, que con su sonrisa inconfundible le abrió el telón a una nueva época, el Día del Trabajador, diciendo: “Señoras y señores, con ustedes, la televisión a color”.

Concurso del Teatro Nacional Cervantes para autores argentinos

El Teatro Nacional Cervantes lanzó el concurso de obras teatrales “Nuestro Teatro” con la finalidad de estimular a las autoras y autores teatrales argentinos. La iniciativa busca, al mismo tiempo, generar contenidos en estos momentos en que el mundo está atravesado por una pandemia que mantiene a los teatros cerrados.

Esta convocatoria se propone seleccionar con carácter federal y promoviendo la equidad de género, hasta 21 (veintiún) obras cortas no estrenadas de autores nacionales o residentes en la República Argentina con el objeto de llevar a cabo la puesta de cada una de ellas para ser registradas en soporte audiovisual.

En esta época en que la actividad teatral está detenida, el Teatro Nacional Cervantes se propone generar los instrumentos necesarios para que el conjunto de las artes escénicas siga funcionando, con las herramientas que el contexto permita.

“Nuestro Teatro” estará generando fuentes de trabajo para personas vinculadas al quehacer escénico, a la vez que incrementará los contenidos disponibles en el acervo del Teatro Nacional Cervantes para su difusión en la sociedad.

Con el concurso se espera llegar a 21 directores, asistentes, iluminadores, vestuaristas y escenógrafos y a más de 100 actores y actrices.

Las obras podrán presentarse desde el 11 de mayo de 2020 y hasta el 22 de junio de 2020, y su realización dependerá de las condiciones sanitarias dispuestas por las Autoridades Nacionales.

Las bases de la convocatoria se pueden encontrar pulsando AQUÍ.

Comienza el ciclo «Cuarentena de autor» con una edición dedicada a la radio

El secretario del Consejo Profesional de Radio de Argentores, Pedro Patzer, inaugura un ciclo de encuentros virtuales dedicado a reflexionar sobre la labor autoral en tiempos de emergencia sanitaria.

En esta oportunidad, bajo el título «Cuando el mundo se apaga, la radio se enciende«, Patzer dialoga con dos jóvenes referentes del mundo del podcast y la radio, Florencia Flores Iborra y Julián Marini, sobre el impacto de la pandemia en la forma de producir contenidos y las consecuencias que podría tener esta experiencia en el futuro del medio.

Pedro Patzer, secretario del Consejo Profesional de Radio de Argentores, dialoga sobre el fenómeno de la radio y los podcast en tiempo de la emergencia sanitaria con Florencia Flores Iborra, autora y productora de podcast, y Julián Marini, autor y productor de radio.

Argentores junto a Luis Puenzo

Desde ARGENTORES acompañamos la iniciativa de Luis Puenzo, como presidente del INCAA, que transcribimos a continuación. Iniciativa que apunta a favorecer al cine y a la ficción nacional.

Es importante destacar que las producciones de series se verían igualmente beneficiadas con la aplicación de estas medidas, creándose por lo tanto más trabajo no solo para autor@s, director@s, actrices y actores, sino también para toda la industria audiovisual.


Aquí y ahora

Por Luis Puenzo

Mi intención es, o era, escribir este artículo a título personal, pero me acuerdo de un párrafo del Informe de Gestión que escribí hace un par de semanas como Presidente del INCAA. Se refiere a «la posibilidad de extender a los abonos de las plataformas el impuesto que los espectadores pagan hace décadas cuando van al cine (…) con un impuesto razonable, simple y justo, destinado a fomentar la actividad en el mediano plazo«. Se me ocurre que la conclusión es apropiada para comenzar esta nota: «No coincidimos con que este sea el momento para impulsar la idea».

Eso pensaba. El motivo más evidente, para mí, era lo inoportuno de imaginar la cultura, y el futuro, en la emergencia. Como si fuera una falta de respeto. Y sumado al pudor, el instinto de no mostrar las cartas. Pero más allá de exponer sentimientos privados, quiero decir que este no es, no debe ser, un impuesto de coyuntura. No solamente. No hay política de fomento sin recursos. Y nuestra producción audiovisual podría hacer pie en este impuesto durante las próximas décadas.

La cuestión es que el tema está sobre la mesa. Terminó de instalarlo una operación mediática. Un zócalo denunciando «impuestos por todos lados» y un periodista de apellido Wiñazki brindando información falsa, citando algunas fuentes que ya lo desmintieron o van a desmentirlo, salvo las de reconocido prontuario.

Pero vayamos al tema. Nadie ignora los cambios tecnológicos en la producción audiovisual ni la transformación de los hábitos sociales, simultáneos a la aparición de las plataformas y el streaming. El antiguo televisor es una pantalla más, después de las del celular, la tableta o la computadora. El espectador las enciende y les presta atención cuando y donde quiere. El contenido, cada vez más, se supone «personalizado«, lo que a los viejos nos inquieta. Mientras los jóvenes buscan «sus» «contenidos» en el celular e ignoran esos aparatos fijos que subsisten en casas de sus padres y reclaman conexiones más veloces. Hay cierto atraso y desconcierto legislativo en todo el mundo. Como ocurrió con las aduanas, cuando no se sabía como fijar regulaciones a lo que era abstracto, como las comunicaciones telefónicas o la radio, que cruzaban de un país a otros sin dejar rastros.

La palabra «contenidos» también es inquietante, pero no hay otra. Y en todo caso, es preferible a «productos«, que algunos se permiten usar hablando de cultura y especialmente del cine, desde que sufrimos el supermercadismo. Ahora que los cines son como góndolas, cabe recordar, ya que una ley se ocupó de este tema. Pero superando las divergencias conceptuales, todas las formas de producción, distribución y «consumo«, antes divergentes, ahora son convergentes. La afortunadamente olvidada «Ley de Convergencia«, que pretendía mezclar postes y cables con los contenidos en tránsito, suponía que «la modernidad» había llegado. Por esas cosas del progreso, que a veces atrasa. Pero más allá de los vaivenes, el streaming llegó para quedarse. Y el aislamiento mundial lo está consolidando.

La administración del espectro radioeléctrico argentino es función del Estado. Además de regular la transmisión de datos, esto implica preservar la soberanía nacional, proteger la identidad cultural de nuestro pueblo y garantizar el federalismo y el derecho de acceso a la comunicación. Lo que incluye a las llamadas OTT, las plataformas. La tecnología es funcional a los contenidos y no al revés. Argentina es uno de los primeros países donde desembarcó Netflix y el primero de habla hispana. Sin embargo, hay una clara asimetría entre la exhibición de contenidos a través de Netflix y otras plataformas y la producción local de dichos contenidos. Este es un tema que nos toca atender, que se trató seriamente durante la reciente visita del Director Ejecutivo de Netflix, Reed Hastings al Presidente Fernandez. Los equipos del Ministerio de Cultura y del INCAA participamos en reuniones de trabajo con ejecutivos de esta plataforma, en las que conversamos sobre temas de producción hasta proyectos impositivos. Tuve la oportunidad, como Presidente del INCAA, de darles a conocer una idea que venimos madurando, con el necesario asesoramiento jurídico, desde bastante antes de ser convocado a cumplir una función pública.

En realidad, no es nada nuevo. Desde los años ´50, gracias a nuestros mayores en términos cinematográficos, contamos con un Fondo de Fomento nutrido con el 10% que los espectadores pagamos al comprar entradas de cine. Esta tradición se mantuvo hasta hoy a través de muchas décadas. Me gusta decir, y ya estoy en edad de repetirme, que en Argentina tenemos cine porque siempre hubo cine. Parece una verdad de perogrullo, pero no lo es. La cuestión es que tenemos ese 10% «porque siempre lo tuvimos«, podríamos decir. Pero alguna vez hubo que adecuarlo a las circunstancias. En la fenomenal crisis de comienzos de los ´90 el cine argentino tocó fondo, en términos de producción y exhibición. Llegó al nivel más bajo desde antes el advenimiento del cine sonoro (les dejo esta trivia a los egresados de nuestras escuelas de cine de niveles terciarios, que recordarán cuando fue eso, con que película). En esa instancia, a partir del ´92, la DAC, SICA, liderado en aquel entonces por el inolvidable Tato Miller, la Cámara, muchos cineastas, actores y hasta los estudiantes de aquel entonces, luchamos en el Congreso por lo que después se llamó la «Ley del Cine», promulgada en 1994.

Esta reforma a leyes anteriores consistió en extender, de diversas maneras, el 10% del impuesto a las «tecnologías de punta», a las nuevas pantallas: el VHS, los videoclubs, la televisión y el cable.

A los legisladores les parecieron razonables nuestras demandas, entendieron que había nuevas formas de ver cine y ampliaron el alcance de ese 10% que el público paga desde siempre. Debe entenderse, claro, dado el espíritu y las intenciones del Legislador y las de los que promovimos y reclamamos la Ley, que los fondos así generados sirven al país y a sus habitantes, que son para el cine y no para los que lo hacemos. Toda nación soberana necesita producir sus propios contenidos, contar sus propios sueños. Para no enloquecer, se podría agregar.

En este punto, conviene aclarar una confusión. Habrán escuchado que el 10% sobre el precio de las entradas «sale del IVA». Esto no es así, sale de la Ley. Pero ocurre que este porcentaje sumado al IVA adicionaba un 31% al precio básico de las entradas. Y ante ciertos reclamos la DGI de entonces decidió reducir su percepción de IVA al 11% para así dejar espacio al 10% destinado al cine. De este modo, la suma conjunta de ambos impuestos vuelve a ser el 21%, lo que suele provocar las mencionadas confusiones.

Aplicando este mismo concepto, se nos ocurrió que el 21% de IVA que ya pagan los abonados a las plataformas, también podría reducirse al 11% como ocurre con las entradas de cine. Para así destinar el 10% restante al Fondo de Fomento del INCAA. Ya no «como parte del IVA», sino como un (¿nuevo?) impuesto similar al percibido según la Ley de Cine y anteriores. Tuve la oportunidad, no hace mucho, de acercar esta idea a Mercedes Marcó del Pont, titular de la Afip. Considerando que dada la obligación irrenunciable del INCAA de destinar esos fondos a la producción, muchos de cuyos rubros son gravados con IVA, estimamos que el 10% que la Afip resignaría en beneficio de la producción, le volvería a ingresar desde la actividad, así que lo recuperaría con creces.

Esta es la misma idea que le transmitimos a Netflix en las reuniones antes mencionadas. Los abonados ya pagan y las tarjetas de crédito son agentes de retención del 21% que recibe Afip. En caso de prosperar esta idea se dividiría en dos impuestos, el 11% de IVA y un 10% destinado a la producción audiovisual. Nuestra idea es que el Fondo de Fomento Cinematográfico pase a ser un Fondo de Fomento Audiovisual, incluyendo la producción de series argentinas y cumpliendo así, explícitamente, lo que ya estaba implícito en la denominación Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, determinada, promisoriamente, por la Ley del ´94. Vale la pena insistir en que nadie pagaría un peso más que lo que ya está pagando por los servicios de streaming que contrata.

Estos impuestos se están debatiendo en todo el mundo y han cobrado relevancia a partir del aislamiento, con el incremento de abonados a las plataformas. Pero creemos que el camino que podríamos tomar en Argentina es mejor que otros que se están intentando. Facilitado por una larga tradición plasmada en una Ley vigente, tomada como ejemplo en otros países, más un organismo creado al solo efecto de aplicarla. Esta idea es lo que los eufemismos de la jerga económica denominan «win-win«, esos acuerdos en los que todos ganan. No tenemos por que imitar a los países europeos que están aplicando impuestos a las plataformas de un 2 o 3% sobre lo facturado, no sin dificultades que implican demoras, mientras que aquí estamos hablando de un 10% sin otras controversias que las generadas en la propia industria.

Por otra parte, Argentina es un territorio ideal para producir series argentinas con el apoyo del Instituto, pero también para que las pymes productoras brinden servicios a las series extranjeras. Esto debería ser natural. Por la reconocida capacidad de nuestros técnicos, la calidad de los elencos, el equipamiento y las espléndidas locaciones con infraestructura que el país ofrece, necesitadas de recuperarse en cuanto sea posible de los estragos que la pandemia ha causado al turismo. México está produciendo 35 series anuales, España el doble, Colombia más de 15 y en Argentina no pasan de cinco o seis en el año. Nuestros vecinos Uruguay y Chile nos están superando. Tenemos un potencial enorme para crecer, y necesitamos esas fuentes de trabajo y el ingreso de dólares que se gastarían íntegramente en las áreas de producción, ocupando no solo a técnicos y actores consagrados, sino también a varias generaciones muy bien formadas a nivel terciario. Netflix ha demostrado su voluntad de producir en Argentina, ya empezó a hacerlo antes de la emergencia y anunció nuevas producciones en el país, al igual que varias otras plataformas. Estamos en un momento que no hay que dejar pasar.

Hemos dicho desde el comienzo de nuestra gestión en el INCAA que las industrias audiovisuales son estratégicas por su capacidad de desarrollo y su ilimitado potencial económico. Ese es el sentido de nuestra propuesta, generar fondos genuinos para un Fondo de Fomento Audiovisual que triplicaría al actual, para reactivar la industria después de la pandemia, colaborando con el tratamiento de políticas y regulaciones que promuevan las nuevas tecnologías en la producción audiovisual nacional y estimulen el aporte de divisas y trabajo de las producciones extranjeras.

Continuará…

Florencia Etcheves visitó «Autores en línea»

El ciclo radial “Autores en línea”, que se emite todos los miércoles, de 15 a 16 por “La RZ radio online”, entrevistó a Florencia Etcheves, escritora, periodista y guionista de cine.

«Autores en línea”, conducido por Alejandra Boada y Raúl Martorel, es un ciclo dedicado a la actividad autoral en nuestro país en las áreas de cine, teatro, radio, televisión y nuevas tecnologías.

Vero Lorca visitó el ciclo «Autores en línea»

El ciclo radial “Autores en línea”, que se emite todos los miércoles, de 15 a 16 por “La RZ radio online”, entrevistó a la guionista, autora, actriz y comediante, Vero Lorca.

«Autores en línea”, conducido por Alejandra Boada y Raúl Martorel, es un ciclo dedicado a la actividad autoral en nuestro país en las áreas de cine, teatro, radio, televisión y nuevas tecnologías.